2. RESULTADOS
2.1 Capítulo I: Calidad del vínculo en niños abandonados
El siguiente capítulo surge a partir de la lectura realizada de los artículos, con el fin de responder a las dos preguntas de investigación expuestas anteriormente. Hay que mencionar que para el desarrollo del presente capitulo se utilizó la categoría de análisis Calidad del vínculo en niños abandonados como perspectiva de análisis de los resultados de cada uno de artículos.
Para poder establecer que calidad de vínculo afectivo desarrollan los niños en situación de abandono con sus cuidadores sustitutos, es importante revisar la literatura existente sobre la teoría vincular. A continuación presentamos de manera analítica y critica los artículos e investigaciones publicados en los últimos años, así como a los constructos pertinentes a la investigación sobre el vínculo afectivo, y que se muestran a través de los artículos leídos sobre el tema.
Para comenzar, es importante definir la teoría vincular desde Bowlby (1969) ya que los artículos relacionados con este tema se remiten siempre a este autor. El vínculo es un sistema de comportamientos que se activan cuando se da una separación entre dos personas, teniendo, cómo objetivo principal crear una relación de proximidad con una figura central, la cual será llamada, la figura vincular. A su vez, Ainsworth (1975) define el vínculo afectivo como un proceso de mediaciones donde el niño le da significado a una serie de estímulos y situaciones, que tienen relación con que el niño se sienta o no seguro. Cada uno de los artículos escogidos fue desarrollado desde estos planteamientos básicos de la teoría vincular.
Por otro lado los niños que son puestos en instituciones, o en hogares sustitutos, son niños que han sido maltratos, o abusados por sus padres biológicos, quienes también por su
negligencia no les dan un cuidado oportuno, por lo mismo, los niños son retirados de ellos por el Estado para brindarles protección y para restablecer sus derechos. (Dozier, et al, 2009). Al ser estos niños separados de sus padres se genera una ruptura en el vínculo, y en muchos de ellos la naturaleza de estos vínculos por su historia de maltrato y un cuidado negligente son de tipo inseguro y desorganizado (Dozier). Es por esto, que las instituciones y los hogares se vuelven en la mejor opción para los niños maltratados, o abandonados por sus padres biológicos. Mosek (2004) define los hogares sustitutos como lugares temporales, que reciben a los niños que han sido retirados de su casa biológica, aunque, estos hogares pueden llegar a convertirse en lugares de cuidado prolongado.
Cuando un niño es puesto en una familia sustituta, los trabajadores sociales son quiénes escogen esta familia y deben cerciorarse que ésta cuidara de los niños como si fueran propios, brindándoles amor y supliendo sus necesidades. Las familias sustitutas tienen como meta asegurar la permanencia de los niños en su casa, basada en el conocimiento de ellos, haciendo que éstos hagan parte de su familia, sus intereses y puedan crecer a nivel personal, siendo más maduros y convirtiéndose en un futuro en jóvenes de bien (Mosek, 2004). Por lo tanto, la familia debe proveerles lo necesario para que ellos se sientan tranquilos, y puedan empezar a establecer un vínculo de calidad. Teniendo en cuenta la pregunta de investigación es importante mencionar que estos factores son determinantes en la calidad de los nuevos vínculos de estos niños.
Por su parte Megahead (2008) con un estudio realizado en Egipto, plantea que las familias sustitutas se han convertido en el principal apoyo y ayuda para solucionar el problema que existe con los niños que son abandonados en ese país. Este estudio, señaló que estas familias deben comprometerse a brindar al niño el cuidado necesario, y deben garantizar el respeto a sus derechos. Algunos de estos derechos son el de saber cuáles son sus verdaderos padres biológicos y contactarlos, con el fin de reunirse con ellos si así lo desean (Megahead, 2008). Estos derechos deben cumplirse, ya que hacen parte de las leyes y las reglas que se establecen antes de que las familias sustitutas reciban a los niños en sus casas. Esto es importante asegurar que se respeten los derechos de los niños, en parte se estará supliendo necesidades fundamentales que influirán también en la calidad del vínculo que se desarrollara posteriormente.
