LA MANUFACTURA DE MÉXICO: UN CAMINO HACIA LA GLOBALIZACIÓN Introducción
1.4. El camino hacia un modelo neoliberal (1983-1994) y la crisis de
El inevitable ajuste macroeconómico iniciado en 1983, seguido de la apertura comercial de México al exterior, como política económica prioritaria, debe entenderse así:
[…] la modificación estructural de la política comercial de México, que tiene como propósito eliminar la protección que se aplicó desde 1940 a la industria establecida en territorio nacional. Tal apertura se realizó con el objeto de facilitar, mediante la aplicación de aranceles bajos, la entrada de mercancías del exterior que anteriormente estaban limitadas en su entrada al país por los llamados sistemas de permisos previos (Ortiz, 1990).
Una evidente presión externa, por parte de Estados Unidos a México, y ejecutada por el FMI, fueron las diversas Cartas de Intención que este último país tuvo que firmar. Una de dichas Cartas fue sellada en noviembre de 1982, de cuyo contenido destacamos esto:
[…] la necesidad de eliminar la sobreprotección en la industria que al poseer un mercado cautivo, sólo ofrece productos de mala calidad y alto precio, la sugerencia de exportar más para crecer y pagar la deuda, la modernización industrial, aumentar la productibilidad, mejorar la calidad y competir nacional e internacionalmente, mantener el interés de los consumidores, el empleo y fomentar la actividad productiva que permita una mayor integración del aparato industrial mexicano (Ortiz, 1993: 156-157).
Estas instituciones proponían, entre otras cosas, una menor participación del Estado en los asuntos económicos como uno de los puntos básicos para superar la crisis, en parte, el presidente Miguel de la Madrid había seguido las fórmulas propuestas por el FMI y el BM. Sin embargo, el resultado de esa política se había traducido en una caída del consumo en 15%, una disminución salarial del 49%, y un crecimiento de la fuerza laboral de 3.6% anual con la creación de empleos estancada (González, 2009: 47).
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La necesidad de liberación de las normas de un sistema económico altamente proteccionista que estuvo vigente en México durante el modelo de sustitución de importaciones facilitó la participación en el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). La adhesión al GATT por México, en 1986, como el miembro número 92, organismo al que paradójicamente un diplomático mexicano había adjetivado como un organismo sinónimo del “club de millonarios” en donde las potencias imponían sus decisiones —lo que aún no ha cambiado—, al mismo tiempo que se comprimía la demanda interna y se empezaba una reestructuración profunda del sector manufacturero. Esta decisión tuvo una fuerte incidencia en el empleo y los niveles de salario real. Entre 1970 y 1983 la población de México había aumentado de 48.2 millones a 73 millones de habitantes; parte de ella, la fuerza de trabajo, creció en aproximadamente 12 millones. El desempleo y el subempleo se incrementaron y se volvieron un problema crónico. Esto fue el telón de fondo de la brecha social. En consecuencia, la calidad de vida de los mexicanos se deterioró en todos los sentidos.
Algunos resultados positivos de esas medidas económicas fueron el aumento de las exportaciones manufactureras. En 1987 la participación de la inversión extranjera estimada por la casa de bolsa Allen W. Lloyd “generaba 6 mil 360 millones de dólares, los que de hecho representaba 53% de las exportaciones de productos no petroleros” (González, 2009: 63), lo que condujo a la Secretaría de Comercio y Fomento (SECOFI, antecedente de la actual Secretaría de Economía) a considerar la necesidad de fortalecer la industria manufacturera de exportación para disminuir la vulnerabilidad de la economía mexicana por considerar que más de la mitad de las exportaciones estaba
a cargo de las corporaciones transnacionales.12
12 Los empresarios que conforman la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República
Mexicana, ANIERM, plantearon en 1980 que para que el país se incorporara al GATT era necesario un periodo previo de 12 años para que México continuara con el programa de sustitución de importaciones, permisos previos y tarifas. ANIERM, (1980: 188).
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Iniciar la transformación de un modelo basado en las exportaciones del oro negro condujo a la modernización de la industria mexicana y la hizo capaz de competir en mercados internacionales.
Una herencia del modelo estabilizador, antes comentado, consiste en suponer que para mantener el crecimiento industrial es necesario recurrir al endeudamiento externo. Esta suposición acarreó, en el largo plazo, una creciente dependencia de México hacia Estados Unidos.
El irrenunciable deseo de México por incorporarse a la modernización a través de importaciones de maquinaria y equipo enfatiza que la modernización no era el problema, sino la estrategia (Mandel, 1971: 12). El crear infraestructura nacional para el desarrollo de tecnología ayudaría a superar algunos problemas financieros del sector externo y de la economía mexicana. Esto significaría para la economía nacional el incremento rápido de las actividades de maquila o manufacturas de ensamble de exportación con bajo contenido nacional de bienes intermedios en zonas fronterizas, la depuración del sector público ineficiente, y el comienzo de los procesos de privatización de empresas e instituciones del Estado, aunado a la recalendarización de los pagos de la deuda.
Entre 1989 y 1993 se acentuó la aplicación de la estrategia de apertura comercial y de consolidación de la reducción de las funciones económicas promotoras del desarrollo por parte del Estado; igualmente, se alentó la inversión extranjera directa y se atrajeron cuantiosos recursos financieros del exterior al mercado financiero mexicano, mediante el mantenimiento de tasas de rendimiento muy atractivas. Asimismo, se promulgó la privatización de instituciones financieras estatales y la creación de consorcios financieros.
La necesidad de competir llevó a las reestructuraciones tecnológicas y financieras indispensables, pero no alcanzó a la totalidad del panorama industrial. La rápida
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apertura y negociación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (México- Estados Unidos-Canadá) redujo, al mismo tiempo, los volúmenes de empleo. La pequeña industria, e incluso sectores de la mediana empresa que no tuvieron la posibilidad u oportunidad de asimilarse a las grandes firmas o consorcios generaron la reducción de su actividad productiva.
Para 1993, la estrategia económica desarrollada hasta ese año no había dado los resultados que se esperaban, debido a su incapacidad de generar empleo y de aumentar el nivel de crecimiento del PIB.
El PIB, en 1993, sólo superó en 20.7% al de 1980, es decir, hubo una tasa promedio de incremento de 1.5%, inferior al crecimiento de la población, de 2.5% anual. El ingreso per cápita decreció 5.9% en términos reales entre 1980 y 1990. En resumen, la economía mexicana se estancó con un crecimiento promedio anual de sólo 0.59% y continuó descendiendo durante 1994 (Urquidi, 1996: 136).
Los cambios más sobresalientes en relación con la política económica desarrollada por México, con miras al TLC, pueden enumerarse de la siguiente manera, de acuerdo con Ortiz (1993: 161-167):
1. Reformas al Artículo 27 Constitucional para garantizar la propiedad de extranjeros en zonas fronterizas y playas
2. Reforma a la Ley Aduanera en 1992
3. Reforma al reglamento sobre Inversiones Extranjeras de 1989, al permitir la inversión foránea en un 100%, incluso en áreas anteriormente consideradas estratégicas, de capital gubernamental o nacional
4. En materia comercial se creó el Programa Nacional de Modernización Industrial y Comercio Exterior (Pronamice) 1990
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6. En 1993 se decretó el primer ordenamiento en materia de promoción, fomento y vigilancia de la actividad externa, llamada Ley de Comercio Exterior
7. Formalización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que entró en vigor el 1 de enero de 1994.
Durante 1994, las fugas de capital y los compromisos resultantes de la no renovación de instrumentos de deuda externa a corto plazo por sus tenedores o poseedores de títulos financieros condujeron a la pérdida de 50% de las reservas monetarias netas, lo que derivó en el famoso ajuste cambiario negativo de 44% durante el mes de diciembre de 1994.
Como se observa, el desequilibrio en el sector externo comercial y financiero de un país puede ser explicado por alguno de estos factores que a continuación referimos:
DESEQUILIBRIO DE CARÁCTER ESTRUCTURAL. Quienes emplean este término
afirman que este tipo de inestabilidad financiera y económica es, por una parte, resultado de la propia estructura económica y social de una nación y, por otra, se debe a la estructura de las exportaciones basada en productos primarios, las importaciones desarrolladas por productos terminados y tecnología, y por su diferencia inherente entre los sistemas productivos entre los demás países. En México, un país en transición, el resultado de más de cuarenta años de proteccionismo mal encaminado deja una estructura productiva decadente en muchos sectores, en obsolescencia, con mala calidad y altos costos (Perzabal, 1988).
DESEQUILIBRIO TEMPORAL. Los especialistas afirman que este tipo de
desequilibrio se debe a la transición a la modernización y el desarrollo, producido por la diferencia existente entre la tecnología y los productos con poco valor agregado; a decir de los expertos, se trata de una etapa
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intermedia entre la fabricación de productos de menor a mayor valor agregado que resultan de un proceso de asimilación tecnológica.
DESEQUILIBRIO FUNDAMENTAL O CRÓNICO. Es resultado de deformaciones en
las estructuras productiva, financiera, social y finalmente política, que en su conjunto los generan y se convierten en cíclicos, constituyéndose así en un freno para el desarrollo.
Torres (1982), Urquidi y Fernández (1967) consideran que las medidas para contrarrestar el desequilibrio externo son de dos tipos: los compensatorios y los correctivos. Kindleberger (1968) agrega otras: las represivas, las correctivas y las de financiamiento. Por último, cabe señalar que en su evolución histórica México ha experimentado diversos tipos de desequilibrio de tipo estructural de origen tanto interno como externo, y ha echado mano de la caja de herramientas propia de la política
económica para mantener su crecimiento.13
Esta postura es el estandarte que esgrimen quienes se muestran a favor de la consolidación del modelo neoliberal, del comercio justo y del TLCAN. Lo anterior muestra un panorama de la complejidad económica mexicana durante el período previo a la liberación comercial.
En 1995 da inicio un período de inestabilidad y reajuste. El proceso de recuperación esperado para los años posteriores al TLCAN no ha sido uniforme, no obstante el aumento de las exportaciones inducido en gran medida por la subvaluación de la moneda frente al dólar.
13 Como estrategias compensatorias se consideran: a) la devaluación del peso, b) la atracción del capital externo
directo (IED) y c) el endeudamiento externo. Por su parte, algunas de las medidas correctivas son: a) el fomento de las exportaciones, b) el fomento del turismo y otros servicios, c)el control de cambios y d) el control selectivo de importaciones (neoproteccionismo).
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1.5. Primera etapa neoliberal en México (1994-2002)
La contracción económica durante 1995 se reflejó en la disminución de la producción en los sectores agropecuario, manufacturero y de servicios. Por su parte, el sector industrial experimentó el descenso en la construcción, las manufacturas y la minería, a excepción de la producción de gas, electricidad y agua. Esta debilidad económica, particularmente, se registró en el número de afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que hace las veces de indicador del empleo formal mexicano y el cual mostró una variación porcentual anual total de -5.4 respecto al año anterior. De este indicador se subdivide el personal eventual, el cual tuvo una variación de -24.4 y el permanente de sólo -2.7 en el número de asegurados al IMSS.
El empleo de industria manufacturera ensambladora de exportación o maquiladora mostró una variación positiva de 9.9% en la población empleada en 1995, a diferencia del indicador total del empleo, que continuó en negativo (-2.5).
La caída de la actividad económica y la contracción de las importaciones de mercancías no sólo redundó en la disminución de la demanda interna, sino también en el detrimento de la sustitución de importaciones por productos nacionales ante el aumento en el precio relativo de bienes del exterior (Banxico, 1995); además, se incrementó el volumen de las exportaciones, que fue notable en este período, pero el crecimiento económico fue mínimo debido a la debilidad del gasto interno.
Las exportaciones de bienes y servicios han desempeñado un papel muy importante en el proceso de ajuste de la economía mexicana después de la crisis de 1994. Esto se tradujo en un incremento de este rubro en el PIB, al pasar de 30.8% en 1995 a 31.5% en 1996.
Durante 1996, el PIB del sector industrial mostró un aumento de 10.4%, con lo que contribuyó notablemente al crecimiento del PIB total. En tanto, la minería creció 5.88%; las manufacturas, 12.78%; y el sector de electricidad, gas y agua, 15.70%. La industria
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de la construcción obtuvo un incremento de 14.34% en 1996, después de la severa disminución que había sufrido el año precedente (Apéndice 1, Anexo 1.1).
Esa mayor producción fue reflejo de la inversión tanto nacional como extranjera que hubo en dicho sector en los años que reporta el Banco de México. En la industria petrolera hubo incrementos importantes en la producción de petróleo crudo y de gas natural, lo que generó en conjunto un incremento de 9.1%. En 1996, el producto de la industria manufacturera tuvo un elevado crecimiento de 11.80%, originado por aumentos en todas sus divisiones, excepto la del papel, imprenta y editoriales, que no registraron ningún incremento.
Las actividades más dinámicas fueron la producción de maquinaria y equipo (21.4%); las industrias metálicas básicas (19.9%); los textiles, prendas de vestir e industria del cuero (18.5%); otras manufacturas (13.1%) y productos de minerales no metálicos (11.4%).
Las divisiones con menores crecimientos fueron las de alimentos, bebidas y tabaco (3.2%); madera y sus productos (5%), mientras que las sustancias químicas, derivados del petróleo y productos de caucho y plástico lograron únicamente un crecimiento de 5.8% (Banxico, 1996).
