-Altitud.
El rango de altitudes en los que se presenta la trufa negra alcanza su mínimo en Francia e Italia, donde puede encontrarse desde los 100 m, y su máximo en el sur de España, donde puede encontrarse hasta los 1800 m (Reyna, 2012).
-Orientación.
La orientación influye en la insolación recibida. Generalmente, la orientación de las trufas es hacia el mediodía y las mejores suelen estar exclusivamente en esta exposición. Sin embargo, en las zonas más secas y calurosas se observa una mayor presencia de truferas en umbría (Reyna, 2012).
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Pendiente.La pendiente tiene una triple influencia: sobre la circulación del agua, sobre la erosión del suelo y sobre la insolación. Las truferas silvestres se sitúan normalmente en pendientes moderadas: así, en Soria predominan las pendientes alrededor del 15% y en la Comunidad Valenciana dominan las pendientes entre el 5 y el 30 %. En ambos casos hay también muchas truferas con pendientes mayores del 30%. En cambio, son escasas las truferas en situación de fondo de valle, en zonas completamente llanas y encharcadizas (Reyna, 2012).
-Perfil del suelo.
La trufa negra vive sobre suelos calizos. El material originario puede ser de diversas edades geológicas (Jurásico, Cretácico, Terciario, Cuaternario) y litologías (Calizas, margas, areniscas, conglomerados, coluvios, etc.), siempre que contenga carbonato cálcico. Son especialmente favorables las calizas duras (Reyna, 2012).
En cuanto a la génesis edáfica, se encuentran truferas silvestres tanto en suelos someros y/o poco evolucionados (leptosoles, regosoles) como en otros más desarrollados (luvisoles, calcisoles, cambisoles, suelos humíferos, etc.). Sin embargo, de cara al cultivo la profundidad del suelo juega un papel importante, ya que de ella depende la capacidad para retener agua y ponerla a disposición de la vegetación y consecuentemente de la trufa. En las zonas más secas y cálidas donde existe trufa, los suelos tienden a ser más profundos que en aquellas otras en las que las precipitaciones son más abundantes. También es importante que el suelo tenga un buen drenaje. El drenaje natural de un suelo depende de su porosidad, la transición entre horizontes edáficos, el material originario y su fracturación, la pendiente y la actividad biológica. Son muy escasas las truferas silvestres sobre suelos hidromorfos, con signos de encharcamiento prolongado (Reyna, 2012).
Por encima de la taxonomía del suelo, son las características físico-químicas las que mayor peso tienen en la aptitud trufera de un suelo, especialmente las de los 30-40 cm superficiales, en los que aparecen la mayoría de carpóforos (Reyna, 2012).
-Textura y pedregosidad.
La presencia de gravas (diámetro mayor de 2 mm) en los suelos truferos es muy variable, oscilando entre el 0,2 y el 92%. La pedregosidad superficial es un elemento muy positivamente valorado por los truferos, ya que constituye al drenaje y aireación del suelo, a la captación de calor en invierno, la disminución de la evaporación en verano, la provisión de carbonato cálcico, la protección contra la compactación y erosión producida por la lluvia y que dificulta la predación de trufas por los jabalíes y otra fauna (Reyna, 2012).
-El pH.
El pH es una medida de la acidez o alcalinidad del suelo. Es un valor muy estable en todas las zonas truferas. Para el cultivo de la trufa, son recomendables valores entre 7,5 8,5 (pH medido en agua), (Reyna, 2012).
-La caliza en el suelo: caliza total y activa.
La presencia de carbonato cálcico es un requerimiento indispensable para el cultivo de T. melanosporum . Este carbonato cálcico proviene del material originario del suelo (la roca madre) y/o de los materiales gruesos (pedregosidad). En el suelo, puede encontrarse en forma de partículas finas (arena, limo, arcilla) o bien solubilizado. Para detectar la presencia de carbonato cálcico en el suelo o las gravas, basta con derramar unas gotas de ácido clorhídrico (p. ej., salfumán) sobre ellos: si se produce efervescencia, el suelo es calizo.
La caliza total es una medida de la cantidad de partículas finas de caliza (diámetro menor de 2 mm) que hay en el suelo. En las truferas silvestres varía entre el 0 y el 84 %. La caliza activa es una medida de la fracción más finamente dividida, la más fácilmente solubilizable. Varía entre el 0 y el 30%. Finalmente, el calcio intercambiable es una medida del calcio solubilizado en el suelo y disponible para las plantas (Reyna, 2012).
-Materia orgánica y relación C/N
La materia orgánica del suelo constituye una fuente y reserva de nutrientes para las plantas, pero al mismo tiempo aumenta la agregación del suelo, su porosidad y su capacidad de retener agua. En las truferas silvestres es un parámetro bastante variable, entre el 0,5% y el 17%. Para el cultivo de la trufa, se recomiendan valores entre el 1 y el 10%.
La relación C/N es un indicador del grado de evolución de la materia orgánica y de su velocidad de humificación. En truferas silvestres se han encontrado valores entre 5 y 20. Para el cultivo, son recomendables valores entre 5 y 10 (Reyna, 2012).
-Conductividad.
Es una medida de la cantidad de sales en el suelo. En los suelos truferos silvestres se trata de un parámetro estable (con poca variación) que se mantiene en niveles bajos. De hecho, no se encuentran truferas silvestres sobre suelos salinos (ricos en cloruros, sulfatos, nitratos, etc.) ni yesosos (ricos en sulfato de calcio), (Reyna, 2012).
Los valores elevados de conductividad pueden ser debidos al material originario del suelo, pero también a un exceso de fertilización. Para el cultivo de la trufa, se recomiendan valores inferiores a 0,35 mmhos/cm (medida en solución 1:5). En el caso de los purines, debe tenerse en cuenta además el posible efecto de los elementos pesados y los compuestos nitrogenados que contiene, (Reyna, 2012).
-Macronutrientes: nitrógeno, fosforo y potasio.
La importancia del nitrógeno, fósforo y el potasio de cara a la producción trufera es baja. En general la inmensa mayoría de los suelos tienen cantidades suficientes de estos nutrientes para hacer viable la plantación, (Reyna, 2012).