De acuerdo con la definición de proyecto migratorio que hemos expuesto más arriba, consideraremos como migrantes a aquellas mujeres que han cambiado recientemente de residencia, es decir, el espacio físico en que llevaban a cabo sus relaciones sociales cotidianas. En este caso, se trata de migraciones internacionales, ya que han establecido su residencia en un país diferente al que nacieron.
Conviene notar que desde esta definición la condición de migrante no se hereda, así que no podríamos hablar de migrantes de segunda, tercera o de
enésima generación. El proceso migratorio termina una vez que quién lo inició se ubica en algún lugar de la estructura social del lugar de destino. Lo cual, por supuesto, no dice nada sobre el hecho de que se puedan iniciar nuevos procesos migratorios.
Trataremos en nuestro estudio aspectos relativos al viaje social de mujeres tras dos años de permanencia, porque es bastante probable que después de ese período las mujeres ya se hayan ubicado socialmente en algún lugar de la estructura social de Almería.
Como venimos haciendo hasta aquí, nos centraremos en dos grupos de mujeres, las que proceden de Inglaterra y las que vienen de Marruecos, cuyos destinos han sido una ciudad del sur de Europa, Almería. Estos dos grupos de mujeres hay que inscribirlos en dos corrientes migratorias, es decir, dos conjuntos de migrantes que en un período concreto trasladan su residencia. Dos corrientes migratorias cuya intensidad (número de migrantes) es alta en comparación con la de otros grupos63. Unas proceden de un país ‘rico’ y otras de un país ‘pobre’, unas se mueven desde el espacio físico del ‘dentro’ de la Fortaleza y otras se mueven desde el ‘fuera’ de la Fortaleza.
Vamos a situar el discurso de estos dos grupos de mujeres en torno a cuatro variables.
A/ La primera variable que vamos a tener en cuenta es la edad. La edad de
las mujeres nos permite situarlas en diferentes grupos generacionales, es, por tanto, un indicador de los tiempos sociohistóricos vividos. Al mismo tiempo, “la cultura adquirida sólo tiene valor como instrumento y arma de nuevas conquistas”
(ORTEGA, 1990: 70)64. Aún más, la edad de una persona no puede ser observada
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Hasta el 30 de septiembre del año 2000 en la provincia de Almería había 39.033 residentes extranjeros De ellos, 20.186 eran de origen marroquí, y 2.760 de origen inglés. Se trata de las dos poblaciones con mayor número de migrantes, seguidas de la senegalesa, con 1.841 personas, la alemana, con 1.410, la de Guinea Bissau, con 1.249 personas y la de Francia, con 1.056 personas (Fuente: Subdelegación del Gobierno en Almería. Oficina de Extranjeros)
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La idea de generación que Ortega empieza a trabajar en Meditaciones del Quijote, libro al que pertenece la anterior cita, tiene interés para nosotros porque nos permite entender cómo se reelabora el pasado y se usa como recurso para construir futuro. En El Tema de nuestro tiempo, Ortega se refiere a una ‘sensibilidad vital’, que sería necesario definir en cada época, para comprenderla. De ese modo, “las generaciones nacen unas de otras, de suerte que la nueva se encuentra ya con las formas que a la existencia ha dado la anterior. Para cada generación, vivir es, pues, una faena de dos dimensiones, una de las cuales consiste en recibir lo vivido -ideas, valoraciones, instituciones, etc.-por la antecedente: la otra deja fluir su propia espontaneidad” (ORTEGA, 1981: 80).
como una cuestión de cifras, sino más bien hay que encuadrarla en una etapa del drama vital que conlleva un modo concreto de vivir65. En este sentido, es posible que mujeres de diferentes edades no experimenten los procesos migratorios del mismo modo. Puede que ni siquiera ocurra entre las que forman parte de la misma generación66.
Como nos interesan específicamente experiencias relacionadas con los cambios en relaciones sociales, nos centraremos en mujeres cuya socialización primaria se haya llevado a cabo en esos dos países de origen y que luego hayan iniciado el proceso migratorio.
B/ La segunda variable es el nivel de instrucción. El analfabetismo es un
indicador de las imposibilidades de comunicación -escrita- con las que cuenta un grupo social e implica que determinados grupos sociales queden aislados en una sociedad donde la abundancia y rapidez de la información son una de sus características primordiales67. Por otro lado, los títulos académicos no aseguran que se vayan a generar nuevas relaciones sociales más igualitarias entre los sexos, pero tal vez sí permite acceder a espacios sociales considerados como ‘públicos’ y con un mayor prestigio social68.