Este recuento ubica a la actividad industrial, durante 1996, como el mejor año dentro de este periodo, antes de la desaceleración de la economía global. Aun cuando la industria manufacturera registró en los años subsecuentes 10.26% de producción interna bruta en 1997, el 4.57% en 1998, el 4.80% en 1999, el 3.35% en 2000, para los siguientes años reflejó una tendencia negativa y el decrecimiento del PIB en -4.52% en 2001, y el -0.12% en 2002.
En 2002 el sector maquilador tuvo una menor producción, pues descendió 8.7%, mientras que la industria de transformación se mantuvo sin variación respecto a su nivel
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en 2001 (Banco de México, 2002). El número de establecimientos de la industria maquiladora disminuyó drásticamente en el bienio 2001-2002, como consecuencia de la significativa desaceleración que presentó la demanda externa proveniente de Estados Unidos y que se originó en el sector industrial de ese país.
Tabla 1.1.
Variación Porcentual Anual del Producto Interno Bruto (Precios de 2003)
Actividad económica 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 Producto Interno Bruto 7.80% 7.33% 2.52% 4.78% 4.07% -1.75% 1.24%
Impuestos 7.80% 7.33% 2.52% 4.78% 4.07% -1.75% 1.24% Valor Agregado Bruto 7.80% 7.33% 2.52% 4.78% 4.07% -1.75% 1.24% Actividades primarias. Total 2.66% 1.10% 1.36% 3.36% 0.83% 5.72% -2.02% Actividades secundarias. Total 12.78% 9.40% 3.32% 3.27% 2.72% -2.36% 0.49%
Minería 15.70% 6.66% -0.71% -5.09% 2.50% 3.07% 1.01% Electricidad, agua y suministro
de gas
5.88% 5.81% 4.06% 10.08% -0.35% 0.25% -2.67% Construcción 14.34% 10.47% 3.50% 5.45% 1.62% -1.06% 2.49% Industrias manufactureras 11.80% 10.26% 4.57% 4.80% 3.35% -4.52% -0.12% Actividades terciarias. Total 5.55% 6.31% 2.06% 5.50% 4.54% -1.91% 1.66% Fuente: INEGI. Sistema de Cuentas Nacionales. Calculado a partir de precios de 2003 (Anexo 1.2.).
En cuanto al empleo, la estadística de asegurados en el IMSS decreció 5.4% de diciembre de 1994 al mismo mes de 1995. El comportamiento favorable de dicho indicador en el período reflejó el aumento en el número de trabajadores permanentes, que había mostrado tasas anuales de crecimiento positivas, pero la categoría de trabajadores eventuales tuvo variaciones anuales negativas. La disminución del número de trabajadores asegurados se generalizó en el nivel sectorial, pero su decremento más importante fue en el sector secundario o industrial, en tanto que en 1995 la industria de la construcción fue la más afectada. No obstante, la expansión de la actividad económica iniciada en 1996 continuó hasta el año 2000, en el que la demanda de trabajo tuvo un ritmo más moderado que en 1997. La cifra de los trabajadores permanentes asegurados por el IMSS reportó una elevación de 303 mil 504
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trabajadores con respecto a diciembre de 1997 (Banxico, 1998), que tuvo un crecimiento de 8.7% (Tabla 1.2.).
La variación de la demanda de mano de obra se hizo patente en una diversidad de sectores, pero fue más intensa en los sectores manufactureros, de la industria eléctrica y de comunicaciones y transportes. El número de asegurados permanentes decreció entre 1998 al 2000 y mostró una tendencia hacia el empleo temporal. En 1998 hubo un aumento notable en el número de trabajadores eventuales asegurados, que ascendió a 449 mil 855, lo que se tradujo en un incremento de 40.1% con relación al nivel de diciembre de 1997 (Banxico, 1998).
En 1998 la maquiladora nuevamente fue la industria con mayor dinamismo en la creación de empleos, ya que tuvo un crecimiento de 19.2%. El empleo en la maquila creció a una tasa anual de 15.46% entre 1995 y 1998, de modo que al cierre de 1998 trabajaban en esa actividad 1 millón 38 mil 783 personas (Banxico, 1998). Durante 1999 la reactivación del consumo privado, después de su descenso en 1995, fortaleció el crecimiento económico y expandió el trabajo asalariado, particularmente el del personal contratado como eventual (24.6%), al tiempo que favoreció el consumo per cápita.
La industria manufacturera ha liderado las actividades industriales, pues durante 1995 a 2000 registró una media de 3.3% de crecimiento en el empleo industrial, seguida de actividades extractivas (0.1%) y propias de la industria de la construcción (-2.7). La industria manufacturera de ensamble de exportación o maquiladora es una actividad que de 1994 a 1999 cumplió un papel preponderante en la creación de empleos, tanto por la notable expansión de su nivel de producción como por su intensa utilización de mano de obra.
En diciembre de 1999 la ocupación en esta industria alcanzó 1 millón 196 mil 678 trabajadores, lo que implicó la creación de casi 158 mil nuevas plazas de trabajo con relación al nivel alcanzado en diciembre de 1998, y un incremento anual de 15.2%
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(Banxico, 1999). Banxico comenta que entre diciembre de 1994 a diciembre de 1999 esta industria generó 596 mil nuevos empleos. En 2001 México resintió los efectos de la desaceleración económica global, especialmente de su principal socio comercial: las exportaciones, la producción y el empleo se contrajeron y el PIB sufrió una reducción de 0.3%. El debilitamiento de la actividad económica derivó en una gran pérdida de empleos formales, en especial de los sectores ligados a la actividad exportadora; el número de trabajadores asegurados en el IMSS se redujo en -2.1%.
En general, el ritmo de la actividad económica en el país estuvo pautado por el comportamiento de la producción y demanda de Estados Unidos.
Tabla 1.2. Indicadores de Empleo Variación Anual Porcentual
1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 Media TOTAL -5.4 2.6 7.7 7.8 5.7 3.3 -2.1 0.5 2.5 Permanentes -2.7 3.7 8.7 4.9 3.5 4.4 -1.7 0.3 2.6 Eventuales -24.4 -7.7 -2.1 40.1 24.6 -5.6 -5.9 2.5 2.7 Industria de Transformación -2.5 7 12.9 12.1 7.1 1.3 -9.6 -2.1 3.3 Agropecuario -3.2 1.3 5 0.4 2.1 -5.4 0.3 -3.3 -0.4 Industrias Extractivas -3.1 5.9 4.2 4.2 -1.3 4.2 -6.2 -2.7 0.1 Construcción -27.6 -9.1 0.3 5.9 10.3 0.7 -2.9 1.1 -2.7 Personal Ocupado en la Industria Maquiladora 9.9 17.3 19.2 12.2 12.7 12.9 -7.1 -10.7 8.3
Fuente: IMSS. Estadísticas de la Industria Maquiladora de Exportación e INEGI. Encuesta Nacional de Empleo. Nota: los datos 1995-1999 han sido tomados de los informes del Banco de México.
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1.6. Segunda etapa neoliberal mexicana (2002-2010)
La industria manufacturera creció de manera sostenida entre 1993 a 2002, período en que registró un promedio de producción interna bruta de 4.31% (ver anexo 1.1.) y que representó 18% del PIB, durante 1995 a 2002; en tanto, para el año 2002 ascendió del - 4.52 a -0.12 por ciento. Es en los años 2003 a 2007 cuando la tasa media de crecimiento aminora, con un valor de 2.24% y permanece casi invariable la participación de la actividad secundaria o industrial, que representó 29% de la participación del PIB, agrupando manufacturas (con 17% del PIB), la construcción (con 6% del PIB), electricidad, agua y suministro de gas (1% del PIB), y la minería (5% del PIB).
La exportaciones manufactureras durante 1995 a 2002 presentaron un crecimiento medio de 13%, mientras que la industria manufacturera de exportación o maquiladora creció 14% (Anexo 1.1.), aunque en 2003 la variación anual entre las manufacturas fue positivo (3%), a causa del consumo privado la maquiladora fue negativa (-1), como resultado de la caída de la demanda externa, particularmente de Estados Unidos.
Esta etapa presenta dos fases. La primera se debe al crecimiento que experimentó el PIB manufacturero desde 2004 hasta 2008, que derivó en alzas del sector maquilador con 7.2%, y por parte de la industria de transformación, con 3.5% (Banco de México, 2004).
Hay que señalar que 2004 representó el segundo año consecutivo con crecimiento de la actividad manufacturera de varios años, luego de sus estrepitosas caídas en 2001 y 2002. En 2008, tanto la demanda externa proveniente de Estados Unidos como la originada en el mercado no estadounidense mostraron una notoria desaceleración.
Es evidente que la industria manufacturera de exportación no puede ser la única palanca de solución para la industrialización del país, pues la industria nacional juega sólo un papel secundario en este ramo (Palacios, Gutiérrez, Saavedra, 2012); la causa