Para complementar Mosek (2004) en su estudio, plantea que los niños que están en instituciones o en hogares sustitutos, tienen ciertas necesidades y expectativas de cuidado. Entre estas necesidades se encuentran el amor, la seguridad y sentirse vinculados afectivamente por lo menos a un adulto. Estas necesidades deben ser suplidas para que los niños puedan empezar a establecer un vínculo de calidad con sus cuidadores. Si los niños no manifiestan sus necesidades, o si los cuidadores no responden de manera asertiva a las demandas de los niños, esto puede convertirse en un factor de riesgo para la formación de un vínculo seguro, haciendo que los cuidadores tomen una actitud de distanciamiento, lo que crea una barrera para que el vínculo afectivo se desarrolle de forma segura. Esto permite dar algunas luces sobre la naturaleza de los vínculos en niños abandonados y los factores de riesgo que influyen en la formación de los nuevos vínculos afectivos.
Teniendo presente que el vínculo afectivo se forma gracias a una relación de proximidad, es importante señalar que en los estudios revisados se mencionaron varios factores que influyen en que un niño en estado de abandono forme un vínculo con las figuras sustitutas como se mencionó anteriormente. Sin embargo, Ponciano (2010) menciona que a pesar de que estos niños han tenido historias dolorosas de pérdida y deprivación afectiva muchos de los niños tienen un factor resiliente, el cual les permite construir un vínculo seguro con sus cuidadores sustitutos cambiando un poco su historia vincular. Esto a su vez genera mayor interés por parte de los niños en quedarse en un hogar permanente con el fin de sentir seguridad y un cuidado adecuado (Mosek, 2004).
Por otra parte, hay que mencionar que la edad del niño también es un factor que influye en la formación de vínculos, puesto que es mucho más fácil que un niño en la primera infancia se vincule nuevamente con un cuidador de forma segura, que un niño de mayor edad que recuerda sus cuidados previos y tiene expectativas de cuidado desarrolladas que intervienen en la vinculación (Ponciano, 2010). Dozier et al (2009) reafirma este supuesto, al mostrar que los niños que eran puestos al cuidado sustituto antes del año de nacimiento desarrollaban más fácilmente relaciones vinculares estables, que los niños que eran puestos en instituciones u hogares después de los dos años, ya que mostraban un comportamiento evitativo y resistente, por lo menos en los primeros dos meses de convivencia. Hay que mencionar que el comportamiento resistente puede verse como adaptativo también, de parte del niño, si éste se encuentra en un hogar, con un cuidador inconsistente. (Dozier, 2009).
Con respecto a la naturaleza del vínculo se puede afirmar que los niños que se encuentran en cuidado sustituto pueden desarrollar vínculos seguros; sin embargo existen factores de riesgo mencionados anteriormente que pueden dificultar este proceso.
Ponciano (2010) aporta a la comprensión de estos aspectos, mencionando que la calidad del vínculo está influenciada además por las características particulares de cada niño y su cuidador y el ambiente en el que la relación se da. Las experiencias que comparten el cuidador y el niño día a día en los distintos ambientes y entornos de la familia se convierten en las bases de las expectativas de cada uno, lo que va a caracterizar su relación vincular. Por lo tanto, el ambiente juega un papel muy importante en la calidad del vínculo que puede formarse entre un cuidador y el niño.
Hay que diferenciar que los niños que crecen en hogares sustitutos a pesar de los factores de riego tienen mayor posibilidad de formar relaciones vinculares seguras que los niños que se encuentran en instituciones. En un estudio realizado por Zeanah, Smyke, et al (2005) en Rumania que indaga cómo los niños institucionalizados pueden tener dificultades en la formación del vínculo con el cuidador, se encontró que los niños que crecen en instituciones tiene un riesgo alto de desarrollar desordenes sociales y comportamentales incluyendo sus relaciones vinculares. Estos problemas comportamentales pueden desarrollar más adelante un síndrome (RAD) Reactive attachtmentdisorder (Sindrome reactivo del vínculo). Por su parte, los niños en cuidado sustituto tienen mayor probabilidad de crear vínculos seguros con sus cuidadores y desarrollarse satisfactoriamente a diferencia de los niños en instituciones.
Cuando se habla de los problemas psicológicos y del comportamiento que presentan los niños en instituciones, Marcus (1991) encuentra que existe relación con los problemas que pueden desarrollar los niños que son cambiados varias veces de hogar sustituto. Además señala que estos cambios pueden influir en el niño a la hora de volver a formar un vínculo con los nuevos cuidadores, esto depende también de la calidad del vínculo de sus relaciones anteriores y de la nueva relación que está formando. Por lo tanto, al igual que se mencionó anteriormente con los planteamientos de Ponciano (2010), un niño tiene la capacidad de formar vínculos seguros independientemente de que en el pasado no haya tenido relaciones vinculares seguras.
