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Casos de estudio

In document Vol. 12 Núm. 1 (2014) (página 138-143)

Ana Leticia Dosal Ellis*

4. Casos de estudio

Con la finalidad de responder con claridad la pregunta establecida en el título de este artí- culo, es necesario exponer casos reales de dis- tintas partes del mundo, mostrando el fenómeno de exclusión como algo global. Los primeros casos estudiados hablan de la gentrificación o expulsión de residentes locales de algún lugar, debido a razones de reestructuración urbana,

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o limpieza de un barrio o ciudad para mayor aprovechamiento turístico, o bien para enfatizar una identidad que se impone a la sociedad. Éste fenómeno que responde a la mercantilización excesiva del patrimonio, afecta las sociedades locales de cada uno de esos espacios, usando la etiqueta cultural para ocultar la desigualdad, silenciar la pobreza y desplazar todo aquello que no es digno de convivir con dicha cultura.

El caso que estudió con más profundidad tiene una estrecha relación con la autenticidad, la identidad y la exclusión. Se habla de un grupo de artesanos indígenas mexicanos, quienes no solo han sufrido de falta de apoyo y exclusión en sus propias tierras, sino que se han visto forza- dos a cambiar y adaptar sus representaciones y diseños para poder participar en eventos cultu- rales que apoyan su patrimonio.

4.1. Gentrificación: Un fenómeno global Uno de los casos más claros del funciona- miento del patrimonio como mecanismo de exclu- sión, es el del distrito Gavenspoort Market, más conocido como ‘Meatpacking District’ en Man- hattan, Nueva York, EUA. Un barrio muy pinto- resco de la ciudad, con calles empedradas y edi- ficios bajos que debe su nombre a que alrededor de 1920 y debido a un popular mercado de carne, se convirtió en un barrio enfocado a empacado- ras de carne y actividades relacionadas con esta industria. A finales de los años 90, el barrio tuvo una drástica transformación, y fue nombrado con el status de referencia que otorga una autoridad histórica de los Estados Unidos (‘Landmark Sta- tus’/National Historic Landmarks). Al tener ese nuevo status, restaurantes, bares y exclusivas boutiques empezaron a llegar y a hacer uso de los edificios. Con el elevado costo de vida y alqui- leres, comenzó la gentrificación de los habitantes locales y antiguos de dicho distrito.

Con el desarrollo del barrio, se creó una aso- ciación para rescatar y preservar la originalidad del distrito, pero ellos mismos han aceptado que los patrocinios y ayudas son exclusiva- mente para conservar y restaurar los edificios, sin ningún interés por los antiguos residentes quienes han sido prácticamente expulsados de ahí por los costos de la vivienda. Una de las declaraciones más impactantes hecha por una de las coordinadoras de dicha campaña de pre- servación a la periodista Shaila Dewan, ha sido que “la campaña no se ha hecho para detener la gentrificación” y es evidente que el mencionado anteriormente ‘Landmark Status’ protege única- mente a los edificios, no los habitantes del lugar. (Dewan, 2001, párr.4)

Los barrios del Raval en Barcelona, Tarla- basi, en Istambul, Turquía y Abasto, en Argen- tina, son tres casos más en los que la reurbani- zación que pretende elevar el status de un sitio, termina por excluir a la gente que lo ha desarro- llado y a quienes han construido ese patrimonio. La antropóloga social María Carman (2006), se ha especializado en el caso particular de la transformación de Abasto, barrio argentino donde creció Carlos Gardel, caso de estudio en el que basó su libro ‘Las Trampas de la Cultura’ y en el que explica cómo el poder de éstas regiones, con la finalidad de alcanzar intereses propios se dedica a encumbrar los bienes y valores locales. En el caso de Abasto, la intervención más fuerte fue convertir el antiguo mercado de frutas y verduras, símbolo patrimonial del barrio, en un lujoso centro comercial llamado ‘Abasto Shop- ping Center’, y junto al cual se realizó una esta- tua de bronce de Carlos Gardel para añadirle un toque más cultural al abandonado barrio.

