3. EL GOBIERNO DEL MAS
3.2 CARACTERIZACIÓN GENERAL DEL NUEVO GOBIERNO
Para este momento es claro que el gobierno del MAS representa la continuación institucional de una lucha contra las medidas neoliberales protagonizada por diferentes movimientos sociales de Bolivia e intensificada aproximadamente desde el año 200031. Pese a que la población que integra el MAS suele ser identificada, e incluso suele autoidentificarse, como indígena, es importante tener en cuenta, tal como lo enfatiza Quijano (2006), que el MAS no se formó y desarrolló inicialmente como movimiento indígena sino como organización en principio sindical y luego política, aunque en la actualidad resulta acertado describirlo como el “[…] sincretismo de una reivindicación étnica y sindicalista” (Nina, 2006, p. 141).
Antes de que Morales llegara a la presidencia, en 2005 Tapia afirmaba que el MAS no era el partido del conjunto de los movimientos sociales por más de que electoralmente se alimentara de su movilización. Este autor argüía que el MAS seguía siendo un ‘partido de los cocaleros y sus sindicatos’, aunque aceptaba que gradualmente se venía convirtiendo en el partido de los trabajadores de Bolivia32. En 2007 Moldiz describía al MAS como una ‘organización política sui generis’ que pese a que durante los últimos cinco años ha procurado construir algún nivel de organización, “[…] en realidad es una suerte de coalición de los movimientos sociales, particularmente del movimiento indígena-campesino” (p. 169).
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Por supuesto que el neoliberalismo no es el único blanco de esta gran lucha social. Sin embargo, es uno de los principales y es el que interesa destacar en este trabajo. 32
Según Tapia, “(…) el modelo más influyente del MAS ha sido el Partido de los
Trabajadores brasileño, que construyó su poder nacional a partir de experiencias de gobierno local. Esto evidencia los rasgos comunes entre estos dos partidos (…) son partidos nuevos de izquierda, que se han desarrollado en torno al liderazgo de trabajadores, y vienen de los sindicatos, en torno a los cuales se ha articulado una diversidad de organizaciones” (2005, p. 356).
Desde el propio gobierno se repite constantemente que el MAS es el ‘gobierno de los movimientos sociales’. De una manera más esquemática el vicepresidente se refiere al MAS como una “[…] confederación flexible y negociada de organizaciones sociales” (Svampa y Stefanoni, 2007a, p. 160), que estaría liderando la ‘reforma intelectual y moral en marcha’ que desde el gobierno se considera está teniendo lugar33. El tipo de decisiones tomadas por el gobierno y que han emergido de las luchas sociales –tales como la nacionalización de los hidrocarburos, la AC y la nueva reforma agraria–; la forma de selección de los funcionarios públicos –pasando por el filtro de las organizaciones sociales–; y, la presencia de cuadros de los movimientos sociales en el aparato estatal que responden a sus respectivos movimientos, son elementos que según García L. validan claramente el supuesto de que el gobierno del MAS es el gobierno de los movimientos sociales (Svampa y Stefanoni, 2007a). Sin embargo, es importante tener en mente que existen críticas frente a este supuesto que aunque no lo invalidan por completo, claramente si lo matizan bastante.
Según Stefanoni, “[…] la fragmentación […] de los movimientos sociales y los conflictos al interior del MAS-IPSP han potenciado un modelo ultra- centralizado de toma de decisiones corporizado en Evo Morales” (2006, p. 38), a lo cual se añade la generación de un ‘clientelismo popular’ en razón de la manera en que varias de las organizaciones ‘realmente existentes’ se integran a la política (concibiéndola más ‘como acceso prebendal a las estructuras estatales que en su dimensión emancipatoria’). Desde una óptica de análisis similar, Viaña y Orozco destacan críticamente lo que denominan una ‘abdicación del avance autodeterminativo’ tras la victoria del MAS y la respectiva implementación de un modelo personalista de gobierno. Para estos autores, el talante presidencialista que caracteriza a este nuevo gobierno –el denominado ‘evismo’– es un riesgo para la efectiva materialización del ‘cogobierno’ y la respectiva creación de una institucionalidad compuesta por los ‘núcleos democráticos de participación popular’.
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Walter Delgadillo, actual Ministro de Obras Públicas de Bolivia, considera que la ‘revolución simbólica’ que pretende generar el gobierno del MAS es el proceso de mayor complejidad, de más largo aliento, y en últimas, de mayor importancia de los que pretende adelantar el actual gobierno (véase el Anexo 11).
Según Quijano, más allá de que sectores influyentes de la inteligencia y el liderazgo político aimara dentro del MAS consideren como proyecto político esencial el restablecimiento del Collasuyo34, para el gobierno el proyecto político central apunta al establecimiento de un Estado multi-cultural y multi- nacional, es decir, a “[…] la redistribución de la representación política de todas las culturas y/o naciones en el mismo Estado” (2006, p. 17). Sintetizando algunos de los principales postulados del Programa de Gobierno 2006 – 2010 del MAS, Orellana destacaba en el 2006:
El programa del MAS apunta a la industrialización de los recursos naturales, al desarrollo del mercado interno, a un cambio de “patrón de desarrollo” centrado en la producción y exportación de materias primas por otro centrado en productos industriales. Busca “acabar con el Estado colonial” y democratizarlo por medio de una Asamblea Constituyente, para generar igualdad jurídica entre los distintos grupos étnicos y sociales y conquistar la soberanía política (MAS- IPSP, citado por Orellana, p. 48).