Teniendo presente los factores que influyen en la formación y calidad de un vínculo seguro, algunos autores plantearon programas de intervención a los cuidadores sustitutos. El primero de estos programas fue diseñado por Dozier&Lindhiem et al,(2009), quien desarrolló una intervención para ayudar a que los cuidadores sustitutos aprendan a ser más sensibles frente a las necesidades de los niños, así éstos no las expresen, con el fin de que puedan establecer un vínculo más seguro y una relación de confianza. Lo primero que busca este programa de intervención clínica, es mostrarles a los cuidadores que los niños si los necesitan, así muchas veces no lo demuestren. El segundo componente está dirigido a orientar y ayudar a que los padres sustitutos respondan a las necesidades de los niños, así no quieran hacer.
Es por esto, que Dozier&Lindhiem et al, (2009) crearon dos tipos de programas de intervención, el primero hace referencia al ABC, dirigido a que el niño pueda desarrollar y regular sus emociones. Este está encaminado a que los cuidadores aprendan a reinterpretar los comportamientos de los niños y puedan sobrepasar sus problemas, proveyéndoles un cuidado especial. El segundo programa es el de educación para la familia sustituta y se centra en los problemas cognitivos especialmente en el lingüístico.
Después de utilizar los dos programas mediante el diario del vínculo, que hace referencia a un diario que realizan los cuidadores en donde escriben todo lo que sienten y piensan con respecto al niño y la relación que están creando con él, se llegó a la conclusión que las díadas que cumplieron el programa de ABC reportaban menos evitación que las diadas que habían cumplido con el programa de educación para la familia. Por lo tanto, podría considerarse mucho más efectiva la primera intervención.
Lo anterior, demuestra que algunos autores como Dozier&Lindhiem et. al, (2009), han desarrollado programas de intervención con el fin de que los cuidadores y los niños puedan establecer vínculos seguros de calidad, lo que quiere decir, que a partir de esta investigación podrían surgir algunas propuestas para realizar algún tipo de intervención que pueda apuntar a la mejoría de las problemáticas que han surgido a través de los artículos e investigaciones revisados.
Por su parte, Zeanah&Berlin et al, (2008) plantean un programa de psicoterapia para el niño y su cuidador con el fin ayudar a que el cuidador pueda sobrepasar los sentimientos de dolor, miedo y rabia debidos a las experiencias difíciles que han tenido que pasar con su
niño sustituto. Y además, ayudar al cuidador a que reconozca experiencias difíciles, los sentimientos de ambivalencia y la rabia para mejorar la relación con el niño y los imaginarios que tiene con respecto al niño.
Por último, Dozier&Lindhiem et al, (2007), plantean un programa enfocado a los padres para que éstos puedan lidiar con las necesidades específicas de los niños que han tenido experiencias adversas y rupturas en sus relaciones vinculares. El primer objetivo de la intervención es ayudar a que los cuidadores puedan responder naturalmente al niño que se encuentra en una actitud distante y conflictiva. El segundo objetivo se deriva del primero, ya que se busca ayudar a que los padres respondan de manera adecuada así los niños los rechacen. El tercer objetivo es que los padres puedan brindarles un ambiente cálido donde los niños puedan desarrollar bien sus capacidades. Estos programas de intervención demuestran que si es posible hacer cambios en la naturaleza del vínculo del niño abandonado en pro de que las relaciones entre las díadas sean positivas y seguras.
Para concluir, se puede decir, que existen varios factores que determinan la formación del vínculo y la calidad del mismo en el niño abandonado, entre ellos se encuentran: las necesidades del niño, las expectativas de cuidado del niño, el ambiente en el que se desarrolla la relación vincular (institución y hogar sustituto) y características individuales del niño como la edad, el comportamiento y su historia vincular. Es importante mencionar que todos estos factores de riesgo permiten determinar que la naturaleza del vínculo afectivo en el niño abandonado es conflictiva en la medida en que estas variables no permiten un desarrollo satisfactorio y natural de la relación, que repercutirá en el desarrollo psicológico del niño.
2.2 Capítulo II: Características comportamentales y psicológicas del