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Capacidades Militares para enfrentar las MDO

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Los desafíos de las operaciones multi-dominio

3. Capacidades Militares para enfrentar las MDO

Tras haber analizado los desafíos que presenta la incorporación de la doctrina de MDO, a continuación se expondrán algunas proposiciones rela- cionadas con las capacidades que debiera, a la luz de la evidencia, tener una fuerza conjunta para enfrentar dichos desafíos.

a. En relación a las capacidades militares para hacer frente a las MDO: Estratégicamente, un Estado debe diseñar y generar fuerzas adecuadas

para obtener y mantener la superioridad en el ámbito terrestre, marítimo y aéreo, a través de su Ejército, Armada y Fuerza Aérea, respectivamente. De acuerdo a la realidad geopolítica de cada Estado, sus intereses nacio- nales y la estrategia diseñada, este dispondrá de la fuerza militar necesaria para cubrir dichas necesidades.

En el ámbito de Ciber/EEM, se debe desarrollar la capacidad tecnológica que requiere de acuerdo a las amenazas latentes y a la necesidad de prote- ger sus activos en todos los ámbitos del entorno político y estratégico.

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Por otra parte, si el Estado tiene la capacidad económica y tecnológica para operar y dominar cierta área del espacio, entonces debe incluir en sus políticas estatales el financiamiento y operación de proyectos que le per- mitan acceder al dominio espacial y maniobrar desde él. De lo contrario, no existirá la opción de utilizar este dominio como un apoyo sinérgi- co hacia los demás, siendo solo un usuario más, entregando la ventaja y la iniciativa a otros actores, los que incluso podrían ser sus propios adversarios.

b. En relación a la influencia tecnológica en el campo de batalla moderno: La intensiva incorporación de elementos tecnológicos que multiplican

las capacidades de una amenaza, especialmente si sus fuerzas militares convencionales no son considerables, otorga potencialidades que podrían equiparar, o incluso sobrepasar las propias, a través de la explotación de las ventajas temporales que se presenten en los distintos dominios. Asimismo, es importante tener en cuenta que un adversario más débil

militarmente tenderá a evitar las fortalezas propias, operando en forma inteligente hacia la parte más vulnerable del dispositivo, tratando de obtener ventajas específicas que le otorguen una superioridad temporal relativa, lo suficientemente útil como para que le permita alcanzar sus objetivos estratégicos.

En ese contexto, los comandantes de todos los niveles deben comprender que no es necesario contar con una superioridad abrumadora de fuer- zas, sino asegurar el empleo eficiente de la tecnología en beneficio de los efectos buscados. La aplicación de la tecnología permitirá, por una parte potenciar las capacidades de las fuerzas propias, y por otra, proteger aque- llas vulnerabilidades que podrían ser explotadas por el adversario. Al momento de analizar la tecnología disponible para potenciar las ca-

pacidades de la fuerza, es fundamental tener en cuenta que esta puede fortalecer efectos indistintamente entre los dominios. Por ejemplo, tecno- logía de medios aéreos como drones, pueden ser empleados para apoyar elementos en el dominio terrestre o para actuar sobre el dominio Ciber/ EEM. De igual manera, capacidades en ciberoperaciones o de guerra electrónica, pueden permitir fortalecer capacidades en el dominio terres- tre, aéreo o marítimo. Las posibilidades son infinitas. Que un elemento tecnológico se emplee en un dominio en particular, no lo inhibe de actuar en beneficio de otro. Esta premisa debe ser absolutamente internalizada por los comandantes y sus asesores, especialmente los del área técnica, quienes deberán desplegar todo su ingenio y experiencia en función de

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proponer soluciones novedosas y eficientes, que permitan diseñar fuerzas que sean capaces de operar en forma transversal entre los dominios, no buscando necesariamente la destrucción del oponente, sino que degra- dando sus capacidades y principalmente afectando la voluntad de lucha. c. En relación a los niveles de la conducción involucrados en la ejecución de

las MDO y la flexibilidad que requiere la estructuración de la respuesta militar para enfrentarlas:

Doctrinariamente, se asocia la conducción conjunta a aquella que desarro- lla una unidad que cubre un teatro de operaciones en el nivel operacional. Tradicionalmente, la conducción operacional por componentes u órga- nos de maniobra tiende a entregar la responsabilidad de cada dominio a una fuerza en particular, a saber: el Ejército para lo terrestre, la Armada para lo marítimo y la Fuerza Aérea para lo aéreo y lo espacial. Lo ante- rior inhibe, de cierta manera, la interacción conjunta en los niveles más bajos de la conducción. Esto tiende a centralizar la visión conjunta ex- clusivamente en el comandante del teatro de operaciones, quien coordina efectos en el nivel operacional en los distintos dominios, a través de fuer- zas no conjuntas en el nivel táctico.

Sin embargo, las lecciones aprendidas en las últimas décadas, demuestran que el adversario ha buscado y conseguido ventanas de ventaja en los distintos dominios en forma más específica y local. Dichas ventajas se comienzan a presentar en forma más frecuente en los niveles tácticos de la conducción militar.

En este sentido, se estima que una forma de hacer frente a este desafío, puede ser a través de la intensificación de las operaciones conjuntas. Lo anterior, bajo el concepto de que no solo se puede operar en cada domi- nio a través de la fuerza respectiva (Ejército en tierra, Armada en el mar y Fuerza Aérea en al aire y/o el espacio), sino que puede ser plausible dise- ñar campañas y operaciones íntegramente conjuntas. La organización de órganos de maniobra o fuerzas de tareas conjuntas que cubran todos los dominios de una parte del teatro de operaciones podría ser una alternati- va, pero no la única.

Por ejemplo, un órgano de maniobra táctico conjunto, que posea la capa- cidad de operar en los diferentes dominios, a través de una organización que incorpore medios terrestres, navales, aéreos, ciber/EEM y/o espacia- les, permitiría a ese comandante aprovechar las ventanas de oportunidades de un dominio en particular en su propia área de responsabilidad, (como por ejemplo, mejorando sus capacidades de observación, reconocimiento

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o de inteligencia), para apoyar el cumplimiento de los objetivos que le han sido asignados por el conductor operacional y otros que él establezca, de acuerdo a la situación táctica que se viva.

d. En relación a la integración de capacidades y al ritmo de batalla para conducir las MDO:

Planificar, coordinar y ejecutar operaciones que involucren capacida- des de distintas instituciones de la defensa requiere de una concepción y sincronización muy detalladas. Apoyar por aire o por mar una acción terrestre precisa de un sinnúmero de medidas de coordinación que ponen a prueba a cualquier comandante y grupo de planificación para conse- guir exitosamente los objetivos previstos. Operar entre y a través de los dominios demanda asimismo, una estructura organizacional y funcional acorde a las exigencias de la tarea y de las capacidades de las fuerzas. En ese sentido, el Deployable Training Division (2013) plantea que el

ritmo de batalla es el concepto que vela por asegurar la mejor gestión del tiempo, recurso más importante para el comandante y el grupo de planificación. En ese sentido el ritmo de batalla actúa como un ciclo ruti- nario de actividades del comandante y su estado mayor, que les permiten sincronizar las operaciones en curso y futuras. Es por ello que este ritmo de batalla requiere ser flexible y adaptable a los permanentes cambios que se generan en la conducción de las operaciones. La creciente necesidad de coordinar acciones conjuntas cada vez más complejas, obliga a planificar y ejecutar un ritmo de batalla que sea capaz de mantener la iniciativa, junto con coordinar eficientemente el empleo de fuerzas de distinta na- turaleza. Lograr obtener esta detallada integración y sincronización de las capacidades de distintas fuerzas que operan en dominios diferentes, es la base para desarrollar las capacidades que se proponen en el punto siguiente.

e. En relación a la estructura, organización y tripulación de los puestos de mando y grupos de planificación para enfrentar las MDO:

El cuartel general donde se diseña, planifica y conduzca las operacio- nes militares es, probablemente, la pieza fundamental del engranaje de capacidades que deberá poseer una fuerza en función de desenvolverse eficazmente en las complejidades y características de las MDO.

En este sentido, el elemento humano representado por el comandante y su grupo de planificación es la parte esencial a la que se debe poner atención al momento de organizar y tripular un puesto de mando en el ámbito conjunto.

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Como se indicó anteriormente, los núcleos de planificación requieren ser dotados de personal experto de cada institución, que establezcan la base de experiencia en las capacidades de cada fuerza en sus respectivos dominios, así como especialistas interagenciales, en las áreas de interés de acuerdo a los objetivos establecidos, pudiendo incluso requerir especialis- tas en lingüística y de cultura local.

Lo anterior conlleva dar un especial énfasis en las dotaciones que deben poseer estos grupos de planificación, tendiendo a completarlas de acuerdo a su real necesidad y a la forma que tengan de operar, en función de ajus- tarse al ritmo de batalla establecido y a los turnos de trabajo respectivos. Asimismo, es necesario contar con los oficiales de enlace militares y ci-

viles específicos para cada función, y entrenarlos de manera que puedan trabajar en forma sinérgica dentro de cada cuartel general, independien- temente del origen de estos.