El nuevo gobierno pretende sentar sus bases económicas en la recuperación de los recursos naturales, en la nacionalización y en la pequeña producción, los microempresarios, los artesanos, las comunidades y los campesinos, priorizando en la pequeña producción familiar y comunitaria como esencia de la base material del nuevo proyecto (García L., 2006). Es clave destacar cómo desde el gobierno se hace énfasis en el carácter ‘no – radical’ del proceso político liderado por el MAS. El vicepresidente se refiere a la ‘rebelión’ que la pequeña producción está protagonizando –los cooperativistas, cocaleros, microempresarios y las fejuves– y que el MAS está canalizando, haciendo hincapié en la manera ‘inclusiva’ en que se viene adelantando dicho proceso, en la forma en que “[…] se está incorporando la gran producción extranjera, tratando de dialogar con el mundo globalizado” (2006, p. 28), (énfasis añadido). De hecho, refiriéndose concretamente al evismo, García L. hace alusión a una ‘revolución política’, o en palabras de Morales a una ‘revolución democrática cultural o revolución democrática descolonizadora’, “[…] que tiene su impacto en el ámbito económico, pero no de manera estrictamente radical” (2006, p. 31).
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El Collasuyo es el nombre del ámbito geohistórico aimara dentro del antiguo Imperio Incaico (Quijano, 2006, p. 17). Con relación a la sostenida búsqueda del restablecimiento del
Collasuyo por parte de sectores de la dirigencia aimara, recordar las críticas mencionadas en la nota al pie número dos del presente trabajo, especialmente la segunda.
Orellana va más allá al sugerir que el gobierno del MAS no supone una superación real del neoliberalismo y que este nuevo gobierno comparte algunos rasgos con sus ‘oponentes’ neoliberales. Pese a que reconoce que el actual gobierno claramente posee rasgos distintivos si se compara con los gobiernos de corte neoliberal que lo antecedieron, y que además el gabinete ministerial del MAS es la expresión política de una capa social que se sitúa entre las clases populares que precisamente derribaron gobiernos neoliberales y ‘oligarquías locales articuladas al imperialismo’ durante los últimos cinco años, Orellana considera, a partir del análisis que realiza del
Programa de Gobierno 2006 – 2010 de dicho partido, que “Los nuevos gobernantes del MAS comparten con sus oponentes neoliberales el mismo respeto por la propiedad privada y por las instituciones del Estado capitalista; […] incentivan la inversión extranjera, promueven la seguridad jurídica y trabajan en sociedad con las empresas transnacionales” (2006, p. 46). Según este autor, el respeto a la estabilidad macroeconómica, al control del déficit fiscal, al control de la inflación y al mantenimiento de una apertura irrestricta de la economía al comercio exterior, instituciones y principios sagrados del neoliberalismo a su parecer, son todas actitudes generalizadas dentro del MAS
Con respecto a las críticas anteriormente esbozadas, y ya para terminar esta caracterización general del gobierno del MAS, es importante destacar que pese a que el término socialismo hace parte del nombre mismo de la organización política gobernante, el proyecto masista se autoinscribe, al menos en la actualidad, en lo que García L. denomina un ‘capitalismo andino- amazónico’. Partiendo de la consideración de que en la Bolivia actual no existen las condiciones necesarias para construir un socialismo, y de que éste no se construirá por simple decreto o deseo sino por el movimiento real de la sociedad, el vicepresidente propone abiertamente un proyecto político con miras a consolidar un ‘capitalismo andino-amazónico’ (Quijano, 2006), (Svampa y Stefanoni, 2007a). Esta fórmula, también acuñada con la intención de diferenciar el actual proyecto político del anterior nacionalismo revolucionario de los años 50, parecería referirse en lo esencial al control estatal de de una mayor parte de la renta producida en la mercantilización del gas y el petróleo y a la redistribución de una mayor parte del excedente de
producción, sin que esto implique terminar con el control privado-empresarial de buena parte de la acumulación capitalista (Quijano, 2006), (Orellana, 2006).
A partir de lo anterior es posible dimensionar con mayor claridad la manera en que el MAS no pretende, al menos por ahora, construir un proyecto político por fuera de los parámetros propios del capitalismo. En entrevista realizada en el 2007 por Svampa y Stefanoni a García L., este último es claro al respecto:
Puede ser frustrante para las lecturas idealistas pero creo que es un concepto honesto intelectualmente, que ha resistido el debate y la realidad [el concepto de capitalismo andino-amazónico]. No es que sea lo que uno quiere, nuestro objetivo: lo que decimos es que las posibilidades de transformación y emancipación de la sociedad boliviana apuntan a esto. A reequilibrar las formas económicas no capitalistas con las capitalistas, a la potenciación de esas formas no capitalistas para que, con el tiempo, vayan generando procesos de mayor comunitarización que habiliten pensar en un poscapitalismo. El posneoliberalismo es una forma de capitalismo, pero creemos que contiene un conjunto de fuerzas y estructuras sociales que, con el tiempo, podrían devenir en poscapitalistas (p. 154).