• No se han encontrado resultados

En busca de un lugar en el mundo Itinerarios formativo-laborales de los hijos de familias inmigrantes en el campo murciano

* Andrés Pedreño es profesor de la Universidades de Murcia. Mari Luz Castellanos es profesora de la Universidad de Valladolid.

1 A. Pedreño. (coordinación), I. García, M. L. Castellanos, M. A. Alzamora y F. Torres (2007) “Que no sean como nosotros: trayectorias formativo- laborales de los hijos de familias inmigrantes en el campo murciano”, caso de estudio enmarcado dentro del Proyecto de Investigación TRABIN II Escenarios de Vida y Trabajo en la Sociedad de la Información (MCYT 2004-2007), director del proyecto: Juan José Castillo (Universidad Complutense).

2 Sobre los procesos de asentamiento de la inmigración extracomunitaria en los espacios rurales españoles puede consultarse la visión panorámi- ca que hemos dedicado a la cuestión en Pedreño, A. y Riquelme, P. J. (2006) “La condición inmigrante de los nuevos trabajadores rurales”, Revista Española de Estudios Agrosociales y Pesqueros, 211.

producción privilegiada. Esta agricultura salarial tiene su claro referente en la producción hortofrutícola para mercados de fresco, cuya pujante realidad en la Región de Murcia es una segunda razón que justifica su elección como escenario de la investigación empíri- ca. Existe desde hace como mínimo dos décadas una estrecha vinculación entre conformación de una agri- cultura salarial en las regiones mediterráneas y sumi- nistro de fuerza de trabajo procedente de las migracio- nes internacionales. El vínculo entre los dos fenómenos resulta claro: el desarrollo agroindustrial llama a la inmi- gración y la convierte en mano de obra. No sólo son mutuamente determinantes, sino que casi podría decir- se que se trata de dos hechos simbióticos, de no ser porque ese término biológico, al aludir a una asocia- ción de la que ambas partes sacan provecho, sugiere la existencia de una relación igualitaria. Lo que no es para nada el caso, pues se trata de una configuración social basada en la vulnerabilidad del trabajador inmi- grante, mano de obra obligada a aceptar sueldos más bajos y peores condiciones laborales, por lo menos en el momento de acceder al mercado laboral. Por ello, puede decirse que esa configuración es una expresión particular, y territorialmente específica, del conjunto de relaciones sociales transnacionales que determinan la movilidad global de la fuerza de trabajo, dimensión constitutiva (junto con otras: flujos de capital, merca- dos internacionales, etc.) de una economía en avanza- do estado de mundialización.

Habiendo estudiado esta configuración en traba- jos anteriores, nos interesamos ahora por su duración temporal, por sus posibilidades de mantenerse a lo lar- go del tiempo sin cambios fundamentales. En concre- to, nos interrogamos sobre el devenir de esa mano de obra, pilar fundamental sin la cual el conjunto se tam- balearía. Se trata ahora de poner el énfasis en el con- cepto de reproducción, lo cual trae a un primer plano a la institución social de la familia, y con ella, otra de las posibles vías de mantenimiento de esa mano de obra vulnerable. En efecto: una vez que los inmigran- tes forman familias, bien porque reagrupan a su cón- yuge o bien porque se casan, aparece un nuevo tipo de población distinto de los otros dos (españoles e inmigrantes) que hasta entonces habitaban la región. Se trata de los españoles de origen inmigrante, per- sonas que adquieren la nacionalidad española a una temprana edad y a las que en rigor –y contra el estigma

común– no se puede llamar inmigrantes, puesto que nunca han inmigrado, sino que han nacido en este país. Y planteamos las siguientes preguntas: ¿heredarán estas personas los puestos de trabajo de sus padres? El lugar que hoy ocupan los inmigrantes ¿será ocupado en el futuro por los españoles de origen inmigrante?

