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Capítulo I: La voz de Elías y el primer caso del detective

2. La parte de Marcos

2.1 Capítulo I: La voz de Elías y el primer caso del detective

Lo primero que salta a la vista en los primeros renglones de la novela, es la voz de Elías Contreras. Aunque según la ya mencionada crítica de Letras Libres lo “hace hablar como La India María”104

“Todo lo que tarda más de seis meses, o es un embarazo o no vale la pena.”

, es la singularidad sintáctica que posee el personaje uno de los grandes aciertos del Subcomandante Marcos. La originalidad de su habla traspasa la sintaxis y se aventura en metáforas memorables, a veces excesivas. Pero no ocultaré que su discurso se construye también con pleonasmos y la repetición incesante de muletillas, y esto es patente desde el principio. La novela inicia así:

Así me dijo el Sup. Yo lo quedé mirando por ver si estaba bromeando o lo decía en serio. Y es que a veces al Sup como que se le cruzan los cables. O sea que a veces los bromea a los ciudadanos pero con nuestro modo, y a veces hace bromas con nosotros pero con el modo de los ciudadanos. Y entonces como que nomás no le atina. Aunque no se ve que mucho le importe. Él se ríe (p. 9).

Taibo II cuenta que un amigo en común con el Subcomandante fue el que le llevó la carta donde Marcos le proponía escribir la novela: ''Abrí el sobre, tenía una carta en la que decía ‘me gusta mucho lo que estás escribiendo, bla, bla, bla... Te propongo que escribamos una novela policiaca juntos’ (…). Yo escribí a toda velocidad una nota diciéndole que el título no me gustaba y proponiéndole algunas reglas y subreglas”105

104

Arturo García Hernández, “Muertos incómodos, voz de alerta ‘frente al estado de injusticia’”, La

Jornada, 23 de abril de 2005,

.

http://www.jornada.unam.mx/2005/04/23/a04n1cul.php.

105

Pero leído Muertos incómodos en su primera entrega, el domingo 5 de diciembre de 2004 en el diario La Jornada, era sorprendente ver a Marcos marcar territorio desde la primera parte del capítulo, hablando con soltura de acontecimientos posteriores ―como el viaje de Elías a Guadalajara del capítulo VII — y de algunos de los personajes secundarios —como Fuang Chu y Magdalena, también del capítulo VII—. Aunque Marcos deja el camino libre al personaje de Taibo II, marca el itinerario de Elías Contreras y anuncia que no abandonará el collage y el desfase típico de sus comunicados.

Lo que sí era esperable, o al menos no tan sorprendente en la primera lectura de la novela, es la aparición post mortem de Manuel Vázquez Montalbán, cómplice involuntario de la novela. Y si Taibo II entraba con Belascoarán y Marcos se inventaba un detective, Vázquez Montalbán tenía que estar presente con Pepe Carvalho, el héroe de su saga detectivesca. Jugando con el recuerdo de su encuentro con el escritor catalán, que consta en el libro de éste, Marcos: el señor de los espejos (1999), Marcos pone al escritor-personaje llevándole butifarras y demás embutidos a la Selva Lacandona.

Otro detalle que no escapa de la sospecha de ser autobiográfico, aunque no conste en el libro de Vázquez Montalbán, es que no le gusta ser llamado Manolo:

A Don Manolo no le gusta que le digan “Manolo”, sino “Manuel”. Eso me lo dijo cuando íbamos camino a la comandancia (…) creo que hasta nos hicimos amigos. Así fue como supe que no le gusta que le digan “Manolo”, pero a mí me abasta con que me digan que una cosa no, para que yo terco en que sí. No lo hago por malora, es que creo que así me hicieron, o sea que es mi modo, o sea que contreras (p. 10).

Y acto seguido, aprovechando la palabra ‘contreras’, Elías le habla por primera vez al lector y se presenta:

Así me dice el Sup, “Elías Contreras”, pero no porque así me llame. “Elías” es mi nombre de lucha y “Contreras” pues así me puso el Sup porque dijo que yo también necesitaba un apellido de lucha, y que como siempre llevaba la contra en lo que fuera pues me quedaba bien el apellido “Contreras” (p. 10).

Si los comandantes zapatistas pueden tener nombres tan extravagantes como Brus Li y Mister, tenía que existir el relato del nombre del detective. Elías proporciona más, y más relevante, información personal:

Pero déjenme y les platico un poco de quien era yo. Sí, era. Porque ahora ya estoy finado. Yo fui miliciano cuando nos alzamos en 1994 y combatí con las tropas del Primer Regimiento de Infantería Zapatista, que comandaba el Sup Pedro, en la toma de Las Margaritas. Ahora tendría yo unos 61 años pero no los tengo porque ya estoy muerto ya. O sea que soy finado. Al Sup Marcos primero lo conocí en 1992, cuando se votó la guerra. Ya después lo volví a ver en 1994 y juntos nos cotorreamos cuando los federales nos atacaron en febrero de 1995 (pp. 11-12).

