MERCADOS FINANCIEROS
6.4. CLASIFICACIÓN DE LOS MERCADOS FINANCIEROS
6.5.1. FENOMENOLOGÍA BURSÁTIL
6.5.1.3. Características delimitadoras
Trataremos de obtener la delimitación del fenómeno Bolsa basándonos primeramente en las características del mercado y, posteriormente, en las de la institución. Teóricamente, las bolsas de valores son consideradas como un mercado perfecto donde se contratan valores mobiliarios y otros productos financieros. Deberían reunir las características de ese mercado: libre concurrencia, libre competencia, transparencia, mercado normal y unicidad de precio y lugar. Debería ser además un mercado eficiente.
En la práctica, aunque probablemente sea el mercado que más se aproxime a las citadas características, algunas de ellas, especialmente la transparencia presenta dificultades de cumplimiento. En cuanto a la eficiencia, es necesario analizar las diferentes acepciones de “mercado eficiente”, que ya hemos visto en el apartado 6.2.
El cumplimiento de la misma está relacionado con las características del mercado perfecto y, por consiguiente, la eficiencia del mercado no podía constituir una característica generalizada de las bolsas.
Resulta que los caracteres que podrían servir para configurar el mercado bursátil no nos sirve en la práctica para diferenciarlo plenamente de otros mercados financieros coexistentes. Por eso, el fenómeno Bolsa como mercado no puede ser delimitado en base a las características teóricas que, probablemente, se cumplen más en el bursátil, pero que no son absolutas y generalizadas.
Un segundo intento de configurar el fenómeno Bolsa puede explorarse acudiendo a la Bolsa como institución que soporta dicho mercado. Aquí el mercado bursátil estaría sustentado por una organización corporativa tutelada por los poderes públicos y regulada para proteger el interés público. Los mercados bursátiles participan de esta característica. Pero hay que tener en cuenta que existen otros mercados financieros regulados y, además, que tal característica es muy variable, según los diferentes sistemas bursátiles. Resulta que las características de la Bolsa-institución tampoco son suficientes para configurar plenamente el fenómeno Bolsa. Modernos tratadistas acuden a otros conceptos para configurar el mercado bursátil. Así, para
C. R. Geiss83, “su importancia general puede ser resumida sucintamente”; “los mercados de
valores proveen un mecanismo de precios por el cual las sociedades que necesitan capital pueden evaluarse a si mismas, ya por primera vez o en base continuada”.
Esta característica va tomando cuerpo, como elemento esencial de los mercados bursátiles. En ellos se debe dar la formación más objetiva del precio, el cual es elevado a la categoría de “precio oficial”, bien por reconocimiento legal o moral, por el cual tanto las autoridades como la comunidad financiera reconocen al precio formado en ese mercado como verdadero precio justo en un momento dado.
Pero, con ser esencial esa característica de los mercados bursátiles, ni siquiera por si misma es suficiente para delimitarlos, respecto de otros mercados financieros, en los que también se da una formación oficial de precios.
Por ello parece deducirse que el enmarcamiento del fenómeno Bolsa necesita la consideración simultánea de un conjunto de características mixtas de cada uno de los grupos anteriores entre los que destacan las siguientes:
a) Mercado localizado físicamente, a diferencia de otros mercados, donde, a pesar de estar organizados, las relaciones se realizan por vía telefónica o informática. En la Bolsa existe una ubicación física en las denominadas “plazas bursátiles”, independientemente de que el lugar concreto de contratación, el “parquet”, haya podido desaparecer en las modernas reformas.
b) Mercado organizado corporativamente. Los miembros del mismo que intervienen en la relación entre oferentes y demandantes de valores son muy dispares, según los distintos sistemas, yendo desde las personas físicas hasta las sociedades o los bancos. c) Regulación del mercado pública o privada, que determina la admisión de valores a
cotización oficial y los mecanismos de formación de los precios. Respecto a la primera debe velarse por la seguridad jurídica y económica de los títulos y por la
existencia de información suficiente para sustentar las decisiones de inversión. Respecto a la formación de los precios, deben establecerse mecanismos efectivos para garantizar las mejores condiciones de funcionamiento y auténticos precios de mercado.
d) Elevación de ese precio formado a la cotización de “precio oficial”, bien por reconocimiento legal o aceptación tradicional.
La coexistencia de esas características esenciales podría delimitar, en buena medida, los mercados bursátiles. Si bien alguna de ellas puede darse en otros mercados financieros, es en la Bolsa donde esencialmente se da la existencia simultánea de todas ellas.
El mercado bursátil es el que reúne mejores condiciones para acercarse a las características del mercado perfecto, entre las cuales tiene un especial relieve la transparencia del mercado, cobrando una importancia primordial la información, destacada característica de los mercados bursátiles desarrollados.
Esto no quiere decir que las bolsas de valores hayan quedado liberadas de operaciones especulativas, sucesoras de las que han ido marcando su accidentada historia. Pero en este punto es necesario separar los conceptos de especulación propiamente dicha y de agiotismo. La primera es una función técnica de estudio de los valores, del mercado y de otros elementos externos socioeconómicos y políticos que pueden influir en la formación de los precios, con objeto de presumir la evolución de los mismos y lograr obtener beneficios o evitar pérdidas, teniendo en cuenta las reglas del mercado.
La especulación es una función esencial de la Bolsa, que produce el efecto de hacer tender hacia la nivelación de los cambios, ya en el mercado de contado o en las distintas modalidades de mercados a plazo, que también contribuyen a potenciar esa labor de nivelación de cambios.
El agiotismo supone la realización de maniobras para forzar los cambios según los intereses particulares, distorsionando, de esa forma, el mercado. Esta actividad es también conocida actualmente y realizada por medio de fórmulas más sofisticadas. Aparte de casos menores, las experiencias internacionales de Ofertas Públicas de Adquisición de Acciones (OPAS) duras son auténticas maniobras de ese cariz. No es de extrañar la intensificación de la lucha contra este tipo de actividades, así como contra el abuso de informaciones privilegiadas, realizada por medio de las nuevas legislaciones sobre “insider trading” y “declaration d’initiés”, puestas a punto en diferentes países.