En este texto presentamos resultados de una investigación eminentemente cualitativa, basada en un diseño estructural compuesto por familias jornale- ras inmigrantes residentes en municipios murcianos cuya base económica es predominantemente la agri- cultura intensiva exportadora. Son familias provenien- tes de Marruecos y Ecuador, principales países de origen de la inmigración en la zona. A través de entre- vistas abiertas en profundidad a padres, hijos e hijas, se ha buscado indagar en sus estrategias familiares de reproducción social (proyecto migratorio, trabajo, escuela y socialidad). En total se han realizado veinte entrevistas a hijos e hijas de origen inmigrante, seis entrevistas a padres y madres, así como ocho entre- vistas a profesores, educadores y similares. Igualmente se han realizado explotaciones específi- cas de fuentes secundarias (censos y padrones muni- cipales de habitantes, estadísticas educativas).

La visión paternal de las posibilidades laborales de los hijos

Aunque es indudable que la búsqueda de mejoría de las condiciones de vida y trabajo forma parte del sen- tido práctico inmigrante, y así se refleja en las estra- tegias que despliegan y ponen en marcha, también en el mismo se incorpora la contundente realidad de unas posibilidades limitadas. Así, en el discurso de los padres entrevistados emerge una especie de fata- lismo que constata los límites de lo realizable, momento que impone en sus disposiciones la asun- ción del trabajo degradado y precario como destino; un destino propio de su ser social en la sociedad de recepción, en la cual ser inmigrante consiste en hacer trabajos destinados a inmigrantes.

Se trata de lo que Bourdieu denominó “efecto destino” del estigma ejercido por un conjunto de nor- mas sociales y juicios clasificatorios que contribuyen

a “producir los destinos enunciados y anunciados”3

para aquéllos categorizados como pertenecientes a

108Familias, niños, niñas y jóvenes migrantes

la estigmática condición inmigrante.4 Uno de esos destinos laborales, el trabajo en el campo, condensa, a modo de visión del mundo común a todos los entre- vistados, los adjetivos más negativos de su experien- cia migratoria, y sobre todo representa de forma para- digmática el destino que de ninguna manera quieren ni desean para sus hijos.

Esta apuesta para que sus hijos no reproduzcan la posición que les ha tocado a ellos como padres extran- jeros recien llegados, trata de llevarse a cabo a través de la inversión escolar en los hijos, quienes a su vez tendrán mayores o menores posibilidades de acumula- ción de capital escolar dependiendo de la estrategia reproductiva familiar. Los padres confían que la escue- la libere a sus hijos del efecto destino ejercido por la pertenencia a la condición inmigrante, propiciando tra- yectorias laborales que contribuyan a la dignificación social que ellos han visto mermada. Siguiendo a Goffman –quien afirmaba que “el individuo estigmati- zado puede también intentar corregir su condición en forma indirecta, dedicando un enorme esfuerzo perso- nal al manejo de áreas de actividad que por razones físicas o incidentales se consideran, por lo común,

inaccesibles para quien posea su defecto”–5la escue-

la aparece en la mirada paternal como ese espacio social en el que merece la pena invertir para el futuro de los hijos, a modo de inversión que invierta el desti- no de los marcados por la condición inmigrante:

Claro lo que queremos nosotros es que tengan un futu- ro… que trabajen, que tengan su trabajo, que no sean como nosotros. Que le digo a Lázaro, le digo y a mi otra hija le digo, al campo, le digo, como yo trabajo, yo le digo tienen que estudiar, por lo menos le digo que hemos venido nosotros, ellos de esforzarse por sacar algo, alguna carrera, le digo, salir adelante. Pero, para que, ellos si quieren estudiar, y Lázaro está, que quiere no sé, está por irse a los militares o la marina, no sé… en una de esas cosas que… que ya ahora que cumpla los dieciocho, y sale ya con el graduado de la eso pues… el cuarto año, creo que se va a ir para allá. Y la otra niña pues también correrá una carrera corta, o sea que… que a ella le gusta, dice, belleza, pero bueno…

que coja algo le digo, pero menos el campo, le digo, porque el trabajo es matador. [Madre de Lázaro].

