Suave. No había comenzado a describir como se sentía. Por primera vez desde que podía recordar no le dolían los hombros. Seguía aun tumbada sobre la camilla ya que la masajista la había dejado al marcharse, un detalle que le permitía seguir flotando entre el sueño y el despertar.
Sonó un suave golpe y Reed se levantó de la camilla. Se llevó la sábana con ella hacia la puerta. Un rápido vistazo por la mirilla le mostró a su rubia benefactora, y se hizo a un lado para que entrase Jae.
"Esta vez no están conectadas.” Rió Jae.
"No, supongo que no." Se había acostumbrado a tener a Jae alrededor. El sonido de la rutina diaria de la otra mujer le resultaba curiosamente reconfortante. Reed cogió sus pantalones cortos de la cama y se los puso a la altura de las caderas, después dejó caer la sábana antes de ponerse una camiseta de algodón blanca. “Gracias.” Señaló la larga y estrecha camilla dónde su cuerpo había recibido tan exquisito trato.
Jae sonrió. "Aquí estoy para complacerte."
"Lo haces bien." Jae se pone tan guapa cuando se sonroja, como un niño pillado
robando galletas. El estómago le había comenzado de nuevo a dar vueltas y Reed
intentó pensar en qué decir a continuación. “¿Cómo ha ido?”
"Bien. Si el tiempo se mantiene, grabaremos mañana por la noche.”
El asunto pendiente entre ellas quedó en el aire por un instante y Reed toqueteó su guion. “¿Cómo sabías que ya sabía las frases?”
Jae ladeó la cabeza y le dedicó una mirada de „¿me estás tomando el pelo?'. “Reed, si hay algo de lo que no me tenga que preocupar sobre esta película, es que tú te sepas las frases. "
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"Ah."
"Era un elogio. Sabes que siempre está la opción de contratar un compañero de ensayo."
"¿Hay gente que se dedica.... a eso?” “Estás en Miami, Roo... aquí hay de todo. "
Aferró con más fuerza el guion. ¿Querrá esto decir que Jae no lo quiere hacer? Reed no sabía que la asustaba más... besar a Jae o no hacerlo. “Cre... creo que me sentiré más segura si es contigo.” Ya está, ya lo dijo. Aunque eso no hizo que se calmase el nerviosismo que le recorría cada centímetro del cuerpo.
"Vale. Terminemos con esto del pico, ¿de acuerdo?” “¿Qué? ¿Así sin más?"
"Sip." Jae dejó su cazadora sobre la cama. “¿Quieres ensayar las frases antes o vamos directas al beso?”
Reed se quedó pensando en ello. Haciéndolo dentro del contexto sería menos extraño. No podía imaginarse inclinarse sin más y besar los suaves labios de Jae. Wey... ¿de
dónde narices ha salido eso? Enfríate muñeca, es una mujer... por supuesto que tendrá los labios más suaves que los de un hombre.
Jae observó a Reed mientras ésta pensaba, el debate interno al que se enfrentaba era claramente visible en su rostro ahora que ya sabía que signos buscar en las expresiones de la actriz.
"Umm... como parte de la escena mejor.” Reed abrió el guion en la escena correcta y se lo tendió.
"Ya me lo sé. Lo estuve mirando en el avión.” Mentirosa... le acusaba su conciencia. De hecho se lo había aprendido de memoria mientras lo leía en la novela. Era, sin lugar a
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dudas, una de las cosas más empalagosas y románticas que había leído jamás. Sentir como tu alma encontraba el hogar de esa manera. Guau.
"Tú empiezas." Instruyó la actriz. “¿Puedo preguntarte algo?"
“¿Responde esto a tu pregunta?" Reed se inclinó y se detuvo.
Jae pudo sentir los delicados impulsos de aire sobre su mejilla. El olor a sándalo, mezclado esta vez con camomila, acarició sus sentidos... tranquila Jae, no es real... es
un ensayo...
La actriz se enderezó de nuevo. “Realmente creo que no puedo hacerlo. ¿Qué pasa si te vomito o algo así?”
"Entonces estás despedida."
