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7 “La carne me gusta y no sabría qué comer si no la comiese” Uno de los prejuicios más comunes que suele tener la gente respecto a las dietas vegetarianas,

es pensar que al adoptarlas se está privando de consumir un gran número de alimentos. Es como un sacrificio para renunciar a determinados placeres gastronómicos. Pero, se podría alegar que, si uno evita consumir algo que es negativo para su salud y además para el bienestar de otros seres y del medio ambiente, está haciendo un buen acto. Evidentemente se prescinde de algunos ingredientes comúnmente utilizados, pero se aprende a usar otros que no son tan populares, con lo que la cocina resultante es más variada, multicolor y apetitosa.

Por otro lado, la creencia en la supremacía de los alimentos cárnicos es lo que aturde a muchas personas en el momento de cuestionarse las ventajas del vegetarianismo. Se construyen mentalmente cómo queda su plato sin carne, ve la ensalada, el puré de patatas o los guisantes, pero allí donde solía estar la carne hay un vacío. ¿Cómo se puede vivir sin carne, con una triste lechuga un día tras otro?. Por lo que concluye que sería incapaz de vivir así. Pero, ¿quién puede culparle de ello?, ¿acaso cuando se habla del vegetariano en los medios de comunicación (principalmente en la televisión) no se nos vende que son seres enclenques, o hipersensibles, o que sólo comen acelgas o que se pasan el día meditando?.

111 Pero el menú vegetariano no se limita en cuando a variedad; hoy día están al alcance del consumidor más de 50 tipos de verduras, 25 tipos de leguminosas, 20 tipos de frutas,15 tipos de hortalizas, 12 tipos de semillas, 9 tipos de cereales y 7 tipos de algas. Esto hace que no suponga ningún gran esfuerzo el dejar de consumir animales, ni una vida de dolor y sufrimiento para soportar las frugalidades de la dieta, como en muchos casos se piensa. Los alimentos se pueden preparar en infinitas combinaciones que nunca imaginaría un cocinero limitado por el lema: “la carne es lo principal en una comida”. La comida vegetariana puede ser rápida y

simple como la cárnica, aparte de mucho más sana. Podeis visitar nuestra sección de

recetas.

Además, no debemos dejarnos engañar por la terminología empleada por la industria de la carne, y saber en todo momento lo que nos están vendiendo: bistec (músculo), molleja (estómago), morcillas (sangre cuajada usando intestinos como fundas), etc...

8.-“Los animales que nos comemos han sido creados y criados

para alimentarnos”.

Los animales no hemos sido creados ni criados para nada, salvo para vivir nuestra vida.

Hay quien defiende que hemos de proteger y respetar a los animales salvajes, en peligro de extinción (gorilas, ballenas, delfines, lobos,...) o especialmente afines a los humanos (perros y gatos), pero no se plantean el respeto por la vida y libertad de los cerdos, vacas o pollos, ya que éstos han nacido ya en cautividad y han sido criados para que nos alimentemos (no debemos olvidar que incluimos, claro está, a la creciente industria de las piscifactorías donde se crían peces y marisco). Parece que como no han conocido la vida salvaje no la pueden echar en falta y que como les hemos dado un nombre específico: “animales de abasto”, no pueden esperar ser tratados como seres que sienten o tienen derechos. Su fin es ser criados para morir, para darnos gusto al paladar. Estas personas ven normal comer carne de ternera, pero no de ballena, de cerdo, pero no de jabalí, de pavo, pero no de águila, de conejo, pero no de gato. En todo caso muestran compasión, siendo además selectiva. Se oponen a la absurda muerte de los animales en peligro de extinción o de los animales “domésticos”, pero no se preocupan de la muerte de los animalesper se, como individuos.

Los veganos no nos movemos por compasión, sino por justicia, y consideramos que todos los animales tenemos derecho a la vida y a la libertad. No diferenciamos entre un cadáver de pollo que cuelga de un gancho en una carnicería y un perro que muere ahorcado por un cazador, ya que estas muertes era innecesarias, y en ambas se ha acabado con la vida de un ser con capacidad para sentir. Tampoco creamos diferencias de consideración si alguien mata a un animal en peligro de extinción o a otro criado por su carne, ya que quien sufre por su encierro, maltrato o muerte no es la especie, sino el individuo. Todos los animales hemos nacido para vivir nuestra vida, y nadie tiene derecho a privarnos de ella (salvo en caso de defensa propia y subsistencia, claro está), sin importar nuestra raza, especie, o si estamos en extinción o no.

