Los cambios en el ambiente, multifacéticos y ampliamente distribuidos en el paisaje, incluyen tanto a las alteraciones causadas por la humanidad, como las que suceden por procesos naturales (Zimmerer & Young, 1998). A través de la historia de la humanidad, la transformación del hábitat ha dado lugar a diferentes tasas y a diferentes escalas espaciales (Dobson, 1997).
La biodiversidad también tiene lugar en muchos niveles de organización biológica, que van desde el nivel genético hasta el nivel de paisaje, y en una variedad de escalas espaciales o geográficas que abarcan rangos entre metros a miles de hectáreas (nivel local), hasta los millones de hectáreas o mayores (nivel de región) (Perlman & Adelson, 1997, y Poiani et al., 2000). En la actualidad, la biodiversidad del planeta está cambiando a tasas sin precedentes como una respuesta compleja a muchos cambios inducidos por el hombre sobre el ambiente global (Sala et al., 2000). Estas tasas son cientos o miles de veces mayores que los niveles existentes antes de la aparición de los humanos (Chapin III et al., 1997).
De acuerdo con Sala et al. (2000) y Chilar & Janssen (2000), la causa más severa de los cambios en la biodiversidad global, es el cambio del uso del suelo. En los trópicos, la transformación más notable del hábitat ha ocurrido principalmente durante la segunda mitad del Siglo XX (Dobson et al., 1997). Las dos tendencias ecológicas más dramáticas en el último Siglo, son los cambios inducidos por la actividad humana en la diversidad biótica, y las alteraciones a la estructura y funcionamiento de los ecosistemas (Chapin III et al., 1997).
En los últimos años, las actividades humanas han sido reconocidas como la mayor fuerza modeladora de la biosfera e incluso son más responsables que las fuerzas naturales para los cambios actuales en los flujos y la situación de la biosfera. Los cambios en la cubierta vegetal y en el uso del suelo son el resultado de la compleja interacción entre los seres humanos y el medio ambiente. Estos cambios afectan a una amplia gama de escalas espaciales y temporales. Su comprensión y sus fuerzas sociales son vitales para la comprensión, modelización y predicción de los cambios locales, regionales y globales (López, 2007).
El estudio de las causas, los procesos y las consecuencias del cambio del uso y la cobertura del suelo han sido abordados en diversas investigaciones para comprender problemas relacionados con el cambio ambiental global (Turner II et al., 1996; Lambin et al., 1999). Así mismo, los estudios de suelo proporcionan la base para conocer las tendencias de los procesos de degradación del suelo, deforestación, desertificación y la pérdida de biodiversidad de una región determinada (Lambin et al., 2001).
El término “uso del suelo” se utiliza para denotar una clasificación de las actividades humanas
que ocupan superficie de suelo. El uso del suelo, ya sea para agricultura, recursos forestales, recursos mineros, construcción de viviendas, industria, infraestructuras, pastoreo, etc., conlleva a impactos medioambientales sustanciales, particularmente los que afectan a la biodiversidad y a la calidad del mismo (Garraín et al., 2007). El uso del suelo se refiere al resultado de las actividades socioeconómicas que se desarrollan (o desarrollaron) sobre una cobertura. Estas actividades se relacionan con la apropiación de recursos naturales para la generación de bienes y servicios (Bocco et al., 2001).
Los grandes cambios del uso del suelo han sido inducidos por las sociedades humanas, y sólo una mínima parte es producto de acciones naturales, tales como huracanes, incendios y vulcanismo, entre otros (Velázquez y Bocco, 2003:175). La modificación del uso del suelo debido a las actividades humanas ha provocado una pérdida generalizada de la biodiversidad mundial, ha desencadenado procesos de degradación ambiental y ha contribuido de manera significativa al cambio climático así como al calentamiento global (Meyer y Turner 1992; Houghton, 1994). El suelo juega un papel fundamental como soporte de todos los ecosistemas terrestres, determinando su funcionamiento y productividad (Cotler, 2003: 153). Las características del uso del suelo son el resultado de la relación entre los factores físicos o naturales y los factores culturales o humanos.
De acuerdo a Lambin (1997), los ecosistemas terrestres han sufrido grandes transformaciones y estos cambios se deben principalmente a: 1) la conversión de la cobertura del suelo, 2) la degradación del suelo e 3) intensificación en el uso del suelo.
a) Conversión de la cobertura del suelo
Los tipos de uso de la tierra se distinguen como la conversión de la cobertura del suelo, es decir, la sustitución completa de un tipo de cobertura por otro, y la modificación de la cubierta terrestre
(Shao et al., 2005; Alberti y Waddell, 2000). Estos cambios en la cobertura de suelos se dan
especialmente cuando se altera y convierte un tipo específico de ecosistema, como los bosques y pastos, en una superficie para la agricultura o construcción de zonas urbanas. Estos cambios alteran los balances de energía local y la composición de las especies dominantes (Restrepo,
2005:38). La conversión de suelos, por ejemplo, con la urbanización afecta el ciclo de los
nutrientes, erosión, flujo hidrológico y el escurrimiento de contaminantes.
Al respecto, Lambin (1994) reporta que los cambios de cobertura son de dominio local y se manifiestan en cambios globales y acumulativos en el ambiente humano y también contribuyen a cambios ecológicos sistemáticos como la liberación de gases.
b) Degradación de suelos:
La degradación de suelo ocurre como una respuesta a múltiples factores ambientales y económicos. Las principales actividades humanas que inducen la degradación de suelos se encuentran las actividades agropecuarias, incluyendo la deforestación, el manejo inadecuado de los recursos forestales, el sobre pastoreo y los sistemas de producción agrícola (Cotler, 2003:156).
A nivel mundial, el principal proceso de degradación de suelos está constituido por la erosión hídrica, que a su vez ésta origina problemas al menos a tres niveles: a nivel parcela o en el sitio, a nivel regional y fuera del sitio y a nivel global. Uno de los aspectos que juegan un papel preponderante en los problemas de degradación de suelos se relaciona con el impacto de las políticas públicas. En México, muchos de sus programas establecidos como son la ganaderización, la hegemonía de monocultivos con alto insumo de agroquímicos así como la
intensa deforestación han originado y acentuado muchos de los problemas de degradación de suelos (Cotler, 2003:159).
c) intensificación del uso del suelo
La intensificación del uso del suelo se encuentra asociada con sistemas agrícolas, agroforestales o de pastoreo. Un manejo intensificado puede estar basado en técnicas como la irrigación, utilización de fertilizantes, incendios, prácticas de labranza o la integración de diferentes actividades de producción. Esta intensificación afecta la composición del ecosistema, el reciclaje de nutrientes y la distribución de la materia orgánica (Ojima et al., 1994).
Otros de los factores que se asocian a la intensificación del uso del suelo es el consumo excesivo de recursos naturales así como el crecimiento acelerado de la población y son una de las muestra más claras de influencia de las sociedades sobre el territorio. Estos cambios tanto en la cobertura y uso del suelo también se asocian a los procesos de urbanización.