Reed rió con nerviosismo y lanzó el guion hacía el canapé.
"Mira... es un gran paso... probemos dándole la vuelta a la escena,” sugirió Jae. Tan pronto como las palabras salieron de su boca, sintió como el estómago se le llenaba de mariposas. Cualquiera pensaría que la que nunca ha besado a una mujer antes soy yo. “¿Lista?”
"Tanto como puedo estarlo."
Jae dio un paso hacia delante. Después se detuvo. No iba a funcionar. Tan sólo por una
vez me gustaría salir con alguien más baja que yo... poder inclinarme y besarla sin tener que subirme a una silla o esperar a que ellas se me acerquen. Se subió a la camilla de
la masajista. Era, más o menos, como estar en una barandilla.
Reed parecía a punto de echarse hacia atrás pero se dominó y se acercó a la alta camilla, quedándose entre las piernas de Jae. Sus cuerpos prácticamente tocándose pero sin llegar a hacerlo.
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“¿Puedo preguntarte algo?"
Cometió el error de mirar a los ojos a Reed al inclinarse hacia delante, esas piscinas azules a punto de tragársela. “¿Contesta esto tu pregunta?” Exhaló las palabras, entonces presionó con suavidad sus labios contra los de Reed. Con cuidado de no forzar las cosas demasiado, Jae incrementó con dulzura la presión, aliviada de estar sentada. La suavidad aterciopelada de la boca de Reed la atrajo y las agitaciones en su estómago se aquietaron mientras su cuerpo reconocía lo que le había faltado a su alma durante tanto tiempo.
Se retiró, asustada ante su reacción por la tentativa de devolver el beso, vagamente desilusionada al perder el suave contacto. Reed seguía con los ojos cerrados, y ambas manos apoyadas suavemente sobre las caderas de Jae. Mirando más de cerca a la ligeramente sorprendida actriz, un destello de color llamó su atención, “Reed... te sangra la nariz...” La directora no sabía si sentirse adulada o preocupada.
Se abrieron de golpe esos ojos azules y una mano voló hacia la esculpida nariz. “Me sangra la nariz...” Obviamente sin saber qué decir, Reed no se movió ni hizo amago de detener la hemorragia con lo que Jae la llevó hacía el sofá frente al ventanal.
"No te muevas. Vuelvo enseguida.” Corrió hacia el baño y abrió de lleno el agua fría.
¿Por qué todas las toallas del hotel son blancas? Jae empapó las toallas en la fría agua
y después volvió a la habitación. Reed estaba taponándose la nariz con los dedos. “Toma,” puso una toalla en la nuca de Reed y la otra bajo la sangrante nariz de su compañera. “Vaya, eso es nuevo,” bromeó Jae.
Reed alzó la mirada sobre la toalla. “Mira el lado positivo – al menos no vomité."
"Siempre podemos ponerte algodones en la nariz.” Eso es Jae, no le des mayor
importancia.
Reed no contestó. Tenía los azules ojos ocultos, sin abrir, había vuelto a ponerse la máscara. Jae tragó convulsivamente, insegura sobre qué decir o hacer a continuación. Ganó la parte profesional y se puso en plan de directora.
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"Creo que ensayar de nuevo esta escena le quitará fuerza. Tan sólo asegúrate de que mañana digas las frases de Dar.” Se levantó y atravesó la habitación. Algo había cambiado, y a pesar de las ganas que tenía de saber si Reed estaba bien, no se atrevió a preguntar. No quería hacerlo realidad al hablar de ello... no quería arriesgarse a enfrentarse a lo que había sentido. “Buenas noches, Reed.”
Se cerró la puerta a su espalda con un suave clic y aun la actriz no se había movido ni hablado. Jae se apoyó contra la pared un instante, entonces atravesó con firmeza el pasillo, pasó de largo la puerta de su habitación y entró en el ascensor.
Reed escuchó como se cerraba la puerta al salir la directora. La ausencia de la mujer no hizo nada por calmar el vacío y el nudo que se le había formado en el estómago. Por fin la sangre había parado de manchar la anteriormente blanca toalla, ahora de color rojo brillante, y Reed la dejó de lado sin notar el sonido sordo que hizo al caer ésta al suelo.
No había sido para nada como se lo había imaginado.
La puerta al balcón se abrió sin hacer ruido y Reed se adentró en la noche. Se había alzado el viento y un mechón color ébano se le posó en el rostro. Las palmeras se doblaban hacia la orilla mientras las olas chocaban contra la solitaria playa.
Como con en el norte de su juventud, podía oler la tormenta que se avecinaba esa noche. Caería con fuerza y deprisa, y con la misma velocidad terminaría – agotada ya su furia. Capas blancas de espuma bailaban sobre la superficie del mar antes de suicidarse contra los afloramientos rocosos. Reed inhaló profundamente, la tempestad a su alrededor acorde con los caóticos pensamientos que le había causado el ensayo. Cuando comenzó a caer la lluvia en pesadas y gordas gotas, éstas le empaparon la ropa y se acercó más a la barandilla apoyándose en ella, perdiéndose ante la violencia mostrada por el temperamento de la naturaleza.
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"Cámara." "Rodando." "Acción."
Mientras Reed escuchaba las órdenes, la luz le deslumbró los ojos con lo que le era imposible ver al equipo o a Jae. Frente a ella, Sarah esperaba también la señal para comenzar. La rubia actriz le guiñó el ojo y le sonrió.
“¿Puedo preguntarte algo?" Sarah dijo su primera frase.
Ya estamos. Quizás debería haberme puesto algodones en la nariz. “¿Responde esto a
tu pregunta? ” Reed se inclinó para besar a su co protagonista.
"Corten." Sonó la voz de Jae a través de la cortina de invisibilidad creada por los deslumbrantes focos. La rubia directora salió a la luz y Reed se encontró con que no podía mirar a su amiga a los ojos. No habían hablado mucho durante el desayuno, Jae había estado hablando con Holly y el Director de Fotografía, mientras ella se limitaba a jugar con sus huevos estilo benedictino en el plato. Sus respectivas agendas las habían mantenido alejadas y las previno de tener que hablar sobre lo de la noche anterior. La maquilladora iba detrás de la directora y se acercó a Sarah. Finalmente el rubio pelo fue puesto en su sitio con una tonelada de laca y cuatro horquillas para evitar que más mechones le ocultasen el rostro.
"Desde arriba. A sus sitios." Jae les dio una última inspección superficial y se alejó. Tras ella, la barandilla de madera soportaba su peso y acarició ociosamente la lisa superficie satinada. Sarah volvió a su sitio y esperaron la señal para comenzar de nuevo.
“¿Puedo preguntarte algo?" Sarah tenía la cabeza ligeramente ladeada, de repente parecía muy tímida y nerviosa.
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Siguiendo el paso marcado por la otra actriz, Reed estiró el brazo para sujetarle la barbilla y alzarle la cabeza. “¿Responde esto a tu pregunta?” Acercó la cabeza y sintió como se unían sus labios. Reed contó hasta tres como le había dicho Jae antes de separarse. No se parece en nada a lo de anoche... es como si me besara la mano. Se preparó para las siguientes frases, acercando a Sarah hacía sí.
"Corten." Jae interrumpió de nuevo la escena. “No ha estado mal... pero si vas a hacerlo así Sarah, has de girarte un poco más hacia la cámara, así.” La directora se puso en la posición de la actriz, de pie entre las piernas abiertas de Reed.
Por primera vez desde que ensayaron el beso la noche anterior, miró a Jae a los ojos, confundida por lo que creyó ver en ellos. No había repugnancia, ni cólera... pero sí algo más que no pudo descifrar.
“¿Puedo preguntarte algo?" Jae dijo la frase.
Esta vez Reed continuó la escena y respondió, “¿Responde esto a tu pregunta?”
Empezó a palpitar una vena en el cuello de Jae cuando sus dedos acariciaron la cálida piel antes de alzar la cabeza de la rubia. Justo cuando sus labios estaban a punto de encontrarse Jae dio un paso atrás y se volvió hacia Sarah. “¿Ves?”