Sobre este párrafo hay dos temas a tratar. En primer lugar podemos leer cómo Marcos entrelaza la biografía de Elías con la del movimiento zapatista y recurre a temas que les son comunes: la guerra en 1994, la traición y emboscada tendida por el presidente Ernesto Zedillo (1994-2000) en 1995 y la muerte del Sup Pedro, equivalente a Marcos en la jerarquía del EZLN.

El segundo es que Elías Contreras está muerto. Como nunca queda claro en la novela, y en pocas ocasiones vuelve a mencionarlo, es un detalle oscuro que permite especular. Yo pensé al principio que Marcos trataba de conmemorar a los caídos durante la guerra o por ataques paramilitares. En su crítica, Glen S. Close llega a esa conclusión pero se aventura en otros terrenos más fantásticos: “to honor those Zapatista militants who fought in encounters with the mexican army (…) but also to liken his own novel, somewhat cheaply, to the most indisputable of classics in the Mexican narrative canon, Pedro Páramo”106

Calificar a la novela de cheaply es una cosa, pero encontrarle similitudes con

Pedro Páramo es exagerado. Más increíble es que, según una nota de Close, no es la

primera a la que se le ocurre, así que cita a Ilan Stavans, quien también encontró el .

106

Glen S. Close, “Muertos Incómodos: The monologic polyphony of Subcomandante Marcos”,

Ciberletras, Vol. 15, 2006 (para honrar a esos militantes zapatistas que pelearon en encuentros con el

ejército mexicano (…) pero como su propia novela, de algún modo barata, al más indisputable clásico del canon narrativo mexicano, Pedro Páramo).

rasgo: “His portions in Muertos Incómodos read like an amateurish tribute to the work of Juan Rulfo (…) Contreras´s first person speech is that of an uncultured peasant, just as in Rulfo´s oeuvre. Except that El Sup doesn´t have the talent to sustain such

weltanshaung”107

Elías Contreras no habla como personaje de Rulfo, y aunque es probable que una de las razones sea que Marcos no puede sostener un discurso semejante, tampoco intenta imitarlo.

.

Encontrar el parecido es difícil si tomamos en cuenta el tono festivo y de gran flujo verbal de Elías, frente a la parquedad y precisión de los personajes de El llano en

llamas o Pedro Páramo. Es tan absurda la comparación que sólo se puede entender

como hecha a medida para hacer lucir mal a la novela de Marcos y Taibo II ante Rulfo. Y hay otro punto nodal que no puede dejarse de lado: los muertos no sólo hablan en Rulfo y el canon mexicano. Ahí está la Antología de Spoon River (1915) de Edgar Lee Masters, el padre de Hamlet, el fantasma de Canterville. Los muertos están en todos lados y prueba de ello es que Héctor Belascoarán Shayne, co-protagonista de Elías, murió en No habrá final feliz, la cuarta parte de la saga de la que Muertos incómodos viene a ser su décima entrega. Pero nadie sugirió tal similitud. Hay quienes ven a Moby

Dick en todas las ballenas.

Tributos donde los haya. Una novela en la que podríamos hablar sin tapujos de un homenaje a Rulfo es Mantra (2001), de Rodrigo Fresán (1963). La última sección de su novela es un repaso cyborg-futurista de Comala y sus habitantes. Quien recuerde el inicio de Pedro Páramo verá la parodia:

Yo vine al D.F. —vine a las ruinas de lo que alguna vez fue el D.F. y que ahora es Nueva Tenochtitlan del temblor— porque me dijeron que aquí vivía mi padre creador, que aquí vivía Mantrax.

107

Ibíd. (sus porciones en Muertos incómodos leídos como un tributo amateur al trabajo de Juan Rulfo (…) El discurso en primera persona de Contreras es el del un campesino inculto, justo como en la obra de Rulfo. Excepto que El Sup no tiene el talento para sostener tal cosmovisión).

Mi computadora madrecita me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto a ella se le agotara su fuente de energía y un día se le agotó y se le encendió una luz roja como el fuego o la sangre y ya no siguió mostrándome cosas y gente en las paredes108.

*****

Esta parte del capítulo termina con Elías recordándonos que es ‘comisión de investigación’, y como el resto de la partes en las que se divide el capítulo, con una frase inconclusa que Marcos termina como título del fragmento siguiente.

Más o menos de este modo:

Yo me llamo Elías, Elías Contreras, y soy comisión de investigación. (…) aquí en Chiapas que está en nuestro país que se llama México. ¿Qué ónde mero queda eso? Bueno, pues ahí mírenlo en una mapa que está en la… (p. 12).

