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8. Definición de términos

1.3. Características de los agresores sexuales

A. Psicológicas

Según Ortiz, Sánchez y Cardenal (2002), citado por Larrota & Rangel-Noriega, (2013). Establecen que los agresores sexuales de menores, presentan dificultades en el desarrollo de sus relaciones interpersonales, buscan la aceptación social pero al mismo tiempo sienten un intenso miedo al rechazo, por lo cual optan por distanciarse de sus pares para evitar el menosprecio y la humillación que suponen; tienen además conflictos para asumir roles maduros e independientes, inhibiéndose así de responsabilidades adultas. Mientras que los agresores sexuales de adultos, manifiestan rasgos de personalidad

dependientes, antisociales, compulsivos y con trastornos de personalidad límite o borderline.

Los abusadores sexuales son heterogéneos en las características de personalidad y psicopatología; pueden o no tener trastorno de personalidad y cuando lo hay, es principalmente trastorno de personalidad antisocial o de tipo limítrofe, con dificultad en el control de impulsos y en lograr relaciones de intimidad; presentan distorsiones cognitivas, dificultades en el desarrollo de la empatía y en la habilidad de entender y atribuir estados mentales a otros; y tienen especial habilidad para identificar a personas vulnerables (González, Martínez, Leyton y Bardi, 2004). Así mismo, este tipo de delincuentes presentan en su mayoría abuso de sustancias y consumo de alcohol (Echeburúa, Fernández y Salaberría, 1995; citados por Larrota, R. & Rangel-Noriega, K., 2013); aunque tengas menos probabilidades de ser adictos (Fazel, Hope, Donell y Jacoby; 2002).

B. Sociodemográficas

a) Edad: Según Romero (2006), citado por Valencia, Labrador y Peña (2010), refieren que la mayoría comete los delitos sexuales entre los veinticinco y los cuarenta años, pero siguen cometiendo las agresiones sexuales hasta los sesenta y setenta años. Además se tiene como dato que el 20% de las agresiones sexuales son perpetradas por adolescentes y que el 50% de los abusadores sexuales mayores hayan llevado a cabo sus primeras conductas cuando tenían menos de dieciséis años (Romero, 2006; citado por Valencia, Labrador y Peña, 2010).

En el Perú, la mayor parte de la población penal internada por delitos sexuales se encuentra entre las edades de 25 a 40 años, luego, los porcentajes disminuyen, llegando al grupo de 60 años a más, en donde la proporción de internos comienza a aumentar nuevamente (INDAGA, 2018).

b) Sexo, estado civil y parentesco: Romero (2006), citado por Valencia et al. (2010); sostienen que el delito sexual es cometido mayoritariamente por varones (entre el 85% y

el 90%), y la mayoría de sus víctimas suelen ser mujeres y niños”. Suelen estar casados y habitualmente entre el 65% y el 85% de los casos, son familiares en primer grado (Echeburúa y Guerricaechevarría, 2000; Noguerol, 2005; citados por Valencia et al., 2010).

En el Perú, la población penal internada por delitos sexuales es mayoritariamente masculina, siendo del total de internos por estos delitos (16,127), solo el 0.2% mujeres (29). En lo relacionado al estado civil de los agresores sexuales, se observa que la mayoría suelen ser convivientes y solteros y, la mayor parte de estos internos (76.1%) tienen hijos (INDAGA, 2018).

c) Nivel de instrucción: Se observa que en los agresores sexuales, el 60,6% no ha concluido la educación básica regular, en tanto que el 11.1% cuenta con educación superior, ya sea completa o incompleta (INDAGA, 2018).

d) Ocupaciones: Según los datos de los internos a nivel nacional, manifiestan que el 90.4% se ha desempeñado laboralmente en oficios, un 3.6% refieren haber laborado como técnicos, un 3.5% como profesionales y un 1.7% indicó haber sido estudiantes antes de su internamiento; un porcentaje muy minoritario (0.8%) indicó no haber trabajado antes de su ingreso al establecimiento penitenciario. (INDAGA, 2018).

