La casa ecológica en una ciudad sustentable
2.3. Cambio de paradigmas en nuestra manera de vivir.
a) Los niños y jóvenes.
A diferencia de la ciencia que se hace en las grandes instituciones, como las universidades, los centros de investigación, el gobierno, las industrias o los hospitales y que cuentan con recursos, personal altamente calificado dedicado íntegramente a la investigación e instrumentos especializados y de frontera, la tecnología “blanda” es una investigación hecha con muy pocos recursos, casi siempre sin patrocinio, sin acceso a las publicaciones internacionales de excelencia y sin resultados mercantiles.
A pesar de estas limitaciones, los grupos que se abocaron a la tecnología ecológica y que iniciaron sus experiencias en los años ochentas, realizaron -como la Fundación de
Ecodesarrollo Xochicalli, A.C., IMDEC, el TAAO del ITESO y Promoción Ecológica Campesina, A.C.- una investigación metódica e informada que aprovechó múltiples aportaciones de la ciencia y la tecnología institucionales y logró establecer una red de comunicación solidaria mediante publicaciones múltiples, sobre todo en los años setenta. Lo fundamental de este quehacer es que se trata de una investigación descentralizada que pretende vincularse directamente con la actividad cotidiana y la vida diaria de quien la ejecuta. De esta manera, sus resultados tendrían una
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aplicación inmediata para mejorar la calidad de vida de la pequeña comunidad que los emprende y podrían ser usados por quienes lo desearan sin necesidad de patentes o mercancías, es decir, son de dominio público. Como se puede apreciar, el planteamiento es sumamente radical. Surgió de las críticas sociales del movimiento juvenil de los años sesenta y se difundió como una actividad alternativa al “desarrollo” de las sociedades occidentales. Esa actividad intentó
amalgamar ciertos conceptos del anarquismo y algunos métodos de la ciencia, en particular de la ecología, las tecnologías de las sociedades agrícolas tradicionales y las de la técnica industrial para lograr una forma de vida autosuficiente. Es posible que la mejor exposición de estas ideas esté contenida en “Small is Beautiful”, el delicioso libro de E. F. Schumacher, un economista británico que transformó las conciencias de muchos jóvenes.
La investigación tecnológica blanda, intermedia o alternativa, se desarrolló en varios frentes simultáneos que pretendían ofrecer una respuesta autónoma a las necesidades humanas básicas de vivienda, energía, alimentación y salud. Los frentes de la investigación fueron las llamadas ecotécnicas: la energía solar, el uso de la fuerza del viento o del agua, los combustibles derivados de desechos humanos y animales, ciertos procesos de obtención de alimento como la hidroponía o la piscicultura y la revaloración de técnicas tradicionales de salud, como la herbolaria. De esta
manera se llegaron a desarrollar proyectos muy ingeniosos de casas ecológicas que aprovechando la energía solar y la del viento, podían acondicionar su temperatura, calentar el agua, aprovechar los desechos y producir alimentos.
El Dr. Palacios tuvo la oportunidad de participar en algunas de estas experiencias y formó a cientos de jóvenes en el Instituto Don Bosco de la Ciudad de México. Además de la vida en comunidades campesinas, visualizó que la construcción y la producción que asegure mejores condiciones de vida a la gente, era además, un instrumento concientizador de la realidad social. Sus experiencias en proyectos de desarrollo comunitario son reseñados en su tesis de licenciatura en ingeniería civil donde se reseña la vida en una comunidad llamada Los Hornos en Santa Ursula Xitla, Tlalpan, Ciudad de México viviendo con horneros, o los proyectos de cooperativas de vivienda en la Comunidad Unidad en Guadalajara, Jal. y Lomas de Polanco con las hermanas Reparadoras, o en la reconstrucción de las vecindades en la Colonia Morelos en la Ciudad de México posterior al temblor de 1985 con la ONG COPEVI (Centro Operacional de Vivienda y Poblamiento). En aquellos años (los ochentas) parecía que la idea y la proposición de una sociedad descentralizada, autosuficiente y no mercantil que algunos teóricos englobaron con el término de ecodesarrollo se iba a convertir en una alternativa viable, ya no
de la ciencia institucional, a la que nunca pretendió sustituir, sino del crecimiento desordenado y las dificultades múltiples de las sociedades industriales con su cauda de desechos, contaminación, consumismo e insatisfacción. En lo político incluso, tomaban forma expresiones sociales de las mayorías que hacían parecer como viables y cercanos, gobiernos socialistas que propiciaran una mayor repartición de la riqueza y el fortalecimiento de la economía nacional frente a la voracidad de los capitales extranjeros. Era la utopía del “hombre nuevo” que proponía años antes el Che Guevara.
