Acaba de ser visto, que en el Speculum aparecen pasajes evangélicos cuyos tipos no proceden de la Biblia, sino de fuentes profanas. Esta tradición, que se insinúa con sutileza en el siglo XIV, será desarrollada con profusión en la centuria siguiente. Juan de París afirmaba en su tratado De probatione fidei christianae per
auctoritatem paganorum:
«Non seulement le vrai Dieu ne s’est pas détourné des païens, mais il les a favorisés d’une
révélation particulière. Tous les dogmes de la religion chrétienne on été entrevus, et […] énoncés par les sages de l’antiquité. Platon et Aristote ont parlé de la Trinité […]; Cicéron a deviné la réssurrection. Des […] Sybilles, ont annoncé le Sauveur à la Gréce, à l’Italie, à l’Asie mineure…»91 (Mâle, 1922: 254).
Este planteamiento permitiría despejar la incertidumbre que puede causar contemplar un templo cristiano repleto de figuras procedentes del mundo pagano. Es el caso de los mosaicos marmóreos que decoran el pavimento de la catedral de
91 El Dios verdadero no sólo no se ha apartado de los paganos sino que los ha beneficiado con una revelación
particular. Todos los dogmas de la religión cristiana han sido predichos y [...] enunciados por los sabios de la antigüedad. Platón y Aristóteles han hablado de la Trinidad [...]; Cicerón ha adivinado la Resurrección [...]. Las [...] sibilas han anunciado el Salvador a Grecia, a Italia y a Asia menor...
Siena, en cuyo primer tramo de la nave central Giovanni di Stefano representó en 1488 a Hermes Trimegisto, personaje legendario de la época helenística al que se consideraba creador de la alquimia y fundador de las creencias metafísicas conocidas como heremetismo. Algunos pensadores medievales vieron en él un profeta que, como las sibilas, anunció la venidad de Cristo. La inscripción que aparece a sus pies lo identifica y lo sitúa en el tiempo, considerándolo coetáneo de Moisés: «Hermes
Mercurius Trimegistus contemporaneus Moysi» (Fig. 43).
Esta misma idea es expresada también por Marsilio Ficino en su tratado De
Christiana religione, de 1474, cuya plasmación visual vendría representada en la Escuela de Atenas y la Disputa del Santo Sacramento pintadas por Rafael entre 1509 y 1512 para
las habitaciones del Vaticano, hoy conocidas como Estancias de Rafael. Si en este último fresco aparecen reunidos los doctores de la Iglesia, en aquel lo estarán los filósofos de la Antigüedad, expresándose con ello que el pensamiento de estos también es santo, puesto que son los antecesores de los teólogos.
Si el arte del Duecento y del Trecento se afanó por mostrar las concordancias entre los dos Testamentos, vinculando a los profetas con los apóstoles y buscando acontecimientos de la Vieja Ley que anunciaban hechos de la vida de Cristo; los artistas del Quattrocento expresarán la armonía existente entre el paganismo y el cristianismo. Para ello recurrirán a las sibilas, a las que pondrán en paralelo con los profetas.
En el capítulo «L’ancien et le nouveau symbolisme» de su tratado L’art religieux de la
fin du Moyen Âge, Émile Mâle realiza un exhaustivo estudio de cómo aparecen las
sibilas en el arte occidental y la evolución que experimentaron a lo largo de esa centuria. Nos basaremos en él para mostrar la correlación que el arte del siglo XV estableció entre estas figuras misteriosas y los profetas bíblicos.
Aunque en el siglo XIII ya eran conocidas las diez sibilas que había enumerado Varrón, los artistas europeos desde finales del siglo XII solo habían pintado a dos de ellas: Eritrea, que profetizó el Juicio Final, lo había sido en el arte francés, mientras que en Italia lo era la de Tibur, aquella que le había mostrado a Augusto, sobre el cielo de Roma, una imagen de una virgen con un niño en brazos a
la vez que una voz pronunciaba: «Haec est ara coeli»92. Aunque en el siglo XIV se las
empieza a ver con más asiduidad, habrá que esperar a la segunda mitad del siglo XV para encontrarlas por toda Europa, y no solo aisladas como hasta ahora, sino formando grupos. Uno de los primeros ejemplos lo constituye la catedral alemana de Ulm, donde entre 1469 y 1474 fueron esculpidas nueve de ellas para la sillería del coro, pronunciando cada una una profecía sobre la vida o muerte de Cristo. Estos oráculos son:
- Sibila Délfica: «Dabit ad verbera dorsum suum et colaphos accipiens tacebit». - Sibila Líbica: «Jugum nostrum intolerabile super collum nostrum tollet».
- Sibila Tiburtina: «Albuna dicta. Suspendent eum in ligno et nihil valebit eis, quia
tertia die resurget et ostendet se discipulis, et, videntibus illis, ascendet in coelum, et regni ejus non erit linis».
- Sibila Helespóntica: «In agro Trojano. Felix ille fructus ligno qui pendet ab alto». - Sibila Cumana: «Quae Amalthea dicitur. Templi velum scindetur, et medio die nos erit
tenebrosa nimis».
- Sibila Cimeria: «Octavo anno, Deum de virgine nasciturum indicans. Jam nova
profenies coelo demittitur alto».
- Sibila Frigia: «Ancirae. In manus infidelium veniet. Dabunt autem alapas Domino
manibus incestis et impurato ore exspuent venenatos sputus».
- Sibila Samia: «Agnus coelestis humiliabitur».
- Sibila de Eritrea: «Ex coelo rex adveniet per saecla».
La mayor parte de estos epígrafes están tomados de la obra Institutiones divinae de Lactancio, escritor eclesiástico de finales del siglo III y principios del IV, quien a su vez los adoptó de los Oracula Sibyllina, compuestos por judíos de Alejandría hacia el siglo II a. de C. y revisados posteriormente por los cristianos. El libro de Lactancio gozó de gran éxito entre los humanistas del Renacimiento porque venía a demostrar que el paganismo también había sido profético. Este autor, además, equiparaba las predicciones de las sibilas con las de los profetas, con lo que ponía de manifiesto que aquellas habían augurado a los paganos la venida del Mesías, su
pasión, muerte y resurrección, en la misma medida que los profetas lo habían anunciado en el seno del pueblo de Dios.
En 1481 el dominico Filippo Barbieri recopiló un conjunto de pequeños tratados bajo el título Discordantiae nonnullae inter sanctum Hieronymum et Augustinum. El dedicado a las sibilas y a los profetas está concebido como una especie de diálogo que mantienen aquellas con estos, de forma que entre todos van anunciando la venida del Salvador.
Hasta la aparición de las Discordantiae, solo había diez sibilas. Este dominico, imbuido del gusto por la simetría imperante en el período medieval, añadirá dos más, Europa y Agripa, para poder vincularlas a los doce profetas, igual que una centuria antes estos habían sido puesto en relación con los apóstoles. El grupo resultante de doce sibilas serán adoptadas muy pronto por los artistas. En 1485 Ghirlandaio las pintará ya en la iglesia de la Santísima Trinidad de Florencia. En 1492 sube al solio pontificio Alejandro VI e inmediatamente encarga a Pinturicchio la decoración de sus cinco habitaciones privadas en el Apartamento Borgia del Vaticano. El programa general estaba integrado por: Sibilas, Credo, Siete Artes liberales, Santos y Siete gozos de la Virgen. Aquí, nuevamente, se aprecia el interés de la época por reducir la religión a números, especialmente series de doce y siete. En dos habitaciones impera la primera cifra: las sibilas y los profetas, por una parte, y el Credo profético y apostólico, por otra. En dos estancias domina el siete: las dedicadas a las Artes liberales y a los Gozos de la Virgen (Saxl, 1989: 162).
Por la temática de este trabajo merecen especial atención los dos primeros aposentos porque se encuadran en la tendencia de la época de armonizar las creencias judías, paganas y cristianas, además de resumir «el pensamiento cristiano desde la era de los profetas y las sibilas hasta el momento en que la doctrina de la Iglesia fue formulada por los doce sucesores elegidos por Cristo» (Saxl, 1989: 161). En cada luneto de las paredes de la primera habitación aparecerá una pareja integrada por una sibila y un profeta, pronunciando cada uno un oráculo alusivo a la venida del Salvador. Las inscripciones que llevan ellas proceden del libro de Barbieri, no así la relación que se establece con sus equivalentes bíblicos, donde Oseas aparece junto a la sibila de Delfos (Fig. 44) y Daniel al lado de la de Eritrea. En la habitación contigua, los apóstoles con sus precursores. Si los primeros recitan
artículos del Credo, las filacterias de los segundos presentan secuencias de sus profecías, en consonancia con los artículos de fe.
Esta confrontación de sibilas con profetas se encuentra, también, en uno de los lugares más emblemáticos de la cristiandad, aquel donde tiene lugar la elección del sucesor de Pedro. Justamente allí, en el techo de la Capilla Sixtina que pintara Miguel Ángel entre 1508 y 1512, se encuentran estos personajes.
En Francia, los artistas se inspirarán tanto en el libro de Lactancio como en el de Barbieri. Esta combinación traerá consigo el nacimiento de las sibilas francesas, cuya iconografía se fijará en el Libro de horas de Luis de Laval, de 1489, pues como afirma Mâle, «toutes les Sibylles que l’on rencontre en France, au XVe et au
XVIe siècle, sont de la même famille»93 (Mâle, 1922: 267).
Confrontaré las profetisas de este manuscrito, con las del pavimento marmóreo de Siena, apenas cinco años anteriores. En el libro galo el orden es el siguiente:
- Sibila Pérsica (Fig. 45).
Contemporánea de Ciro, rey de medos y persas, profetizó las hazañas de Alejandro Magno. En lo alto del folio se lee: «Sibylla Persica, XXX annorum cujus
mentionem facit Nicanor. Videtur vaticinari de futuro salvatore gentium sub nubilo». Debajo de
ella, el parlamento que pronuncia: «Ecce bestia conculcaberis et gignetur Dominus in orbe
terrarum et gremium virginis erit salus gentium».
En su mano izquierda lleva un farolillo que emite una luz tenue y con sus pies pisa una serpiente, en alusión a su profecía.
El oráculo que se le atribuye en el duomo de Siena (Fig. 46) remite al milagro de la multiplicación de los panes y los peces: «Panibus solum quinque et piscibus duobus
hominum millia in foeno quinque satiabit reliquias tollens XII cophimos implebit in spem multuorum»94.
93 Todas las sibilas que se realizan en Francia durante los siglos XV y XVI pertenecen a la misma familia. 94 Con cinco panes y dos peces saciará cinco mil hombres sentados en la hierba. Con el resto llenará doce
- Sibila Líbica (Fig. 47).
Coetánea de Ayoth, uno de los jueces de Israel, va acompañada de esta leyenda: «Sibylla Libyca, XXIV annorum, cujus meminit Euripides. Videtur clare vaticinari de
adventu Salvatoris cum prophetis. Ecce veniet deus et illuminabit condensa tenebrarum et solvet nexus Synagoge». Como la anterior, también anuncia la venida del Salvador, pero de
una forma más clara, motivo por el cual el iluminador ha colocado en su mano una vela encendida que emite una luz más brillante que el farolillo de la Pérsica.
En la catedral italiana (Fig. 48) se la ve con piel oscura para indicar su origen africano. En su mano derecha sostiene un libro abierto con la predicción: «Colaphos
accipiens tacebit. Dabit in verbera innocens dorsi»95. La cartela de su izquierda recoge: «In
manus iniquas veniet. Dabunt Deo alapas manibus incestis. Miserabilis et ignominiosus miserabilibus spem praebebit»96. Ambas profecías aluden a la flagelación de Cristo, lo
que en el libro de Laval se pone en boca de la Tiburtina.
- Sibila de Eritrea (Fig. 49).
Vaticinó la destrucción de Troya por los griegos. Basándose en el oráculo que se le atribuye, Eusebio de Cesarea sistematizó el acróstico: «Iesus Christus Dei Filius Salvator». Su lema reza: «Erithraea [XV] annorum, dicta Eriphila. Videtur vaticinari de
Christi annuntiatione per angelum facta. De excelso coelorum habitaendo prospexit Deus humiles
et nascetur in diebus novissimis de Virgine hebraea…»97. Como augura la Anunciación, en
su mano lleva una flor. En este caso hay coincidencia con la profecía del templo sienés, aunque aquí el acento recae más en el nacimiento de Cristo (Fig. 50).
