Ejercicios en que pasó el año de 959 el Obispo y Legado D. Sisnando Menéndez.
314.- En la ciudad y Palacio de Santiago pasó nuestro Obispo el año de 959 en compañía de su Padre el Duque D. Hermenegildo Monge, apacentando con obras y palabras su espíritu al revaño.
El P. Escalona en su historia del Monasterio de Sahagún, pone una escritura del año en que estamos de 959, en la que se halla fi rmando nuestro Obispo D. Sisnando en esta forma: Sub Xpti nomine Sisenandus Sedis Apostolice et Sancti
Jacobi confi rmat. De esta fi rma y otras que adelante pondré, quando hable del año
de 960, que pone el mismo Autor, dudo mucho sean de nuestro Santo Obispo. Mi reparo está en que todas las fi rmas que de este Señor se hallan en este Archivo, todas dicen Sisnandus y ninguna Sisenandus, por cuya razón, si se hallan en las escrituras de Sahagún con la referida expresión, o no son originales y si lo son, fueron de otro Obispo, no del nuestro.
(Nuestro Obispo) solicitó siempre y cuidadoso, no omitir diligencia alguna que viese conducente a engrandecer su nueva Abadía. Dejo dicho que en el año de 957, vistió la cogulla de Monge en Sobrado a su pariente, discípulo y haijado D. Pedro Martínez, habiendo los dos a este fi n venidos de Santiago. Deseoso Don Sisnando de ver si el nuevo soldado de Christo había aprovechado tanto en la ciencia de los Santos, como en las demás ciencias especulativas, procuró con todo cuidado en las dos ocasiones que estuvo en Sobrado en 958 informarse por sí mismo del modo y vida que practicaba el nuevo Monge D. Pedro, viendo y experimentando el gran tesoro de virtudes con que se hallaba enriquecido, determinó conferirle todas las órdenes.
315.- Contaba solo veinte y dos años de edad nuestro Monge Pedro, quando el Santo Obispo le ordenó de hacer órdenes mayores, confi riéndole el (Página
256) Sacerdocio en la víspera de la Santissima Trinidad del referido año de 959.
Concediéndole también el honorífi co empleo de Notario Apostólico. Quando no tuviéramos otras pruebas que nos declarasen la potestad y empleo del Legado del Papa en España, que tengo manifestado, bastaban para persuadirlo lo que aquí dejo referido. Es constante, que en aquellos tiempos, para ordenarse de Diácono se necesitaba tener veinte y cinco años, para Presbytero treinta años305. No es creíble, que el Obispo D. Sisnando, si no tuviese facultades de Legado, confi riese las dos mencionadas órdenes al Monge D. Pedro Martínez, teniendo solos veinte y dos
años, obrando expresamente contra los sagrados cánones, en esto. Confírmase todo con el ofi cio y potestad que le dio de Notario Apostólico. Esta gracia se la puede conceder el Sumo Pontífi ce o su Legado, como lo observamos al presente. Al Pontífi ce no se recurrió por esta gracia, ni hubo tiempo, pues a pocos días de ordenado le hallamos fi rmando y autorizando una escritura como notario público.
316.- La referida escritura es una venta que Guntina hizo al Abad de Sobrado D. Guncito 2º, la que fue otorgada en 8 de Julio de 959, pues dice la fecha:
Facta cartula donationis die VII Idus Julii. Era DCCCCXLVIJ. Guntina confi rma y autoriza esta donación, el Abad Guncito, confi rma, otros testigos la confi rman, Pedro Presbítero la confi rma y notó. Esta Escritura, que fue otorgada (Página 257) en Sobrado306, nos manifi esta algunas cosas importantes que confi rman lo que dejo dicho. Lo primero que nos declara es, que el Obispo Don Sisnando y el Duque su Padre, no estaban en Sobrado, pues si en él estubiesen, a estos Señores y no a el Abad, se hubiera echo la venta, como a Dueños y fundadores del Monasterio. Estaban en Santiago, como tengo dicho, y volveré a manifestar con otra escritura. Assí mismo nos manifi esta la escritura de venta de la que vamos hablando, que ella fue notada por nuestro S. Pedro Martínez. No consta de escritura alguna de este Archivo, perteneciente a aquellos tiempos, que en Sobrado hubiese algún Monge del nombre Pedro, que tubiese el Ofi cio de notario público, sino nuestro S. Pedro Martínez. Esta fue la primera escritura que notó inmediatamente que le ordenaron de Sacerdote y confi rieron la notaría. Después notó muchas escrituras, lo que practicó aún siendo Abad de esta casa. Todo lo declararé en la vida de este Santo.