De acuerdo a Armando Deffis Caso, arquitecto ampliamente conocido por sus publicaciones sobre vivienda ecológica, los ecologistas tenían entonces un programa constructivo y no sólo se limitaban a denunciar y militar en contra de la contaminación industrial o estatal. Parecía, a diferencia del anarquismo político y en concordancia con el anarquismo filosófico, una utopía factible. Sin embargo, en la década de los años ochenta, lejos de extenderse y consolidarse esta alternativa, el modelo de crecimiento industrial y mercantil capitalista se extendió aún más hasta coronarse como aparente vencedor absoluto sobre el cadáver del comunismo o de cualquier forma de producción socialista. Con todo esto los ensayos de tecnología blanda prácticamente desaparecieron, y además, se había reforzado la cultura consumista (post- moderna) a un nivel sin precedentes.
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b) La situación de la vivienda. (casas)
Pareciera así, que nuestra propuesta de una
vivienda ecológica estuviera condenada al fracaso y que lo que se llamó ayer ecodesarrollo no fuese hoy un programa viable en la actual estructura social y que los esforzados intentos de pequeños grupos seguirán siendo muestras valiosas de una posibilidad que, probablemente, no llegue a cristalizar hasta que la propia sociedad se empiece a colapsar por su notoria inadaptación al medio ambiente general y a su deshumanización endógena. La realidad de fondo, es que el cambio de vida sólo podrá darse en seres humanos que hayan realizado un difícil reajuste interno previo. La cuestión además, es ¿qué tipo de vivienda? De darse la actual tendencia, no habría sistemas de agua potable que suministren tal cantidad de agua. La demanda de vivienda seguirá siendo un reto en el futuro, según lo marcan las tendencias del crecimiento poblacional y su demanda por nuevos hogares. En el 2020 la pirámide poblacional tendrá como adultos a los niños que actualmente ocupan el segmento entre los 10 y los 14 años, los cuales ejercerán presión sobre el mercado de vivienda. A partir del 2020, se espera que la demanda por vivienda comience a decrecer. En lo referente por ejemplo, al nivel porcentual de co-habitación, no se visualizan cambios significativos, sin embargo, será esencial realizar los estudios necesarios para identificar las causas que originan esta condición con el fin
de promover las acciones para combatir el hacinamiento. Dan respuesta a una demanda de nuevas viviendas cada año para igual número de hogares es un reto que exige cada vez mayores y mejores acciones de coordinación entre gobierno, sector de la construcción y sociedad. La solución en el mediano plazo debe ser acorde con la tendencia que marcan los organismos internacionales, es decir, impulsar el desarrollo de ciudades medianas y reducir el índice de crecimiento de las grandes. La carencia de vivienda es un síntoma del deterioro de la calidad de vida, pero también obliga a asumir políticas para proyectos, donde la persona se sienta integrada a su comunidad, creando espacios de autoprotección y cuidado en grupo.
c) Población y vivienda en Jalisco
De acuerdo con los resultados definitivos del II Conteo de población y Vivienda 2005, residían en Jalisco un total de 6‘752,113 personas, de las cuales 51.4% son mujeres y 48.6 % son hombres. Nuestra población crece a una tasa media anual del 1.2%, cuando en el quinquenio anterior lo hizo al 1.8 %. El proceso de envejecimiento de la población continúa en la entidad; la población de 60 años y más se incrementó de 475,419 en 2000 a 556,526 en 2005; por otro lado, por cada 100 personas en edades productivas (de 15 a 59 años), hay 67 en edades dependientes (menores de 15 y de 60 años y más), cuando en el año 2000 esta relación era de 72 personas.
El nivel de la fecundidad de las mujeres, medido por el promedio de hijos nacidos vivos, muestra una reducción significativa en todas las edades. En particular, para el grupo de mujeres de 45 a 49 años que están terminando su ciclo reproductivo, la descendencia promedio es actualmente de 3.8 hijos por mujer, cuando en el año 2000 era de 4.6 hijos.
