La lectura cuantitativa de las variables, permite a su vez visibilizar los impactos en las condiciones de vida de la clase trabajadora y los impactos de las intervenciones estatales sobre la cuestión del desempleo.
Se consideran, dentro de los indicadores relativos a mercado laboral, específicamente aquellos vinculados a la dinámica de la tasa de actividad, tasa de empleo, desempleo y subocupación demandante y no demandante, haciendo foco en aquellas referencias sobre los planes o programas de empleo en relación a las tasas antes mencionadas y su impacto en los valores que adquieren las mismas.
La lectura de los indicadores referidos al empleo, serán a su vez analizados de manera articulada con los de pobreza, distribución del ingreso y desigualdad como otros indicadores cuantitativos que dan cuenta del impacto que las transformaciones estructurales, y particularmente las referidas al mercado de trabajo, tienen sobre las condiciones de vida de la población trabajadora. En los valores que asume cada indicador, puede analizarse la conjunción de una serie de dimensiones que refieren tanto a la conformación de la estructura económica como a las intervenciones estatales tendientes a regular la economía y el mercado de trabajo.
Según Féliz y López (2010), entre los años 1974-1980, el valor promedio de la tasa de desocupación era inferior al 3%, mientras que el nivel máximo se produjo en el año 1976, cuando alcanzó el 4,8%. Una vez culminada la dictadura, los niveles de desempleo abierto ya superaban el 5%. Durante el gobierno radical de R. Alfonsín entre 1983-1989, los registros fueron subiendo lenta pero persistentemente.
Los fenómenos de desempleo y sub-empleo comienzan a consolidarse como un problema estructural en la década del 90, convirtiéndose en una expresión insoslayable de la cuestión social y evidenciando a la vez las inevitables consecuencias del régimen de valorización financiera. Dentro de la década de 1990, los autores consultados coinciden en analizar la situación del empleo/desempleo en dos sub-periodos que presentan ciertas diferencias en los movimientos de los indicadores de análisis. (Basualdo 2011, Coremberg, 2007; Neffa et al 2005; Neffa, Panigo y López, 2010).
Gráfico N°1: Evolución de las tasas de desocupación y subocupación en el total de aglomerados urbanos, desde 1991 hasta 2002 en 1º trimestre de cada año, y elasticidad empleo-producto en igual periodo (anual).
Fuente: Elaboración propia en base a Indec y MTEySS ( 2004) y Martinez (1997) para valores elasticidad empleo producto39
I.2.c.1.a sub-periodo 1991-1995
Este sub-periodo contempla el momento de salida de la crisis hiperinflacionaria y la Ley de Convertibilidad, hasta uno de los picos máximos de desocupación alcanzado a mediados de la década de 1990. En palabras del MTEySS: El primer período de la convertibilidad, y hasta la crisis del tequila, fue de alto crecimiento económico, pero insuficiente creación de trabajo en el marco de la apertura y las reformas estructurales
de la economía, donde crecieron el empleo y la tasa de desempleo. Sin embargo en el año 1995, la caída del PIB del 2.8% reflejaba la crisis del tequila y las principales contradicciones que implicaba el plan de convertibilidad adoptado en el año1991.” (2004, p.125)
Para el primer periodo, Coremberg (2007) señala que se presentaron elevados indicadores de crecimiento económico devenidos del ingreso de la inversión extranjera40 y de ciertas medidas aperturistas por parte de la política económica y legislación. Como hemos mencionado anteriormente, desde inicios de 1991 el PBI crecía a una tasa promedio de 8% anual, sin ser acompañado por un crecimiento en los niveles de empleo de la población.
Dentro de este primer subperiodo, a este crecimiento del PBI, se tradujo en una lenta creación de puestos de trabajo, con un menor dinamismo del que experimentó el crecimiento de la demanda la fuerza de trabajo por lo que la desocupación creció alcanzando valores de dos dígitos ya en 1993. Este elemento da cuenta del fenómeno que señaláramos anteriormente al analizar las variables económicas, en tanto proceso de crecimiento económico sin creación de empleo
Como hemos mencionado, un indicador que aparece como relevante para mirar la relación entre el crecimiento del PBI y el crecimiento del empleo es el indicador de “elasticidad empleo-producto”, las fuentes consultadas refieren que para el periodo 1991-1994 mientras el crecimiento del PBI fue de 8.3% promedio anual, los ocupados crecieron solo un 2.03% anual, lo cual constituye una elasticidad empleo-producto de 0.24, una cifra que no alcanza a cubrir la oferta de trabajo (MTEySS, 2004).