Pero la inseguridad e incertidumbre laboral impo- nen sus reglas, y no todos los hijos van a poder bene- ficiarse de la inversión escolar deseada por los padres. A partir de las condiciones de trabajo de los padres se produce lo que podríamos llamar un efecto inercia, a través del cual la precaria situación social y laboral de los padres tiende a trasladar a los hijos ese mismo estado de precariedad existencial. En efecto, los largos horarios de trabajo en los campos o alma- cenes de manipulado, o las condiciones de informali- dad de las relaciones de empleo, inciden en las posi- bilidades escolares de los hijos, en sus trayectorias formativas y laborales. En un contexto de subsistencia tan extremo como el que experimentan las familias inmigrantes recien asentadas, la cantidad y calidad de la inversión escolar en los hijos va a depender de una serie de condiciones sociales cruciales, como la edad de llegada a España (llegar a una edad temprana garantiza una escolarización más larga e hipotética- mente menos abocada al fracaso o abandono escolar) o la posición en la fratría (los hermanos mayores tienen más presiones familiares para que se pongan a traba- jar lo antes posible y contribuir a los ingresos siempre escasos de las familias inmigrantes).

La visión de los hijos sobre el trabajo de los padres

Nos centramos en este apartado en los esquemas clasificatorios de los hijos de inmigrantes sobre el mundo del trabajo que les rodea. Su visión y división del mundo del trabajo se conforma a partir de repre- sentaciones acuñadas en base a su experiencia pro- pia, cuando la hay, pero sobre todo por lo visto y vivi- do de la experiencia de trabajo de los padres. Sobre este sistema de clasificaciones, los hijos de inmigran- tes se orientan en el mundo del trabajo, perfilan sus estrategias y apuestas, sus actitudes y decisiones. En su discurso establecen un esquema de representa-

4 Dado que el concepto de estigma va a ser utilizado profusamente a lo largo de este texto, conviene explicitar que el uso que hacemos del mis- mo sigue muy de cerca el clásico libro de Goffman (1963/1998) Estigma, Buenos Aires, Amorrortu. Para Goffman, el principal rasgo sociológi- co que define al individuo estigmatizado es su descalificación y desvalorización social, “el estigma lo convierte en alguien menos apetecible” (p. 12), es decir, produce como efecto en los demás “un descrédito amplio” (p. 12). Este es el rasgo central del individuo estigmatizado: “las per- sonas que tienen trato con él no logran brindarle el respeto y la consideración que los aspectos no contaminados de su identidad social habían hecho prever y que él había previsto recibir; se hace eco del rechazo cuando descubre que algunos de sus atributos lo justifica.” (p. 19). 5 Ibidém, p. 20.

ciones binario que podríamos sintetizar en las siguientes dicotomías:

“Trabajos buenos” y “trabajos duros”. El trabajo malo o duro, frente al trabajo bueno, es un eje de repre- sentaciones presente en el discurso de la totalidad de los hijos de inmigrantes entrevistados, que compone un principio básico de orientación social. Es la forma de organizar subjetivamente el abanico de posibles ofi- cios, distinguiendo claramente los trabajos duros (los que hacen sus padres y el resto de inmigrantes) y los buenos (los que hacen la mayoría de los españoles). El trabajo en el campo es por antonomasia el trabajo duro y malo. Un destino equivalente a la muerte social, pro- pio de los desacreditados socialmente. A ojos de los hijos de las familias inmigrantes, sus padres acataron el trabajo de jornalero en los cultivos intensivos (o en la asistencia doméstica o en cualquiera de los otros tra- bajos categorizados como malos o duros), porque no tenían otras opciones dada su condición inmigrante, pero a un chico joven no le conviene.