En el Raval, antiguo barrio chino en el cora- zón de Barcelona, España, ha sucedido algo simi- lar, aunque se le ha considerado un caso parti- cular ya que se ha dicho que no se ajusta por completo a este concepto debido a que la mayor parte de quienes se han instalado en esta parte de la ciudad no corresponde a las clases altas, sino a grupos de jóvenes que desean vivir en el corazón de la ciudad y que probablemente lo harán de manera temporal. Asimismo, se habla de que este es un ejemplo distinto al de otras ciudades en cuanto a la visión social del barrio, que aún con la reurbanización, sigue teniendo para muchas personas una imagen negativa de prostitución y pobreza. (Sargatal, 2001).

4.2 Artesanía indígena en peligro de extin- ción

Otro ejemplo en el que el favoritismo a la conservación del patrimonio material ha cau- sado una fuerte exclusión, es el caso de las artesanías mexicanas en las zonas arqueológicas más turísticas, en las que los artesanos han sido expulsados de ahí y sustituidos por vendedores de artesanía hecha en China, que se produce en grandes cantidades a un precio mucho menor. Esto ha tenido consecuencias fatales cultural y económicamente.

Socorro Oropeza Morales, presidenta de la Unión Nacional de Productores Artesanales en México comentó a la periodista Matilde Pérez, que de los 20 millones de artesanos que había en este país hace una década, solo 8 millones siguen activos, siendo la mayoría de ellos mujeres que tienen como única fuente de ingresos la venta de

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sus productos y se encuentran en riesgo de quie- bra debido a los productos de baja calidad que provienen de China y cuyos costos de produc- ción son aproximadamente un 70% menores que los costos de los artesanos indígenas, haciendo que dicha artesanía pirata, se venda en mucho mayor cantidad (Pérez, 2011) dando una mayor relevancia al objeto material que al proceso.

Desde el punto de vista cultural, una de las consecuencias más graves de esto es que los arte- sanos han tenido que buscar distintas formas de sobrevivir, de manera que emigran a otras ciu- dades de la República Mexicana incluso a los Estados Unidos en busca de trabajo como jardi- neros, obreros, albañiles, etc., haciendo que sus tradiciones, muchas veces ancestrales, que han sido heredadas durante miles de generaciones, se pierdan por completo al dejar de ser rentables.

Uno de los casos más evidentes de exclusión por medio del patrimonio y que desarrollaré con mayor profundidad es el de El Tajín y la comu- nidad indígena Totonaca, en el estado de Vera- cruz, México.

De acuerdo a la lengua totonaca, ésta palabra se compone por tu’tu o a’ktu’tu que se refiere al número “tres” y nacu’ que significa “corazón”. Los totonacas usan este vocablo aludiendo a que Tajín, el Castillo de Teayo y Cempoala (tres sitios arqueológicos prehispánicos ubicados en el estado de Veracruz, México), son los tres corazo- nes de su cultura. Se caracterizan por conservar muchas de sus tradiciones ancestrales como bru- jos y curanderos; artesanías que realizan para uso familiar y ceremonial así como la indumen- taria tradicional hecha en telares, máscaras de madera y figuras talladas en vainilla; danzas rituales como la ‘danza de los voladores’ (una de sus tradiciones más importantes y conocidas); y su sistema tradicional de cultivo en el que utili- zan técnicas muy antiguas de aprovechamiento de la tierra, logrando diversificar los productos que siembran.

En un estudio profundo sobre esta cultura, el antropólogo mexicano Elio Masferrer (2004) menciona que el pueblo totonaca después de más de 500 años de opresión, ha logrado man- tener partes esenciales de sus tradiciones, arte- sanías y rituales y colocarse entre los 10 grupos indígenas más numerosos de México. Lamenta- blemente, después de tanto tiempo y habiendo superado todo tipo de obstáculos para mantener viva su cultura, los totonacas se encuentran de nuevo en peligro esta vez, irónicamente, como consecuencia de la pesada etiqueta de Patrimo- nio Cultural.