317.- Como el zelo y deseo insaciable de la salvación de las almas devoraba sin cesar su abrasado corazón, teniále muy cuidadoso a nuestro Obispo, la de su hermano el Duque D. Rodrigo y su mujer la Duquesa Doña Elvira Aloitiz. Estos Señores tenían su Palacio en la misma Ciudad de Santiago, en el (Página 258) que vivían con temor de Dios; pero como su casa era la principal de la Ciudad, era frequentada de toda la Nobleza, con lo que brillaba en ella la opulencia y magestad. Obsequiados con visitas y diarias concurrencias de la nobleza de ambos sexos, pasaban la mayor parte de su vida expuestos a una disipación continua. No temía el Santo Obispo que sus hermanos como temerosos de Dios se dejasen engañar, ni alucinasen con brillanteces tan falsas y fugaces, esperaba que en aquel aparente esplendor, verían claramente quan fantásticos eran los honores mundanos y convencidos al fi n de que en solo Dios se halla toda nuestra felicidad y gloria, lo abandonarían todo por seguirle.
318.- No dudaba en esto nuestro Santo Obispo, pero como hanelaba con todos sus deseos, a que sin dilación alguna menospreciado el mundo se uniesen íntimamente con Dios, le parecía tardaban mucho en dar oídos a la divina voz, que tantas vezes el Obispo les había intimado. Teníale traspasada el alma el verlos envelesados con las falsas brillanteces, las que les precisaban a amar a Dios a
medias, es decir, dejaban pasar sus días resueltos a obedecer a Dios en todo lo que manda pena de condenación eterna; dandóseles poco de no complacerle en la que no manda debajo de grandes penas. Esto a lo sumo es amar a Dios a medias. Para desengañarlos que aquel no hera el verdadero modo de amar y (Página 259) y servir a un Señor tan bueno; que el modo de amarle ha de ser absorviendo todos nuestros deseos, ocupando todos nuestros pensamientos. La muda pero eloquente retórica con que les persuadió esto, fue presentarles a la vista el Duque su Padre, el que habiendo abandonado todo por seguir de veras a Christo, se hallaba muy gozoso vestido con la mortaja, el que en otros tiempos se arrastraba las atenciones de todos, no solo en Santiago, sino también en la Corte y Ejército, donde ocupó los más honorífi cos empleos.
319.- En vista del abandono que de todo hizo el Duque su Padre, solo por servir a Dios de veras, es decir, contado su corazón, con toda su alma, con todas sus potencias y sentidos. Havidado este ejemplo con las saludables y efi caces persuasiones de su hermano el Obispo, se commobieron alguna cosa sus ánimas; pero no se resolvieron a abandonar de todo punto el mundo y retirarse al Monasterio, reservando la divina Providencia para ocasión más oportuna, este glorioso triunfo. Contentárose por entonces con reformar en gran parte el superfl uo gasto, moderaron las grandezas, evitaron las visitas y concurrencias superfl uas, dando de mano a las profanidades. Este (Página 260) saludable efecto, causó el zelo infatigable de nuestro Santo Obispo, que junto con el ejemplo y verdades que le dijo su Padre el Duque, conmovidos alguna cosa, dispusieron su testamento en el que mutuamente se mandan quanto tienen, disponiendo que a la muerte del último de los dos, todo sea entregado al nuevo Monasterio de Sobrado, donde mandan sean sepultados sus cuerpos.
320.- Esta Escritura que fue otorgada en la Cathedral de Santiago, en 13 días del mes de Noviembre del año de 959, la fi rman los otorgantes, el Duque D. Rodrigo Menéndez, su mujer la Duquesa Doña Elvira Aloitiz. La confi rman el Obispo S. Rosendo, el Obispo Don Arias, y nuestro Obispo D. Sisnando, el Abad Gutierre, nuestro Monge y Duque D. Hermenegildo, Padre de los otorgantes, y otros treinta y tres, en los que hay Abades, Presbyteros, Diáconos, Monges, Señores y Señoras seculares307. Por la fi rma de san Rosendo, nos consta de cierto que estaba en Santiago en compañía de sus parientes el Obispo Don Sisnando, su Padre, Hermano y cuñada. Con lo que se convence ser falsa la enemiga (enemistad) que muchos Historiadores tienen escrito reinaba entre estos dos santos obispos. No caben entre los siervos de Dios rencillas, esto es propio de hombres carnales y mundanos. (Página 261)
CAPÍTULO XV
Fraternal y recíproca amistad que reynó entre S. Rosendo y el Obispo D. Sisnando, y ejercicios en que se ocupa este Señor en el año 960.
321.- En el número último del antecedente capítulo, vimos que S. Rosendo Abad y fundador de Celanova, estaba en Santiago en 13 de Noviembre del año pasado 959 con su pariente y amigo el Obispo D. Sisnando. Estos dos Santos Obispos y fundadores, en las conversaciones tan frequentes que tenían, su principal asunto era tratar cosas espirituales y de el fervor y espíritu con que se servía a Dios en sus nuevos Monasterios de Celanova y Sobrado. Infl amados los dos Obispos en el amor divino y deseando con vivas ansias entregarse por algún tiempo a la meditación de las cosas celestiales, determinaron visitar los dos nuevos Monasterios, para renovar en ellos sus fervorosos espíritus con el ejemplo y compañía de tantos ángeles como Monges había en ellos. Con esta resolución salieron de Santiago y pasaron a Sobrado, en compañía de nuestro Duque D. Hermenegildo Monge.
322.- El Abad y Comunidad de Sobrado (Página 262) recibieron a San Rosendo y a sus santos fundadores con aquel amor, veneración y respeto debido a tales Señores. S. Rosendo todo el tiempo que en Sobrado estuvo, fue obsequiado por todos con aquel amor, caridad y urbanidad devida a tan gran Prelado. Todo el tiempo que en el Monasterio estuvo, empleáse con el Obispo Sisnando, su tío el Duque y más Monges en los ejercicios de la mayor perfeción. Quedó tan prendado S. Rosendo de la perfeción de vida que se practicaba en Sobrado bajo la disciplina y gobierno del Obispo Sisnando, que de esto resultó la tan estrecha amistad que siempre reynó, no solo entre los dos Obispos, sino también entre los Abades y Monges de los dos Monasterios.
323.- La prueba convincente que de esto tengo, es la frequencia con que los Abades de los dos Monasterios se visitaban. Conservase en el Archivo de esta casa algunas escrituras otorgadas en ella, en las que fi rma el Abad de Celanova Manilano; en una308 fi rman los dos Abades, Manilano y Diego, en otras Manilano solo. No admite duda que si este Abad no hiziese visitas al Monasterio de Sobrado con frequencia, no le podríamos hallar fi rmando tantas escrituras en él. Esto manifi esta la buena armonía que reynaba entre los Abades y Monges (Página
263) de los dos Monasterios. Lo que duró, por lo menos, en toda la vida del Abad
Manilano. Si S. Rosendo y el Obispo D. Sisnando hubiesen vivido enemistados, era muy natural que los dos Monasterios siguiesen la parcialidad de sus fundadores y gobernadores. A los Abades y Monges de Celanova y Sobrado nos los manifi estan las escrituras otorgadas, después de los días de los dos Obispos muy unidos en recíproca amistad, por lo que debemos creer que la que dejo referida de los dos fundadores duró hasta la muerte en ellos, de los que la heredaron sus Monasterios y Monges.
324.- Haviendo S. Rosendo pasado algunos días en Sobrado en compañía de su tío el Duque, su pariente, el Obispo D. Sisnando, dispusieron pasar a Celanova. El Obispo de Lugo, como tan inmediato a Sobrado, vino a ver a los dos señores Obispos acompañándolos también a Celanova. Despedidos del Duque, Monges y Monjas de Sobrado, caminaron para Celanova, donde fueron recibidos con aquellas demostraciones de amor y caridad devidas a tales huéspedes. Todos los Monges de esta casa con su padre S. Rosendo, se esmeraron en obsequiar al Obispo y Legado D. Sisnando, el que vivió con ellos algunos días con gozo espiritual de su alma y grande edifi cación, considerando la vida tan ejemplar que aquellos Monges practicaban, siendo su guía y capitán el gran Padre San Rosendo. De esto nos da una idea, la escritura que se conserva en este Archivo de Sobrado al folio 46 b del primer libro de Donaciones309. (Página 264)
325.- La escritura citada, contiene un trueque celebrado entre San Rosendo y sus Monges de Celanova, con Silo Lucidez, su hermana Hermesenda y más Monges y Monjas del Monasterio de Avelio. Éste lo fundó en el año de 860 una Señora llamada Eleguncia en su Villa de Avelio, en el que fue Abadesa. Muerta ésta, los Monges y Monjas le habitaron pacífi camente por muchos años. En el reynado de Don Ordoño IV, llamado el Malo (esta escritura le llama Cathólico, veáse la escritura del número 311, que en el Apéndice es la XXII, la que confi rma el dicho de ésta), muchos hombres pésimos negando la obediencia al Rey, menospreciando sus leyes, sus mandatos, y negándole el vasallaje, retirados en tropas a los montes cometían los mayores excesos en varias correrías que hazían, el más atroz de todos fue saquear el referido Monasterio de Abelio y robar una esposa de Jesu Christo para abusar de ella, este fue el motivo por que los Monges y Monjas de él, lo abandonaron, trocándolo con S. Rosendo y sus Monges por la Villa de Pravio, que éstos les dieron en el Condado de Nendos, junto al río Mera, donde edifi caron Monasterio y en él habitaron seguros. Las palabras de la escritura, son éstas:
326.- Cumque possideret diabolus corda cunctorum infelicium, ut spreuerent et
abnegarent regem catholicum et odirent leges eius et contennerent iussa eius atque tributa, ascenderunt singuli in singulas rupes agents contra Deum in superbia et deuorantes plebem eius sicut cibum panis, uenerunt de una rupe inimici Dei (Página 265) et fregerunt ianuas eiusdem monasterii et diripuerunt omnem suberam ipsorum fratrum ac sororum et, quod infelicius est dicere, rapuerunt inde unam sanctimonialem sororem el libidinis sue subiugauerunt in scortum. Cumque videremus talia, magis elegimus ipsum monasterium dimittere, quam in illo perire.
Su fecha dice: Facta scriptura testationis Vº nonas marcii, era DCCCCLXLVIII, que corresponde a 3 de Marzo, año de 960310.
327.- Esta escritura fue otorgada en el Monasterio de Celanova, a donde concurrieron Silo Lucidez y Hermesenda, Monge y Monja del de Abelio. La
309 LOSCERTALES, Pilar, Tumbos..., op. cit., tomo I. Documento Nº 122. 3 Marzo 960. 310 Escritura del Libro 1º de Donaciones de Sobrado, fol. 46 b.
fi rmaron los Obispos Don Sisnando Menéndez y Don Hermenegildo de Lugo, que se hallaban en Celanova, con más de veinte y seis testigos, entre Presbyteros, Diáconos, que serían Monges de Celanova y cinco Monjas del Monasterio de Villa Nueva de Las Infantas, entre las que fi rma Doña Adosinda, hermana de S. Rosendo. Haviendo nuestro Santo fundador Don Sisnando disfrutado por algún tiempo la dulce compañía de San Rosendo y de sus Monges, determinó dar la vuelta a su Palacio de Santiago.
