2. MARCO TEÓRICO
2.1. Estado de conocimientos
2.1.5. Biomecánica de los saltos
2.1.5.6. Características de las fases de los saltos
Siguiendo los criterios de clasificación de los saltos de Brüggermann (1987), Gutiérrez (1988) y Hay (1993) las características biomecánicas propias de cada fase son:
Fase de aproximación o subfase preliminar
El objetivo de esta fase es adquirir la velocidad de desplazamiento lineal adecuada para iniciar la fase de batida, que permita obtener a la gimnasta una mayor altura y amplitud articular en el salto, es decir, aumentando la componente horizontal de la velocidad (anteroposterior y mediolateral) y vertical del centro de gravedad. Según Jastrjembskaia y Titov (1999) en Gimnasia Rítmica Deportiva, la velocidad anteroposterior deberá ser de una intensidad media, ya que parte de la velocidad anteroposterior se deberá transformar en vertical. Para que se cumpla el principal objetivo de esta fase, la trayectoria del centro de gravedad deberá ser lo más rectilínea posible, exceptuando los dos o tres últimos pasos antes de la batida, en los que el centro de gravedad tendrá que descender para que no quede limitada la componente vertical de la velocidad inicial y para incrementar la velocidad angular, en el momento de la batida, de la pierna de impulso (Gutiérrez, 1988). La rotación de los diferentes segmentos corporales actuará desplazando el centro de gravedad en una trayectoria rectilínea (Kreighbaum y Barthels, 1981).
Otro de los objetivos de esta fase es la colocación global y segmentaria correcta del cuerpo para poder utilizar las palancas al más alto nivel de rendimiento (Bravo, 1992).
Fase de batida, despegue o subfase de despegue
Esta fase se inicia en el momento en el que la gimnasta acorta el paso de carrera realizando un movimiento de flexión vertical de los miembros inferiores hacia abajo, hasta el momento en el que se produce el último contacto con el suelo, tras la extensión total de las articulaciones del miembro inferior.
El objetivo de esta fase, también llamada fase de repulsión, es adquirir una altura del Centro de Gravedad máxima (CDG).
En cuanto a la altura y la distancia del salto, además de ser imprescindibles adquirir velocidad y altura del centro de gravedad en el instante de despegue, se necesita dirigir de manera óptima el vector fuerza resultante, de tal manera que se maximice su componente vertical sobre el centro de gravedad (Ferragut et al.,
2003). Se trata de transformar parte de la velocidad horizontal en velocidad vertical, conservando la componente horizontal restante generada durante la carrera previa (Gutiérrez, 1988). En definitiva, se aprovechará la energía cinética adquirida en la carrera horizontal previa, transformando parte de ésta, en energía potencial (Ozolin, 1973). Concluyendo, durante la batida, la velocidad horizontal (anteroposterior y mediolateral) del CDG deberá reducirse en la medida en que aumenta la vertical.
Esta fase es de vital importancia, tal y como se indica en el análisis cualitativo de Hay (1993) y de Izquierdo et al., (1994), ya que el vuelo que realice la gimnasta va a estar condicionado por variables biomecánicas que puedan ser optimizadas en el instante del despegue:
Velocidad del centro de gravedad. Altura del centro de gravedad. Ángulo del vector velocidad.
Momento angular generado en el eje transversal que pasa por el CDG
permitirá una adecuada disposición para la recepción o aterrizaje.
Autores como Bravo (1992) consideran esta fase como el 50% del salto en cuanto a importancia.
De esta forma, cualquier tentativa por parte de la gimnasta de adquirir más elevación, deberá incluir modificaciones, tanto en la velocidad, como en la altura del centro de gravedad en el instante final de la batida para lograr el efecto deseado (Hay, 1993). Es por tanto, una fase que va a contribuir a definir las características del vuelo y también del aterrizaje.
Diferentes investigaciones demuestran que existen tres formas de realizar el despegue o la batida (Jastrjembskaia y Titov, 1999) (Figura 7):
Despegue elástico, que tiene un tiempo de despegue corto, de entre 0. 26
y 0.5 s.
Despegue potente, que tiene un tiempo de despegue mayor, de entre
0.31 y 0.42 s
Despegue intermedio, con una forma inestable.
Sin embargo, estudios realizados por Lazarenko (1991) con gimnastas del equipo nacional de la antigua URSS, demostraron que el tiempo medio de batida de estas gimnastas se encontraba entre 0.15 – 0.26 s usando despegues elásticos, mientras que gimnastas menos experimentadas elevaban el tiempo de despegue hasta 0.28 s. Sin embargo, Smolevsky y Gaverdovsky (1996), encontraron que los tiempos de batida se encontraban entre 0.10 y 0.15 s para gimnastas experimentadas, sin tener datos de gimnastas no experimentadas. Ambos estudios indican el escaso intervalo de tiempo del que disponen las gimnastas para realizar la batida.
Figura 7. Tiempos de realización de diferentes batidas (Jastrjembskaia y Titov, 1999)
Según Dapena (1995, p.65):
“Un atleta debe conseguir suficiente velocidad horizontal durante la carrera, para que parte pueda perderse en la batida mientras el atleta obtiene velocidad vertical. Si esto no se produce, se puede decir que la carrera no está siendo utilizada correctamente para ayudar a saltar más alto”.