El Tajín es una zona arqueológica precolom- bina cerca de la ciudad de Papantla en Veracruz

considerada la capital del imperio Totonaca, cuyo edificio principal es la impresionante Pirá- mide de los Nichos que cuenta con 365 nichos o alcobas pintadas de azul brillante y rojo. Desde su inscripción a la prestigiada lista de la UNESCO, el turismo aumentó en la zona, lo que parecía ser de beneficio a los indígenas que ven- dían ahí su artesanía. Por iniciativa de empre- sarios (algunos de ellos extranjeros) y gober- nantes, con el pretexto de conservar, preservar y especialmente de difundir la cultura Totonaca se comenzó en el año 2000 la llamada ‘Cumbre Tajín’. En ella se promueve una explotación comercial del sitio convocando alrededor de 400 000 visitantes, cifra que aumenta de manera exponencial cada año y que en 2009 colocó esta zona como la segunda más visitada del país, teniendo un incremento de hasta 600%, ya que hasta el año 2000, asistían al sitio alrededor de 200 mil visitantes por año dejando derramas económicas millonarias para quienes auspician el evento. (Mendoza, 2011).

Independientemente del hecho que los mon- tajes de carpas, luces y afluencia de público han dañado las pirámides y construcciones, éste turismo masivo ha afectado la manera de vivir de los indígenas totonacos de la zona.

Desde su primera edición, el festival Cumbre Tajín ha tenido que lidiar con gran cantidad de opositores que cuestionan la autenticidad de los contenidos, el desgaste del recinto arqueo- lógico por la afluencia de público y principal- mente la exclusión y falta de participación de los miembros de la comunidad totonaca. Tanto el gobierno del estado de Veracruz, como los demás patrocinadores del monumental evento, han vendido la idea de un espacio de difusión y enaltecimiento de la cultura Totonaca afirmando que la gran derrama económica que se produce está siendo utilizada para beneficio y desarrollo de los municipios aledaños en los que se encuen- tra una gran concentración de comunidades de origen Totonaca. Sin embargo, los testimonios y estadísticas de desarrollo en estas comunidades indican lo contrario.

Otro de los conflictos importantes y que ha afectado de manera directa tergiversando la esencia de la cultura totonaca que tanto se busca enaltecer, es precisamente la elección de quienes pueden o no participar en la Cumbre. La comu- nidad totonaca cuenta con su propio sistema de jerarquías, que se forma y se decide por un respetado Consejo de Ancianos, quienes, entre otros cargos como el Fiscal Mayor, el Caporal y los Mayordomos, se encargan de la organización de fiestas religiosas y ritos, organización que se ha heredado por generaciones, y que reclama

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no haber sido consultada en lo absoluto por los organizadores del evento para la selección de los talleristas y participantes.

“Tenemos una organización que funciona como un sindicato de voladores y entre noso- tros nos ponemos de acuerdo para ver quien vuela en la zona y en el Parque Temático y que días...Lo que no me gusta de Cumbre Tajín es que luego ya lo tenemos todo organi- zado pero llegan y cambian todo, no toman en cuenta lo que habíamos hecho nosotros solos.” (Wenceslao, totonaco de 45 años, en Martínez Cabral 2005)

Se nombró a Don Juan Simbrón, líder del Consejo Supremo Totonaco, y conocido como “amigo personal del gobernador” para tomar cargo de la selección de participantes en la Cumbre, causando gran molestia entre muchos miembros de la comunidad, quienes reclaman que dicho Consejo, “no está constituido como Consejo, ni es totonaco, por tanto sus integran- tes no tienen mayor interés en que se beneficie la comunidad” (Guadalupe, totonaco de 33 años en Martínez Cabral, 2005). Esto ha originado dificultades entre las propias comunidades y las familias que siempre son elegidas para par- ticipar, muchas de las cuales llegan de otras regiones, lo que causa aún más incomodidad y sentimiento de exclusión entre los pobladores locales.

Se ha dicho, entre otras cosas, que esta Cum- bre es para disfrute de todos, para apreciar y conocer las tradiciones y vida diaria de los indí- genas, pero el costo de la entrada al parque temá- tico por día es de $300 pesos mexicanos (17.50 EUR), siendo un precio muy alto si se considera que el salario mínimo en el estado de Veracruz es aproximadamente de $61.38 pesos diarios (3.57 EUR), (Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, CONASAMI, 2013). Esto último tiene como consecuencia que muchos de los talleristas, danzantes y artesanos que han sido invitados a participar en el festival tengan que dejar a sus hijos en el pueblo, ya que deben pagar los altos costos de la entrada aún siendo familiares de los participantes. Esto confirma que el evento está diseñado para turistas y extranjeros.