- Sibila de Cumas (Fig. 51).
Según algunos, hija de Beroso, autor de la historia de los caldeos, salió de Babilonia y tomó el nombre de la ciudad de Cumas, al sur de Italia.
95 Se callará durante las bofetadas. Ofrecerá a los golpes su espalda inocente.
96 Será entregado a manos injustas. Con manos impuras darán a Dios latigazos. Abatido y escarnecido
infundirá esperanza al desdichado.
97 Desde su celeste morada, Dios dirigió su mirada hacia sus humildes servidores y nacerá en los últimos días
En las Horas de Laval se le atribuye haber pronosticado el nacimiento de Jesús: «Sibylla Cummana, XVIII annorum. Videtur vaticinari de nativitate Christi in
Bethleem. Ultima Cumaei venit jam carminis aetas…», motivo por el cual sujeta en su
mano un pequeño barreño dorado, objeto utilizado para lavar a los recién nacidos. En el lateral del trono en el que está sentada, Colombe ha representado, como si de talla en madera sin policromar se tratara, el nacimiento de Jesús en un pequeño portal, observándose a José y María en adoración ante el Niño Dios.
A ella se refirió Virgilio, como recuerda la inscripción que a sus pies se ha colocado en la catedral italiana (Fig. 52), donde, además, aparece acompañada por la siguiente inscripción: «Ultima Cumaei venit iam carminis aetas magnus ab integro saeclorum
nascitur ordo iam redit et virgo, redeunt saturnia regna, iam nova progenies caelo demittitur alto»98,
procedente de la «Égloga IV» de las Bucólicas virgilianas, por eso lleva en su mano derecha la rama de acebo evocada en la narración de este poeta.
- Sibila Samia (Fig. 53).
Su inscripción dice: «Sibylla Samia, annorum XXIII. Videtur vaticinari de hoc quod
virgo reclinavit puerum in praesepio. Ecce veniet dies et nascetur puer de pupercula, bestiae terrae adorabunt eum». Estas bestias a las que alude la profecía fueron puestas en relación
con el buey y la mula, de ahí que le asignaran como atributo el pesebre que lleva en las manos.
En Siena (Fig. 54), reza su epitafio: «Tu enim stulta iudaea deum tuum non
cognovisti lucentem mortalium mentibus sed et spinis coronasti orridum que fel miscuisti»99, una
crítica al escepticismo de los hebreos que no creyeron en la revelación de Cristo y lo coronaron con espinas.
- Sibila Cimeria (Fig. 55).
La acompaña la siguiente leyenda: «Sibylla Cymeria XIII… Vaticinatur quo modo
Virgo lactet puerum. In prima facie virginis ascendit virgo quaedam… nutriens puerum, dans ei
98 Se acerca, por fin, la última edad augurada por la sibila: veo nacer un gran orden de siglos renacientes. La
virgen Astrea vuelve sobre la tierra y con ella el reino de Saturno; desciende ya de los cielos una nueva raza de mortales.
99 Tu, judío insensato, no has reconocido a tu Dios, resplandeciente en el espíritu de los hombres, sino que lo
ad comedendum…». Como anuncia la lactancia de un niño por una virgen, es lógico
pensar que la cornucopia que sujeta en su mano no sea otra cosa que un biberón. Esta profetisa, en Siena (Fig. 56) lleva el gentilicio Cumaea porque su nombre deriva de Cime (Cuma eolica), ciudad griega del Asia Menor en la costa de Eólida. El cartel que la acompaña vaticina la vida eterna: «Et mortis fatum finiet, trium dierum somno
suscepto tunc amortuis regressus inlucem veniet primum resurrectionis initium ostendens»100.
- Sibila Europa (Fig. 57).
Lleva escrito: «Sibylla Europa, annorum XV, inter ceteras pulcherrima. Videtur
vaticinari de fuga pueri cum matre ejus ion Aegypto. Veniet ille et transiliet colles et montes et latices Olympi, regnabit in paupertate et dominabitur in silentio…», profecía que fue
interpretada como la huída a Egipto, motivo por el cual se le asignó como atributo una espada, en recuerdo de la matanza de los incoentes. No ha sido representada en Siena.