Reed casi se cae de la barandilla, perdiendo el equilibrio inesperadamente al moverse la directora.
"Lo tengo,” confirmó Sarah, poniéndose una vez más en el sitio marcado.
"Genial. Todo está bien. La toma fue buena, sólo necesitábamos el ángulo de la cámara.” Jae volvió ante el monitor de la cámara al otro lado de la pared de luz. La pared les quitaba la posibilidad de ver como las observaba el equipo, lo que les daba la ilusión de estar solas en la playa.
Insegura, Reed vio cómo se alejaba su amiga. Distraída, se perdió la señal. Enfadada consigo misma por el error, la actriz dejó de lado los demás pensamientos y se
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concentró en la tarea a mano, determinada a hacerla a la perfección en la siguiente toma.
"Volver a vuestros sitios." Continuó el rodaje de la película. “Acción.” “¿Puedo preguntarte algo?"
“ ¿Responde esto a tu pregunta? " En vez de suaves labios, su boca se encontró con
duros pinchos y Sarah giró la cabeza a un lado, mordiendo a Reed en el cuello.
"No, mi pregunta tiene que ver con la cena...” Sarah se echó hacia atrás, con unos colmillos falsos pintados de rojo en la boca. A su alrededor, Reed pudo escuchar al equipo estallar en carcajadas.
"Corten." En una accidental parodia de ángel de la venganza, Jae estaba en un halo de luz con los verdes ojos brillantes de alegría.
Deliberadamente, Reed se bajó de la barandilla y rodeó a la aun risueña actriz. Llegó a la altura de la directora y la pasó de largo. Su tráiler estaba al final de la hilera y Reed dejó que sus piernas se comieran la distancia.
"Reed," gritó Jae tras ella. “Fue solo una broma... no te enfades.” Se detuvo y se dio la vuelta, su voz grave y serena. “No.”
"No puedes irte sin más... "
"Una mierda que no. Acabo de hacerlo. Ahora apáñatelas.” Reed giró sobre sus talones y siguió caminando hacia su remolque. Cerró la puerta de golpe y le puso el seguro tras ella.
Jae se paró, atontada. Las cosas habían estado yendo bien. Habían llegado al final de la escena incluso tres veces, ambos besos aceptables en cada una de ellas, aunque no exactamente lo que estaba buscando. Reed no había vomitado, no le había sangrado la nariz y el tiempo se había mantenido.
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"Jae... lo siento." Sarah la había seguido con los ofensivos colmillos en la mano.
"Creo que deberías decirle eso a ella. Pero yo esperaría un rato. Fue divertido, pero no era una buena escena para hacerlo.”
“¿Vas a dejar que se salga con la suya?”
"Sí. Al igual que voy a dejar que tú te salgas con la tuya con lo que has hecho – por esta vez.” Jae intentó decidir si ir a hablar con Reed o esperar un poco.
"Ah."
Mark se les acercó. “¿Señorita Cavanaugh?” “¿Qué?" Aún seguía mirando el remolque. “¿Qué quiere que haga el equipo?"
"Que se tome un descanso. Comenzaremos de nuevo en el crepúsculo.” Significaba otra larga noche, pero ya no había luz.
El equipo se evaporó y Sarah desapareció en su remolque. Sólo los tres guardas de seguridad se quedaron en compañía de la directora. Ahora que el ruido de la producción de la película había cesado, Jae pudo escuchar el mar y el sonido de las gaviotas. Se quitó los zapatos, se arremangó los pantalones y empezó a caminar a través de la playa Crandon.
La arena fresca entre los dedos la hacía sentir bien y se acercó a la orilla, sintiendo nostalgia de la playa bajo su casa. Se le agitaba la ropa debido a la brisa y podía sentir el aire salado agitarle el pelo. El agua le bañaba los pies y la arena húmeda bajo su peso se hundió un poco. La luz de la luna se reflejaba en el océano, partida y después reflejada en un caleidoscopio de colores según las ondas de las olas captaban los rayos de luz.