Afirma que la vida del sujeto humanocomienza con la implantación del embrión en el útero materno, lo que ocurre aproximadamente entre los días siete a catorce de la fecundación. Con la anidación se define tanto la unicidad (calidad de ser único) como la unidad (ser uno sólo) del embrión.
La OMS considera la concepción como “la implantación de un óvulo fertilizado” (452).
De este modo, lo que se está señalando es que con el término “embarazo” se define el período comprendido entre la anidación del embrión en el útero y el parto.
El Informe Warnock (83)de 1984 adhiere a esta teoría. No explican porqué el ser antes de la
anidación no es humano, y luego de anidar se humaniza a sí mismo. Con esta teoría el gobierno británico tiene vía libre a la manipulación genética y a los contraceptivos microabortivos.
Desde este Informe se lleva a cabo la invención del concepto de “preembrión” a fin de “polarizar la cuestión ética”, estableciéndose la fecha del dia 14 desde la concepción para el mismo. El caráter arbitrario de dicha fecha es reconocido por el propio Informe, en la medida en que afirma que “ningún estadio particular del proceso de desarrollo es más importante que otro. Todos forman parte de un proceso continuo”.
Evidentemente, la lógica científica lleva a los miembros del Comité a la conclusión de que el ciclo vital de cada ser humano se inicia cuando dos gametos se funden. Parece entonces que el derecho a la vida del embrión debe ser reconocido desde el estadio de
cigoto, en el que se inicia la vida de un nuevo ser humano que no debe ser interrumpida. Sin embargo, el texto más adelante afirma que “la mayoría de nosotros recomienda que la legislación debería conceder que la investigación pueda conducirse sobre cualquier embrión (…) hasta el término del día 14 de la fertilización”.
¡La contradicción lógica con las afirmaciones precedentes es evidente!
Se argumenta que en torno a esa fecha se produce la cresta neuronal y el fin de la multitotipotencialidad.
En palabras de Vila-Coro (434): “…el diagnóstico (de embarazo) sólo tiene que ver con el conocimiento y nada que ver con el ser. Es decir, porque se conozca o desconozca una cosa no existe o deja de existir…”, por lo que es irrisorio que recién se reconozca la existencia de un “embrión” cuando es detectado ecográficamente en el epitelio uterino. No es la anidación lo que hace al embrión ser embrión, como no es la leche materna lo que hace del niño un niño, pese a que el embrión y el niño no sobrevivan sin anidación y sin leche. El embrión tiene en sí el principio constitutivo del propio ser, aunque dependa extrínsecamente del útero” (188).
El embrión de menos de 14 días, lejos de ser un cúmulo de células, es un organismo dinámico que crece y se configura como una unidad vital, con ritmo propio y armónico de crecimiento, con el mismo programa genético individual, singular, desde antes de la anidación y desde antes de la detección ecográfica, que algunos consideran como el comienzo del embarazo.
La unidad vital y la consistencia propia del embrión por sí mismo son hechos innegables y difíciles de ocultar aún cuando se intenta a toda costa. También a costa de la ciencia, se intenta desacralizar al ser humano en su fase embrionaria, convirtiendo el valor absoluto, que por sí mismo posee, en un valor relativo y ponderable frente a otros valores. Esto nos permite comprender las situaciones creadas por la biotecnología y valorarlas éticamente.
La implantación uterina se produce como consecuencia de la segregación, por parte de
gládulas sebáceas endometriales, de glucógeno y mucus. Las células trofoblásticas del blastocisto destruyen el epitelio uterino, y por lo tanto, son las responsables de la anidación. Alcanzada la misma, la placenta secreta gonadotropina coriónica que libera al cuerpo lúteo, el cual mantiene la secreción de estrógeno y progesterona durante los 2/3 primeros meses de la gestación, siendo la progesterona responsable de la secreción de fluido endometrial. Estos hechos confirman, entre otros, el diálogo biológico y la estrecha
relación existente madre/hijo desde los primeros momentos de la concepción. Cada
paso de lo que sucede a continuación de la anidación obedece al cumplimiento de un programa de expresiones genéticas necesarias para cubrir las necesidades del momento del desarrollo (188).
Estas ideas ahondan en el tema del carácter humano en tanto relacionable. Tanto el reconocimiento de la antipoliespermia, de la inducción de las células trofoblásticas del blastocisto para la destrucción del epitelio uterino, de la secreción de gonadotropina coriónica, parecen demostrar que existe una concatenación de relaciones dirigidas por los gametos a contactarse entre sí y por el embrión a implantarse. Por no hablar del intercambio de información epigenética entre el cigoto y su medio, en orden a que el mismo dirija su desarrollo hacia la construcción del embrión o de la placenta.
Todos los seres vivos proceden de una única forma inicial de vida que por evolución divergente ha dado lugar al impresionante abanico de tipos biológicos que constituyen la
biodiversidad. Esto es fruto de más de 3.000 millones de años de evolución, y los sistemas naturales actuales, todos ellos son fruto de un proceso intensísimo de selección natural. El ser humano comparte con los restantes mamíferos, los vertebrados más evolucionados, muchas de las características biológicas que han permitido su éxito evolutivo. Entre ellas, el desarrollo vivíparo y la vida social. El modo de reproducción y desarrollo de estos seres es sustancialmente semejante. Todos ellos comparten la reproducción sexual fruto de una relación entre individuos de sexo distinto, que garantiza la diversidad genética por medio de la meiosis y la fecundación, ambas creadoras de nuevas combinaciones génicas. Asimismo, los mamíferos comparten un tipo de desarrollo embrionario y fetal intrauterino que garantiza las condiciones óptimas necesarias para el equilibrio ontogenético, y en el que la dependencia es progresivamente más intensa desde la fecundación en adelante. Todas y cada una de las delicadas fases por las que dinámicamente transcurre la vida del nuevo ser desde la fecundación hasta el nacimiento, han sido producto de una selección natural favorecedora de lo que en términos genéticos se llama eficacia biológica(fitness).
Por lo tanto, afirmar que la individuación se alcanza con la anidación es un error desde el punto de vista biológico, y supone, además, confundir identidad con continuidad.
Si la identidad, el que dos cosas sean la misma, significara que en cada uno de los instantes de su existencia ambas tengan las mismas propiedades, entonces la identidad significaría que no es posible ningún cambio. Esa identidad, que no es igual a continuidad, se mantiene a lo largo de todos los cambios que van ocurriendo en el desarrollo embrionario, y a lo largo de toda la vida del individuo, y esos cambios podrían incluir, en casos pocos frecuentes, la división gemelar o incluso la fusión.
Testard (159) destaca que la invención del dia 14 no es más que un ardid del utilitarismo para lograr la eugenesia, la experimentación, la selección de los seres humanos; como también es claro que la redefinición de la concepción como la implantación que proponen entidades conocidas internacionalmente, se basa más bien en el intento de negar el efecto abortivo de ciertos métodos de control de la natalidad.