- Sibila Tiburtina (Fig. 58).
De nombre Albunea, fue honrada como diosa de la ciudad de Tibur, por cuyo gentilicio fue conocida.
Su lema apunta: «Sibylla Tiburtina, XX annorum, quae prophetavit Romanis et
vaticinata est de Christi alapatione. Flagellabit homines potentes, exelsus veniet et firmabit consilium in coelo, annuntiabitur virgo in vallibus desertorum…». A este texto tomado de
Barbieri, el autor del programa de estas Horas, añadió el siguiente pasaje de Lactancio: «In manibus infidelium postea veniet, dabunt Domino alapas, accipiens tacebit, nequis
agnoscat», oráculo que fue interpretado como el inicio de la Pasión y de los
sufrimientos que Cristo padeció. La mano cortada que empuña alude a la mano sacrílega que infligió al Salvador tantos tormentos.
La predicción que pronuncia en Italia (Fig. 59) es muy diferente, ya que se trata del Nacimiento del Salvador y de su anuncio a los pastores: «Nascetur Christus in
100 Pondrá fin a su destino mortal tras un sueño de tres días. A continuación, de regreso del reino de los
Bethlehem. annunciabitur in Nazareth regnante tauro pacifico fundatore quies. o felix mater cucius ubera illum lactabunt»101.
- Sibila Agripa (Fig. 60).
Vaticina la Pasión y, más concretamente, la flagelación, como indica el texto que la acompaña: «Agrippa, XXX annorum. Vaticinatur de flagellatione. Invisibile verbum
palpabitur… et conversabitur ut peccator». En consonancia, lleva un látigo. No aparece en
el pavimento sienés.
- Sibila Délfica (Fig. 61).
Hija de Tyresias el Tebano, alguno de sus escritos fueron después copiados por Homero. Su inscripción: «Delphica, XX annorum. Vaticinatur de Christi coronatione.
Nasci debet propheta absque maris coitu de femina nomine Maria ex stirpe Judaeorum, filius Dei, nomine Jesus, qui videbitur in manibus infidelium et corona spinea coronabitur». Por haber
pronosticado la coronación de espinas de Cristo, su atributo es, precisamente, este nimbo espíneo.
En Siena (Fig. 62), en lugar de una profecía proclama la siguiente idea que alude a la naturaleza divina de Cristo: «Ipsum tuum cognosce Deum qui Dei Filius est»102.
- Sibila Helespóntica (Fig. 63).
Nacida en Marpesso, cerca de Troya, profetizó la crucifixión del Mesías: «Sibylla Hellespontica. L annorum. Vaticinata est de futura Christi crucifixione. Jesus Christus
nascetur de casta. Felix ille Deus ligno qui pendet ab alto». En consonancia ha sido
representada aguantando una gran cruz.
En este caso, sí hay correspondencia con el anuncio que se le asigna en el templo italiano (Fig. 64), que alude a los últimos instantes de la vida de Cristo y de su muerte en la cruz: «In cibum fel in sitim acetum dederunt hanc in hospitalitatis mostrabunt
101 Cristo ha nacido en Belén y ha sido anunciado en Nazaret. Bajo el reinado del toro fundador para un
reposo pacífico. ¡Oh Madre dichosa cuyos pechos lo amamantan!
mensam; templi vero scindetur velum et medio die nox erit tenebrosa tribus horis»103. Junto a ella,
un lobo y un león parecen darse la pata, lo que se interpretó como que judíos y paganos fueron redimidos por el sacrificio del Salvador.
- Sibila Frigia (Fig. 65).
De nombre Casandra Taraxandra, profetizó en Ankara la Resurrección de Cristo, como recoge su rótulo: «Sibylla Phrygia, vetusta, vaticinata est de Christi
resurrectione. Nacetur Christus in Bethleem, annuntiabitur in Nazareth, regnante Tauro pacifico. Suspendent illum in ligno, et occident, et nihil eis valebit, quia tertia die resurget et ostendet