Comandancia General de EZLN

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A continuación aparece un apartado escrito en tercera persona. Como su título indica, se desarrolla en la comandancia zapatista, y en él aparece el Subcomandante como personaje de la novela.

A la llegada de unos papeles, que sabremos después son los que envió Vázquez Montalbán a través de Pepe Carvalho, Marcos ordena que llamen a Elías. Lo que sigue es un dibujo de inocencia burlona en el que se nos explica cómo se cifrarían los mensajes entre los niveles de mando de los zapatistas:

El Mayor recibe y lee: “Localiza a Elías y dile que se dé su vuelta donde ya sabe para hablar con el viejo. Si puede mañana, está bien, si no pues cuando tenga chance. Es todo”.

En el radio, el Mayor transmite: “Gama, Gama. Si copias dile al del ojo grande que compre su anteojo mañana o cuando pueda”.

En lo alto de un cerro, el operador recibe y a su vez trasnsmite: “Tortolita, tortolita, si copias, hay un 40 para Elías, que dice Nube que vaya mañana” (p. 13).

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108

El primer párrafo del siguiente apartado le sirve a Marcos para explicar y recordar a los lectores su función de vocero:

el Sup hiciera un comunicado acusándolo al mal gobierno. Que de por sí es su trabajo del Sup pero que la problema es que la gente de la ciudad o sea que los ciudadanos ya están hallados a que los zapatistas les hablamos con la verdad o que sea que no les mentimos. Y entonces que la problema es que qué tal que el Sup hace el comunicado de denuncia y arresulta que la compañera no está desaparecida o que no fue el mal gobierno el que la perjudicó y entonces pues vamos a echar nuestra mentira y entonces pues nuestra palabra como que se hace débil y entonces aluego no nos van a creer (pp. 13-14).

Se pueden apreciar ya en este párrafo la muletilla ‘y entonces’ a la que recurrirá Elías con insistencia, incluso a párrafos completos, y que utiliza Marcos para unir una serie de suposiciones. Esto, con o sin ‘y entonces’, es uno de los rasgos humorísticos que permean los cuentos y muchas de las cartas del Subcomandante.

Pero el apartado tiene más interés. Se trata del primer caso de Elías Contreras, y de uno de los dos que resuelve antes de irse a la Ciudad de México. Marcos le dice que tiene sólo tres días para averiguar dónde se encuentra una mujer desaparecida, la del párrafo antes citado. Elías va al pueblo de Entre Cerros, donde desapareció la mujer, y habla con su esposo, Genaro, un responsable local zapatista. Elías escucha con particular atención algo en el final de su declaración: “Que quién le iba a hacer su pozol y sus tortillas. Que quién le cuidaba a los hijos” (p. 14). Ante la evidencia de que a él le importa su esposa por el quehacer de casa, camina por el pueblo hasta toparse con su comadre Eulogia. Ella es miembro de un colectivo de mujeres donde estaba María, la mujer desaparecida.

Eulogia no cree que María pueda haberse perdido porque conoce el terreno, sino que se la llevó El Sombrerón, personaje de una leyenda guatemalteca —y presumiblemente también chiapaneca— recogida por Miguel Ángel Asturias en

más conocido Coco. Elías sabe que no existe El Sombrerón y le reclama a Eulogia, pero ella alega conocer algunos casos. Sostienen este diálogo:

—Pos ya ve que aluego pasan cosas compadre, como lo de la mujer de Ruperto ―insiste la Eulogia.

—¡Ah que comadre!, pero eso no fue el Sombrerón, fue el Miguel. ¿A poco no se acuerda que los encontraron debajo del fogón a los dos, bien desnudos? —le insistí.

—Bueno —dijo la Eulogia—, pero aluego hay otras historias del Sombrerón que se me afigura que sí son ciertas. Yo nomás no tenía tiempo de explicarle a mi comadre Eulogia que los cuentos del Sombrerón eran eso, cuentos, así que me fui rumbo a la trilla que va a donde sacan leña (p. 15).

Parece que el Subcomandante quiere hablar aquí contra la superstición, que junto con el machismo, que ya se ha dejado entrever en el caso, son dos costumbres arraigadas en tierras zapatistas; o que al menos así los ve Marcos, quien presume de ser un ateo feminista.

Después Elías se encuentra con el Comandante Tacho, uno de los miembros más visibles de la dirigencia zapatista y acompañante de Marcos.

Carlos Monsiváis, en una entrevista previa al Zapatour de 2001, “confesó que le había inquietado el silencio en las presencias de Moisés y Tacho, testigos como tantas otras veces”109

Elías saluda a Tacho con un “¿Idiay Tacho?” (p. 15), una interjección típicamente nicaragüense, que también puede ser escrita ideay y que denota extrañeza; aquí vendría a significar “¿Eres tú, Tacho?”

