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6. Resultados

6.1. Presentación de resultados:

6.1.1. Categoría y subcategoría: persona con discapacidad

La primera subcategoría hace referencia a los profesionales, se encontró que el 9,80% de

los RAE especifican a los profesionales como agentes importantes en el proceso de aceptación de

las familias con hijos(a) con discapacidad. Por otro lado, se pudo establecer que la labor que se

ha ido instituyendo en los diferentes campos relacionados con la discapacidad se han tornado en

un enfoque médico, es decir, se ha visto la persona con discapacidad como un resultado de

diagnósticos que deben ser manejados desde diferentes campos médicos para lograr satisfacer las

necesidades de la persona, no obstante, se ha visto la necesidad de implementar programas de

intervención holística al paciente que le permita interpretar y entender su condición y los

cambios que de ello deriva (Robles, 2004).

El sistema que emerge de la situación que se plantea con anterioridad propone que se

necesita un profesional que vaya más allá de esos contactos a menudo puntuales, limitados a uno

encuentros ocasionales, lo que es insuficiente para establecer una relación de confianza y de

comprensión (Beckman, 1996); ya que esto permitirá establecer vínculos donde primen los seres

humanos que conforman tal dualidad y no el estado especifico que limita o condiciona la persona

con discapacidad. De esta manera, el profesional que se necesita en el campo de la discapacidad

a partir de varias indagaciones y declaraciones de los familiares es aquel que "Además de su

competencia médica, sé que puedo apelar a sus cualidades humanas. Eso es lo que necesito, no

solamente la excelencia técnica" (Lafon, 1989) lo demuestra en gran medida las falencias aún

existentes en muchos campos profesionales que atienden a personas con discapacidad.

Específicamente desde un enfoque pedagógico el modelo que propone Bronfenbrenner

en 1974 ha demostrado avances significativos donde el docente como profesional debe ser

consciente de todo un contexto que influye en el desarrollo de la persona con discapacidad, y es

ahí, donde prima el ambiente como factor determinante en la evolución de procesos. A partir de

este modelo, se evidencia la necesidad desde todos los campos profesionales de involucrar la

familia en el proceso de desarrollo de las personas con discapacidad; contribuciones

fundamentales como el Proyecto Educativo individualizado (PEI) y los planes de servicio (PSI)

que ofrecen los recursos vinculados con la relación padres-profesionales.

En la segunda subcategoría de análisis se habla del apoyo con relación a la persona con

discapacidad, con un promedio de 13,7% este aspecto se convierte en parte fundamental para el

paso que atraviesa cada una de las familias desde el diagnostico hasta el crecimiento de su hijo

(a) con discapacidad, con el fin último de conseguir un grado de independencia mínima de

acuerdo las especificidades de cada caso, para ello es importante enfocar el apoyo desde

encauces diversos del modelo ecológico de la siguiente manera:

Figura #3. Rodríguez, A. Guerrero, C (2001). La familia como promotora de la independencia en niños y niñas con discapacidad motora.

De esta manera, se establece con un porcentaje de 13,73% que el apoyo es parte

fundamental para el paso que atraviesa cada una de las familias desde el diagnostico hasta el

crecimiento de su hijo (a) con discapacidad demuestran como a partir de la discapacidad de la

persona, devienen diversas posibilidades de ayudas que proporcionan oportunidades equitativas

para la persona y su familia, en oposición, podría existir una colaboración o una obstrucción de

la misma, si la familia no promueve positivamente a la búsqueda y uso de alternativas para la

persona, es decir, si la familia conoce mejor las características de los niños (as) y tiene mayor

interés en su progreso pueden accionar específicamente en ámbitos que permitan el avance de

habilidades adaptativas y por ende independientes de la persona con discapacidad.(Giangreco,

Clininger e Iverson, citados por Heward, 1997, p. 508). Para ello, la labor como se muestra en la

figura 3 también integra al profesional como guía y como generador de estrategias y alternativas

de apoyo de acuerdo las características de la persona con discapacidad y su contexto para el fin

ya mencionado.

El profesional es quien debe plantear a nivel integral con la familia los posibles modos de

acción para dar medios de colaboración entre los diferentes miembros de la familia, este proceso

debe darse de manera abierta y positiva otorgando un lugar fundamental a la familia en el

proceso de desarrollo de la persona con discapacidad de modo que sea un transcurso simultaneo

y de aprendizaje constante (Wehman, 2000). Las consecuencias de una mala base de

participación e integración de la familia en los servicios de apoyo profesional resultan ser poco

funcionales y recíprocos entre estas dos entidades y los intereses de la persona con discapacidad.

