La cárcel, un contexto que permite: salir adelante o estancarse, aprender a superar obstáculos, vencer o dejarse caer en las tentaciones, conocer quiénes son las personas que siempre estarán apoyándote incondicionalmente; un lugar en donde los privilegios terminan siendo para algunos y no para todos, donde el tiempo pasa lento o rápido dependiendo de qué tan ocupado estés y en qué distraigas tu mente; un contexto que si bien no es igual a otros, tampoco dista en muchas cosas de la sociedad en la que vivimos: en donde se presentan injusticias, desigualdades, oportunidades para algunos y un futuro que cada quien va labrando día a día, con la particularidad de las consecuencias que conlleva el estar y el haber estado en esta institución.
En este sentido, el proceso de adaptación -particularmente los primeros días y semanas- resultan ser los más difíciles debido al cambio que incide en varios aspectos de su vida empezando por la privación de la libertad pasando por la transformación de sus costumbres, vínculos, dinámicas familiares y una serie de reajustes y transformaciones personales en torno a la identificación de sí mismo, los planes a futuro, su Fe, entre otras.
Este primer periodo implica conocer los recursos que posee cada persona para afrontar esta situación de cambio la cual representa una crisis, entendida como un “cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados” (Rae, 2016). En donde “La crisis puede ser vista de estas dos maneras: Como algo negativo que quiebra el equilibrio “sano” o como una oportunidad de crecimiento que surge en un momento de la historia del sistema (...)” (Espina,1991, p. 1),
“Situaciones vitales que implican una gran desorganización emocional y cognitiva y ante las que las estrategias previas de afrontamiento se muestran insuficientes. Suele ser limitada en el tiempo y puede conducir al deterioro o a un funcionamiento más elevado.” (Astudillo, 1999, p. 13).
Si bien en este caso la situación vital que ocasiona la crisis -el ingreso a la institución- es la misma para todas las personas, la manera en que es afrontada varía según sus recursos individuales y sociales.
Es por esto que a lo largo de la revisión documental y del trabajo de campo, encontramos que si bien es indiscutible el hecho que dentro del contexto -al igual que en cualquier otro- mueren personas por diversas causas entre ellas: enfermedades, accidentes, homicidios y suicidios; a nivel institucional se exigen y se tienen ciertas herramientas y programas que buscan mitigar y evitar este tipo de situaciones, para ello el INPEC ofrece -por ejemplo- servicio y acceso a la salud (en caso de enfermedades y accidentes) atención en crisis, acompañamiento y trabajo para la prevención del suicidio, y actividades de control y vigilancia para que disminuya los homicidios.
En cuanto a la prevención del suicidio a nivel institucional tienen programas que lo favorecen como, por ejemplo, Preservación de la Vida, no obstante, cuando una persona entra en crisis se hace necesario que un especialista, en este caso un psicólogo para que realice una intervención con el objetivo de contener y ayudar a la persona a salir de ella y de esta manera evitar posibles suicidios. Sin embargo, frente a una “amenaza o intención” de suicidio si bien en la mayoría de casos se hace la respectiva intervención en crisis, en ocasiones se hace caso omiso a estas situaciones, particularmente en aquellos casos cuyas amenazas han sido recurrentes y prolongadas debido a que se genera incredulidad frente al tema, siendo considerado ahora como un tema de manipulación para conseguir lo que se quiere.
Por ello, la institución hace distinción entre lo que es el parasuicidio y el intento de suicidio o suicidio consumado (como se presentó en el capítulo 1) puesto que esta distinción permite y facilita el abordaje en dichos casos. Sin embargo, en algunas situaciones se hace difícil saber o distinguir entre una situación y la otra; esta dificultad se hace evidente -por ejemplo- cuando Ángela expresa sus deseos de morir y su poca voluntad y motivación para vivir, algunos funcionarios señalaron que ella desde que ingreso (un par de meses atrás) se la pasaba amenazando con que se iba a suicidar y que esta era la manera de “manipular” a las personas; sin
embargo, en esta ocasión a los 8 días de haber expresado su malestar ella intentó acabar con su vida, un intento que no se llevó a cabo gracias a una compañera que la vio, por eso cabe preguntar ¿Hasta dónde es capaz de manipular una persona en este contexto? ¿Hasta dónde su sufrimiento es real y decide que esa es su única salida, bien sea para ser escuchada o para acabar “con su sufrimiento”? ¿Hasta dónde llegan las limitaciones de la institución para brindarle una vida digna o tratar de resolver su situación para que no sucedan este tipo de situaciones? Son muchas preguntas y pocas respuestas, son dificultades y tensiones institucionales y por ello cabe cuestionar el papel de la institución y el alcance de esta en la vida de las personas.
Con respecto a la muerte, algunos de los participantes señalaban que para ellos no está contemplada la idea de morir dentro del establecimiento, puesto que este lugar lo ven como un periodo de paso en su vida y señalan “yo no nací acá no veo porque tengo que morir acá” Camilo. Sin embargo, vemos que la realidad para algunos es distinta, debido a que se pueden presentar situaciones en donde la idea de morir dentro del contexto es irrelevante, así como otros en donde su vida no depende de ellos, por ejemplo, durante la investigación se presentó un caso en el cual un hombre fue asesinado por no pagar una deuda (monto no superior a $50.000) que tenía debido al consumo de drogas y como este caso muchos otros se presentan.