Estos indicadores reflejan algunos de los fenómenos mencionados anteriormente, en cuanto caracterizar a este primer momento de convertibilidad como un periodo en el cual las variables macroeconómicas presentan resultados que fueran evaluados como positivos en términos de crecimiento, competitividad pero que son acompañados de una fuerte desestructuración del mercado de trabajo que empieza a manifestarse no sólo en el desempleo sino en diversas modalidades de precarización en las condiciones del empleo como ser el sub-empleo, la informalidad, entre otras.
A partir del ’94, acompañando un descenso en el PBI, los porcentajes de desocupación aumentaron a dos dígitos, alcanzando en mayo de 1995 al 17,5%. La
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Tal como señalamos precedentemente para el primer quinquenio de la década del 1990, el PBI alcanza valores de un 8% de crecimiento promedio para 1991/1992; y un 5,7% en 1993 y 8% en 1994. El ciclo de crecimiento se corta con un brusco descenso del PBI del 4 % en 1995.(Astarita, 2001).
contracción de la demanda de empleo causada por la caída abrupta en el nivel de actividad económica produjo tan solo entre mayo del 94 y mayo del 95 la destrucción de 380.000 puestos de trabajo. (Lanari, 2003, p.4)
La crisis internacional de 1995 y las propias limitaciones del modelo de convertibilidad presentan un decaimiento en los indicadores de crecimiento a la vez que aumentaron significativamente los vinculados al desempleo, subempleo y con ellas los de la pobreza y desigualdad. Las tasas de desempleo y subempleo alcanzan un pico en el periodo 1995/1996 que se acompaña de una modificación en las formas estatales de intervenir sobre la problemática. Según datos del INDEC41, para mayo del 1995 se alcanzaron los índices más elevados en materia de problemas de empleo de la década: llegando la desocupación42 a un 18,4%; la subocupación demandante a un 7,0% y la subocupación no-demandante al 4,3%. Es así que entre sub-ocupados (sumando demandantes y no demandantes) y desocupados el 29,7% de la población se encontraba fuera o con una precaria inserción en el mercado de trabajo.
Uno de los indicadores que aparece como relevante para este periodo, remite a los valores que alcanza el subempleo abierto, pasó del 8% al 15% y el porcentaje de asalariado informales (no registrados) pasó del 31,5 al 34,9% entre 1991 y 1996. Dentro de ellos, aparece significativo crecimiento de los sub-ocupados demandantes; que aumenta desde un 4,8% en 1993 hacia cerca del 8% para mayo del 1996. Este movimiento de la población sub-ocupada puede entenderse en tanto sectores de la población que se insertan precariamente en el mercado laboral intensifican su actitud de búsqueda en el mercado de trabajo, ya sea por acceso a un empleo de mayor calidad o a un segundo empleo que complemente los ingresos.
Estos datos reafirman los análisis cualitativos que diversos autores señalan en relación al impacto de las transformaciones estructurales del Estado sobre el mundo del trabajo.
Así el fenómeno de destrucción de puestos de trabajo agudiza la situación de desocupación y subempleo, aún en un momento en que los indicadores de crecimiento económico seguían ascendentes.
Es central, a los fines de nuestro trabajo ubicar en este periodo la sanción de diversas leyes tendientes a regular las relaciones laborales en el marco de las medidas
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Disponible en www.indec.gov.ar. Acceso 23de noviembre 2015
económicas más generales. Tal como mencionamos se sanciona la LNE Nº 24013 en 1991 dentro de la cual se incluye la creación del Seguro de Desempleo y la denominada Ley de Flexibilización laboral en 1994. Estas medidas jurídico-normativas actúan en dirección de dotar de cierta laxitud a las protecciones laborales que, desde la perspectiva de los sectores del capital, obstaculizaban la reducción de costos de producción imposibilitando lograr mayores niveles de competitividad y crecimiento.
