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Características personales del agresor sexual

Las principales características de la personalidad antisocial (a la cual pertenece al abusador sexual) son la incapacidad para adaptarse a las normas sociales, deshonesti- dad, agresividad, falta de remordimiento, indiferencia hacia el sufrimiento de los demás. Los sujetos que tienen este trastorno manifestaron, por lo general, desde la infancia, tendencias a ser agresivos, inclinación a torturar animales y otros trastornos de con- ducta. Por todo lo anterior se debe concluir que es de la mayor importancia realizar un análisis y estudio de la vida del victimario, porque se descubre que ha sufrido maltra- to en su infancia. En otro sentido, el victimario ha sido muchas veces víctima.

Los agresores sexuales son personas que no han tenido la oportunidad de satisfa- cer sus necesidades afectivas ni las de la intimidad en lo que se refiere a la incapaci- dad de desarrollar relaciones sexuales adecuadas con sus iguales. Por lo general presentan dificultades de comunicación con otras personas; sobre todo con las perso- nas adultas, tienen dificultades para comprender los sentimientos de los demás y se les dificulta entablar relaciones interpersonales en general, lo que provoca un aisla- miento social en ellos y una casi nula capacidad para forjar amistades. "Suelen pre- sentar un gran número de distorsiones cognitivas o errores valorativos sobre las mujeres y su papel en la sociedad" (Redondo, Pérez, Martínez, 2007: 188).

En lo que se refiere a las capacidades cognitivas, piensan que las mujeres existen sólo para obedecer y someterse a los deseos de los hombres y, en lo concerniente a sus relaciones sexuales con menores, consideran que, si los niños se dejan, es señal de que tienen el derecho a tenerlas.

Para sintetizar, podemos preguntarnos: ¿Por qué una persona llega a violentar sexualmente a un niño?, ¿qué es lo que lo motiva a semejante crimen? La respuesta nos la dieron investigadores como Groth, Burgees, Holmtrom, (1977), quienes lleva- ron a cabo un análisis de 133 violadores y distinguieron tres tipos motivacionales (citado en Soria, Sáinz, 2006: 379).

a) Violador por poder: (abarca un 55% de los estudiados), quien, principalmen- te, intenta recompensar los sentimientos de inadecuación personal o sexual tratando de intimidar a sus víctimas.

b) Violador por cólera: (abarca 40% de los estudiados), aquel que está enojado con las mujeres, en general, para el que su víctima tan sólo es un blanco con- veniente. Busca ejercer el poder y control sobre la víctima.

c) Violador sádico: (abarca 5% de los estudiados), la persona que obtiene satisfacción al infringir dolor a la víctima de la violación y puede torturarla o mutilarla. Las clasificaciones de los 133 infractores y 92 víctimas se realizaron por el tema dominante y se encontró que los delitos pueden ser clasificados como una violación de alimentación del poder (la sexualidad utilizada principalmente para expresar potencia) o la violación de rabia (el uso de la sexualidad para expresar su ira). No hubo violacio- nes en las que el sexo fuese el tema dominante, la sexualidad estaba siempre al servicio de las necesidades de otros, no como relación sexual interpersonal.

El psiquiatra austríaco Fiedrich (2001) intentó tipificar a tres grupos de personas que han delinquido sexualmente con menores. Los agrupó en tres tipos: a) los ignorantes, quienes no tienen suficiente información sobre una correcta educación sexual y la que tienen la obtuvieron de fuentes poco serias o de los supuestos amigos que los han pro- vocado. Cuando este tipo de agresores comete su delito, por lo general se asustan y difícilmente repiten de nuevo este tipo de delito, b) el otro grupo de violadores perte- nece a aquellos que el autor llama "retardados" en el desarrollo de la maduración sexual. Sus expresiones sexuales son infantiles, son mañosos y astutos en la relación con niños, se ofrecen para cuidarlos, juegan con ellos y se proponen como sus amigos, c) el último grupo pertenece a los sádicos, que disfrutan el miedo y el dolor de la víctima, así echan reversa a su propio desamparo, el que sufrieron en su propia infancia, y sienten la enor- me satisfacción de que esta vez no serán ellos los que estarán llenos de miedo, sino que será la otra persona la que va a temblar como temblaron antes ellos. En este grupo de delincuentes podemos esperar un crecimiento en su crueldad.

Soria y Sáiz (2006) ofrecen otra clasificación de los agresores sexuales en la cual tipifican entre: a) inmaduros, y fijos en la pedofilia, b) regresivos, con un acrecenta- miento de su autoconcepto y su percepción de masculinidad, c) agresivos, con un sentimiento de poder y placer derivado del acto violento, el impulso sexual y la violencia, y d) pseudopedófilos, por el placer obtenido de la relación interpersonal consistente en caricias y tocamientos, sin llegar a más.

Las distintas características de los violadores coinciden con los resultados de di- versos investigadores. La persona del violador está resentida con su propio pasado, tiene complejo de inferioridad, es insegura, es incapaz de desarrollar relaciones con una pareja adulta y su autoestima es muy baja. Su comportamiento agresivo se pue- de interpretar como una venganza para con la sociedad que lo trató igual a como él trata ahora a los demás. Apoyados en la teoría del aprendizaje social se puede expli-

LOS VICTIMARIOS

car que lo que aprendimos en la infancia lo aplicamos posteriormente en la vida adulta. Si no hemos sido amados no podemos amarnos a nosotros mismos, mucho menos a alguien más. Si el violador ha sido maltratado cuando niño, seguramente maltratará a sus propios hijos, incluyendo a su pareja.

