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Clasificar los cuentos es una tarea difícil dado el enorme volumen de materiales. Por eso, y con el fin de entender en qué consiste la literatura para niños, analizaremos sus características y su proceso de producción. «Las características de la literatura infantil son las características de todo texto literario» (Ruiz, 2000:17). De hecho, Ruiz sostiene que el texto literario es cualitativamente el mismo tanto para el adulto como para el niño, es decir, en ambos casos está caracterizado por el uso del lenguaje artístico frente al lenguaje estándar. Las obras de literatura infantil se caracterizan por su función didáctica, por tener al niño como receptor primario y por el importante papel de las ilustraciones que enriquecen el texto y son especiales para los niños que tienen su primer contacto con la lectura. Otra característica destacable de las obras infantiles es la presencia de construcciones sencillas. De hecho, los libros se caracterizan por su brevedad

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y presentan un carácter fantástico. Como afirma López Tamés, en su Introducción a la literatura infantil:

«Todos los cuentos tienen la misma construcción. Cumplen con un principio y final estereotipados. Los protagonistas tienen cualidades simples, bien notorias. La acción se repite tres veces. Las acciones se encadenan siempre de la misma manera y se narran con los mismos términos. No hay descripciones de lugares ni encuadres temporales precisos» (López Tamés, 1990:35).

Los personajes de los cuentos tampoco tienen ambigüedad, son totalmente buenos o radicalmente malos y lo mismo en cuanto a la belleza y las jerarquías sociales: pobre, rico, príncipe, campesino. Además, entre otras características, el mundo de los vivos se mezcla con el de los muertos y lo real se entrelaza con lo maravilloso: «un conflicto, el héroe y sus obstáculos, un adversario sobrenatural que puede ser un dragón o monstruo indefinido. Supera las dificultades con la ayuda de elementos mágicos y alcanza el reino y mano de la princesa» (López Tamés, 1990:37).

Desde otra perspectiva, acorde con la opinión de otros autores, brevedad y sencillez no son sinónimos de pobreza léxica. Por consiguiente, las obras de literatura infantil deben contener un vocabulario rico y estimulante que no se limite a términos comunes y conocido por los niños.

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Según Juan Cervera (1989), los cuentos infantiles pueden ser creados de tres formas distintas:

 Literatura ganada, es decir, la que «engloba todas aquellas producciones que no nacieron para los niños, pero que, andando el tiempo, el niño se las ganó o se le destinaron, previa adaptación o no» (Cervera, 1989:159).

 Literatura creada para los niños. Es la que tiene como destinatario específico al público infantil. En esta categoría se podrín incluir Las aventuras de Pinocho.

 Literatura istrumentalizada. Se trata de obras creadas para estudiantes de preescolar o pertenecientes al primer ciclo de primaria y que se utilizan con un fin didáctico.

A la luz de estos factores, se puede constatar el hecho de que el niño puede sorprendernos a la hora de expresar estéticamente su experiencia de la realidad. Por otra parte, el niño tiene derecho a disfrutar leyendo, a emocionarse con lo que los demás escriben, pero también a comunicar toda su personalidad usando para ello la lengua en una de sus más extraordinarias funciones: la estética.

Sin embargo, según López Tamés:

«Al lado de la razón cuya finalidad es fabricar historia, la fantasía rompe el objetivo, separa, pone y quita, construye uno nuevo, ‘fabrica leyenda’. Así pretende arrancar el ‘antifaz de la realidad’ y logra conocer la ‘eterna faz deseable’ de las cosas. Esta es la naturaleza infantil y si el niño es privado de esta actividad, cuando sea adulto la buscará. Es necesario cumplir el vacío» (López Tamés, 1990:48).

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Por otro lado, el niño necesita ser conmovido, provocado por las diferentes situaciones representadas en el cuento y por eso se identifica con los antagonistas y héroes del mismo. Dentro de este proceso, la familiaridad con el mundo de los animales es uno de los rasgos destacables de la literatura infantil (núcleo de este trabajo que será profundizado en el capítulo siguiente). Los niños los consideran compañeros humildes, son manejables y siempre están cerca. De hecho, el mundo animal supone dimensiones infantiles negadas por el de los adultos: son el símbolo de la pureza, es el caso del perro que se convierte en el mejor amigo del niño, pero al mismo tiempo representan la maldad, como en el caso del lobo que siempre encarna una figura temeraria. Representan el contacto con la naturaleza. Sobre ellos se proyectan cualidades, teniendo en cuenta las características de cada animal. Cenicienta, Caperucita Roja, la Bella y la Bestia, el Rey rana, el Gato con botas, son ejemplos que reflejan este concepto. En estos relatos, el animal-personaje siempre establece una relación especial con el protagonista, como es el caso de la Bella y la Bestia, o representan el milagro de la carroza y de los cocheros en Cenicienta.

Como hemos mencionado en las primeras líneas de este apartado, otro rasgo más singular de la literatura infantil es la interacción entre texto e imagen. Este aspecto resulta especialmente relevante en los libros para edades tempranas en los que las ilustaciones se convierten en la principal fuente de información. De hecho, en los libros ilustrados, los dos códigos, el lingüístico y el visual, interactúan, en general, para contar la misma historia (la imagen completa la

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información del texto o al revés). En estos casos, la imagen nos permite hablar de traducción intersemiótica, ya que los códigos que la forman explicitan lo que puede resultar ambiguo o lo que queda abierto en el texto escrito. Por lo contrario, las ilustraciones suelen condicionar el trabajo del traductor ya que él procura evitar contradicciones entre texto e imagen. Esto puede resultar un problema cuando las ilustraciones contienen una referencia cultural que el receptor del texto meta puede no entender. En ciertas ocasiones esta dificultad se suele solucionar en la imagen que resulta problemática. En caso contrario ha de buscarse una estrategia de traducción que la resuelva. Por otra parte, la importancia de las ilustraciones puede variar de unos casos a otros: pueden construir un elemento puramente ornamental, sin vinculación icónica con la historia, hasta constituirse en la faceta primordial del libro o en la única relevante. Sin embargo, el papel de las ilustraciones puede verse modificado en la traducción, a través de unos paratextos diferentes o nuevas ilustraciones.

Por otro lado, el humor es un buen compañero de los relatos de aventuras, de esos cuentos fantásticos. Situaciones dramáticas pueden abordarse desde una perspectiva tratada con humor. Esta característica implica un cambio que nos permite escapar de una situación desagradable, huir y sacarla para verla desde fuera y observarla desde otra panorámica diferente. El sentido del humor en la literatura ha sido de alguna forma la narración que nos habla de la visión del mundo de cada grupo y cada época. Asimismo, el elemento humorístico posee un gran valor pedagógico, nos enseña a relativizar, es un medio por el cual el lector más joven puede desarrollar el sentido crítico. Puede resultar una vía atractiva

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para emprender el camino hacia la lectura, también para observar el mundo bajo aspectos divertidos y contradictorios. No cabe duda de que es un elemento clave en el panorama literario infantil.

Otro aspecto fundamental es el juego con el lenguaje. Aunque no lo parezca, la

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