Para la cumbre del 2013 se habla de una inversión de 48 millones de pesos, el 81% apor- tados por el estado de Veracruz, y el resto por el gobierno federal. Se contempla una derrama económica estimada en 200 millones de pesos al finalizar la Cumbre (Sánchez, 2013). Mien- tras tanto, Veracruz se destaca en otro ámbito como uno de los estados con mayores reportes de

pobreza extrema y 37 zonas de alta marginación (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social – CONEVAL, 2012).

Por medio de entrevistas realizadas con el apoyo de Alejandrino García (comunicación per- sonal, 13 nov 2012 – 6 enero 2013), miembro de ésta comunidad, se encontró que una gran mayoría de los artesanos vendían sus objetos a los turistas de la zona, y aunque todos coinciden en que el nombramiento de ‘Patrimonio Cultu- ral’ ha atraído a más gente para que aprecie, conozca y difunda su cultura, también hablan de comerciantes externos que con permisos del gobierno venden artesanía hecha en China, lo que ha disminuído sus ventas y los ha llevado en muchos casos a abandonar su oficio haciendo que la tradición ya no continúe con sus descen- dientes.

Siendo la mayor parte de los artesanos indí- genas que viven en extrema pobreza y margina- ción, no tienen tierras propias ni talleres esta- blecidos por lo que el gobierno no los considera productores (Pérez, 2011), argumentando con esto la falta de apoyo a la continuidad y difu- sión de sus productos y oficios. Dado que para ésta mayoría de artesanos indígenas la creación de sus productos tiene mayor valor económico y personal que cultural, ha resultado en que el propio artesano procure que sus hijos no con- tinúen en su oficio y busquen otras formas de vida, o bien los lleva a cambiar por completo los diseños y formas, fracturando de manera casi irremediable la originalidad que caracteriza a sus productos.

5. Conclusiones

La gestión del patrimonio cultural tiene como finalidad su preservación en la historia buscando siempre darle valor en torno a su autencididad y aún más importante, su convivencia y relación con la sociedad. Con el creciente prestigio que se le da hoy en día al mercado de lo ‘exótico’, los países se encuentran en la ferviente necesi- dad de proclamar una identidad multicultural para mostrar al mundo su singularidad, aprove- chándose por medio de este tipo de situaciones y eventos de las sociedades minoritarias que al percibirse dueños de aquella singularidad, la adaptan a éstos estereotipos que agradan a los ‘compradores’, tratando de obtener la aprobación y visibilidad, que buscan tan desesperadamente.

Como se expone en los casos desarrollados, la exclusión es un fenómeno muy relacionado a la cultura cuando ésta debería ser una herramienta de inclusión social. Es evidente que el barrio de

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Abasto, Argentina, se ha desarrollado econó- micamente, el ‘Meatpacking District’ en Nueva York es mundialmente conocido y que el Tajín se convierte cada año en un absoluto fenómeno arqueológico internacional; pero en los tres luga- res como en el resto de los sitios expuestos, la autenticidad de su gente y su cultura se encuen- tra fracturada. ¿Vale la pena pagar un precio tan alto? Se debe encontrar el equilibrio entre el atractivo recreativo de un sitio y el respeto a esa identidad cultural que define cada lugar, promoviendo proyectos de trabajo conjunto entre investigadores, gestores patrimoniales y progra- mas turísticos de manera que les sea posible cumplir objetivos individuales y obtener bene- ficios colectivos en los que los monumentos y edificios patrimoniales puedan convivir con los habitantes que los rodean.

Es indiscutible concluir que la patrimonia- lización de lugares, monumentos, ciudades y tradiciones es un arma de doble filo. Existe una línea muy delgada entre difundir, conservar, enaltecer y excluir. Por un lado podemos conocer y apreciar las culturas distintas, la genialidad y la espectacularidad, pero también hemos de concientizar que la conservación del patrimonio y la cultura no es más importante que su con- tinuidad, en particular cuando se trata de res- petar los derechos y necesidades básicas de los individuos, ya que la importancia de todas las activaciones patrimoniales radica y existe en la comunidad y la sociedad que las ha construido. Bibliografia

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