; a pesar de la locuacidad del Subcomandante y la contrastante parquedad de los dos comandantes, Moisés y Tacho no sirven nada más de escolta o corte de Marcos, sino que ya han sido entrevistados profusamente por el intelectual francés Yvon Le Bot en El sueño zapatista (1997).

Aunque el saludo es breve, aprovecha para que Elías desee haberse quedado “a hablar con él del neoliberalismo y de la globalización y esas cosas” (p. 15). Aunque sólo a nivel de sospecha por la breve aparición de Tacho, se puede argumentar que quisiera

109

Hermann Bellinghausen, “Monsiváis y el Sub: un mismo lenguaje”, La Jornada, 8 de enero de 2001, http://www.jornada.unam.mx/2001/01/08/004n1pol.html.

aquí desterrar el mito tan sembrado por los críticos del zapatismo: que Marcos es el único con capacidad crítica y poder de decisión dentro del EZLN.

*****

Cuando se queda solo, Contreras vuelve a andar camino y, gracias a que es una vieja picada —un camino hecho a base de machetazos entre los matorrales—, recuerda la casa de la desaparecida y de su esposo, Genaro. Allí consigue mostrar por primera vez su capacidad detectivesca:

¡Machete! ¡Eso mero! No había encontrado por ningún lado el machete con el que la pretendida finada María se había ido a cortar leña. Entonces me recordé que en el sitio del Genaro había visto un machete al lado de los tercios de leña que se apilaban contra la pared de la champa. Había un buen tanto de leña, así que, ¿para qué había ido por más leña la entonces ya no tan finada María si ya tenía como para un buen rato? Se me ocurrió entonces que a la María no la habían desaparecido y que ella misma se había desaparecido. O sea que, como luego decimos acá, se había huido (p. 15).

No puede dormir por seguir pensando en el caso y recuerda: “la Sara me regaña porque mucho pienso” (p. 15). Sara no volverá a ser mencionada, por lo que aquí se abren tres posibilidades: o bien es un capricho de Marcos, o es una confusión con algún otro personaje —Magdalena, por ejemplo—, o una vil errata —algún personaje que pudo considerar en la redacción del primer capítulo y después omitió—. La tercera, a pesar de ser la más decepcionante, es la más probable.

Al otro día por la mañana va al Caracol de La Realidad, uno de los municipios autónomos zapatistas, desde donde el EZLN ha lanzado dos de sus ocho Declaraciones, y allí se encuentra con Mister y Brus Li, los dos comandantes con seudónimos más irreverentemente occidentales.

En la junta de Buen Gobierno del Caracol también se encuentra con las autoridades —el Subcomandante hace de nuevo gala de su tendencia al panfleto al

llevarnos a ver el funcionamiento de la nueva organización de las comunidades, Los Caracoles, vigentes desde 2003—, y hablando con ellos tras revisar las listas y no encontrar lo que buscaba, le dicen:

—¿Qué buscas pues? —me preguntaron.

—No sé —les dije, porque la mera verdad, que sea que yo mero no sabía qué buscaba, pero sabía que lo sabría cuando lo encontrara.

—Tá muy revuelto tu pensamiento —me dijeron los de la Junta. —De por sí —les dije (p. 17).

Es la primera vez que se menciona el ‘tá muy revuelto tu pensamiento’, que Elías dirá constantemente en el resto de la novela.

Elías quiere saber si hay algún nuevo colectivo de mujeres al que hubiera podido irse María, la desaparecida. Hay uno nuevo, entonces la única mujer dentro de la oficina del Caracol dice:

—Pos sí, de por sí las mujeres son las más primeras en organizarnos, si estamos tardando en la lucha es por los hombres que tienen muy chiquito su pensamiento —dijo la única compañera que hay en la Junta. Los varones nos quedamos callados (pp. 17-18).

La frase es adoctrinante y fácilmente acusable de sexista. Sin embargo, por justicia al Subcomandante, debo señalar que es un juego que él se permite continuamente y en todas direcciones.

En la primera transmisión de Radio Insurgente —parcialmente bloqueada por el gobierno mexicano durante su transmisión y descargable en internet y de venta en CD— Marcos dice: “Nuestro equipo de reporteros, quiero decir de reporteras, porque aquí como en todos lados las hembras son mayoría… y así nos va”110.

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110

Elías va al pueblo donde está organizándose el nuevo colectivo de mujeres. Marcos insiste en explicarnos la mecánica de trabajo de los pueblos y Elías, tras ser recibido y que se le pida que espere, arguye que el responsable del pueblo fue a verificar que Elías era quien decía que era.

A pesar de que Marcos nos cuenta que han hablado de otros temas mientras cenan, el primer diálogo con guiones ya está dirigido a resolver el caso: