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Capítulo Cuatro Perdón y confianza.

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Capítulo tres La Teología del cuerpo y la actividad sexual.

1. Capítulo Cuatro Perdón y confianza.

Vivimos en una cultura erótica. Muchos programas de televisión, anuncios, revistas, sitios web, etc., ignoran la naturaleza simbólica del cuerpo humano. Centrándose casi exclusivamente en las dimensiones visibles del cuerpo humano, y por lo tanto ignorando que el cuerpo humano hace presente la persona humana, estos aspectos de la cultura frecuentemente presentan el sexo como una recreación fácil y divertida. Este tipo de cultura erótica ignora la naturaleza nupcial del cuerpo humano. La lujuria, más bien que el amor, es la reina suprema en un ambiente tan saturado sexualmente.

La castidad es difícil. Los jóvenes deben esforzarse por llegar al matrimonio vírgenes. Las parejas casadas deben esforzarse para ser fieles mutuamente; los hombres y las mujeres deben esforzarse para evitar la pornografía en sus muchas y diversas formas. Vivir la Teología del cuerpo puede ser difícil. Ahora bien, ¿qué hacemos?

“Ser astutos como serpientes e inocentes como palomas”

Cristo nos dijo que fuéramos “astutos como serpientes e inocentes como palomas.” Necesitamos la sabiduría que viene directamente de Cristo para evitar esos lugares y ambientes donde se insulta la verdadera dimensión de la sexualidad o se la denigra. De la misma manera necesitamos ser inocentes como palomas. Frente a la atracción de la sexualidad ilícita, necesitamos escuchar el consejo de san Pablo y volar. Hablando de la fornicación, san Pablo recomendaba que las personas huyesen de ella. Debemos intentar preveer dónde, cómo y cuándo tendremos tentaciones de infidelidad sexual y evitar esos tiempos y lugares.

El perdón de Jesucristo.

Pero, ¿qué hay que hacer si caemos? La respuesta es sencilla: Vamos a Jesucristo y le pedimos su perdón y misericordia. La escena del Evangelio que describe la mujer sorprendida en adulterio nos puede ayudar a entender la misericordia de Jesús.

De madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en

medio y le dicen: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?"

Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: "Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra". E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?" Ella respondió: "Nadie, Señor". Jesús le dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más". (Jn 8, 2-11)

El adulterio es una materia grave. Era tan serio para los judíos en el Antiguo Testamento que si una mujer era sorprendida en adulterio, se la debía apedrear hasta la muerte en frente de la casa de su padre. El adulterio era una traición de la alianza matrimonial y de la alianza establecida con Dios.

La mujer infiel en la escena del evangelio era infiel, y también lo fue el varón que estaba en relación sexual con ella. Los que allí intervienen estaban decididos a apedrearla hasta la muerte. Jesús, lleno de misericordia y comprensión, se quedó a solas con ella. Perdonó su pecado y la dijo: “Vete y no peques más”.

Es necesario tomar en serio el pecado sexual precisamente por lo que somos. Somos templos del Espíritu Santo. Pero los pecados sexuales son, en general, pecados de debilidad. No son, en general, pecados de malicia. Si caemos en pecados sexuales en nuestras vidas, entonces, también nosotros, deberíamos irnos a solas con Jesús y pedirle su misericordia. Los católicos tienen el Sacramento dela Reconciliación para recibir el perdón de Jesucristo.

Hay que orar para tener esta fe sencilla y para tener el valor de anunciar a tus amigos esta espléndida realidad de la misericordia de Cristo. Cuando nos encontramos con la misericordia, empezamos a conocernos más en profundidad. Más aún, comenzamos a conocer y amar a Jesús de un modo más fructífero y real. Confianza y Teología del Cuerpo

Si cometemos un pecado sexual, deberíamos evitar el desaliento. El desaliento es obra del demonio. Jesucristo tiene una serie de nombres para el demonio. Le llama el asesino, el engañador, y el acusador. A Satán le gusta acusar, pues siempre intenta desanimar.

Cristo, sin embargo, nos dijo que enviaría un Abogado, es decir, alguien que está siempre de nuestra parte. Esta persona es el Espíritu Santo. El Espíritu viene a darnos ánimo. Nuestra respuesta debería ser la de la confianza.

La confianza es critica en todas las áreas de nuestra vida. Es especialmente importante en el campo de la sexualidad, especialmente si experimentamos caídas. Las caídas frecuentemente pueden llevar al abatimiento. A veces nos pueden llevar a cuestionar y a dudar sobre la verdad de las enseñanzas de la Iglesia. Fallos repetidos nos pueden llevar a pensar que quizás la Iglesia no tiene razón. ¿No es

una utopía la Teología del cuerpo para un mundo perfecto, pero difícilmente practicable en el siglo veintiuno? ¿La podemos asumir y vivir?

Es importante tener un principio de confianza. No cabe la menor duda de que Juan Pablo II nos ha dado algo nuevo y atractivo. Pero, como hacía notar en la introducción, la sexualidad es una paradoja. Es un don precioso, pero las dificultades con que se encuentra pueden causar problemas de confianza.

Nos puede ayudar un pensamiento de san Agustín. Una vez dijo: “Vivimos para entender; no entendemos para vivir” Esta intuición se puede aplicar al cuerpo humano y a la sexualidad. Expliquémoslo con un ejemplo

En Australia en 1998 hubo una celebración con ocasión del 30 aniversario de la Humanae Vitae, el documento pontificio que levantó una tormenta al afirmar la oposición de la Iglesia a la anticoncepción. Algunas personas estaban a favor de esta celebración, pero bastantes estaban en contra. Me impresionó bastante una carta que recibí de una mujer que tenía unos veinte años en 1968, cuando se escribió la encíclica. Me decía que cuando Pablo VI escribió la encíclica se molestó; pero me decía: “Mi marido y yo confiamos en el Papa”. Decidimos seguir lo que el Papa enseñó. Treinta años después esta mujer se alegró de hacer lo que el Papa dijo. Creyendo en ello, y viviéndolo, llegó a entender su valor.

El sentido de un misterio de fe se revela cuando uno empieza a vivir lo que significa

Simone Weil, una importante escritora judía, ha destacado que el Antiguo Testamento está atravesado por una idea: Reconocemos el bien cuando lo practicamos; reconocemos el mal cuando lo evitamos. Reconocemos la bondad del mandamiento “amaros los unos a los otros” cuando, por ejemplo, nos centramos en el servicio y ayuda de los demás. Por otra parte, nos damos cuenta de la maldad de la crítica a las personas cuando hacemos un esfuerzo consciente de ser misericordiosos con los demás.

De la misma manera, reconoceremos la verdad y la belleza de la enseñanza de la Iglesia sobre sexualidad cuando intentemos vivirla. Y llegaremos a una plena conciencia de la maldad del adulterio, viviendo la fidelidad en el matrimonio.

La Teología del cuerpo con sus cuatro experiencias originales, por lo tanto, nos ayudará a recorrer el camino de la bondad. Llegaremos a reconocer, por medio de nuestras experiencias, la bondad y belleza de nuestros cuerpos humanos. Y llegaremos a reconocer la bondad y la belleza de todas las relaciones que forman la esencia de nuestras vidas.

Content

1. Introducción

1. Método y Contenido

2. ¿Cuándo y dónde tuvo el Papa estas enseñanzas?

3. ¿A qué se debe la nueva enseñanza y este nuevo punto de vista?

4. La sexualidad es importante

5. Cómo entender la enseñanza sobre la sexualidad de la Iglesia

2. Capítulo uno La Experiencia humana Original

1. La Biblia y la experiencia humana

2. “Al prinicpio”

3. La “bomba de relojería” explota.

4. Soledad Original

5. Unidad Original

6. Desnudez Original.

7. Revisión de las cuatro experiencias originales.

8. Pecado Original

3. Capítulo 2 Las cuatro cualidades del cuerpo humano.

1. El cuerpo humano es simbólico.

2. El cuerpo humano es nupcial

3. El cuerpo humano es libre y caído

4. El cuerpo humano ha sido redimido.

5. Cristo nos restaura “al principio”

4. Capítulo tres La Teología del cuerpo y la actividad sexual.

1. Cristo restaura el matrimonio a los orígenes.

2. El matrimonio como alianza y el divorcio

3. Relaciones prematrimoniales y vivir juntos

4. Anticonceptivos.

5. Planificación Familiar Natural

6. Pornografía, masturbación y sexo oral.

In document Introducción. Método y Contenido (página 41-46)

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