Pero la velocidad que se puede llegar a adquirir en la batida, se ve, a su vez, condicionada por aspectos como:
El contramovimiento, es decir, impulso previo de los miembros inferiores,
partiendo de una extensión parcial o total.
La contribución de los miembros superiores en el impulso.
Sin embargo, tanto el contramovimiento como la utilización de los brazos no deben usarse siempre, ya que según la técnica en la que se apliquen, puede llegar a ser contraproducente. En la Gimnasia Rítmica Deportiva, por ejemplo, las gimnastas no pueden realizar el balanceo de brazos ya que, en la mayoría de las ocasiones, sus manos están ocupadas con los aparatos gimnásticos, mazas, pelotas, cuerdas o aros.
En la batida o despegue, se debe tener en cuenta también la capacidad de la gimnasta para acelerar los segmentos implicados en el salto, es decir, la coordinación de los segmentos corporales.
Fase de vuelo
En esta fase la gimnasta se encuentra en el aire, es decir, empieza en el instante que la gimnasta abandona el suelo y termina cuando la gimnasta realiza el primer apoyo en el aterrizaje.
El objetivo que se pretende cumplir es realizar los movimientos de una forma amplia y estética. Para conseguir este objetivo, se debe tener en cuenta el tiempo de vuelo ya que es uno de los índices importantes de calidad de ejecución. Cuanto más tiempo tenga la gimnasta en el vuelo, más elevada podrá ser la calidad de su trabajo, aumentando la posibilidad de ejecutar ejercicios complejos, y aumentando también la seguridad de ejecución de dichos ejercicios (Smolevsky y Gaverdovsky, 1996).
La duración del vuelo y los parámetros de la trayectoria están totalmente determinados por la velocidad inicial de despegue del CDG del cuerpo de la
gimnasta. Por lo tanto, el tiempo que necesita la gimnasta para alcanzar la postura deseada sólo puede ser conseguido incrementando la velocidad del CDG en el momento del despegue (Jastrjembskaia y Titov, 1999). Estudios realizados por estos autores y Lazarenko (1991) mostraron que la media del tiempo de vuelo para gimnastas experimentadas, en saltos con impulso previo, fue de 0.520 s, mientras que en gimnastas, con menor experiencia, su tiempo de vuelo descendió a una media de 0.456 s.
En esta fase, el control del cuerpo y a la vez la amplitud de los movimientos que está realizando, es uno de los aspectos más difíciles de controlar por parte de las gimnastas.
Fase de aterrizaje o recepción
Esta fase se inicia cuando la gimnasta toma contacto con el suelo y termina con el mantenimiento de una posición estable para poder iniciar el siguiente salto u otro movimiento.
El objetivo de esta fase es disminuir la velocidad del centro de gravedad de la gimnasta, adquirida previamente, para lograr una posición estable y estética. Son tres las tareas de las gimnastas en la fase de aterrizaje (Pavlov, 1993):
La absorción del impacto en el apoyo.
Obtener y mantener una posición estable. La velocidad horizontal del
cuerpo durante la fase aérea es el parámetro más crucial en la estabilidad del aterrizaje.
Cumplimentar los requerimientos estéticos del ejercicio.
El aterrizaje implica una contracción excéntrica de los músculos extensores del miembro inferior (amortiguación) seguida de una contracción concéntrica en el
caso de iniciar el despegue del segundo salto. Se trata de la realización de un movimiento pliométrico.
Con el fin de cumplir el objetivo principal de esta fase es necesario seleccionar la mejor estrategia para el aterrizaje. Las gimnastas escogen aquella acorde con la altura de la cual vayan a caer, según el salto que vayan a realizar y de acuerdo a los componentes de velocidad que sean necesarios contrarrestar. Sin embargo, McNitt-Gray (1991) y McNitt-Gray et al., (1993), comprobaron que esas estrategias están adaptadas a su propia técnica, independientemente de la velocidad de caída. Esto hace que la gimnasta tenga un aterrizaje estable ante las diferentes condiciones de caída.
Por otra parte, la estabilidad en el aterrizaje depende de la trayectoria del cuerpo de la gimnasta durante el vuelo, caracterizada por la relación entre los movimientos lineales y de rotación. En movimientos con trayectoria vertical de vuelo donde el movimiento rotatorio es importante, el punto del contacto inicial en el aterrizaje deberá estar cercano a la proyección vertical del centro de gravedad. Éste es uno de los principios que se deben cumplir para que la estabilidad sea mayor (Luttgens y Wells, 1982) (Figura 8).
Figura 8. Proyección del centro de gravedad en el centro de la base de sustentación (Luttgens y Wells, 1982)
Desde el punto de vista técnico y estético, el ángulo de flexión, en el aterrizaje, tanto de cadera como de rodilla no debe sobrepasar los 90º (Pavlov, 1993).
Un buen aterrizaje debe reducir la disminución de aceleración surgida en el momento del contacto con el suelo.
Despegue o batida del segundo salto
Esta fase se inicia cuando la gimnasta consigue una posición estable del aterrizaje del vuelo realizado y termina cuando se produce el último contacto con el suelo para iniciar su segundo vuelo.
Está totalmente condicionada por el aterrizaje del primer salto. Las características y objetivos de esta fase son las mismas que las explicadas en la fase de despegue o batida.