A U T E N T I C I D A D Y V I G O R D E L P R O T O C O L O D E 1 8 3 0
Porqué no hay en el Dictamen una conclusión 52 acerca el Protocolo de 1830.—His toria de su descubrimiento. — Ventana que á los arcanos diplomáticos abren el parlamentarismo y la prensa y cómo ha sido el Perú su víctima. — Existencia del ejemplar colombiano y envío de una copia auténtica del mismo por el propio señor Mosquera. — No daña á su autenticidad el que afirme no lo posee el Gobierno do Lima. - - Los tratados existen y obligan aunque alegue uno de sus firmantes no encuentra su ejemplar. — Consecuencias que tendría la opuesta doctrina no exis tiendo la Notaría internacional. — Da por fehaciente el documento su legalización por España. — Acertadísimas consideraciones que acerca la autoridad que tienen los documentos certificados por un Estado amigo hace un ilustre peruano, el doc tor Maurtua. — Argumentos contra la posibilidad de hecho de la legitimidad del documento. — No lo es aunque fuera cierto el que no se encontrara en Lima el día de su fecha el signatario colombiano. — La verdad documental no admite prueba en contrario. — En los documentos internacionales son frecuentes tales discrepancias; ejemplo, el Protocolo entre España y los Estados Unidos de 1877.— Poca fe que merecen los sueltos periodísticos que hubieren anunciado la salida del General antes del 11 de Agosto de 1830.—Campoamor y Munroe Smith.— Ar gumentos de fondo contra la validez y vigencia del Protocolo. — No lo es el que carezca de la aprobación de las autoridades de los países respectivos aun enten diendo por tales los poderes legislativos.— Los convenios de demarcación, y de esta clase es el Protocolo, están dentro de las atribuciones del poder ejecutivo.— Ya lo reconoció el Dr. García en la Memoria reservada.—Práctica conforme es pañola; recientísimos ejemplos. —Constituciones modernas extranjeras. — Opinio nes de Gemma, Schanzer, Donati y Gareis.—Objeción fundada en que en dicha fecha el Ecuador ya se había separado de Colombia. — Inexactitud de esta afirma ción. — La representación colombiana fue en Lima la del Ecuador hasta que este fue reconocido por el Perú en Septiembre de 1831.—El Agente diplomático repre senta y obliga la totalidad del Estado que lo envía mientras es reconocido en tal carácter. — Textos de Pinlieiro Ferreira y del Dr. Wiesse. — Sentencia del Tribu nal del Sena do 25 de Mayo de 1882.— Consecuencias que tendría el que un grito revolucionario afectase á los poderes de los representantes diplomáticos del Esta do en donde se voceare. — El General Mosquera representaba al Ecuador en Co lombia y el Ecuador no ha afirmado nunca que lo hiciera á él y á Colombia. —
82 CARTA QUINTA
Una cláusula krausista y su rectificación en igual lenguaje p ción. — En qué sentido es doble, múltiple y hasta innumerabl de un enviado diplomático. — Estados por los cuales contrataba de España y en su tiempo los de Noó y Adán. — Recuerdan á !
dos que para destruir el Protocolo hay que hacer lo mismo con el Tratado de 1829, siempre enterrado y siempre resurgente. — Esta obsesión contra el Protocolo es la voz de la conciencia peruana.
Ex c m o. Sr. D. H o n o r a t o V á z q u e z.
M i quérido amigo: Y a le dije en mi primera carta cuánto me extrañaba el que mis ilustres criticados no hagan materia de conclusión alguna la doctrina que sientan acerca el Protocolo de 1830 en el párrafo X X V , privándonos así del placer de verla concretada y resu mida.
M i extrañeza es mayor en cuanto, según ellos di cen, se trata de una imputación gravísima, tanto mo ral como jurídicamente, hecha á su cliente: la de que verificó con tal acto el Perú un reconocimiento explí cito de la sin razón de su causa. Aunque yo no he leí do tal imputación en parte alguna de la defensa ecua toriana sino como resultante de una página si otra no del volumen de la historia de la casi secular con tienda y , singularmente, de la
Memoria reservada,
de la cual usted, con feliz oportunidad, ha dado á conocer tan penitentes, sinceros y edificantes trozos, por esta causa misma merecía ciertamente una calificación, aun á riesgo de que el número de ellas alcanzase á 52, en lugar de quedarse en 51, el título que, según el Ecuador, deja reducida á una variante en el trazado de reducidísima parte de la frontera la cuestión de límites, que debe ser resuelta por el fallo de S. M ., el Arbitro español. Devanándome los sesos hallo sólouna explicación plausible para esta omisión. Son tan atrevidas, tan corrosivas para los principios funda mentales del Derecho internacional las tesis que se ven forzados á sustentar sobre este punto los autores, que si diluidas en el agua de una larga prosa pasan sin daño, puras y en seco habrían producido irritan tes efectos en los lectores, y procediendo así han te nido la caridad de evitarlos.
Harto sabida es la historia de la publicidad de este famoso documento. Fué el Perú mismo el que dió á conocer un acto cuya existencia cambia radicalmente la extensión y los términos del problema fronterizo. Viene á ser, en mi opinión, como la letra aceptada y con firma reconocida, que hace líquida la prestación solemne, aunque ilíquidamente, prometida en públi ca escritura. La Providencia, que esencialmente sien te un flaco por las causas justas, ha querido que sir viera á la del Ecuador la anchísima y nunca bastante bien ponderada ventana que á la cerrada y secreta acción de la diplomacia abren en los modernos días dos de sus más dichosas conquistas: el parlamentaris mo y la imprenta. La una la construye, la otra le qui ta los postigos. El primero quiere y exige que los ar canos públicos se revelen á cuantos han de aprobar sus determinaciones con su voto, sea cual fuere su discreción, su talento y hasta su honradez, y á esas decenas ó centenares de aperturas pone puertas de cristal clarísimo y fragilísimo la necesidad de enterar les, por medio de ejemplares impresos, que á la corta ó la larga esparce el viento por suelos, tanto curiosos como; indiferentes, tanto adversarios como amigos.
84
CARTA QUINTAAsí cayó en tierra ecuatoriana un ejemplar del volu men impreso en 1892 para el uso de las Cámaras del Perú, y que fué del Sr. Rosas, y en él recogió usted, no sólo el precioso texto, sino aquella confesión capi talísima del Ministro peruano, Dr. García, menos optimista que los letrados españoles: