Í NDICE DE F IGURAS
1.7 C ONSERVACIÓN EN FINCAS
La conservación in situ se entiende como la conservación de los ecosistemas y hábitats naturales y el mantenimiento y recuperación de poblaciones viables de especies en sus entornos naturales y, en el caso de especies domesticadas o especies cultivadas, en los entornos en donde hayan desarrollado sus propiedades específicas. Este tipo de conservación se denomina conservación en fincas e implica el mantenimiento de las variedades de cultivos tradicionales o los sistemas de cultivo por los agricultores dentro de los sistemas agrícolas tradicionales (Altieri y Merrick, 1987; Bellon et al. 1997; Brush, 1991; Oldfield y Alcorn, 1987). Y se reconoce cada vez más como un componente clave de cualquier estrategia global para conservar los recursos genéticos de los cultivos (Brush, 1991; IPGRI, 1993; Maxted et al. 1997a; Wood y Leneé, 1999). La agrobiodiversidad es un componente fundamental, la materia prima para la conservación en fincas y el pilar de la seguridad alimentaria y su sostenibilidad está en la complementariedad de una serie de técnicas ex situ e in situ (Maxted et al. 1997a). Los principales elementos que confieren valor a esta agrobiodiversidad y su organización son la integridad genética de las poblaciones, el medio ambiente y los ecosistemas que sustentan la diversidad y su estructura (Riggs, 1990). Por lo tanto, la clave para la conservación de estos recursos genéticos, es el mantenimiento y la integración de estos tres elementos. Para lograr esto se necesita mantener la continuidad y la integridad genética, integrar y coordinar los diferentes esfuerzos de conservación (Rao y Hodgkin, 2002), y mejorar el acceso a los conocimientos existentes que influyen en las decisiones del agricultor; entre ellos están sus prácticas tradicionales, la forma local de vida, el papel de la mujer, la influencia de zonas urbanas, y la identidad del grupo al que pertenece (Jarvis et al. 2006).
En las dos últimas décadas ha habido numerosos proyectos enfocados a promover la conservación en fincas (Almekinders y de Boef, 2000; Bellon, 1991; Bellon et al. 1997; Brush, 1991; 1999; Cromwell, 1990; Jarvis y Hodgkin, 1997; Jarvis et al. 2000; Louette y Smale, 2000) y específicamente del maíz en varias zonas del planeta pero fundamentalmente en el centro y sur de México (Bellon et al. 2003) y la región Andina
(Tapia y Carrera, 2011). Estos lugares son particularmente prometedores para la
conservación de maíz debido a que presentan un alto nivel de diversidad intraespecífica que refleja un largo proceso de coevolución entre el cultivo y la población humana local (Piperno y Flannery, 2001; Pope et al. 2001).
Muchas de las estrategias para la conservación en fincas se han enfocado en estudiar la diversidad y evitar la erosión genética de variedades tradicionales, mediante ferias de intercambio de semillas, registros comunitarios, restitución de germoplasma a las fincas, agroturismo, educación en agrobiodiversidad y fitomejoramiento participativo, en varios
Capítulo 1. Conservación en fincas
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países de América, como por ejemplo, Honduras (Almekinders et al. 1994), el Valle de Cuzalapa en el Estado mexicano de Jalisco, (Louette, 2000) y Ecuador (Tapia y Carrera, 2011).
La falta de aplicación de estas estrategias y metodologías estandarizadas de conservación en fincas, producen cambios rápidos en las prácticas agrícolas, factor por el cual existe un proceso de erosión genética, de costumbres y saberes locales que han dado sostenibilidad a los sistemas agrícolas (Harlan, 1975); (Bellon et al. 1997; Harlan, 1992; Hawkes, 1983; National Council Resources (NCR), 1993; Plucknett et al. 1987).
En este sentido, se ha identificado una serie de causas de esta pérdida de variedades tradicionales como: sustitución de variedades locales por variedades mejoradas (Harlan, 1975), sobreexplotación, presiones demográficas, degradación ambiental, cambio de los sistemas agrícolas, pastoreo excesivo, legislación y política inadecuada, plagas, enfermedades y malas hierbas (FAO, 2010). Adicionalmente a estas causas, Álvarez et al. (2005), Bellon et al. (2003), Bisht et al. (2006), Brush et al. (1992), IPGRI (2001), Shewayrga et al. (2008), Smale et al. (2004), Tripp y van der Heide (1996), mencionan otras causas como: cambios en los hábitos alimenticios, pérdida de conocimiento tradicional, disponibilidad de mercados, insuficiente suministro de semilla, intensificación y cambio tecnológico, como el uso de fertilizantes y riego.
Para promover y dar sostenibilidad a la conservación en fincas se debería seguir varios pasos, en particular: (1) identificación de áreas de conservación o microcentros de diversidad, (2) que el cultivo sea de suficiente importancia para garantizar la conservación activa, alta diversidad y que el acervo genético no este actualmente conservada adecuadamente (Maxted et al. 1997b), (3) caracterización ecogeográfica que incluye todas las características de adaptación del medio ambiente (bioclimáticos, geofísicos y edáficos), y con la ayuda de herramientas como SIG (Parra-Quijano et al. 2012), (4) los objetivos de conservación específicos formulados, tomando en cuenta las estrategias tanto ex situ como in situ (Maxted et al. 1997c) y, (5) los aspectos
socioeconómicos y culturales. Para aplicar estos pasos es necesario un trabajo
multidisciplinario y tomar en cuenta las perspectivas de los agricultores y científicos (Bellon et al. 2003).
En relación al primer punto y que es de interés en este estudio, una mejor comprensión y el desarrollo de metodologías que permitan identificar áreas de conservación en fincas, apoyaran el mantenimiento de las variedades tradicionales y su conocimiento y al mismo tiempo de preservar la riqueza de los agroecosistemas sostenibles multifuncionales (Galluzzi et al. 2010). El desarrollo de una metodología generalizada similar para definir áreas de conservación y la conservación en fincas no se ha definido en forma objetiva debido en primer lugar, porque ha habido pocos intentos de estudiar científicamente la conservación en fincas (Brush, 1999; Jarvis y Hodgkin, 1997; Jarvis et al. 2000). En segundo lugar, debido a que los agricultores en última instancia, son los que conservan sus variedades y no los científicos (Maxted et al. 1997d), en tercer lugar,
Capítulo 1. Introducción
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por no contar con criterios objetivos estandarizados que permitan definir áreas de conservación, y en cuarto lugar, que a diferencia de la identificación de áreas de conservación de especies silvestres, en la conservación en fincas hay que tomar en cuenta factores sociales y culturales variados que cambian de acuerdo a los agroecosistemas.