La población de la entidad no se distribuye de manera uniforme en el territorio, sino que muestra una cada vez mayor tendencia a concentrarse en los municipios en donde se asientan las principales localidades urbanas. De esta forma, los municipios más poblados son: Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco de Zúñiga y Puerto Vallarta, que sirven de asiento a 4’169,463 personas, que representan el 61.8% del total de la entidad y crecen en conjunto a una tasa media anual del 1.81 por ciento.
Nuestro estado continúa mostrando un perfil predominantemente urbano; el 13.9% de su población reside en localidades de menos de 2,500 habitantes, 12.3% en localidades de 2,500 a menos de 15 mil habitantes, 18.7% en asentamientos de 15 mil a menos de 100 mil habitantes y 55.1% en cinco localidades de más de 100 mil personas.
Mientras que la población del estado de Jalisco creció en los últimos 5 años a una tasa media anual del 1.17%, el total de viviendas habitadas lo hicieron al 2.28%, lo que provocó que se incrementara la disponibilidad de espacios habitacionales y
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que el promedio de ocupantes por vivienda habitada, descendiera de 4.5 a 4.2 personas por vivienda.
Se ha registrado una mejora cualitativa en las viviendas de la entidad, por una parte el porcentaje de las unidades que tienen piso de tierra se redujo del 6.6% en el año 2000 al 4.8% en el 2005.
La disponibilidad de servicios públicos en las viviendas se ha incrementado en los últimos cinco años. Así, el porcentaje de viviendas que disponen de energía eléctrica pasó de 97.5 a 97.8%; las que tienen acceso a agua potable por medio de la red pública, de 89.2 a 92.6% y las que cuentan con drenaje conectado a la red pública, de 83.7 al 88.3 por ciento.
Los hogares jaliscienses disponen ahora de más bienes electrodomésticos. Mientras que en el año 2000 el 93.9% de las viviendas contaban con televisión, el 84.0% con refrigerador, el 70.8% con lavadora y sólo el 11.9% disponía de computadora, para finales de 2005 tales indicadores ascendieron a 96.2%, 91.4%, 79.4% y 24.2 por ciento, respectivamente.
En resumen, las zonas metropolitanas acumulan más demanda de vivienda. Específicamente el área metropolitana de Guadalajara ha mejorado sus condiciones y dada la dinámica poblacional, debe ser el centro de atención de las políticas públicas para promover la vivienda ecológica. (Fig.2.3. y 2.4) 0 1 2 3 4 6 5 7 8 1970 1980 1990 2000
6,7
5,6
5,0
4,6
�������������������� ��������������������������� ������������������������ ��������������������������� ������������������������� �������������������������� �������������������������� ������������������ ������������������������������������������������������������������������������������������������������������ ������������������������������������������������������������������������������������� 0 100,000 200,000 300,000 400,000 600,000 500,000 700,000 800,000Guadalajara Tlaquepaque Tonalá Zapopan Área Metropolitana ����� �������� ����������������� ��������������������������� ������� ������������������� ����� �������� ����������������� ��������������������������� ������� ������������������� ����� �������� ����������������� ������������������������� �������� ������������������� ����� �������� ����������������� ������������������������� �������� ������������������� Fig. 2.3 Promedio de ocupantes por promedio en el área metropolitana de Guadalajara, 1970 - 2000
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menos agua de las redes, pozos o fuentes municipales, se reducen las posibilidades de su ya cercano agotamiento (en muchos casos). El almacenamiento de agua de lluvia en pequeños aljibes o aún en tambos metálicos, alivian en mucho la escasez o carencia constante de tan vital recurso. Mediante filtros muy simples es posible potabilizar el agua de lluvia para consumo humano. A nivel urbano, se habla de un consumo diario por habitante de 150 litros, pero este puede reducirse a menos de la mitad, mediante ecotécnicas apropiadas. Es absurdo continuar con la proporción actual de consumo de agua individual en vivienda con suministro de la red municipal, en el que el 50% del agua (75 litros) es destinada al funcionamiento del excusado (tanques de 20 litros), cuando que para el beber y preparar los alimentos, solamente se requieren 2 litros diarios.