• No se han encontrado resultados

CAMBIO DE OPINIÓN

In document Holismo semántico moderado (página 112-115)

2.7. ARGUMENTOS EN CONTRA DEL HOLISMO SEMÁNTICO

2.7.2. INESTABILIDAD

2.7.2.1. CAMBIO DE OPINIÓN

El argumento sobre el “cambio de opinión” (change of mind) se deriva del papel de las creencias en la determinación de los significados en las lenguas. Esta perspectiva ha sido tratada por muchos filósofos como, por ejemplo, Jerry Fodor en Psychosemantics. The Problem of Meaning in the Philosophy of Mind (1987), Fodor y Lepore en “Why Meaning (Probably) Isn’t Conceptual Role” (1993), y Hilary Putnam en “Meaning Holism” (1986). Hay varias formas que adopta esta crítica, aunque todas ellas descansan en un principio. Considérese, en primer lugar, que:

I) Dos personas no pueden estar en desacuerdo/acuerdo sobre algo a menos que estén de acuerdo en todo.

En efecto, si dos personas poseen diferentes creencias, entonces el significado que le dan a las oraciones que profieren –a todas estas oraciones– será también diferente. Por lo tanto, un caso en que una persona adhiere a una oración y la otra no, no es un caso de auténtico desacuerdo, pues no hay un mismo contenido que una de ellas cree y la otra no. Tampoco puede suceder que las dos personas asignen diferentes valores de verdad al mismo contenido. Si las mismas dos personas estén de acuerdo en asignar el mismo valor de verdad a la misma oración, tampoco hay coincidencia en sus creencias. Considérese la sentencia:

(ι) El perro odia a los gatos.

En la sentencia (ι) hay diversos elementos y los interlocutores tendrán que compartir las mismas creencias para que esos elementos tengan el significado que tienen. Para que dos personas en una relación comunicativa puedan estar de acuerdo o en desacuerdo con lo enunciado por esta sentencia, tendrán que poseer las mismas creencias sobre las palabras “perro” y “gatos”, así como sobre la relación de “odio” que

102

supuestamente hay entre los perros y los gatos. Si existe alguna diferencia en las creencias entre esas dos personas en lo que tiene que ver con las proposiciones enunciadas por oraciones en las que ocurran tales términos, entonces las dos personas no poseerán los mismos significados para las palabras y, consecuentemente, no podrán estar de acuerdo o desacuerdo sobre esta sentencia. Por ejemplo, si la persona A cree que “Fido es un perro” es verdadera, pero B no cree que “Fido es un perro” sea verdadera porque no conoce al perro Fido, existirán diferentes creencias entre A y B sobre “perro”. Por tanto, A y B asignarán diferentes significados a todas las oraciones en que aparezca “perro”. Esto afecta a infinitas oraciones de la lengua española en que ocurre “perro”, tales como “todo perro es un mamífero”, “no hay perros verdes” o “los perros no son moscas”, entre infinitas otras. Como A y B asignan diferentes significados a cada una de estas infinitas oraciones en que ocurre la expresión “perro” se sigue que tendrán que asignar también diferente significado a todas las otras expresiones que ocurren en estas expresiones. El desacuerdo sobre “perro” entre A y B rápidamente se expande a un desacuerdo sobre el significado sobre “mamífero”, “verde” y “mosca”. Fácilmente se puede apreciar cómo esto se convierte en un desacuerdo respecto del significado de todas las expresiones de la lengua, pues todas estas expresiones integrarán alguna oración en que aparezca “perro” o, por lo menos, integrarán alguna oración en que aparezca alguna expresión que aparezca, a su vez, en alguna oración en que aparezca “perro”.

II) Una persona no puede cambiar de opinión acerca de algo, porque al cambiar de opinión, uno también sufre un cambio en todas las creencias.

Cambiar de opinión es hacer una variación en el valor de verdad que se asigna a un cierto contenido judicable. No obstante, si uno cambia de creencia respecto de ese contenido, entonces el significado de los términos de nuestro lenguaje varía –por un mecanismo semejante al indicado arriba– por lo que no hay un mismo contenido que antes era rechazado y ahora es aceptado, o que antes era aceptado y ahora es rechazado. Así, en rasgos generales, una persona que asume el holismo semántico no puede cambiar su

103

opinión sobre ninguna cosa por la cual ya tenga definido un significado. Esto problematiza la relación de la significación con el comportamiento humano porque hace ininteligible que una persona simplemente cambie sus opiniones o cambie sus preferencias. Obsérvese el ejemplo:

(κ) El hombre X odia la mostaza. (λ) El hombre X ama la mostaza.

Sea el mismo hombre “X” en las sentencias (κ) y (λ) y supóngase el holismo semántico. La oposición entre estas dos sentencias es imposible. La contrariedad entre las dos elimina la significación común del objeto de amor u odio. Si “mostaza” designa algo que uno ama, entonces si uno llega a odiarla, el significado de “mostaza” también varía. El cambio de opinión en el tiempo no sería inteligible en una perspectiva holística “tradicional” del significado.

III) No podemos hacer verdaderas generalizaciones intencionales acerca de las creencias de otras personas y tampoco hay buenas explicaciones intencionales.

Para comprender qué creencias tenga alguien debe entenderse qué contenidos judicables son aquellos que alguien acepta o rechaza, pero la única forma que tenemos de acceder a tales contenidos es a través de las oraciones que esas personas aseveran o no. Sin embargo, no hay cómo saber qué significado se asigna a tales oraciones sin conocer la totalidad de sus creencias y conocer la totalidad de las creencias de las personas, con relación a los objetos y sus infinitas combinaciones, sería una tarea de inimaginable dificultad.

104

In document Holismo semántico moderado (página 112-115)