ste capítulo analiza acontecimientos ocurridos en el Perú en el siglo XIX. Corresponde al período en el cual se tiende a imaginar una nueva realidad política que articule lealtades e identidades de aquellos que habitan la nueva república. Es decir, se trata de redefinir dónde reside la soberanía y el poder, pues el Rey ha dejado de ser la fuente de la cual emana el poder y éste comienza a ser transferido al pueblo. El objetivo de este capítulo es mostrar que en ese ejercicio de toma de conciencia de la nueva realidad política y de transformación de los súbditos en ciudadanos, las constituciones, las leyes y los mecanismos de control social no son suficientes. El Estado-nación moderno encuentra en la pedagogía cívica y en la educación pública sus principales herramientas para realizar el tránsito mencionado. Sin embargo, en países con poca o débil presencia institucional la pedagogía cívica no puede ser ejercida de manera exclusiva a través de la escuela, sino que también ha de recurrir a prácticas, discursos, rituales y ceremoniales. De ahí que el análisis del Estado-nación también deberá atender el paradigma etnosimbólico, pues es ahí donde se establece con claridad las relaciones entre la elite y los sectores populares en sus niveles subjetivos y cotidianos.
Es en el desarrollo de esa perspectiva teórica que he abordado las raíces históricas de la construcción de los héroes durante el Perú republicano. Dichas raíces se ubican en el siglo XIX. Más adelante, en la tercera parte de la tesis, abordaré aspectos de la organización del Panteón
Capítulo III. Los funerales apoteósicos y la construcción del héroe 88
de los Próceres de la Nación y los ciclos de construcción heroica, fenómenos correspondientes al siglo XX.
En ese sentido, el Panteón de los Próceres es un producto del siglo XX y si bien en un inicio quiere marcar una nueva tradición de nación, aquella denominada la nación mestiza, no logró ser un proceso exitoso, pues el número de veintiséis héroes cuyos restos serán ubicados en el Panteón de los Próceres de la Nación durante el siglo XX está ocultando la incapacidad de tener unos pocos que logren articular al conjunto de la nación, la ausencia de iconos de consenso, así como del carácter dual que deben tener las tradiciones inventadas para que puedan consolidarse. Como se demostrará posteriormente, lo que se presenta en el Panteón actual es el reflejo de la fragmentación social y cultural del país.
En este capítulo voy a indagar dónde puede estar el origen del héroe patrio que logra llegar al Panteón de los Próceres. Si partimos de la premisa ya mencionada —que ninguno de ellos muere durante las guerras de la Independencia producto del enfrentamiento militar con España—, entonces considero que hay que buscar en el siglo XIX indicios que nos indiquen cómo se inició la selección, qué valores representan, qué funciones deben ejercer en la sociedad y qué imágenes proyectan cuando se los rememora.
Si bien se trata de un proceso único, la construcción del héroe, en este capítulo voy a sustentarme en tres ejes de análisis: el ritual, el discurso y la comunidad de culto.
Uno de los elementos que contribuyó en la construcción cotidiana de la nación, fue el entierro o funeral apoteósico de determinados personajes que habían sido protagonistas durante la fundación de la República. En efecto, desde sus primeros días de existencia, la República que surge en el siglo XIX en el Perú decide otorgar un tratamiento especial a personas —por sus acciones, méritos y virtudes— que son diferenciadas del resto de la comunidad y se los eleva a la nueva categoría de héroes patrios.1 Como indica Benedict Anderson, el naciente Estado-
1 A la definición de los héroes señalada en la introducción, queremos agregar que en el mito moderno también el
héroe constituye un elemento fundamental. Campbell sostiene que más allá de las propuestas de los antropólogos, la religión, la filosofía y el arte, el mito del héroe responde –de acuerdo a Freud y Jung- a un producto espontáneo de la psique y cada uno lleva dentro de sí mismo la fuerza germinal de su fuente. Joseph Campbell, El héroe de las mil caras psicoanálisis del mito, FCE, México, 2001. Por otro lado, Phillipe Ariès sostiene que es en el siglo
nación realiza acciones conscientes para convertirse en el heredero de una tradicional comunidad religiosa y se apropia de sus símbolos, ritos y ceremoniales dándoles un sentido secular para integrar a la nueva comunidad civil. Ello significa que el modelo anterior formado por los reyes absolutistas y la tradición eclesiástica facilitaron la creación de la nueva comunidad, la nacional. Sin embargo, y sobre esas bases previas, es fundamental la construcción de una nueva comunidad imaginada, que genere lealtades e identidades que consoliden la existencia de esa comunidad nacional.
En ese sentido, los símbolos patrios, los monumentos y los desfiles cívicos forman parte
de este nuevo lenguaje2 que deberá ser transmitido a las siguientes generaciones por medio de
la pedagogía cívica, los museos, las bibliotecas públicas y la prensa. Para el caso de varios países de América Latina, los resultados de estas nuevas tradiciones y lenguajes permitirán mostrar naciones más o menos consolidadas a fines del siglo XIX. Este, sin embargo, no es el caso del Perú, que a pesar de haber compartido casi las mismas experiencias culturales, procesos económicos y transformaciones sociales, la nación seguirá siendo una tarea pendiente no sólo durante el siglo XX, sino que incluso continúa estando inacabada en el siglo XXI.
Juan Espinosa, uno de los héroes cuyos restos yacen en la actualidad en el Panteón de los Próceres, escribió un «Diccionario para el pueblo» publicado en 1855, en él dio cuenta del nuevo lenguaje republicano: Bandera, Carácter nacional, Educación, Emancipación, Enseñanza, Independencia, Inmortalidad, Patriotismo y Posteridad, serán vocablos que consideraba que el pueblo debía conocer a cabalidad para que pueda garantizarse la existencia de un país compuesto por ciudadanos comprometidos en la construcción de una república liberal. Así, «el soldado de los Andes» muestra una manera particular de ser ciudadano, pues no cae en la adulación ni en una participación acrítica de la construcción de la república, sino que en cada vocablo denuncia cómo algunos términos han sido utilizados hasta el exceso provocando su devaluación social.3
XIX donde el culto a los muertos adquiere una fuerza nacional y colectiva cuando se resaltan las hazañas de los soldados muertos por las heridas sufridas al defender a su nación. Philipe Ariès, El hombre ante la muerte, Taurus, España, 1999.
2 Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas. FCE, México, 1997, pp. 26-27.
3 Otros vocablos que vale la pena destacar con Beneméritos, Condecoraciones, Corona, Dignidad humana,
Entereza, Epitafios, Guerras civiles o políticas, Inmortalidad, entre otros. Juan Espinosa, Diccionario para el pueblo, varias páginas.
Capítulo III. Los funerales apoteósicos y la construcción del héroe 90
Para él, como para los hombres modernos del siglo XIX, la manera de transformar a los vecinos en ciudadanos era a través de la pedagogía, la educación pública, el texto escrito (libros y prensa), y el debate de la opinión pública. Es decir, la educación adquiere una función civilizatoria y modernizadora en el nuevo rol docente del Estado republicano. Sin embargo, esta opción constituía una tarea de gran envergadura que no pudo ser asumida por quienes tomaban las decisiones, pues la mayor parte de las veces se encontraban inmersos en conflictos internos, en crisis económica, o simplemente detentaban el poder sin considerar la necesidad de sustentarlo a través de proyectos modernos liberales.
En este capítulo analizaré las primeras etapas de construcción de los héroes a partir de las crónicas sobre los funerales. En ese sentido, observaremos que la imagen de la heroicidad se va formando a lo largo del tiempo, para ello se requiere la participación activa de varias generaciones que componen dicha sociedad. Así, la muerte para los personajes públicos —que cada cierto tiempo serán motivo de homenaje— constituye el inicio de una nueva relación que se establece entre la sociedad y el personaje público transfigurado en un icono representativo de los valores y principios que deben articular a ese grupo humano. Entonces, el tránsito entre dejar de participar en la sociedad como un miembro activo de ella para pasar a representar sus valores y tener funciones tutelares se produce en los funerales. Este acto es fundamental para el caso de la fundación de la república, los ciudadanos deben asumir que estos héroes son los ancestros comunes a todos los peruanos, esto quiere decir que ellos materializan un nuevo pacto social y político o el inicio legítimo de una nueva realidad.
Para el desarrollo de este capítulo he seleccionado los funerales de aquellos que posteriormente —a lo largo del siglo XX— serán reconocidos oficialmente, a través de una norma, como héroes patrios fundadores de la República. Del análisis realizado sobre los funerales que presento en esta tesis considero que su estudio debe ser comprendido en un contexto dicotómico. Por un lado, hay que tomar en cuenta el proceso de la resignificación de tradiciones antiguas, y por otro lado, lo novedoso de la invención moderna de una tradición. En ese sentido, se es moderno porque se busca reconocer aquellos hombres que entregan su vida por valores nuevos como son la libertad y la patria, se es de antiguo régimen porque en la forma o los recursos utilizados para reconocer a dicho personaje se utilizan elementos tradicionales.
Asimismo, considero que en el caso del Perú, para comprender este proceso necesariamente debemos referirnos desde los paradigmas de la modernidad y del etnosimbolismo ya mencionados. Así, la nación será una comunidad imaginada, porque es sentida y vivida como una fraternidad de individuos iguales ante la ley, el Estado y los beneficios comunes.
En ese sentido, demostraremos que en el caso del Perú los funerales que se organizan en el siglo XIX para rendir homenaje a varios personajes públicos protagonistas durante el proceso de la Independencia, pueden ser analizados desde ambos paradigmas, pues más allá de ser una tradición moderna inventada, también se actualizan tradiciones cuyos orígenes provienen del pasado occidental y del mundo andino ya mencionados en capítulos previos, como por ejemplo el tratamiento al cadáver de personajes centrales a la sociedad, las peregrinaciones y desplazamientos por lugares públicos.
Otro elemento que tomaré en consideración es la característica de ser tradiciones estructuradas sobre bases culturales predominantemente orales. Este soporte oral se debe entender en el sentido que se llevan a cabo prácticas donde se estimulan varios elementos sensoriales y afectivos: el sonido de las campanas y de los cañonazos, el olor de la dinamita de las salvas y del sahumerio de las procesiones cívicas y ceremonias fúnebres en las iglesias, el contacto cercano entre los cuerpos de las personas que participan en las peregrinaciones, en el desfile cívico que transporta al difunto, entre los espectadores que acuden a saludar al héroe y acompañarlo a su última morada. Asimismo, la sociedad que participa en dicho ceremonial también lo hace desde una estructura de antiguo régimen, pues asisten ordenados de acuerdo al estamento al cual todavía pertenecen.
La peregrinación al Cementerio General para el traslado de los restos de los integrantes de la Sociedad Patriótica forma parte de esta dinámica de construcción cotidiana de la nación utilizando el recurso del culto laico. De esta manera, el desplazamiento por la ciudad hasta llegar al Cementerio General se convierte en un acto para recordar a «nuestros muertos» conformado por los héroes nacionales. Esta construcción cotidiana busca establecer la experiencia de la «communitas espontánea» en el sentido propuesto por Víctor Turner, donde el héroe patrio es acompañado hasta el cementerio en un tránsito liminal de dejar de pertenecer al
Capítulo III. Los funerales apoteósicos y la construcción del héroe 92
mundo de los vivos, para participar en el de los muertos y nuevamente volver a la población para
cumplir una nueva función, de modelo paradigmático para los que le sobreviven.4
Varias décadas después, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, con la construcción de la Cripta de los Héroes y la readaptación de la Iglesia de San Carlos para transformarla en el Panteón de los Próceres, se va desplazando el recurso de formación de la communitas espontánea para dar lugar a la búsqueda de una «communitas normativa». Es decir a partir del siglo XX se inicia un proceso de institucionalización de los héroes, donde confluyen varios actos ceremoniales públicos como son la oficialización, el reentierro y de su ubicación en un nuevo espacio, separado de los demás muertos que forman la comunidad del Estado-nación, es decir se produce el fenómeno mencionado en los capítulos anteriores de retorno del héroe a través del re entierro al interior de la ciudad.5
El nuevo Estado-nación creó una nueva elite que fue reconocida por la sociedad como los personajes notables. Generalmente, estuvo conformada por los representantes parlamentarios, los funcionarios del Estado, y por supuesto, los héroes de la Independencia.6
Cristóbal Aljovín sostiene que fue el período comprendido entre 1827 y 1845 cuando se produce un mayor impulso a la invención de los héroes de la Independencia. El refuerzo simbólico de creación de una aristocracia guerrera personificada en los militares peruanos que participaron en las guerras de la Independencia les permitió ubicarse en un estatus social y político de primer nivel y legitimó el liderazgo de estos caudillos.7
Esta habilidad para ubicarse en la cúspide de la sociedad desplazando a otros posibles contendores (los ideólogos, los comerciantes o gente adinerada) se observa claramente cuando uno analiza los rituales y las tradiciones que estos personajes inventaron para ellos mismos. Es
4 Víctor Turner.- El proceso ritual, pp. 101-103. 5 Víctor Turner.- El proceso ritual, p. 138.
6 En ese sentido no es casual que sean justamente estos nuevos personajes notables los que hayan sido los
primeros en contratar mano de obra «nueva», como señala Felix Sulén, los primeros 159 coolíes contratados para el servicio doméstico en Lima trabajaron para los generales, diputados y senadores. Félix Sulén.- «La inmigración china en el Perú: 1849-1874. Principales características de la mano de obra china en las haciendas de la costa norte del Perú». Tesis para optar el Título de Licenciado en Economía, pp. 20-25.
el período en el cual también se inicia la construcción de mitos que buscan legitimar la nueva situación política.8
A partir de la segunda mitad del siglo XIX una asociación cuyos inicios fueron de corte mutualista y de ayuda mutua entre los miembros de dicha agrupación, fue adquiriendo mayor importancia en la organización de los funerales de los héroes. Se llamó la «Sociedad de Fundadores de la Independencia del Perú», y a lo largo de más de un siglo fueron ampliando sus facultades.9 Ellos establecieron un ritual funerario para los fundadores que la patria que
indicaba, entre otros aspectos, un desplazamiento por las calles de la ciudad antes de la misa de honras fúnebres, los lugares elegidos para las exequias fueron diversas Iglesias: San Francisco, Nuestra Señora de la Merced, Santo Domingo o San Agustín. Posteriormente, el cadáver debía ser llevado, también en procesión fúnebre, hasta el Cementerio General. Los miembros de esta sociedad debían vestir luto riguroso, portar la cinta negra y asistir con todas sus condecoraciones.10
Entre los símbolos que demostraban que las ceremonias fúnebres para los militares eran marcadamente rituales se encuentra la ejecución de música de viento de algún batallón, los reconocimientos de otro batallón, honores a través de salvas de cañonazos; así como la participación del escuadrón de caballería. El ataúd solía estar conducido por los oficiales. A veces se encendían hasta doscientas velas para acompañar la sepultura.
Observaremos a lo largo de este capítulo que de todos funerales organizados para cada uno de los héroes patrios que lograron tener un lugar privilegiado en el Panteón de los Próceres en el siglo XX, sobresalen aquellos que contaron con una organización especial, con mayor participación de la población, y que tuvo los más altos honores, es decir aquellos que tuvieron el
honor de la apoteosis.11 Esta característica apoteósica permitirá observar el carácter sagrado
8 Peter Burke sostiene que uno de los temas recurrentes de los mitos es el relacionado a los padres fundadores.
Peter Burke.- Formas de historia cultural, p. 84.
9 Evaristo San Cristóbal.- Benemérita Sociedad de Fundadores de la Independencia, vencedores el 2 de mayo de
1866 y Defensores calificados de la Patria. Primer Centenario, Lima, 1957.
10 Aviso de la Sociedad de Fundadores de la Independencia del Perú publicado en «El Comercio», 15 de enero de
1859. Año XXI, Nº 5908, p. 3.
11 Javier Arce sostiene que el significado de la apoteosis para los romanos era el reconocimiento que el emperador
Capítulo III. Los funerales apoteósicos y la construcción del héroe 94
que irán adquiriendo los héroes no sólo porque la apoteosis implica transformar al difunto en un ser divinizado, sino porque en los rites de passage, los protagonistas al cambiar de posición adquieren un carácter sagrado en ese tránsito.12
Es del caso mencionar que no todos los funerales de aquellos que posteriormente serán héroes o próceres de la emancipación, tuvieron ese tratamiento ritual y ceremonial de la apoteosis. De manera general, podemos encontrar hasta tres tipos de funerales organizados para algunos padres fundadores de la República. Estos tipos de funerales los mencionaré a partir del orden de los más públicos e importantes —por su complejidad y magnitud— a los más privados, más restringidos de menor magnitud:
1. Apoteósicos. Aquellos que fueron organizados por el Estado, y por lo tanto son predominantemente públicos, organizados con un estricto ceremonial que podía consistir en misa en la Catedral, peregrinación por las calles trasladando el cuerpo, discursos en el cementerio, participación obligatoria de los principales funcionarios del Estado, participación de cuerpos del ejército, banda de músicos, carros, asistencia masiva y espontánea de la población. Este tipo de funerales se llevaron a cabo —entre otros personajes públicos— para el General Mariano Necochea, Jorge Martín Guise, el Gran Mariscal Guillermo Miller, General de División Francisco Vidal, Gran Mariscal Ramón Castilla. Son una adaptación de tradiciones occidentales y andinas basadas en el desplazamiento sagrado y tienen un carácter apoteósico y espectacular. 2. Organizados por una comunidad de culto. Aquellos funerales organizados bajo la iniciativa privada (deudos, amigos, círculo de profesionales, etc.) o pública (colegas o funcionarios). En este ceremonial un grupo de amigos y personas notables acompañaban a los familiares del difunto a llevar el cuerpo del héroe al Cementerio. Generalmente, constaba del acompañamiento en el velorio, la misa de cuerpo presente y el desplazamiento hasta el