De este año de 960 pone el P. Escalona en su Historia de Sahagún dos escrituras en las que se hallan las fi rmas de nuestro Santo Obispo. En una fi rma así: Sub Xpti
nomine Sisnandus Sedis Apostolice S. Jacobi, confi rmat. En la otra dice: Sub Xpti nomine Sisinandus Episcopus. Ésta se halla en una donación echa a Sahagún por
el Rey D. Sancho I en 960, según el autor citado. Presumo que estas dos fi rmas pertenecen a el año de 962, en el que nuestro Obispo estuvo en León con el Rey D. Sancho I, como manifi esto en el Capítulo 18 de esta historia.
328.- En el mismo año quiere el P. Flórez311 que el Rey Don Sancho el Gordo, vuelto que fue de Córdova, tratase con el Obispo Don Sisnando de fortalecer la Ciudad de Santiago, lo que no parece verosímil pudiese ser en este año. Lo uno, por estar el Rey ocupado en otros (Página 266) asuntos más importantes, y lo otro, porque no consta de escritura alguna que en este año estuviese en León el Obispo Don Sisnando, lo que hera forzoso para verifi carse lo que dice Flórez: «y entonces trató con el nuestro Obispo sobre fortalecer el lugar sagrado del Apóstol para ponerle en seguro contra las hostilidades que los Normandos y otros enemigos hazían en Galicia. Aprobó el Rey lo que las circunstancias califi caban de prudente y acertado. Y el Obispo fortaleció el lugar santo del Apóstol con murallas, torreones y fosos, como afi rma el Chronicón Iriense».
329.- Esto indica haberse tratado entre el Rey y Obispo Sisnando estando los dos juntos, pero esto no se verifi có hasta el año de 962 en el que pasó a León nuestro D. Sisnando como veremos en llegando al referido año. Que fuese en uno, que fuese en otro año, importa poco, lo cierto es que el Obispo fortaleció la ciudad de Santiago, lo que se debe contar entre las obras piadosas que en su Pontifi cado hizo nuestro Héroe. Hasta esta grande obra tan útil y echa con fi n tan santo, la vituperan sus émulos. De ella dice el P. Argaiz312: «Entre otras cosas que acometió, luego que se vió Obispo, fue cercar con fuertes muros la Ciudad de Santiago, adornándola con fosos y torreones, que según avía la población crecido, ya le podemos dar el nombre de ciudad. Para una obra como ésta era fuerza ser los gastos excesivos». Si una obra tan santa como ésta y echa por un fi n tan laudable, vituperan como se puede ver, obran con mala voluntad. (Página 267)
311 FLÓREZ, H., España..., op. cit., tomo XIX, fol. 149. 312 ARGAIZ, Iglesia de Iria, tomo 3º, cap. 39, fol. 368.
CAPÍTULO XVI
Pleito ventilado, según Flórez, en el año de 961, entre S. Rosendo y el Obispo D. Sisnando Menéndez.
330.- Haviendo manifestado la fraternal amistad y christiana alianza, con que los dos Santos Obispos se unieron en caridad. Para declarar lo engañados que estuvieron los que dejaron escrito que entre los dos referidos Señores hubo enemistad hasta la muerte; referiré el fundamento que tuvieron, el que no leyeron con madurez, y por eso escribieron lo que no fue, habiendo procedido en todo lo perteneciente a los echos del obispo D. Sisnando Menéndez del modo referido los más de los Autores, y así es falso todo quanto malo apropian a este esclarecido Héroe. La verdad del echo en el pleito de que al presente tratamos califi cándole de verídico mi dicho, el que se afi anza con todo el contenido de esta Historia.
331.- Embidioso el Infernal Dragón de la unión tan sagrada que reynaba entre los dos Obispos, sus Monges y Monasterios; ante viendo la ruina que por ella podría venir a su reyno de dixensión, procuró con todo su esfuerzo romperla. Sugirió para aunar esto a sus ministros de los muchos que tiene en este mundo que persuadiesen a S. Rosendo, que el Obispo D. Sisnando poseía todas las pesqueras