I.2.c.1.b Sub-periodo 1996-2001
Este segundo periodo inicia con el pico máximo en los indicadores de desempleo, subocupación demandante y no-demandante; aunque con un incipiente proceso de crecimiento y creación de empleo que persistirá hasta el año 1998. Según Lindemboin en estos años el ritmo de generación de puestos de trabajo se aceleró lo que redundó en una elasticidad empleo producto de aproximadamente 0,53%. Sin embargo ni la tasa de empleo ni la de desempleo lograron alcanzar los valores previos a los inicios del periodo de valorización financiera (2008, p. 76). 43
El año 1996, es señalado por diversos autores como un momento en que se despliegan fuertemente una serie de programas de empleo, que fueran definidos en el marco de los programas de lucha contra la pobreza impulsados por los organismos internacionales de crédito; entre ellos los Programas Trabajar que son materia de análisis del presente proyecto. Hacemos esta referencia ya que la población incluida como beneficiaria de estos programas era consignada como población ocupada dentro de la EPH, incidiendo en los valores que asumieron los indicadores de desocupación y subocupación durante ese periodo.44
Desde el año 1998 se inicia un nuevo proceso de caída del PIB que fue de 4,6% promedio anual, y los ocupados se redujeron en un promedio de 1.7% anual, lo cual se traduce en una elasticidad empleo producto de 0.37. El empleo, durante este período,
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Según Lanari durante los años de recuperación (1996-1998), la creación del empleo permitió disminuir significativamente el desempleo. Los sectores que más puestos de trabajo crearon, fueron los servicios financieros y a las empresas (22% de incremento entre septiembre de 1996 y septiembre de 1998), así como también el comercio (18% de creación neta de puestos de trabajo) (p. 5) Según el Ministerio de Economía en los años de convertibilidad la mayor incidencia en los puestos de trabajo creados fueron sobre el sector servicios, mientras se daba la destrucción del empleo industrial (MECON, 2005).
44El análisis sobre el surgimiento del Programa Trabajar y el conjunto de programas dirigidos a abordar el
aparece como una variable menos sensible que el nivel de actividad.(MTEySS, 2004, p 125) 45.
Se produce nuevamente un crecimiento en las tasas de desempleo y subempleo y comienza a evidenciarse que los programas focalizados en materia de desempleo no muestran impacto significativo en la contención o reducción de estos indicadores. La tasa de desempleo alcanza su pico máximo en la historia superando el 20% para mayo del año 2002. La subocupación demandante, que había oscilado entre un 8% y 9% entre 1996-1999 crece abruptamente alcanzando un 18,3% en el año 2002, valor similar al de la tasa de desempleo. En parte, este fenómeno se relaciona con el crecimiento de la PEA para este periodo, tal como mencionáramos precedentemente.
Los efectos de la desocupación no afectaron del mismo modo al conjunto de la PEA; entre 1991-2002 “el crecimiento de la desocupación fue muy elevado para las personas situadas en los deciles inferiores, pero mucho menor entre los activos incluidos en los mayores deciles. En 2000, el 5% de los jefes de hogar de “hogares no pobres” se encontraban desocupados, mientras que ese porcentaje era de 20% en el caso de los jefes de hogar de “hogares pobres”” (Damill y Frenkel, 2005 citado en Toledo y Neffa, 2008, p. 125). 46
Asimismo, dentro de quienes se mantuvieron dentro de la categoría de ocupados -aun aquellos sub-ocupados- vieron modificadas sus condiciones laborales producto de las transformaciones del mercado de trabajo y de la modificación de las normativas de regulación de las relaciones de trabajo. La cita de Lanari expresa con claridad este fenómeno:
El número de empleados contratados por fuera del marco legal creció sustancialmente durante los años de análisis. En efecto, el porcentaje de asalariados no registrados pasó del 26% del total de empleados en los '90, al 41% en el 2002. Por otro, se redujeron los puestos de más de 35 hs. semanales lo cual, junto a la creciente inestabilidad laboral, causó un incremento en la proporción de ocupados insatisfechos por el número de horas trabajadas, situación que se tradujo en el elevado número de subocupados demandantes. A su vez los salarios acompañaron la tendencia depresiva existente en la economía, si se toma 1995
45Para todo el periodo de valorización financiera la elasticidad empleo-producto es de un 0,24 % según
The Employment Intensity of Growth". ILO, 2005. Citado en González, R. (2011) Esta estimación coincide en gran parte con los datos. Osvaldo Giordano Ex Secretario de Empleo en Argentina, quien remarca que estudios econométricos muestran una elasticidad empleo-producto para Argentina del 0,25, mientras que países desarrollados están en el orden del 0,5.( citado en Lorenzo, 2001, p. 9)
como año base, el salario medio real cayó en 30 puntos porcentuales (2003, p 5).
