• No se han encontrado resultados

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

CÓMO MANEJAR EL ELOGIO CON LOS ESTUDIANTES?

Es fácil para los maestros centrar su atención en lo que los estudiantes hacen mal y no darse cuenta de lo que hacen bien.

Los maestros están tan ocupados educando y cuidando de sus alumnos que es fácil pensar que la buena conducta está garantizada. Cuando todo va mal les es fácil sacar a relucir otros diez errores. Caen en el error de criticar y todos acaban sintiéndose mal.

La crítica constante combinada con pocos elogios da otros resultados. El estudiante requiere la atención del maestro y la conseguirá como sea. Si el modo de enfocarlo es negativo, entonces el estudiante usará medios negativos para llegar a sus maestros. Si éstos se concentran en los hechos positivos, se conseguirá una mejor conducta como respuesta, porque de este modo el estudiante obtendrá más atención.

Si no se está acostumbrado a elogiar al estudiante, puede resultar difícil al principio y en un día que ya es agitado, puede parecer otra cosa más que recordar. Pero cuanto más se aplique, más natural y fácil será. En seguida se comprobará que los elogios son una influencia tan poderosa que sólo con unos pocos se puede lograr una nueva conducta y con un poco menos se mantendrá el cambio.

A veces los maestros temen que los estudiantes se acostumbren a depender de los elogios. Es posible que los elogios indiscriminados provoquen problemas con un estudiante inseguro o que siempre haya sido el centro de atención. Pero se sabe por experiencia que son más los estudiantes que no reciben bastantes elogios que los que reciben demasiados, y se sabe que los elogios pueden hacer milagros.

Si se usan estas directrices al aplicarlos, se comprobará muy pronto que el elogio es una técnica de disciplina notoriamente eficaz.

99

Elogiar el comportamiento y no la personalidad

Cuando los maestros están teniendo poblemos en la relación con sus estudiantes, muchas veces están tan exasperados que no tienen nada positivo que decir del estudiante. Describen su personalidad con términos tales como rebelde, vago y egoísta. Este es un círculo vicioso que no conduce a ningún sitio. Puede cambiarse su conducta y ahí debe estar el objetivo. La personalidad es más resistente a los cambios. Si se centran los esfuerzos en la conducta, es mucho más probable que se pueda llegar a la meta propuesta.

No se debe decir, “Eres una estudiante buena” que conlleva el mensaje de que el objetivo es ser bueno siempre, lo cual es una expectativa imposible de cumplir. En lugar de esto se debe decir “Me gusta cómo te has comportado hoy”. Por muchas veces que se diga “estudiante bueno” o “estudiante buena” el estudiante no se formará un concepto positivo de sí mismo, a no ser que tenga respuestas específicas a las propias conductas correctas, ya que la imagen de sí mismo está hecha de sus logros y sobre todo, se generará una presión en el estudiante y un temor que puede convertirse a la larga en actos de indisciplina tratando de demostrar que no ese tan buena o bueno como se pensaba.

El modo más eficaz de formar una buena conducta es moldearla con elogios. Moldear con elogios es una herramienta educativa que debe usarse repetidamente para mostrar la aprobación de los comportamientos nuevamente establecidos del estudiante.

Usar elogios concretos

El propósito de elogiar es aumentar conductas deseables, de modo que es necesario hacer hincapié en qué conducta concreta se persigue. Cuanto más concreto sea el elogio, mejor comprenderá el estudiante qué es lo que hace bien y será más probable que lo repita.

100

Cuando los maestros tienen dificultades para manifestar algo positivo de sus estudiantes, se les pide que mantengan un registro de buenas conductas, donde apuntarán todo lo que el estudiante hace correctamente. Algunos maestros exclaman: “¡Las páginas estarán en blanco!”, pero, normalmente, se asombran de ver cuántas conductas positivas pueden anotar y cuánto les ayuda para aprender a elogiar al estudiante.

Elogiar los adelantos

Se debe empezar a elogiar cada pequeño paso dado hacia la conducta deseada, procurando atrapar al estudiante en un buen comportamiento elogie cada progreso, por pequeño que sea. Al principio se le elogiará por el orden aunque no todo esté en su sitio. O supongamos que el estudiante está acostumbrado a que se le atienda enseguida y no deja terminar una conversación sin interrumpir. La primera vez que espere treinta segundos, es bueno hacer una pausa en la conversación y darle las gracias por no interrumpir. Hay que responder al estudiante antes de seguir hablando. A la siguiente oportunidad, se debería esperar un poco más antes de hacer la pausa para darle las gracias a fin de que su espera sea «moldeada». Es mejor empezar con objetivos modestos a fin de alcanzar la meta propuesta.

Cuando el nuevo comportamiento esté bien establecido, se necesitarán menos elogios para mantenerlo. No es necesario continuar elogiando al estudiante constantemente. Es mejor elogiarle de vez en cuando, Esto será suficiente para ir reforzando la nueva conducta y pronto se hará natural para ambos. No obstante, no suprima nunca los elogios de forma radical.

Elogiar adecuadamente

Para suscitar la respuesta requerida, el elogio debe ser adecuado. Abrazos y otras señales físicas de afecto junto con las palabras correspondientes son muy eficaces. Sin embargo, a algunos estudiantes un poco más mayores les gusta ser elogiados discretamente y en ese caso es mejor mantener una cuenta silenciosa o usar signos

101

secretos especiales. Un guiño o levantar el pulgar le indicará, sin llamar la atención excesivamente, que se ha notado su comportamiento. Más tarde, hay que manifestarle lo bien que lo ha hecho.

Muchos estudiantes mayores aceptan comentarios simpáticos, más que elogios directos. Decir: “Me pregunto qué equipo de limpieza ha pasado por aquí” puede ser mejor acogido por un preadolescente que decir: “Has hecho el deber realmente bien y has actuado maravillosamente».

Lo que queremos decir es que deben juzgarse las reacciones de su estudiante a los elogios para ver si están actuando de la mejor manera posible con él.

Si el estudiante parece no dar importancia a los comentarios del maestro pero más adelante repite el buen comportamiento, está usted comprobando que esta forma de elogiar es eficaz.

Hay que recordar que todo el mundo se cansa de las cosas buenas si se tienen demasiadas. Las mismas frases utilizadas una y otra vez perderán su efecto. Hay que ser creativo. También puede serlo que el estudiante oiga que usted le elogia delante de un amigo.

Para realzarlo más, se pueden acompañar los elogios de un premio, sólo de vez en cuando.

Elogiar inmediatamente

Los elogios son más eficaces, especialmente en estudiantes muy pequeños cuando se producen pronto. No debe pasar demasiado tiempo entre el comportamiento positivo del estudiante y la respuesta del maestro, aunque los estudiantes mayores pueden apreciar el reconocimiento posterior.

102

El espacio entre la acción de un estudiante y la respuesta del maestro se puede llenar con un gesto si es necesario, todo ello se puede anotar en una libreta y si el estudiante es grande se le puede enseñar de vez en cuando.