En cuanto a la organización del estado mayor para enfrentar las MDO, las fuentes consultadas muestran que existe una variada forma de orga- nizar y tripular los equipos de planificación, de acuerdo a la necesidad especifica de la situación, del ritmo de batalla y a los objetivos a cumplir. Finalmente, resulta fundamental detectar las brechas organizacionales

y de entrenamiento que permitan, por una parte diseñar la estructura adecuada para enfrentar las MDO en términos de personal, equipo y medios y, por otra, determinar las necesidades de educación, capacitación y entrenamiento en estas funciones. No es lo mismo estar entrenado para planificar y conducir operaciones en el cuartel general de una unidad en el nivel táctico propio de un dominio en particular (ejemplo: el HQ de una brigada de ejército), que ser integrante de un estado mayor en el nivel operacional conjunto, el que opera a través de la filosofía de las MDO. La formación y entrenamiento en lo conjunto debe ser intensa y agregar a ello los aspectos interagenciales que también son parte del ambiente operacional.

f. En relación a la influencia sobre el dominio humano del adversario y la formulación de los objetivos:

Como se indicó, todos los esfuerzos políticos, estratégicos, operacionales y tácticos, deben tener como fin último afectar la mente del adversario y hacerlo llegar al convencimiento que sus esfuerzos no serán suficientes para conseguir sus fines. En esta lógica, la forma más eficiente de afectar el dominio humano es por medio del diseño de operaciones entre los dominios que tengan efectos directos en el conductor político, estratégico

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y operacional y en sus respectivos equipos de planificación. El dominio humano podrá contemplar también los efectos en la opinión pública, la comunidad internacional, medios de comunicación y redes sociales. Asimismo, los objetivos establecidos, y muy específicamente a los efectos

buscados, resulta fundamental que en la planificación y estructuración de estos se identifique claramente qué dominios se involucran o entrelazan en su consecución a través de un determinado tipo de unidad o solución técnica.

Al identificar los dominios a explotar en una determinada operación, facilitará la asignación de medios a emplear y, con ello, asegurar la sincro- nización de acciones entre fuerzas de distintas características (unidades terrestres del Ejército y la Fuerza Aérea, elementos aéreos de combate y/o de reconocimiento, unidades de guerra electrónica y/o ciber/EEM, unidades de artillería de campaña y anti-aérea, entre otros), en virtud del cumplimiento de la misión.

Conclusiones

Las experiencias del empleo de la fuerza militar en las décadas recientes, han demostrado cómo la capacidad militar está determinada no solo por la potencialidad y letalidad de una fuerza militar, sino además por la forma en que son empleados los medios disponibles, independientemente de su número y características. Esta forma o concepto de empleo de la fuerza es la piedra angular de la victoria o derrota en el campo de batalla moder- no. Aquella fuerza militar que sea capaz de emplear sus activos en forma más eficiente y coordinada, aprovechando sus ventajas en cada dominio, ex- plotando al máximo la experiencia e ingenio de sus planificadores, podrá cumplir sus objetivos militares y políticos, a pesar de una aparente disparidad de la fuerza.

Derivado de lo anterior, es importante tener en cuenta que los dominios en que se emplea la fuerza militar existen en todos los niveles de la conduc- ción. Por ende, una fuerza que se desenvuelve en el ámbito más táctico de las operaciones, tendrá también efectos de los otros dominios que influyen sobre él. Ello hace necesario analizar la forma en que se planifica el uso de la fuerza en virtud de agregarle una potencialidad conjunta de acuerdo a la situación y al escenario que enfrenta. Las acciones conjuntas no debieran ser prerrogativa del nivel operacional y estratégico de la conducción. Una

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unidad que opera en el nivel táctico, podría eventualmente ser conforma- da por medios conjuntos, en función de explotar en forma más eficaz las ventajas que puede encontrar en los distintos dominios que participan en configurar su ambiente operacional.

El elemento humano se consolida como la pieza fundamental para asegu- rar la ventaja en el campo de batalla. No solo porque la mente del adversario es el objetivo final de toda operación militar, sino porque la forma cómo se organice el ente planificador en todos los niveles de la conducción, la estructura de análisis del problema militar y político, así como la forma en que se definen los asesores, especialistas y otros actores para organizar un cuartel general, resulta ser la primera y gran consideración que debe tener un comandante para enfrentar las operaciones militares.

La guerra moderna, que se caracteriza por la volatilidad y ambigüedad de su entorno, donde los adversarios son difusos y las formas de empleo de la fuerza están cada vez más restringidas, es un escenario sumamente complejo en el cual los comandantes deben aprovechar cada potencialidad y ventaja para ser empleadas en beneficio del cumplimiento de sus objetivos. En este contexto, la doctrina de las MDO es una más de las herramientas con que cuenta la fuerza militar para definir la forma de empleo y la eficiencia de las operaciones. Sin embargo, los desafíos que esta presenta obligan a los plani- ficadores a rediseñar sus métodos de trabajo y a los comandantes a repensar la manera en que aplican la fuerza militar, en función de asegurar la ventaja militar, la iniciativa y la sorpresa, elementos fundamentales y tradicionales del conflicto armado. Tal como hace siglos el hombre ha utilizado la guerra como estrategia para conseguir un objetivo político y social, las MDO son una forma más, pero más adecuada a la realidad global y al avance tecnológi- co que condiciona existencia del ser humano.

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