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Las caras de una moneda: Análisis interno y externo de la Argentina como país

Capítulo 4: Argentina y el contexto de recepción

4.1. Las caras de una moneda: Análisis interno y externo de la Argentina como país

La historiografía nacional argentina ha dado en llamar al período comprendido aproximadamente entre 1880 y 1916 como el de un liberalismo conservador. En este sentido hacemos referencia a la instauración hacia 1880 de un Régimen asociado a una clase gobernante, formada por una ―elite‖ que adquiere una connotación nacional y orgánica ante la formación del Partido Autonomista Nacional (en adelante PAN), constituido por grupos endogámicos de la clase dominante convertida en dirigente, que maneja los canales influencia clausurando la participación y construyendo un poder cerrado que los aleja de la República verdadera, propuesta por Alberdi.154

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En otras palabras, se asume una postura liberal con relación a la caracterización de un Estado centralizado que quitaba prerrogativas a la Iglesia, y conservadora en lo relativo al mantenimiento de las autoridades provinciales tradicionales.155

El Régimen anteriormente mencionado, se caracterizó por la presencia de una clase dominante que se aseguraba la sucesión de gobiernos por medio del fraude electoral. La efectividad de las prácticas fraudulentas se veía favorecida, paradójicamente, por el voto universal masculino y optativo, junto con un padrón no muy numeroso, producto de la afluencia de inmigrantes no nacionalizados y de políticas no inclusivas para el proceso de sufragio.

De esta manera el fraude se impuso a la institucionalización del sistema democrático, en donde el elector estaría representada por una comisión de notables al gobernante en lugar del soberano. La lógica republicana había mutado, pudiendo ser conceptualizada dentro de la

representación invertida.156

Si bien las herramientas de gobierno se encontraban delineadas por la Constitución de 1853 (sobre todo la división de poderes), se llevó a cabo un proceso de centralización en el Poder Ejecutivo nacional en detrimento de los provinciales y municipales.

El desafío que se le planteaba al PAN se relacionaba con la posibilidad de integrar el territorio para poder lograr la unidad nacional, premisa que ya venía desarrollándose desde el nacional liberalismo pero en continúa construcción con la idea de orden y verticalización de un poder funcional.

En este contexto, la generación del 80157, entendida como el conjunto de hombres que tuvieron a su cargo la dirección económica, política y cultural del país entre 1880 y 1916 aproximadamente, se define por su homogeneidad ideológica y su fuerte conciencia de grupo, 155 Cfr. GALLEGOS, 2011b:47-75 156 BOTANA, 1985 157

Se considera también el concepto de red, que conforma el mecanismo de interacción más usual y visible.

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sustentada por un progresismo optimista, vinculado con la ideología liberal europea, y con objetivos de renovación del país a partir de tópicos claros de crecimiento, como la expansión económica basada en la modernización de la producción ganadera, el fomento de la agricultura, el desarrollo de la industria, la extensión de la red de transportes, la unión comercial y financiera con países extranjeros industrializados, la masificación de la educación pública y laica y la incorporación masiva de inmigrantes como mano de obra. Objetivos a su vez planteados ya por la generación del ‘37, madre teórica e inspiradora del pragmatismo ochentista.

Anclados en el llamado pacto neocolonial se pautaban las formas de un intercambio desigual impulsado por los países industrializados exportadores de manufacturas y capitales hacia las economías periféricas. En este sentido, el auge de las exportaciones de Argentina se encuadra en un sistema capitalista de aristas internacionales, en donde ocupábamos un lugar específico relacionado con la funcionalidad del mismo sistema.

El despegue económico, como señalamos, se monta en el comercio de materias primas, que van cambiando de acuerdo a las demandas del mercado internacional y la suba de precios en el mismo. Así se moderniza el llamado ciclo ganadero (exportación de lanas, carne ovina y vacuna, esta última luego de la aparición del frigorífico), aplicando tecnología al campo y desarrollándose la agricultura, que será la protagonista central en las exportaciones de las dos primeras décadas del S. XX.

Por otra parte, en Europa se evidencia una superpoblación de mano de obra empobrecida y forzada a emigrar hacia nuevos focos de atracción y oportunidades de trabajo, optando como lugar de destino el mercado laboral de, sobre todo, América del Sur.

Esta situación desencadenó la ocupación del espacio pampeano, hecho que produjo el desplazamiento de la población aborigen a fin de establecer nuevas fronteras geográficas pero también, y sobre todo, económicas. En este sentido, debemos recordar que el fin del S XIX,

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se caracteriza por los avances del Estado sobre los pueblos originarios en la zona Sur y territorios como el Chaco. El brazo represivo erigió logró dominación y soberanía luego del genocidio de estas poblaciones. La introducción de esas nuevas tierras, a la producción fue lento, llegando a su límite de expansión recién en 1920.