La tercera subcategoría, se desliga necesariamente de las dos anteriores, ya que la persona

con discapacidad precisa de diferentes medios de ayuda que mal enfocados podrían disminuir la

posibilidad de tener una independencia. Aspectos como la familia, los profesionales y los

diferentes apoyos son a menudo elementos claves pero controversiales cuando se habla de

autodeterminación, ya que si bien la independencia es el fin último en la educación de una

persona con discapacidad para conseguir una calidad de vida, aspectos familiares y relaciones

profesionales podrían ir en contra de lo que se propone pedagógicamente hablando por la

subestimación de capacidades o la sobreprotección que no favorecen el desarrollo de la conducta

autodeterminada (Grigal, Neubet, Moon y Granham, 2003).

Para este aspecto, se resalta un promedio de 1,9% donde se refleja un arduo afán y

necesidad de que el hijo (a) con discapacidad obtenga una igualdad de oportunidades y para ello

se proponen una serie de pautas o estrategias que podrían servir de referencias para estructurar

una propuesta de intervención familiar para apoyar la independencia de personas con

discapacidad. Lograr una equilibrio entre la necesaria independencia y la suficiente protección;

dar a entender a los hijos que lo que dicen o hacen es importante, y que puede ser importante

para otros; hacer comprender a los hijos que son importantes y que merece la pena emplear

tiempo en ellos; afrontar las preguntas de los hijos relacionadas con su discapacidad; valorar las

metras y objetivos de los hijos y no centrarse solo en los resultados o en el rendimiento;

favorecer las interacciones sociales con otros niños y en contextos diferentes; confiar en los

puntos fuertes de los hijos y tener expectativas realistas aunque tampoco ambiciosas;

proporcionar oportunidades a los hijos para que asuman la responsabilidad de sus propias

acciones, éxitos o fracasos; planificar oportunidades de hacer elecciones y dar feedback positivo

y honesto haciendo ver a los hijos que todos, incluidos los propios padres, cometemos errores

pero que pueden corregirse. (Davis y Wehmeyer, 1991). Con los elementos nombrados

anteriormente tanto los profesionales como los familiares pueden promover la autodeterminación

y pueden aprovecharse mejor si se identifican las necesidades, sus recursos, sus fuentes de ayuda

y su capacitación frente al tema.

La cuarta subcategoría es la accesibilidad, el 15,7% de estas investigaciones hacen un

enfoque al tema para exaltar lo importante que es alcanzar el legítimo derecho de inclusión a

una sociedad, no solo a la persona con discapacidad sino a su núcleo familiar para tener una

plena participación, donde la persona con discapacidad podría enfrentarse a dos tipos de

participación, uno deriva del mero hecho de un acceso a la atención médica o afiliación al

sistema de seguridad y la otra que referencia la posibilidad de acceso a suplir las necesidades de

salud y educación (Gómez, 2010) esto sin olvidar la importancia que también se debe dar en el

contexto social y cultural, donde la persona con discapacidad puede disfrutar de beneficios

diversos que están encaminados a mejorar la calidad de vida y a asegurar oportunidades diversas.

Cuando se logra una dimensión de la discapacidad vista desde la accesibilidad, es notoria

la perspectiva incluyente donde los recursos sociales disponibles se privilegian a grupos

familiares y no a personas con discapacidad como seres aislados (Gómez, 2010), con el fin de

fomentar una conciencia nacional sobre el tema y aludir a una responsabilidad que contribuya a

suministrar de espacios adaptados y accesibles a las necesidades de todos.

Durante esta categoría, se evidencia como la persona con discapacidad puede verse desde

diferentes perspectivas, pero independientemente del enfoque que se le otorgue no se puede

descuidar el valor de todos sus contextos empezando por la familia; al cohesionar la información

obtenida en la indagación los elementos mencionados tiene un punto de fusión donde se hace

evidente la integración de elementos claves para qué la persona con discapacidad pueda tener

una mejor calidad de vida. La labor de los profesionales en la actualidad ha venido cobrando

relevancia y se ha ido transformando a través de los años, a tal nivel que los programas de

intervención se han argumentado bajo enfoques de integridad y comunidad que permita no solo

un desenvolvimiento del ser humano sino de un ser social de derechos, y es en este punto donde

la visión médica y diagnostica no se limita al señalamiento de limitaciones individuales sino se

expande a una visión de responsabilidad comunitaria donde la persona con discapacidad es tan

limitado como su mismo contexto lo demande y es por ello que los apoyos y los servicios de

ayuda se han venido efectuando en las colectividades que así lo requieran.

En conclusión, para permitir que la calidad de vida de la persona con discapacidad mejore

y se logre un engranaje de factores positivos que permitan el desenvolvimiento del ser humano

en toda su integridad, es importante un trabajo colectivo entre profesionales y la familia donde se

posibilite el desarrollo de pautas de crianza e intervención donde prime la autodeterminación

como fuente de calidad de vida y así mismo contribuir a que la persona como tal tenga un acceso

a los diferentes contextos y que sea valorado como un ser de derechos en todo pasaje,

asegurando la permanencia, pertinencia y participación de la persona con discapacidad a partir

no solo de su condición médica sino de sus intereses y cualidades particulares.