El jornalerismo agrícola no es solamente un traba- jo que se desempeña en unas condiciones duras, sino que ante todo es un tipo de trabajo estigmatizado, pro- pio de los que carecen de un ser social, de una exis- tencia social legítima. Y como dice Goffman el estig- ma es elaborado por los dominantes, pero “la persona estigmatizada aprende a incorporar el punto de vista de los normales, adquiriendo así las creencias relati- vas a la identidad propias del resto de la sociedad mayor, y una idea general de lo que significa poseer un

estigma particular.”6Es así como, en la medida que los

padres hacen suyo el estigma de trabajar en el cam- po, pueden decirle a sus hijos no os dejéis marcar por el trabajo del campo / que no sean como nosotros.

Relación salarial digna e indigna. En algunas de las entrevistas a hijos de las familias de inmigrantes, especialmente en aquéllas cuyos padres han conoci- do algún tipo de situación salarial injusta, se aprecia una percepción particularmente intensa de lo que es digno e indigno. Es como si lo que hemos propuesto denominar la reactualización en la condición inmi- grante de la vieja problemática de los salariados sin dignidad, adoptara un determinado sentido en la

visión de los hijos de inmigrantes a la hora de explicar esas situaciones laborales experimentadas por sus padres, lo cual evidencia un concepción ideal de lo

que ha de ser la justicia social.7

Aprendizaje del estigma y desidentificación

Los hijos de inmigrantes tienen diferentes formas de aprendizaje del significado social de la condición inmi- grante. Por un lado, están los propios relatos o narra- ciones transmitidos de padres a hijos, donde se deja constancia de las dificultades de consecución de una residencia digna, así como de la dureza o injusticia de las condiciones de trabajo. Relatos familiares bien aprendidos por los hijos, a juzgar por lo detallado de su reproducción en las entrevistas realizadas, y que parecen actuar a modo de recuerdos a tener en cuen- ta en el momento de tomar decisiones prácticas: (1) como forma de incitar a organizar idealmente un plan de futuro que les distancie de los trabajos duros e indignos como el campo, es decir, de esos trabajos que tanto sufrimiento infligieron a sus padres; y (2) como estrategia para dejar constancia del sacrificio realizado por los padres, ese don, que algún día debe- rá convertirse en un contradon: mi padre dice que yo cuido de ustedes para que luego ustedes cuiden de mí porque ustedes son mi futuro. Por otro lado, el efecto demostración a través de la vivencia concreta del trabajo en el campo. Así, en el en caso de varios de los hijos entrevistados, los padres en la temporada de verano se los habían llevado con ellos a trabajar, con el único de fin de mostrarle el tipo de esfuerzo que requiere, por ejemplo, la recolección de melones, fren- te al siempre, por contraste, más liviano y cómodo camino de continuar estudiando…

Indudablemente la experiencia propia en cuanto hijos reagrupados por sus padres en una sociedad que les es en todo ajena, modela el aprendizaje del lugar en el mundo que se les asigna en cuanto inmi- grantes. Estas formas de aprendizaje componen lo que Goffman denomina una “carrera moral” en la cual la persona estigmatizada “aprende que posee un estigma particular y —esta vez en detalle— las conse-

cuencias de poseerlo.”8

110Familias, niños, niñas y jóvenes migrantes 6 Goffman, Op. Cit., p. 46.

7 Pedreño, A. (2005) “Sociedades etnofragmentadas”, Pedreño, A. y Hernández, M. (eds.) La Condición Inmigrante, Murcia, Servicio de Publi - caciones de la Universidad de Murcia.

El significado atribuido al trabajo en el campo o a cualquiera de los otros trabajos duros que definen la condición inmigrante, tiene que ver, por tanto, con el aprendizaje del estigma. Estos trabajos estigmáticos aparecen como indeseables para los hijos de inmi- grantes: mis padres trabajan en el campo, te roban o bien se sienten superiores algunas cosas, ¿no? No, no me gusta eso, no.

En ese sentido, los hijos de inmigrantes viven la consecución de un título escolar como la lucha por un ser social, por el reconocimiento: mi padre decía que tenía que estudiar y trabajar en una cosa que sea buena y no dura como el campo ¿sabes? Porque él trabajó en el campo y lo pasó mal, mejor que yo estu- diara y que trabajara en un trabajo bueno para que me lo pase bien.

Esta estructura está archipresente en los discur- sos de los hijos: el aprendizaje del idioma para no sufrir la discriminación laboral o residencial, la carrera escolar como estrategia para acceder a trabajos bue- nos o dignos. Se trata, en definitiva, de la apuesta por estrategias de desidentificación a través de las cuales adquirir un capital simbólico alejado de los etiqueta- jes estigmatizantes. Por ello Lázaro habla críticamen- te de esos latinos que se salen de los estudios y se van a trabajar al campo, y relata el caso de un cono- cido suyo que se piensa que el campo, se va a coger el dinero como así como si llueve. El campo, para Lázaro, no es dinero fácil. El itinerario que implica estudiar da más garantías: luego viene uno estudia- do que prefiere más al estudiado que a uno sin haber estudiado. El título escolar aparece en esta visión del mundo como una vía para acceder a un empleo reco- nocido socialmente, y de hecho Lázaro proyecta apo- yarse en el mismo para hacer realidad sus pretensio- nes y planes de movilidad social ascendente (acce- der al ejército). Se pregunta ¿qué hacen trabajando, y más sin preparación ni nada de eso? Frente a ellos, defiende el estudio, la carrera para llegar a un futuro

mejor. Pero sobre todo, el título escolar posibilita la desidentificación con el estigma de inmigrante o de latino.

Hijos de inmigrantes en la escuela

A la hora de hablar de escuela e inmigración en la Región de Murcia, debemos tener en cuenta que la creciente presencia de población extranjera ha altera- do profundamente la composición y “la estructura social” del alumnado de la escuela murciana en gene- ral. Como reflejo de la emigración de grupos familia- res, su crecimiento absoluto y el arraigo en el tiempo de estos colectivos, la presencia de chicos y chicas extranjeros escolarizados en diversas etapas de la educación obligatoria y postobligatoria en centros de la Región es, año a año, cada vez más patente. En la tabla 1 podemos apreciar este crecimiento en térmi- nos absolutos y porcentuales, en este último caso tomando como referencia el curso académico ante- rior.

Comparando el crecimiento del alumnado extran- jero con el del alumnado en general, podemos obser- var cómo, mientras éste último aparece prácticamen- te inalterado desde el curso 1999-2000 hasta la actualidad, el primero conoce incrementos constan- tes durante ese mismo periodo. Estos incrementos son mayores en los primeros años del periodo consi- derado, y especialmente destacados en el curso 2001-2002, cuando el alumnado extranjero práctica- mente se duplica respecto al curso anterior experi- mentando un crecimiento del 86,79%, y en el curso 2002-2003 con un crecimiento del 66,3% respecto al curso 2001-2002. A partir de ahí la población de alumnos extranjeros en las aulas murcianas crece a un ritmo menor pero nada despreciable. Podemos suponer que estos incrementos son producto de los procesos de reagrupación familiar del colectivo de extranjeros residente en la Región.

Tabla 1. Evolución del alumnado extranjero y total de alumnos. Región de Murcia (1999-2007)

99-00 00-01 01-02 02-03 03-04 04-05 05-06 06-07

Alumnos extranjeros 3.050 4.481 8.370 13.919 18.740 21.893 26.244 28.146

Crecimiento % 46,92 86,79 66,30 34,64 16,82 19,87 7,25

Total alumnos Región 231557 230154 231233 234.660 240.980 241.581 247.865

Crecimiento % -0,61 0,47 1,48 2,69 0,25 2,60

Por el contrario, la población de alumnos totales se mantiene prácticamente constante en este plazo