Durante la mayor parte del siglo XIX, la presencia de Gran Bretaña es crucial debido a la gran cantidad de capitales que invierte. Gran Bretaña era el principal comprador de carnes y lanas argentinas. La relación económica de esta potencia con Argentina era hegemónica

Se destacan sus posesiones de tierras, comercios e industrias, pero lo que más les interesó fue la compra de bonos del Estado y la construcción de los ferrocarriles. Recién a principios del S. XX se pueden observar inversiones norteamericanas que con el tiempo tomarán un impulso creciente.158

Funcional a la gran producción de cereal debemos recordar la importancia del ferrocarril como canal de salida de los granos hacia el puerto. Incluso la creación de los trenes potenció la explotación de la tierra. Para inicios del siglo XX, Argentina ostentaba el tercer puesto a nivel mundial (luego de Rusia y Estados Unidos), en lo referido a exportación de cereales lo que le valió el famoso mote de ―granero del mundo‖.

Los cereales se producían en las conocidas ―estancias‖ que para el siglo XIX eran consideradas mixtas porque también las tierras se utilizaban para la ganadería. En general se usaban parcelas para la producción de cereales que luego las dejaban listas para el engorde. Este sistema, junto al de rotación bienal y trienal de la tierra, representó una estrategia de producción para la mejor y mayor utilización de los campos, sobre todo pampeanos.

Sin duda la variable ―venta‖ se constituye en el motor esencial de crecimiento que se logra a través de balanzas comerciales favorables en términos cuantitativos y con productos

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de la rama primaria. Algunos autores señalan que para fines del siglo XIX, dada las exportaciones, llegó a considerarse a la Argentina como los Estados Unidos del Sur de América.159

En lo que respecta a la industria, si bien era pequeña, desarrollaba una serie de manufacturas básicas destinadas al consumo interno, dependientes la mayoría del agro. Es tradicional el proceso de no industrialización desde la colonia, pasando por este proyecto modernizador que no incluía el desarrollo de esta rama económica y la desalienta para no afectar la división internacional del trabajo y su rol como exportadora de manufacturas.

Ahora bien, esta macro economía se evidenciaba en una micro economía encarnada en los conocidos ―almacenes de ramos generales‖. Estos proveían a los chacareros de todo aquello necesario en zonas rurales con garantía de pagos de futuras cosecha, el pago dependía de las ganancias de la venta de materias primas y se supeditaban al éxito o fracaso de la producción, este círculo de dependencia se extendía a los trabajadores que se entrampaban en esta forma de endeudamiento ancestral y propias de la explotación extensiva y el latifundio.

Es menester destacar que esta arcaica economía fue absorbida posteriormente por los bancos, quienes otorgaron grandes créditos para la siembra y la cosecha estableciendo las tierras como garantía de pago.

Otro fenómeno que no podemos olvidar, y paralelo al de crecimiento exportador detallado anteriormente, fue la urbanización. Esto produjo una reactivación en las construcciones, comprometiendo a trabajadores vinculados a la albañilería, yesería, herrería, carpintería, etc. es la época de mayor construcción de altos edificios, sofisticados y muchos de ellos lujosos.

Esto nos lleva a hablar de la composición social en la Argentina, la cual se plantea como desigual entre ciudad y campo. Para fines del siglo XIX ya está clara la división en

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clase alta, caracterizada por el consumo de artículos lujosos y, sobre todo, importados. Pero el grueso de la población estaba conformado por las clases media y baja, que consumían los productos nacionales que activaban la industria del país. La clase media fue muy beneficiada en cuanto al progreso de las actividades secundarias y terciarias del Estado.

Por su parte, la clase baja lograba insertarse un una franja de consumo menor, acorde a sus ingresos, que la dirigía a la compra de artículos de menor calidad. De todas maneras, Argentina ya se encuentra conformada por una sociedad de consumo masivo que plantea la presencias de diversos engranajes pertenecientes a una maquinaria propia de un mercado de escala mundial.160

En relación a lo anteriormente mencionado vemos que las conductas de consumo también atraviesan un período de cambio. Esos almacenes citados dan paso a otro tipo de comercios, en donde la vidriera pasa a jugar un rol fundamental: tentar al comprador de la necesidad de comprar algo por lo que no fue. El desarrollo del marketing encuentra aquí sus prolegómenos.

Pero más allá de todos estos éxitos, es necesario remarcar que la inserción de la Argentina al sistema capitalista mundial también trajo aparejado una serie de conflictos. Dicho sistema se caracteriza por ciclos de auge y ciclos de depresión, y estos últimos van siendo más extensos en el tiempo. Así, tanto en 1866 como en 1873 podemos encontrar crisis económicas en el país. Para 1890 la crisis es mundial y ocupa prácticamente toda la década.

En resumidas cuentas, la política económica argentina de fines del siglo XIX pivotó entre el dinamismo externo e interno, entre la ganadería y la agricultura. Para muchos esta etapa representa el mejor momento de la vida económica del país.

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Como dato puede citarse la aparición de las primeras empresas ligadas a la organización de eventos sociales tales como casamientos. Ver LOBATO, 2000:53.

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