e) Socio – familiares: Romero (2006), citado por Valencia et al. (2010), establece que los agresores sexuales en su infancia, han podido presentar antecedentes de maltrato por parte de sus padres o cuidadores, como problemas de consumo de alcohol y/o drogas, problemas de agresividad, problemas con la justicia (como se cita en Larrota & Rangel- Noriega, 2013); y desestructuración familiar; teniendo como consecuencia una crianza negligente; pudiendo desarrollar según Gerardin & Thibaut (2004), citados por Valencia et al. (2010), en la adolescencia, exposición a modelos de conducta agresiva, experiencias de maltrato, exposición a la pornografía y abuso de sustancias; y cuando son adultos, llegarían a desarrollar modelos de afectividad patológica y de sexualidad inadecuada, acompañada de actitudes machistas y conductas inadecuadas con la pornografía (Romero, 2006; citado por Valencia et al., 2010); ayudando al incremento de estas conductas los

medios de comunicación, y la influencia que ejerce en los jóvenes, resaltando el contenido de los programas de televisión, como el medio donde se enfatiza sobre el papel dominante del hombre y el derecho de éstos a maltratar a la mujer (Marshall, 2001; citado por Larrota & Rangel-Noriega, 2013), degradando su imagen.

Por ello, se asume que en estas personas hay procesos de socialización deficientes debido a la desestructuración familiar, violencia física o psíquica ejercida por parte de sus progenitores, problemas de aprendizaje, fracaso escolar, alcoholismo en la familia, abuso emocional o sexual en la infancia, entre otros (Carcedo & Reviriego, 2007; citados por Valencia et al., 2010). Por tal motivo, el origen de todo habría que ponerlo en las características de las familias y el medio social en el que se desarrollaron los delincuentes sexuales, dominadas por el consumo de alcohol, el abuso y la negligencia hacia sus hijos, actividades delictivas y aislamiento social (Valencia et al., 2010).

f) Abuso sexual en la infancia: Gidycz, Warkentin & Orchowski, 2007; citados por Valencia et al., 2010, encontraron que el principal predictor de la aparición de la conducta sexual agresiva en la adultez es haber sido víctima de ella en el pasado; Marshall y Marshall (2002) añade a la etiología de la violencia sexual el haber sido víctima de abuso sexual en la infancia.

Jerspersen et al, 2009; citado por Garnacho, 2014, manifiesta que el hecho de padecer de abusos sexuales y físicos en la infancia, es más frecuente en los delincuentes sexuales en comparación con los delincuentes no sexuales; lo que genera que estos desarrollen sentimientos muy fuertes de resentimiento, hostilidad, inseguridad y baja autoestima, características altamente relacionadas con los agresores sexuales (como se cita en Garnacho, 2014).

Así (como se cita en Garnacho, 2014), debido a este tipo de relación negligente en la infancia, el abuso sexual podría haber sido uno de los pocos momentos en los que el futuro agresor sexual, recibía la atención que no tenía de sus padres o cuidadores; lo que probablemente les orientó para que consideraran esas experiencias como algo positivo, dado que cuando recibían los abusos tenían la atención de sus agresores, y en su edad

adulta tienden a olvidar esos aspectos emocionales negativos de tales experiencias (Marshall, 2002; citado por Garrido, 2005).

g) Consumo de alcohol: Malamuth, Sockloskie, Koss & Tanaka ,1991; citados por Valencia et al., 2010; enfatizaron la importancia de tener en cuenta múltiples factores para poder explicar el por qué una persona comete una agresión sexual; entre ellas, el consumo de alcohol.

Según Abracen, Mailloux, Serin, Cousineau, Malcolm & Looman (2004), citados por Valencia et al., (2010), el abuso de sustancias y en particular el abuso de alcohol es una variable importante que se debe evaluar con relación a los agresores sexuales; ya que aproximadamente la mitad de los agresores sexuales tienen problemas con el consumo de alcohol, siendo este un factor de riesgo (Valencia et al., 2010).

A pesar de que se tiende a relacionar el abuso sexual con el alcoholismo, la mención del consumo excesivo de alcohol parece ser más una manera de excusar o racionalizar las acciones del agresor que un factor causativo (UNICEF, 2016); no estando totalmente relacionado el consumo de alcohol con el abuso sexual.

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