C/ La tercera variable que tendremos en cuenta será la relación con el trabajo
-remunerado /no remunerado y el tipo de ocupación- así como las relaciones sociales entre los sexos-géneros que dicha relación impone. Es notable la menor incidencia de la actividad y el empleo entre las mujeres que entre los hombres, si se
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En En torno a Galileo, plantea que el concepto de las edades, “se forma primariamente sobre las etapas del drama vital, que no son cifras sino modos de vivir” (ORTEGA, 1996 :92)
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Ortega diferencia, dentro de cada generación, entre una minoría de avanzadadilla y el vulgo retardatario que hostiliza a su espalda. Por eso, mientras esa minoría fuerza la situación para edificar lo nuevo, tiende a defenderse de lo viejo, marcando lo que Ortega denomina, “una cierta altitud vital, desde la cual se siente la existencia de una manera determinada” (ORTEGA,1981: 79).
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Como se puede observar en la tabla 3 (Anexo II),entre las mujeres extranjeras, de más de 10 años de edad, que residían en España, las de la Europa de los 15 tenían un nivel de instrucción mayor que las africanas del norte. Entre las primeras, había un 2,06% de analfabetas, 9,18% sin estudios, 23,53 con estudios primarios, 52,09% con estudios secundarios y el 13,15% con estudios superiores. Entre las africanas del norte había un 18,45% de analfabetas, un 31,72% sin estudios, 27,57% con estudios primarios, 19,10% secundarios y un 3,15% con estudios superiores.
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Como destacábamos en el epígrafe anterior, en las sociedades occidentales actuales, el hecho de que las mujeres accedan a la educación y al trabajo remunerado no significa que se de una mayor igualdad entre hombres y mujeres, sino que es un indicador de un orden de sexo-género que ya no está basado en la coerción, sino en el consentimiento.
mira desde las estadísticas69. Sin embargo, queda por ver el significado que tiene esta menor incidencia, qué sentido tiene para las mujeres, qué partes de sus vidas
se transforman más y qué resistencias encuentran en el núcleo doméstico70.En
cuanto a la inserción en los mercados laborales españoles hay que tener en cuenta que se trata de unos mercados laborales enormemente fragmentados según el sexo y el país de origen71.
D/ La cuarta variable es la participación en las instituciones sociales. Los
órdenes de sexo-género (tanto coercitivo como de consentimiento) promueven definiciones y agendas donde la política no termina de recoger las preocupaciones de las mujeres. Lo anterior, unido a procesos de socialización en roles ‘apolíticos’ conducirán al hecho de una menor participación en asociaciones y partidos políticos72.
En cuanto a las técnicas a emplear en nuestra investigación, no vamos a defender que exista una metodología feminista. En el contexto de esta investigación concreta, usaremos técnicas cualitativas, en concreto entrevistas semiestructuradas. Como se explicará más adelante, para comprender la diferencia entre las experiencias concretas sobre relaciones de sexo-género y los discursos que sobre ellas se vierten, no es conveniente centrar nuestro análisis sobre cantidades, sino que se trata, en este primer momento, de entender la semántica de dichos discursos.
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En lo que se refiere a la diferencia de actividad por sexos en los países de origen, ver Anexo I, porcentaje de activos por sector. Se puede observar que las británicas han entrado en el mercado de trabajo, principalmente en el sector servicios, mientras que en el caso de Marruecos, ese proceso no ha tenido lugar, y quizá eso explique por qué su tasa de actividad es mucho más baja (21% frente a 31% de las británicas en 1994).
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Como destaca Susan Yeandle en La vida de las mujeres en las ciudades, para el caso de Inglaterra, “estimaciones recientes revelan que en Gran Bretaña, un 41% de las mujeres ocupadas trabajan algo menos de 30 horas a la semana, un 31% entre 37 y 42 horas semanales y un 9 por ciento 45 horas o más a la semana (Cominisón Europea, 1994)” (YEANDLE, 1998: 47).
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En una investigación anterior que llevamos a cabo en Granada constatamos la fuerte segmentación de los mercados de trabajo para las mujeres migrantes. Para las del sur predominaba el servicio doméstico y para las del norte, la enseñanza y el turismo. (ROQUERO Y RODRÍGUEZ, 1995).
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Como se puede observar en el Anexo I, las mujeres británicas ocupan un porcentaje de escaños mayor que las marroquíes (9% frente a 1%). En ambos casos, el porcentaje es bajo, pero en Marruecos es mucho más acentuada esa situación. Si se analiza la participación de las mujeres en las elecciones comunales y legislativas desde 1960 hasta 1997, los datos arrojan un porcentaje de mujeres candidatas de un 1,02 de media. El porcentaje más alto se produjo en las elecciones legislativas a la Cámara de Representantes de 1997, donde se llegó a alcanzar un 2,1 %de mujeres candidatas y dos mujeres elegidas (PAREJO FERNÁNDEZ, 2001: 108).