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2. OBJETIVOS

3.2.5. Capital Humano y distribución de la renta

Una de las corrientes de investigación económica más importante ha analizado las relaciones entre el grado de concentración de la renta de trabajo y el capital humano (AVSI & otros, 2008).

La teoría más antigua de la desigualdad de la renta y del capital humano relacionaba la distribución de la renta a la distribución de las capacidades individuales, tradicionalmente supuesta de tipo gaussiano o normal (teoría de Galton). Según esta lógica la distribución de las rentas debía ser normal también. Pero en los Países occidentales hasta 1900, y en los países pobres hasta el presente, se ha observado un curso marcadamente decreciente de la curva de las rentas (con una alta concentración de las unidades económicas a un nivel de renta cerca de cero, la ausencia de la clase de trabajadores con renta medio-alta y pocas personas con rentas muy altas), y se encontró una situación de economías con fuertes desigualdades en la distribución de la renta: ésta fue la teoría de Pareto en 1895, confirmada por pruebas empíricas (AVSI & otros, 2008).

Hoy en día, las curvas de distribución de las rentas de los Países con economía desarrollada y de los países en desarrollo presentan una forma funcional unimodal asimétrica, con una frecuencia relativamente baja de las rentas muy bajas, una concentración de las rentas medio-bajas, y una frecuencia progresivamente decreciente de las rentas más altas. El trabajo pionero de Mincer (1958) analizó la relación entre rentas individuales y capacidades, introduciendo el concepto de capital humano como factor de crecimiento y, por tanto, de desigualdad de los ingresos entre los trabajadores durante toda su vida (AVSI & otros, 2008).

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3.2.5.1. Capital Humano y países en desarrollo

El tema del Capital Humano es muy importante para entender los mecanismos de los Países en Desarrollo (PED); en particular, por un lado el Capital Humano se considera como factor de reducción del gap con los países desarrollados, y por otro se incluye en el tema de la pobreza como uno de los posibles factores de reducción de la incidencia de la pobreza (AVSI & otros, 2008).

Según una sólida tradición de pensamiento, una de las causas fundamentales del subdesarrollo de un país es el crecimiento económico insuficiente, debido a escasez de capital físico junto, a retraso tecnológico (Gerschenkron, 1962; Nurkse, 1953; Solow, 1988).De la misma manera, los primeros estudios sobre los problemas de la pobreza en el mundo se centraban en la escasez de capital físico y aconsejaban una rápida industrialización de los países así llamados “atrasados” desde el punto de vista industrial y tecnológico. Este punto de vista sobre el problema no produjo resultados satisfactorios y fue objeto de muchas críticas en los años setenta y ochenta (AVSI & otros, 2008).

El fracaso de la industrialización en unos Países de América Latina, de África y de Asia sirvió para subrayar la importancia del factor humano para hacer producir las potencialidades económicas de los recursos disponibles. En realidad el capital físico está formado por bienes que son, a su vez, el resultado del trabajo del hombre. Su verdadera potencialidad económica está en su tecnología, que es conocimiento humano aplicado a la producción (AVSI & otros, 2008).

La inversión en capital humano tiene un coste representado por el gasto para adquirir la instrucción necesaria; el objetivo es un rendimiento constituido por la diferencia de sueldo que el trabajador instruido cobra en el mercado del trabajo con respecto al trabajador no instruido. Esto pasa porque la inversión en capital humano aumenta la productividad del trabajador así como la inversión en capital físico (AVSI & otros, 2008).

53 Esta intuición produjo, en los años sesenta, una amplia literatura empírica que tenía el objetivo de descubrir y medir el aporte de los diferentes factores en el crecimiento económico a través de una verdadera contabilidad del crecimiento mismo. El experimento más importante de este tipo es el de Denison (1967, 1979) que calculó la función de producción indicando como input el capital y el trabajo (años de instrucción mediamente adquiridos por los trabajadores): los resultados muestran que la instrucción contribuye positivamente al crecimiento del producto y que este aporte se puede evaluar con un valor entre 15% y 25% del crecimiento total (AVSI & otros, 2008).

Diferentemente del capital físico, cuya capacidad motora tiende a reducirse hasta desaparecer al aumentar de la acumulación, el capital humano puede ser un motor inagotable del crecimiento. En otras palabras, la inversión en capital humano (que es el resultado de decisiones de los agentes económicos) puede producir un crecimiento continuado en el tiempo que depende de factores internos a la lógica de funcionamiento del sistema económico (AVSI & otros, 2008). Lucas (1988) explica este círculo virtuoso afirmando que el capital humano, diferentemente del físico, produce externalidades positivas (AVSI & otros, 2008).

Los estudiantes en los PED muestran que los factores relativos a la estructura institucional de un País son muy importantes, especialmente la tipología de los sistemas educativos (AVSI & otros, 2008). Se afirma que la desigualdad entre los países en términos de renta depende sobre todo de una de las dimensiones que más la determina, como el capital humano y su distribución desigual (AVSI & otros, 2008).La formación, la acumulación y la distribución del capital humano contribuyen a la reducción de la desigualdad de su distribución, que a su vez contribuye a aumentar el crecimiento y el desarrollo de la economía, la compartición del trabajo y, por tanto, el total de la renta del trabajo y, en fin, su proporción en el producto nacional (AVSI & otros, 2008).

El estudio afirma que para reducir la diferencia de bienestar entre PED y PD (Países desarrollados) la única solución es la fuerte inversión en capital humano, en los sectores tecnológicos y en la potenciación de las infraestructuras socio-económicas en los países que

54 viven realidades menos ventajosas: sin un verdadero compromiso para reducir la desigualdad del stock de capital humano, no es posible realizar un proceso de convergencia entre realidades del mundo tan distantes. Pero una política que tiene el objetivo genérico de aumentar los niveles de educación y formación no es suficiente si no se lleva a cabo en un contexto y una estructura institucional/económica que permita traducir las rentas individuales más altas en un aumento del producto nacional (AVSI & otros, 2008)..

El contexto económico deseado por Dagum (2003) incluye una estructura de incentivos para dirigir las inversiones en capital humano hacia actividades empresariales nuevas y hacia aquellos sectores que más contribuyen al crecimiento, al mismo tiempo desfavoreciendo las actividades cuyo objetivo es la obtención de rentas y el simple traslado de la riqueza. El proceso de crecimiento, y más en general de desarrollo, es mayor al aumentar de la calidad del trabajo que crea tecnología y la utiliza de manera adecuada (AVSI & otros, 2008).

Las políticas de capital humano deben ser apoyadas por una fuerte reestructuración del sistema financiero favoreciendo el desarrollo de proyectos (seleccionados y realizables) de inversiones de las pequeñas, medianas y grandes empresas. Las pequeñas y medianas empresas contribuyen de manera más que proporcional a la demanda de trabajo con respecto a las grandes empresas. Además, si apoyadas adecuadamente, ellas se desarrollan y crecen para llegar a ser grandes empresas, capaces de competir con éxito en el mercado internacional (AVSI & otros, 2008).Está claro que la disponibilidad de Capital Humano o de tecnologías desarrolladas puede ser irrelevante para el desarrollo local si la población no aprende a utilizar y a crear autónomamente las tecnologías, sobre todo si no tiene medios de sustento y/o hay obstáculos que impiden condiciones de vida adecuadas (AVSI & otros, 2008).

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