Si nos referimos al modo en que viven antes de ser asesinados, tenemos que indicar que, desde mediados del siglo XX, sólo el 5% de la ganadería se cría en libertad, sufriendo el resto la terrible cría intensiva. Sólo en España se sacrifican anualmente unos 2 millones de vacas, 12 millones de cerdos y más de 30 millones de aves. Pocos de los que tienen delante de sí un plato de carne conocen el sufrimiento que ha pasado el ser que se van a comer. Las granjas industriales de cría intensiva y los mataderos, lejos de ser los lugares idílicos que nos muestran los cuentos para niños, o la publicidad engañosa que nos muestran los anuncios de las empresas de la carne y derivados, son lugares donde campan el horror, la enfermedad y la muerte. Los animales de consumo son amontonado en su corta vida en habitáculos tan mínimos que, literalmente, no pueden moverse, tenderse o darse la vuelta, ya que se trata de obtener el

112 mayor beneficio al espacio, y lo que se busca es un engorde rápido del animal (por lo que cuanto menos ejercicio haga, mejor). El aire que respiran es un hedor cargado de las sustancias tóxicas de sus desechos. Su alimento son piensos artificiales hechos a base de cereales, hormonas y aunque se trate de animales herbívoros, carnes de desecho (sesos, vísceras, etc...). Las condiciones son tan terribles que los desesperados animales tienden a automutilarse o al canibalismo (por ello a las gallinas se les recorta su sensible pico, o a los cerdos el rabo, en ambos casos sin anestesía). Las enfermedades son continuas, por lo que se les satura de antibióticos desde que nacen (negocio redondo también para la potente industria farmacéutica, que destina a este fin la mitad de su facturación mundial). En estas condiciones, difícilmente pueden desarrollar sus instintos naturales, como la búsqueda de alimento, la relación con los demás individuos de su especie o el apareamiento (la inseminación es una violación mecánica y las crías son separadas de sus madres al poco tiempo para iniciar un nuevo ciclo).

Después vienen el transporte al matadero en condiciones igualmente espantosas, y el asesinato donde el aturdimiento previo (cuando se emplea), deja al animal aún consciente, debatiéndose en una atroz agonía mientras se desangra o lo despellejan delante de los compañeros que le siguen.

Además, no debemos olvidar la cría intensiva de peces, crustáceos, etc... en las piscifactorías, y la pesca en mares y ríos, ya que aunque la ignorancia suele hacernos creer que son animales que no sienten debemos ser conscientes de que aunque los peces no expresan dolor del mismo modo que nosotr@s, la presencia de bradiquimices, endorfinas y nociceptores alrededor de los labios y la boca del pez, indican que los peces sienten dolor al ser pescados y cuando se asfixian. Los peces tienen receptores benzodicizepinos que indican que sienten tanto ansiedad como dolor. Los peces, anfibios, y reptiles tienen respuestas variables, únicas y creativas al dolor, lo que demuestra que sus reacciones no son simplemente reflejos. .

En todos los casos, aunque el animal haya vivido en libertad y en buenas condiciones, ello no justifica que tengamos ningún derecho a matarlo para saciar nuestra gula.

9.-“Conozco a un vegetariano que, después de varios años volvió

a comer carne”.

Si, los hay, y también hay personas que dejamos de comer cadáveres.

10.-“Yo no lo maté”

No, pero contrataste al asesino. Cada vez que compras carne, significa que la matanza fue hecha para ti y que pagaste para ello (el matarife es uno de los costes añadidos que marcan el precio de venta al público). El matarife o pescador es un trabajador que mata porque alguien le pide que mate, y no olvidemos que el que le pide que mate no es el empresario del matadero o barco pesquero, sino que el que realmente le pide que mate a un animal que también quiere vivir y disfrutar de su vida es el consumidor de productos de origen animal. El que compra en una pescadería o carnicería pide que maten animales para poderse llevarlos cadáveres troceados.

Si no hubiera demanda de carne no habrían mataderos, piscifactorías, barcos pesqueros,... es decir, no habrían asesinatos de animales que tiene capacidad de sentir como nosotr@s, los animales humanos.

11.-“Está bien comer huevos, porque las gallinas los ponen