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El propósito de este capítulo es esbozar y pulir el lente a través del cual se va a analizar el fenómeno de la movilización social en el Cauca, específicamente en lo que concierne al CRIC, cada categorización se hace con el objetivo de llegar a la comprensión más profunda de lo que se pueda sobre la acción de la sociedad civil en la práctica y su correspondencia en cuando

converge en elementos teóricos y su definición se hizo a través del proceso investigativo. Las categorías a definir son: 1) Movimiento Social y Popular, 2) Sujeto Sociopolítico 3) Conflicto Colombiano y 4) Repertorios de Acción. De igual forma se fijará la metodología de trabajo. 2.1- Movimiento Social y Popular: Una Conceptualización en la Complejidad

Una vez exploradas algunas de las principales vertientes de las que bebe el análisis de tan complejo objeto de estudio es imperante precisar que dentro de esta investigación se comprende que el fenómeno de los movimientos sociales y populares se encuentra consolidado por

características diversas, heterogéneas e incluso en algunos casos, de apariencia divergente, pero que se encuentran inextricablemente entretejidas en su aparición, prolongación en el tiempo y capacidad potencial tanto efectiva de acción. De manera tal que los movimientos sociales pueden verse, siguiendo el último párrafo del apartado anterior como un conjunto de actores

sociopolíticos articulados cuya acción es irreductible a la institucionalización, con algún grado de ordenamiento que tienen la capacidad para hacer explicitas las incongruencias de un sistema dado y que poseen una lógica reivindicativa, contestataria, antagónica, contra hegemónica o contrasistémica y popular desde la que se oponen a pérdidas de garantías o de cualquier ventaja social, así como que promueven la reforma, transformación o incluso destrucción del sistema social vigente; dentro de ellos convergen distintos tipos de estructuras, formas de organización,

personas y actores mediados desde donde se recrean, resignifican, critican y producen normas, símbolos, valores y productos inmateriales que poseen variadas formas de incidencia en el aparato político y la sociedad civil, sea logrando participación en los canales tradicionales o atendiendo a la configuración de nuevos escenarios de política, desde donde persiguen objetivos claros para los que se ponen en función cualquier tipo de estrategia sea violenta o pacífica, relacionada con redes, identidades, significados, oportunidades razonamientos y sentimientos que permiten a su vez la configuración de un sujeto colectivo mediado por los sujetos

individuales que consolidan la acción y le otorga sentidos para su movilización así como para su identidad general en tanto herramienta política, desde la que se percibe, reconoce el grupo, actúa y produce dentro de un contexto local, pero también transnacional y global.

2.2- Conflicto colombiano

El conflicto es una categoría multívoca, que se expresa como elemento subyacente a todas las sociedades y se hace visible de diferentes formas, cubre una amplia gama de acciones que van desde el problema, el enredo o el chisme, hasta la violencia física o los conflictos armados. Para Lederach (2013) los conflictos son naturales al crecimiento y evolución de las personas, por ello, más allá de ser llevados a un término, deben convertirse en un elemento productivo, es decir: los conflictos no se acaban, se transforman. Estos sirven para el cambio constante de la sociedad y pueden regularse o inclusive mejorar, se pueden canalizar para hacerlos foco de avance y no como comúnmente se ven de atraso. Lo importante en este aspecto es reconocer los diversos márgenes del conflicto y exponer que los conflictos negativos son los que han llegado a una fase de expresión destructiva, que tiene como consecuencia el desarrollo de la violencia, sin embargo, el conflicto no se puede reducir solo a esta.

A continuación, se propone el desarrollo de la categoría a partir de cuatro sub-categorías que dan cuenta en parte, tanto teórica como practica del fenómeno del conflicto, estas son: conflicto social, conflicto armado, violencia y paz, que además son abordadas teniendo en cuenta el contexto clave de Colombia.

2.2.1- Conflicto social.

Para Lederach (2013) el conflicto forma parte de la experiencia humana, debe abordarse como proceso natural, necesario para el crecimiento y causal de la transformación social, para este sociólogo no estamos condenados a resolver nuestras diferencias de forma deshumanizante y es deber de quienes afrontan el conflicto no eliminarlo, sino canalizarlo hacia formas y

escenarios que sean productivos y provechosos para el crecimiento del bienestar interpersonal y social, “A menudo el conflicto se confunde con violencia. Sin embargo, la violencia es una de las tantas formas de manifestar el conflicto.” (Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz - INDEPAZ, 2005, p. 88). El conflicto puede ser visto como una incompatibilidad, o una

inadecuación entre los intereses u objetivos de distintas personas, grupos o instituciones, en este sentido, el conflicto es expresa como un elemento natural dentro de la cultura dinámica y diversa que permite su progreso, tanto como su aniquilación, puesto que el mismo se manifiesta de diferentes formas: “[…] de una manera constructiva para que produzca cambios personales, sociales y políticos; o de manera destructiva, por ejemplo con toda la violencia y el daño característico de las guerras” (INDEPAZ, 2005, p. 89).

La humanidad ha logrado resolver sus problemas desde la antigüedad de maneras consuetudinarias o relativamente institucionalizadas lo que demuestra que el ser humano es capaz de superar los diversos problemas que surgen de la vida cotidiana sin recurrir a la

popular se ha desarrollado todo un vocabulario para hablar de la conflictividad humana, la influencia de este es primordial, ya que la lengua no es solo un medio de comunicación sino una forma extensa a través de la cual se construye y comprende la realidad, de ello Lederach (2013) propone que la palabra “enredo” es la más propicia para definir el conflicto desde lo común en tanto permite la comprensión de las dinámicas conflictuales naturales, compara en este caso el proceso conflictual a una red de pesca a la que se le encuentran los nudos, se desenrolla y se extiende, pero al final sigue entrelazada, lo que se puede comparar en el plano teórico a que el conflicto en realidad se transforma y no se elimina.

Cuando se piensa en el conflicto en el plano que compete a la sociedad civil, se necesita sumar un componente, este es el del grupo social como colectivo, como organización y como movimiento, además de las relaciones que estos poseen con otros sectores, de clase, o de alianza. Así el conflicto se formula como una situación de divergencia social, en la que según Silva (2008) existe una relación contradictoria que sostienen personas o grupos sociales separados al poseer intereses o valores diferentes, este surgirá como manifestación que se contrapone a otro grupo social por el acceso o posesión de bienes, recursos y valores, es lo que compone de forma material o simbólica los conflictos sociales de mayor envergadura, de esto que la sociedad constituiría “una acumulación de grupos unidos en un equilibrio oscilante, pero dinámico, de intereses y esfuerzos contrarios de grupo” (VOLD, 1967, p. 204) Los grupos sociales

permanecen en continuo movimiento, deshaciéndose y reintegrándose, de acuerdo a la dinámica señalada de las relaciones sociales, y en su caso, del conflicto social. El conflicto puede ser afectado y abordado a través de distintos métodos, puede negociarse, absorberse por otros escenarios, eliminarse o subordinarse, sin embargo, sus transformaciones más benéficas son las que menos se acerquen a la violencia.

El conflicto, en algunos casos se reprime por diversas causas, pueden ser psicológicas (el sujeto no expresa sentimientos por razones culturales, religiosas entre otras.) o en el ámbito social y político (no se estimula la diferencia o se amenaza con castigo y exclusión) esta represión se promueve para la evasión de la resolución del conflicto a corto plazo, empero profundiza las razones del mismo y aumenta la probabilidad de que se exprese en su forma violenta, tal es el caso de algunos actores armados ilegales/legales que no entendiendo otra forma de resolución de fuerzas divergentes a través del tiempo optan entonces por la eliminación mutua. De acuerdo a Zuleta en su agudo ensayo “Sobre la Guerra” la erradicación o eliminación del conflicto no es una meta alcanzable, ni siquiera deseable en la vida personal y colectiva, por ello “Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo.” (ZULETA, 2013, p. 1), así el

pensador colombiano expone la importancia del conflicto y explica además que su manifestación más nefasta es la que se cree como la más eficaz: la guerra, que a su vez es una fiesta que

embriaga con doctrina, ideología, creencias, la idea de principios, honor y patria sirven casi siempre para “entregarse a esa borrachera colectiva” en la que se cree estúpidamente tener la razón y se cree poder dar testimonio de esa razón con la sangre. El gran mérito de Zuleta en este aspecto es poder postular que:

[…] una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que solo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto es un pueblo maduro para la paz. (ZULETA, 2013, p. 1)

Por ello la reducción a la cual se pretende someter esta idea de talante sumamente más rico es consecuencia de su uso como equivalente a lo bélico: “El conflicto armado”, expresión que mediatizada pareciera pasar con poco filtro al campo de la academia y en la actualidad es aceptada por la mayoría de quienes se interesan por la materia. Sin embargo es preciso que se reconozca al conflicto armado en su importancia, pero solo como una de las piezas totales del conflicto.

2.2.2- Conflicto Armado

El punto más álgido en el que el conflicto se afronta cuando no existe una solución negociada visible, cercana o si quiera posible es la fase bélica, en este, las personas y grupos armados, ya sea de carácter regular como el Estado y las fuerzas militares o de carácter irregular como las guerrillas, las milicias, las comunidades étnicas y religiosas persiguen objetivos divergentes que en el proceso de su consecución generan consecuencias nefastas relacionadas con víctimas mortales, la destrucción del territorio, la desestructuración del tejido social y biológico entre otros; son conflictos que tienen en común como uno de sus rasgos principales que los mecanismos para su prevención fueron escasos o inexistentes. Según el informe ¡Alerta 2008! Es posible definir esta expresión del conflicto como:

[…] todo enfrentamiento protagonizado por grupos armados regulares o irregulares con objetivos percibidos como incompatibles en el que el uso continuado y organizado de la violencia: a) provoca mínimo 100 víctimas mortales en un año y/o un grave impacto en el territorio (destrucción de infraestructuras o de la naturaleza) y la seguridad humana (ej. población herida o desplazada, violencia sexual, inseguridad alimentaria, impacto en la salud mental y el tejido social o disrupción de los servicios básicos); b) pretende la

consecución de objetivos diferenciables a los de la delincuencia común […] (CAÑADAS FRANCESCH, y otros, 2008, p. 19).

Este tipo de conflictos se puede medir a través de varios indicadores entre los que están la cantidad de víctimas que dejan, siendo de alta media o baja intensidad; la letalidad y el impacto sobre el territorio; la complejidad del conflicto armado expresada en el número y fragmentación de los actores involucrados, así como en la elasticidad de los objetivos y la voluntad política de las partes para alcanzar acuerdos.

Para el caso de Colombia, el conflicto armado se considera como de alta frecuencia y baja intensidad (CNMH, 2013, p. 42), con una violencia que no es homogénea y de constancia difícil de definir en todos sus aspectos, es un conflicto armado, además, de carácter interno. El origen del conflicto armado en el país ha sido centro de muchos debates académicos durante varios años, algunos intelectuales aseguran que el conflicto armado ha sido constante y en la actualidad tan solo se vive la prolongación de las guerras civiles del siglo XIX (CASTILLO y

SALAMANCA, 2005) Reduciéndolo a otro capítulo de la historia violenta de Colombia, por otro lado, otros lo consideran como el producto de las injusticias y las pésimas condiciones de vida que genera la forma de gobierno y el limitado régimen político. Desde la perspectiva de los movimientos sociales podría argüirse que el conflicto armado es uno de los recursos que mueve la sociedad civil al no encontrar otras rutas eficaces para la solución de sus problemáticas.

La dificultad para determinar con total certeza la causa principal que tuvo como

consecuencia el conflicto armado desde la década de los años 60’s radica en que es un conflicto de tipo multicausal, lo cierto es que gran parte del mismo es expresión del inconformismo presente durante mucho tiempo en los habitantes del país relacionado a elementos de orden social, político, cultural y económico. La guerra “continuará desarrollándose mientras el máximo

que una parte esté dispuesta a ceder sea menor que lo que la otra piensa conseguir mediante la confrontación, deducidos los costos que deba asumir en la misma” (RANGEL, 2001, p. 48) por ello es posible que una orientación asociada a la negociación del conflicto armado pretenda una transformación madura y productiva del mismo, llama la atención la aclaración que hace Rettberg (2003) frente al hecho de que la mayoría de conflictos armados terminan con victoria militar incluso cuando existen otros factores determinantes para la finalización del mismo como el agotamiento de las partes involucradas en las actividades bélicas, la desmovilización de alguna de las partes, la renuncia de algún actor a sus objetivos o la renuncia misma del uso de la

violencia como estrategia, algunas de ellas llevan por lo general a la creación de acuerdos cuyo éxito depende el tipo y amplitud de cada actor para participar en la definición de los resultados, el impacto, las consecuencias del mismo, teniendo en cuenta además que el momento más propicio para su estructuración basándose en la experiencia de países como El Salvador, Guatemala y Sudáfrica es previo a la finalización de las hostilidades (RETTBERG, 2003). En Colombia el conflicto armado ha tenido actores distinguidos a lo largo de la historia, siendo estos el Estado con la fuerza armada legal, los actores insurgentes como las guerrillas y algunas otras impulsadas por actores ambiguos como el paramilitarismo.

2.2.3- Violencia

La violencia, como expresión especifica del conflicto que comprende lo armado como lo común es en sí misma un fenómeno que requeriría una investigación completa su carácter multidisciplinario y reúne diferentes enfoques, las expresiones violentas son diferenciables no solamente en sus prácticas, sino en sus finalidades y naturaleza, lo que hace el asunto

especialmente interesante es que el hombre es “único animal que hace daño sin necesidad, gratuitamente, y que además puede disfrutar haciéndolo” (FISAS, 1998, p. 24. Además de esto la

violencia es un fenómeno relativo debido a que se percibe en una forma distinta según las épocas, los medios sociales y los universos culturales, es a la vez una definición resultado de la lucha entre actores que tienen intereses divergentes y recursos desiguales, en este sentido y de acuerdo a Crettiez (2009) el Estado puede calificarse como administrador de la fuerza legítima, mientras que sus opositores sí son calificados como barbaros y violentos salvajes, la violencia puede ser clasificada a su vez en: violencia simbólica, violencia física, violencia política y violencia social. Cada tipo de violencia puede percibirse como algo repudiable, algo liberador o como algo que subyace al ser humano. Para el caso de Colombia y el objeto de esta

conceptualización, las expresiones principales de la violencia se han identificado a través de la historia en el conflicto armado y el Estado.

El Estado como lo expone Crettiez (2009) posee la ventaja de no reconocer su acción como violencia, la violencia se considera como un obstáculo natural al orden social adecuado como una expresión ruidosa contra las instituciones y el derecho, sin embargo el actor más violento, es de hecho el Estado cuya fundación misma se hace por la violencia y mantiene toda su autoridad en esta misma (pocas veces expresada pero siempre subyacente) incluso así, este siempre reemplaza el término por uno más neutro como “fuerza” o “coerción” que se usa como respuesta inevitable a la “violencia” de los manifestantes, del movimiento social o cualquier otro actor que busca deslegitimar su poder. Si fuese necesario remitirse a la perspectiva funcionalista de nuevo el aporte que desarrolla sobre la movilización social es en realidad una excusa que legitima para el poder instituido el asesinato, la desaparición y la tortura de los manifestantes, que vistos así son apenas salvajes, marginales, o vándalos inadaptados.

Pero más allá de esto, la violencia es ejercida por distintos actores involucrados en el conflicto armado y en la delincuencia común, en el país se han reconocido de todos los actores

varios tipos de violencia consignadas en el ¡Basta ya! (CNMH 2013), a decir: 1) Ataques a la población civil, 2) Asesinatos selectivos 3) Masacres 4) Desapariciones forzadas 5) Secuestros 6) Desplazamiento forzado 7) Violencia Sexual 8) Reclutamiento ilícito 9) Acciones bélicas 10) Minas 11) Atentados terroristas 12) Amenazas. 13) tortura. Así mismo es necesario comprender que la violencia tiene un carácter simbólico que le permite reproducirse.

Ya en 1987 la Comisión de Violencia y Democracia Coordinada por Gonzalo Sánchez y conformada en el periodo del gobierno Barco, pretendía lograr un diagnóstico del escenario de las violencias en Colombia que llevaran a proponer una suerte de recomendaciones que

marcaran la hoja de ruta a seguir para lograr la paz en la nación, no solo con los grupos alzados en armas, sino con las diferentes expresiones y formas de la violencia identificadas por la comisión, puesto que fue un pensamiento generalizado el hecho de que en Colombia la violencia era fundamentalmente política, que había sido puesta desde el extranjero y que era ejercida por los pobres, pero más allá de eso la comisión demostró que la violencia incluye distintas

dimensiones que incluyen y sobrepasan los aspectos politizados tradicionales (Comisión de Estudios sobre la Violencia –CEV, 1987). Así, la comisión encontró que la violencia en Colombia no solo trataba de la violencia partidista e insurgente, que es la que se hace más comúnmente explicita, sino que sumada a esta se encontraban tres formas de violencia más: la violencia socioeconómica, la violencia sociocultural y la violencia sobre territorios, que además se reproducían por una “Cultura de la Violencia” configurada desde las diferentes instituciones sociales. De esto, la comisión (1987) extrae su tesis fundamental: el gobierno solo ha prestado atención a la violencia política y al narcotráfico, sin embargo la cantidad de víctimas producidas por los otros tipos de violencia es amplísima y ha afectado profundamente la vida de la sociedad civil.

La alarmante cifra de más del 90% (CEV, 1987) de víctimas de la violencia no provienen de la violencia politizada, es decir, de la violencia del Estado en contra de los grupos alzados en armas que buscan incursionar en él y substituirlo, sino que hacen parte de una violencia

originada en desigualdades sociales, de pobreza absoluta que se expresa en formas extremas de resolver conflictos. Una buena parte de las víctimas corresponde al Cauca y a los pueblos indígenas que al estar ubicados en un lugar estratégico por fuera de las fronteras de acción

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