El comportamiento de los victimarios hacia la víctima y a su medio ambiente ha sido observado y determinado por psicólogos clínicos de la siguiente manera: los victimarios son protectores extremos o celosos del niño puesto que han sido víctimas de abuso sexual en la infancia, tienen dificultades en las relaciones de pareja, son socialmente aislados, consumidores de alcohol y drogas, se ausentan del hogar frecuentemente, tienen baja autoestima y problemas psicopatológicos o de personalidad, son insensibles con el sufri- miento de los demás, emocionalmente fríos, y agresivos verbal o físicamente.

Al profundizar el análisis de la personalidad del victimario podemos descubrir que a lo largo de su vida careció de amor, de aceptación y que careció de una relación afectiva con las personas más significativas y que han tenido un impacto en su desa- rrollo. En el análisis de la historia de vida de los victimarios se repite constantemen- te que el abusador ha sido abusado también como niño, que ha sido humillado, re- chazado y maltratado por un ambiente familiar hostil. Diferentes estudios han demostrado que los padres de delincuentes mostraron actitudes negativas hacia sus hijos por encima de las familias de no delincuentes (Soria, Sáiz, 2006: 49).

En el contexto de motivos y objetivos del victimario, es muy claro que la violencia sexual representa una conducta al servicio de necesidades no sexuales. En la relación con la víctima es donde florecen los problemas, las fantasías, los deseos no satisfechos y los conflictos no resueltos (Milfait, 2008: 82). Los motivos e intereses sexuales del victima- rio están dirigidos por una enorme necesidad de llamar la atención, un hambre de reco- nocimiento y mucho resentimiento; el hecho de sentirse desgraciado y rechazado puede llevar a una persona a cometer actos tipificados como violencia sexual. Entre los motivos que llevan al victimario a cometer el delito podemos enlistar los siguientes:

El deseo y la fantasía en la representación de sí mismo. • Los conflictos con respeto a la propia identidad.

• Los impulsos a la repetición, relacionados con la atención y el reconocimien- to de la propia importancia.

• La venganza.

• El daño provocado por las humillaciones.

• El fracaso relacionado con una supuesta idea de justicia. • La ejecución del poder relacionado con la autoridad.

La influencia social afectada por la relación y satisfacción sexual y con la incapaci- dad de lograr las relaciones consensuales con los adultos (Milfait 2008: 82-83).

El abuso sexual y pedofilia tiene algo en común, principalmente el interés sexual sobre los menores, pero realmente sabemos muy poco sobre el origen de la pedofilia. Las investigaciones se han enfocado más al desarrollo del niño y adolescente y con- sideran que los factores causales del abuso son aquellos que han influido en el desa- rrollo de la personalidad a lo largo de la vida. Echeburúa y Guerricaechevarría (2000), elaboraron una caracterización de los agresores sexuales en base a su vulnerabilidad psicológica, que es la que sufre la mayoría de los victimarios.

La característica fundamental de los agresores sexuales erradica en la ruptura entre padres e hijos. La ruptura y los vínculos rotos desarrollan en la persona una visión negativa sobre sí mismo y sobre los demás. El rechazo, el abandono y la pérdida de seguridad por parte de los padres provoca una profunda decepción y desconfianza del niño por el resto de su vida. Así, aparece una serie de efectos negativos, como: a) falta de autoestima, b) habilidades sociales inadecuadas, c) dificultades en la resolución de problemas, d) estrategias de afrontamiento inapropiadas, e) poco control de la ira,

f) egoísmo y ausencia de empatia (Echeburrúa y Guerricaechevarría, 2000: 87).

Entre múltiples características o motivos que llevan al agresor sexual a cometer el delito es muy relevante y, ya repetido, una incapacidad para desarrollar relaciones íntimas adecuadas con sus iguales. Esta situación genera en el agresor un sentimien- to de soledad permanente, el enojo por el aislamiento, el resentimiento y la agresivi- dad que son frecuentemente acompañados por el abuso del alcohol o de las drogas, todo lo cual refuerza su conducta violenta.

La historia de la vida de un agresor confirma la teoría del desarrollo de la persona- lidad de Maslow, quien señala que para que tenga lugar un desarrollo óptimo es nece- saria la satisfacción jerarquizada de las necesidades básicas como la del hambre, a sed, el vestido y otras más. Después, devienen necesarias la satisfacción del afecto, del amor y de la seguridad. Se supone que el niño adquiere la seguridad de sí mismo, la estima de los demás y un autoconcepto de sí mismo positivo, lo que asegura la necesidad de una autoestima elevada. Así, en este orden, se sigue el camino del desarrollo hacia la autorrealización y, por qué no, hasta una trascendencia. Maslow subraya la importancia de este camino piramidal para la felicidad del hombre. Si no se satisfacen las necesida- des para el desarrollo de la personalidad estamos hablando de deficiencia u obstáculos en el desarrollo. Los obstáculos señalan mal funcionamiento y la protección familiar inadecuadas. Así, podríamos mencionar distintas teorías o postulados y casi siempre llegaríamos al mismo fin. Si conocemos por qué suceden las incongruencias en el de- sarrollo podemos entender la personalidad de un delincuente.

Koluchová (1997) menciona en su libro el estudio que Bowlby realizó. Éste com- paró la vida de 44 niños, delincuentes juveniles, que manifestaban una tendencia hacia conductas antisociales, con un grupo del mismo número de niños rasgos o experiencias

delincuenciales. La mayoría de los niños antisociales había crecido sin cuidados ma- ternos o fueron separados de la madre por largo tiempo. Las consecuencias de la sepa- ración de la madre han sido insensibilidad emocional, superficialidad en sus relaciones interpersonales, irresponsabilidad, conducta impulsiva, renuencia a recibir ayuda, in- capacidad para obtener éxito en el estudio y vivir el momento sin planear el futuro.