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Cómo contribuyeron las tecnologías de poder en el posicionamiento del capitalismo

1.3 El lugar de la alienación en la subjetividad inserta en sociedades de control

1.3.2 Cómo contribuyeron las tecnologías de poder en el posicionamiento del capitalismo

A partir de la explicación sobre el sentido que tomaría el término alienación en relación a la inserción social, se abordarán las relaciones entre el capitalismo y el surgimiento de ciertas tecnologías de poder, las cuales, colaboraron en el funcionamiento de otras invenciones técnicas que se remontan al siglo XVII (entre ellas estarían la tecnología química y la metalurgia). De acuerdo con Foucault (1976: 1999: 242), el sistema de poder conveniente a la monarquía, a finales de la Edad Media, implicaba algunas dificultades para el apuntalamiento del capitalismo, debido a que el poder político, bajo la forma en que se ejercía, resultaba “un poder muy discontinuo”, es decir, dejaba amplios huecos a través de los cuales eran posibles las prácticas que eludían el control del poder.

Por un lado, la ilegalidad en los modos de vida, hallaba representación en el tráfico de mercancía proveniente de las colonias, ocultándola en los hospitales marítimos franceses, donde los traficantes se resguardaban al aparentar un estado de enfermedad, evadiendo el rigor de la aduana. Ante esto, el primer reglamento de hospital, establecido en el siglo XVII, indicaba la revisión de cofres llevados por “marineros, médicos y boticarios” situados en hospitales (Foucault, 1974: 1978: 1999: 102).

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Otro inconveniente del sistema de poder enarbolado por la monarquía radicaba en sus altos costos, debido a que éste efectuaba una operación económica que tomaba una fracción de las cosechas, dicha sustracción estorbaba al flujo económico. Esta situación ameritaba cambios en los procesos económicos y los mecanismos de poder que pudieran respaldar al capitalismo. Así que la búsqueda se orientó a producir un “poder continuo, atómico e individualizante”, lo que significaba que cada individuo podía ser controlado de forma particular, en vez de los controles en masa. También se pugnó por un mecanismo de poder que mientras controlara personas, procesos y objetos minuciosamente, se desempeñara acorde al proceso económico y, no fuera costoso “ni esencialmente predador para la sociedad” (Foucault, 1976: 1999: 242 - 243).

En los siglos XVII y XVIII se van perfilando las circunstancias favorecedoras para el despunte del capitalismo; los análisis de Foucault (1976: 1999: 243) sobre esta reestructuración, destacan la forma en que intervino aquella tecnología a la que llamó “disciplina”.

La disciplina es, en el fondo, el mecanismo de poder por el cual llegamos a controlar en el cuerpo social hasta los elementos más tenues, y por éstos alcanzamos los átomos sociales mismos, es decir, los individuos. Técnicas de individualización del poder. Cómo vigilar a alguien, cómo controlar su conducta, su comportamiento, sus aptitudes, cómo intensificar su rendimiento, cómo multiplicar sus capacidades, cómo situarlo en el lugar en que sea más útil: esto es, desde mi punto de vista, la disciplina (Foucault, 1976: 1999: 243).

Dichas técnicas de individualización del poder contribuirían a la adaptación del individuo a las lógicas del mercado, estableciendo y seleccionando las conductas acordes a la normativa en el ámbito militar y laboral, extendiéndolas hacia el orden moral y jurídico, además de llevar a cabo la detección (a través de la vigilancia) de aquellos individuos que se desviasen de la norma, factor a considerar para la reclusión de aquellos que fueran vistos como “peligrosos”, no precisamente como método para procurar una forma distinta de

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reinserción en la vida social, alineándose a ella, pues, a pesar de que el discurso de la internación con el propósito de “rehabilitar” tiene gran difusión, el sistema asilar legitima la segmentación de la población, clasificando a los individuos y distribuyéndolos en espacios cerrados, obteniendo un saber a partir de su individualización y ejerciendo un poder mediante la perpetua observación.30

El caso del ejército es esclarecedor en el mismo grupo de tecnologías de poder, incluso, Foucault (1976: 1999: 243-244) lo señala como “el punto” en que se descubrió la disciplina, engarzado al “invento del fusil de tiro relativamente rápido”. Ese momento resulta decisivo y conlleva significativos cambios en el desempeño del soldado, porque terminará su condición “intercambiable”, ya no será reducido a “carne de cañón”, ni se limitará a propinar golpes, sino que tendrá una formación para utilizar el fusil, se emplearán recursos para proveerle de cierto conocimiento y desarrollar habilidades. De tal manera que tener soldados en servicio representará un costo importante y se evitará su pérdida.

Foucault (1976: 1999: 244) también se refirió a la educación como otro lugar en el que se ejerce esta tecnología disciplinaria, instalándose en colegios y luego en escuelas primarias, empleando métodos por medio de los cuales “los individuos son individualizados en la multiplicidad”. Si el colegio congregaba una gran cantidad de estudiantes, se requería de un poder que no resultara costoso como el poder del preceptor, aquel que existe entre discípulo y maestro, pero, se tradujera en la individualización del poder, a pesar de que un maestro tuviera a su cargo a muchos alumnos. El control y la

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Foucault (1975: 2005: 204-205) revisa el panóptico, la figura arquitectónica propuesta por Bentham, esta estructura permite que el preso sepa que está vigilado, aunque no lo sea efectivamente todo el tiempo, pues se trata de una máquina que separa “la pareja ver-ser visto”, es decir, quien se encuentra en el anillo periférico es visto, pero no puede ver a la persona que lo mira; por otro lado, el individuo en la torre central puede verlo todo sin que los demás puedan hacerlo.

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vigilancia constante serían los medios para conseguir tal cometido, a través de la figura del vigilante en colegios; por otro lado, también forman parte de dicho proceso “la aparición de la notación cuantitativa, la aparición de los exámenes, la aparición de las oposiciones”. Estas acciones derivarían en la clasificación de los individuos y propiciarían que cada uno se colocara en su lugar, ya sea frente a la mirada del maestro o atendiendo al dictamen producido respecto a cada individuo.

Y Foucault (1976: 1999: 245) enfatizó la consonancia entre la situación en el ejército y la escuela, así como en el taller hacia el siglo XIX, identificándole como “tecnología individualizante del poder”, mirando a cada individuo, dirigiendo atención hacia su cuerpo y comportamiento, lo que para Foucault estaría representado por una anatomopolítica.31

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El vocablo anatomopolítica se sitúa como una de las vertientes del poder sobre la vida, tópico abordado por Michel Foucault (1976) Historia de la sexualidad, 1 - La voluntad de saber. México: Siglo XXI, 1987, pp. 163-194. El análisis de Foucault (1976: 1987: 165) considera que desde el siglo XIX las guerras son más cruentas, efectuándose holocaustos sin parangón, dirigidos a las poblaciones por sus propios regímenes. Probablemente, este poder de muerte acompaña a un poder que pretende administrar la vida, valiéndose de ciertas formas de control. Esto indica que las guerras ya no están en función de defender al soberano, sino que se realizan “en nombre de la existencia de todos”, mientras se propaga la idea de matarse entre sí por la necesidad de vivir. Foucault (1976: 1987: 166-167) señaló: “Si el genocidio es por cierto el sueño de los poderes modernos, ello no se debe a un retorno, hoy, del viejo derecho de matar; se debe a que el poder reside y ejerce en el nivel de la vida, de la especie, de la raza y de los fenómenos masivos de población. […] ¿Cómo puede un poder ejercer en el acto de matar sus más altas prerrogativas, si su papel mayor es asegurar, reforzar, sostener, multiplicar la vida y ponerla en orden? Para semejante poder la ejecución capital es a la vez el límite, el escándalo y la contradicción. De ahí el hecho de que no se pudo mantenerla sino invocando menos la enormidad del crimen que la monstruosidad del criminal, su incorregibilidad, y la salvaguarda de la sociedad. Se mata legítimamente a quienes significan para los demás una especie de peligro biológico”. Ese poder sobre la vida se ha expresado desde el siglo XVII, experimentando diversos cambios. Foucault (1976: 1987: 168-169) aseveró que una de sus vías se enfocó “en el cuerpo como máquina: su educación, el aumento de sus aptitudes, el arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento paralelo de su utilidad y su docilidad, su integración en sistemas de control eficaces y económicos, todo ello quedó asegurado por procedimientos de poder característicos de las disciplinas: anatomopolítica del cuerpo humano”. La anatomopolítica junto a la

otra vertiente conocida como biopolítica, ejercen un poder bajo el que matar ya no constituye la más destacada función, sino la invasión a la vida. Foucault (1976: 1987: 169) sostiene: “La vieja potencia de la muerte, en la cual se simbolizaba el poder soberano, se halla ahora cuidadosamente recubierta por la administración de los cuerpos y la gestión calculadora de la vida”.

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Posteriormente, surgiría otro conjunto de tecnologías de poder, acunándose en Inglaterra a partir de la segunda mitad del siglo XVIII,32 pero, Foucault (1976: 1999: 245) señaló que estas tecnologías de poder no se dirigían a los individuos en sus particularidades, sino como población, lo que implicaba “seres vivos atravesados, mandados y regidos por procesos y leyes biológicas”. Esta vertiente se ocuparía del cuerpo- especie (Foucault, 1976: 1987: 168), es decir, el cuerpo como sostén de procesos biológicos de amplio alcance:

[…] la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad, con todas las condiciones que pueden hacerlos variar; todos esos

problemas los toma a su cargo una serie de intervenciones y controles reguladores: una

biopolítica de la población (Foucault, 1976:1987: 168).

Llevar a cabo tal regulación de la población, ha considerado distintas técnicas de observación, entre ellas, “la estadística”, así como la intervención de “grandes organismos administrativos, económicos y políticos” (Foucault, 1976: 1999: 246).

En este apartado, hemos afirmado que entre el siglo XVII y XVIII se fortalecieron las condiciones necesarias para que la vida y el cuerpo se convirtieran en objetos del poder, mediante la instauración de lógicas normativas propicias para el disciplinamiento y distribución de los cuerpos en espacios cerrados. Pero el poder sobre la vida no sólo se ha basado en la ordenación de los cuerpos, su extensión también alcanza la gestión de procesos vitales a través del control de las poblaciones; ambos procesos procurarían el rendimiento pretendido para garantizar la productividad, en cuanto soporte del capitalismo de aquellos días.

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