Con el gobierno del ex presidente Abdala Bucaram Ortiz, se inició en el país el periodo de inestabilidad política más fuerte en términos de falta de institucionalización y capacidad de gobernabilidad por parte del gobierno central. Difícilmente podría pensare que este fenómeno de tipo integral del sistema político internacional se hubiera podido desarrollar de manera separada o sin un nivel de influencia importante en el ámbito de las relaciones internacionales, especialmente si se toman en cuenta los profundos que el Ecuador es un país en el cual la naturaleza personalista del manejo, coordinación y conducción del manejo gubernamental interno se plasma también en los procesos de emisión de la política exterior (Bonilla, 2002; 24) (Borja, 1997; 1538).
Ante ello, y dentro de un estado en el cual el “aparato de ejecución de política exterior cambia constantemente” (Bonilla, 2002; 24), dentro de sus temas principales con la única
excepción de conflicto territorial con el Perú, el direccionamiento de la política exterior se ha visto consideradamente alejado del consenso y aceptación popular, a favor de factores como la evidente condición estructural de un país pequeño y vulnerable frente a los condicionamientos de la política internacional y la limitación causada por los altos índices de debilidad institucional y fragmentación local de intereses y objetivos. Como resultado y en relación con el fenómeno de cambios abruptos de direccionamiento de la política exterior ecuatoriana observada en el periodo 1979-1996, la materia exterior continuo con la lógica personalista y coyuntural de conducción radicada en el establecimiento progresivo de políticas de gobierno por sobre políticas de estado en un escenario en el que la falta planificación y estabilidad convirtieron a la “inestabilidad como un proceso estable”(Bonilla, 2002; 24) (Borja, 1997; 1538) (Pachano, 2005; 39).
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Con este antecedente, iniciaba el proceso de conducción del gobierno roldosista de Abdalá Bucaram, quien al igual que Jaime Roldós Aguilera, heredo un proceso de conducción de la política exterior limitado por un factor determinante y que caracterizo a sus relaciones exteriores; el conflicto territorial con el Perú y una relación de dependencia hacia el gobierno de Estados Unidos cada vez más fuerte dada la coyuntura económica que se vio determinada por la instauración del modelo de desarrollo neoliberal en la región desde principios de los años noventa (Toscano, 2005; 114).
Con un periodo de duración considerablemente corto tras su destitución inconstitucional por incapacidad mental llevada a cabo el 6 de diciembre del 1996, Bucaram heredo un país con una política exterior sumida en la búsqueda de una resolución pacífica para el conflicto territorial con el Perú. De esta forma, y dentro de un proceso que limito también al interino Fabián Alarcón, fueron las negociaciones de acuerdo territorial con el Perú el tema casi exclusivo y central de la política exterior del país, hasta su finalización en el año 1998. Mediante la conducción del ex Canciller Galo Leoro, durante la presidencia del Ecuador desarrollo, por primera vez dentro de su historia constitucional contemporánea y hasta el día de hoy la única línea definida de política exterior reconocida y tratada como una política de estado. Un ejemplo casi exclusivo de ello, es el hecho de que Bucaram aun con la gran cantidad de conflictos y polémicas que recibió por la selección de candidatos para la ocupación de posiciones claves en distintas instituciones del Estado (entre las que incurrió en nepotismo en múltiples ocasiones), no haya escogido para la cartera del estado internacionalista a un hombre de su confianza, sino que por contrario mantuvo en funciones al Ex Canciller Galo Leoro, funcionario seleccionado por Duran Ballén para el manejo del conflicto con el Perú desde el mismo inicio del conflicto. Es por ello que autores como Javier Ponce Leiva (2007), Denys Toscano (2005) o Francisco Carrión (2008), han puesto de manifiesto, aun a pesar de todos los conflictos internos del gobierno, la actuación seria y responsable del manejo de las relaciones internacionales por parte de Bucaram y Alarcón en el tema del Perú (Ponce Leiva, 2007; 148) (Carrión, 2008; 105) (Toscano, 2005; 114). Dentro de los temas regionales y clásicos dentro del sistema internacional, tanto Bucaram como Alarcón mantuvieron casi de manera invariable la conducción, sin embargo, su manejo del poder en conjunto con los constantes episodios de escándalos de corrupción,
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nepotismo y abuso de poder, crearon una esfera de desconfianza que, radicada en la escasa y poco destacable gestión externa de este gobierno dentro de los principales foros y organismos del sistema internacional llevaron al régimen a chocar con los intereses del entonces reactivado interés de los Estados Unidos en la región, mismo que tuvo fuertes roces con el gobierno populista (Toscano, 2005; 119) (Ponce Leiva, 2007;148).
De esta forma, y de manera inversa al fenómeno de demanda de independencia y de no alineación observado en el país durante los regímenes internacionales, en esta ocasión, fue el Gobierno de los Estados Unidos el que públicamente rechazo al manejo y conducción del país por parte del gobierno de Bucaram. De esta forma, y luego de haber sido un gobierno ejemplar en la búsqueda de la democracia y de un sistema de mercado abierto en gobiernos como el de León Febres Cordero, Rodrigo Borja o de Sixto Duran Ballén, el Ecuador paso
a convertirse en “una zona de desestabilización gubernamental y democrática, situada en un lugar estratégico para los intereses de los Washington” (Barreiro, 2002; 255). Ese conflicto
que tendió a fortalecerse, termino con la duras expresiones del entonces Embajador norteamericano – Leslie Alexander -en el país, que, en una clara violación de los principios de no injerencia en los asuntos de otros estados, y sobre todo en una muestras del sentir de la situación existente manifestó que el Ecuador debía cambiar de presidente, sin importar quien fuera, con el fin de superar la crisis institucional y de representación que se vivía en
el país “Nos da los mismo quien lo haga” (Leslie Alexander; 1996) (Ponce Leiva, 2007;
148).
Ese último hecho, causo episodios de choque entre los dos países, como la negación por parte de los Estados Unidos de aceptar la postulación de Hugo Caicedo, amigo personal de Bucaram, como Embajador en el país del norte, haciendo eco del ambiente de hostilidad y desconfianza existente en el momento (Toscano, 2005; 119). Si bien la corta duración de la gestión de Bucaram y de Alarcón deja escaso lugar para al análisis de la política exterior de este periodo presidencial, se puede señalar, aun pese al conflictivo manejo de la política interna, el aparecimiento de una política de estado vinculada hacia la resolución del conflicto territorial con el Perú. Sin embargo, por otro lado también se pudo evidenciar el aparecimiento de hostilidades y de choque con los intereses de la principal potencia del continente, en una clara representación de cómo la política interna tiene influencia por
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sobre el proceso de construcción de la política exterior de un país y puede crear conflictos inesperados.