En este sentido la adaptación al contexto resulta un elemento fundamental para comprender lo que más adelante denominaremos como posicionamientos frente a la vida, los cuales se configuran a partir del significado, sentido y motivación de vida, siendo el proceso de adaptación más complejo para unos que para otros, por ejemplo, Mauricio señalaba que lleva 3 meses en la cárcel y para él ha sido muy difícil adaptarse ya que se siente como “un pájaro atrapado (…) Siempre entre las mismas 4 paredes y las 3 rejas”. Y es aquí en donde los sueños se vuelven importantes para estas personas, la mayoría de ellos giran en torno a estar fuera, estar con su familia, sus hijos, esposa; siendo este un espacio que les brinda confort y bienestar momentáneo puesto que cuando se levantan y vuelve a la realidad se dan cuenta que no es cierto, entristeciendo un poco, pero dándoles esperanza que en algún momento este sueño se hará realidad.
Para aquellas personas que tienen una condena prolongada, la adaptación se da con el tiempo, sin embargo en ocasiones puede confundirse con la resignación o costumbre, en donde el tiempo adquiere un valor diferente así como su percepción, volviéndose indiferentes frente al transcurso de 1 día, 1 año o 10 años en el establecimiento, sintiendo que el tiempo pasa más lento y la condena es aún más larga.
Un aspecto que favorece la adaptación es tener conocidos dentro del establecimiento, ya que terminan siendo esas personas que “le tienden la mano” Camilo. Sin embargo, reconocen que la convivencia con otras personas es de los aspectos más difíciles.
“Pero es que es muy difícil estar acá encerrada, o bueno no sé si es mi mentalidad o qué, pero para mí más que estar encerrada o lo que pase en este lugar, es la convivencia con tantas personas porque hay muchas personas que son malas y más donde hay gente que es drogadicta, con locos” María.
Siendo más difícil con los compañeros de celda y del patio, ya que cada patio maneja sus propias reglas.
“Y la muchacha cuando yo llegué, ella contaba con una celda en el primer tramo y ella quemó la celda con las que vivía, se orinó, se cagaba, eso hacía de todo. No lavaba era cochina, o sea loca, se desvestía y andaba por ahí. Entonces tienen que tener mucho cuidado porque digamos ahí en mi celda todas somos muy limpias, todas nos bañamos, todas tienen su aseo cada semana cada una tiene su aseo y todas colaboramos porque todas vivimos acá y no tenemos por qué aguantarnos olores (…) Acá le toca convivir con todas” Andrea.
A algunas personas les gusta mantenerse informadas de lo que sucede afuera por medio del noticiero ya que “en las noticias uno se entera de las cosas de afuera que de pronto le puede pasar algo a la familia de uno, de pronto una inundación en un barrio o algo uno está pendiente de las noticias” Mauricio. Mientras que otros prefieren no hacerlo puesto que les genera más preocupaciones “yo casi no veo noticias porque de verdad uno mantiene muy mal aquí como pa´ ponerse a ver problemas de allá afuera” Eduardo.
La tristeza es un sentimiento bastante frecuente en el proceso de adaptación, y para ello las personas encuentran diferentes actividades que les ayuda a afrontarlo, entre ellas se encuentran: caminar, leer, escribir, jugar futbol, tejer, entre otras; estas actividades les permite estabilizarse y no cometer “actos de los cuales después se puedan arrepentir” Camilo y Sebastián; como por ejemplo, pelear con alguien, o quitarse la vida. Además, les permite encontrar soluciones a las situaciones que en ocasiones parecen no tenerlas.
Si bien hay personas que realizan varias actividades como forma de afrontar la situación y distraer su mente, existen personas que terminan consumiendo drogas, que recaen o incrementan su consumo, debido a que pierden la alegría por
la vida y señalan “a veces a uno le dan ganas de matarse en el estado en el que uno se encuentra porque uno se levanta orinado, cansado” Camilo.
Adicionalmente, la rutina termina siendo un elemento que agobia y aburre dificultando su proceso de adaptación “que levantarse, que arreglarse, que la contada, el amotinamiento, los problemas, la droga (...) Todos los días al desayuno, al almuerzo, a la comida, todo el día pollo, pollo, pollo y lo dejan mal preparado (...) ahorita estoy aburrida de estar encerrada acá” Daniela.
Es así como encontramos que, si bien existen factores que inciden en las comprensiones acerca de la vida y la muerte, existen elementos que favorecen y/o ayudan en el proceso de adaptación y en afrontar la situación. Por esto a continuación se presentará un cuadro en el cual se encuentran tres posicionamientos frente a la dualidad vida-muerte, son posicionamientos que emergieron en las conversaciones realizadas y que tienen como ejes transversales el plano contextual, relacional y subjetivo; en cada uno de ellos se presentan elementos significativos para comprender factores que inciden en la perspectiva que tienen frente a la vida y la muerte.
Contextual Relacional Subjetivo
1. Rendirse