El análisis de estos valores se realiza a los fines de dar cuenta del impacto que las transformaciones en el mercado de trabajo generaron en la estructura social y con ello, en las condiciones de reproducción de los distintos sectores de la población. El periodo de valorización financiera impulsa un crecimiento en las brechas de desigualdad porque se produce un empobrecimiento general de la población trabajadora pero a la vez afecta desigualmente a estos sectores, con mayor impacto sobre los estratos medios y bajos tanto desde el punto de vista ocupacional como desde la distribución del ingreso (Torrado, 2010).
Como datos significativos a nuestro objetivo de análisis, queremos recuperar algunos indicadores que nos permitan visibilizar cómo las modificaciones en el mercado de trabajo durante todo el periodo, afectaron desigualmente a los diferentes sectores sociales. Asimismo señalar cómo desde el Estado se diseñaron estrategias y políticas dirigidas a cada uno de ellos poniendo foco en las situaciones de desempleo que se construyen como materia de intervención estatal.
En términos de pobreza, el porcentaje tanto de hogares como de personas pobres se triplicó entre 1993 y 2003, pasando de un 17,7% a un 60% respectivamente. En palabras del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación “En octubre de 2001 el 28 por ciento de los hogares y el 38,3 por ciento de las personas vivían en la pobreza, lo que significaba que más de las dos terceras partes de la población era pobre de acuerdo con sus ingresos.” 47
Tomando el análisis de la distribución personal del ingreso, recuperamos la medición del Cociente de Ginique muestra una variación entre el año 1993 y 1999 variando de 0,463 a 0,504. El fin del modelo de convertibilidad se presenta con el indicador de pobreza afectando al 26% de los hogares y el coeficiente de Gini en 0,52. Estos valores grafican que la apropiación de los frutos del crecimiento económico fueron los sectores
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En http://www.desarrollosocial.gov.ar/notas/nota3.asp: pobreza e indigencia ¿De dónde venimos y a dónde vamos? Acceso Diciembre 2013. En la página del Indec se refiere “La medición oficial de la pobreza y la indigencia por el método de la línea de pobreza según unidad adulto equivalente se realizó sistemáticamente en Argentina a partir del año 1993, según lineamientos trazados por la Secretaría de Programación Económica del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos. La metodología adoptada, y luego continuada por el INDEC, se basó en los valores del Índice de precios al Consumidor del Gran Buenos Aires (IPC GBA), tanto en el período en que la medición de pobreza e indigencia abarcó sólo la región Gran Buenos Aires (1993-2001), como en los períodos posteriores en que la medición alcanzó a todos los aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Acceso 18 diciembre 2015.
de mayores ingresos. Este coeficiente nos permite a su vez, identificar un componente de concentración de los ingresos, vinculados a las variables económicas de concentración y centralización del capital y con ello una ampliación de la brecha en la equidad.
Según Rojas Couto (2006) , una de las variables para medir la progresividad de las políticas sociales es a través del impacto sobre la desigualdad social. Es así, que será materia de discusión en los capítulos siguientes analizar los programas de referencia en clave de su aporte o no a la disminución de la desigualdad social, a través de la intervención estatal sobre el desempleo. En este sentido, el conjunto de intervenciones que el Estado desarrolla en materia de abordaje del desempleo y pobreza darán cuenta de los intereses que lograron imponerse y la forma que asume el Estado dentro de este RSA.