PARTE III. CONCLUSIONES / CONCLUSIONS
Ficha 2. Categorías de la ocupación en el transecto urbano-rural
7.2.3 EL SUELO AGRARIO EN EL TRANSECTO URBANO-RURAL
7.2.3.1 Distribución del suelo libre según clase agrológica en el transecto urbano- rural
Si superponemos la delimitación de áreas del transecto a la información de clases agrológicas podemos comprobar la localización del suelo apto para el cultivo en relación a los espacios más y menos urbanizados (Ver Ficha 3).
Dado que son los más numerosos, los suelos de calidad media y los no laborables serán los que más peso tengan en las distintas zonas del transecto urbano-rural, si bien su distribución territorial presenta una notable diferencia: mientras los suelos de clases III y IV van aumentando su peso al acercarse a las áreas con más densidad de urbanización, los suelos de menor calidad van reduciéndose paulatinamente. Así en las áreas rurales el suelo apto para el cultivo supone algo más de un tercio, siendo el predominante el suelo de vocación no agrícola, que ocupa el 60% del suelo no ocupado del ámbito rural; siguiendo la secuencia vemos cómo el primero se incrementa hasta el 55% y el segundo baja al 40% en el ámbito periurbano; pasando a un 70% y 25% en las zonas de margen, y a un claro predominio del suelo cultivable, con una media del 80% del suelo no ocupado en las áreas suburbanas y urbanas.
Si atendemos al 3% de suelo no ocupado que corresponde a la clase de mayor calidad (clase II), la mayor superficie se sitúa en el espacio periurbano, seguida del rural, aunque también tiene presencia en las áreas de margen.
En definitiva, podemos comprobar que las áreas que hemos definido como rurales en la CM son en su mayor parte de vocación ganadera o forestal, mientras el espacio apto para el laboreo se concentra en áreas periurbanas y urbanas. Todo ello es una consecuencia lógica de la dinámica que ha seguido la urbanización, ocupando las áreas llanas y próximas al centro, y evitando las más periféricas, especialmente las que presentaban mayor dificultad de urbanización debido al relive, es decir, las correspondientes a la sierra, que además corresponden a suelos de menor calidad agrológica.
Además existe una diferencia en la continuidad de los espacios rurales. En la parte de la sierra al norte y el oeste, que es donde se concentra el suelo de menor calidad, se puede comprobar una mayor continuidad de las áreas rurales, formando cuñas entre áreas de urbanización más densas; sin embargo en el área de las vegas, al este y sureste, de vocación agrícola, el ámbito que hemos delimitado como rural aparece más fragmentado. 7.2.3.2 Distribución de suelo según cultivos y aprovechamientos en el transecto
urbano-rural
Analizaremos para finalizar el cruce de los ámbitos del transecto con la base de cultivos y aprovechamientos (Ver Ficha 4).
En los suelos libres del ámbito definido como urbano, el escaso espacio que no acoge usos urbanos está ocupado bien por cultivos de labor de secano o por áreas de matorral., que ocupan pequeños espacios aislados en el continuo urbanizado.
En el área suburbana casi la mitad de suelo libre se destina a labor de secano, situada principalmente en espacios aislados del sur metropolitano. Ganan importancia los usos
forestales, con áreas localizadas al este y el norte, en detrimento de la superficie de matorral, predominante en el espacio urbano.
En ámbito de margen se extiende radialmente en todos los sentidos, por lo que en su composición se mezclan los diversos aprovechamientos presentes en la CM. Se mantiene como uso dominante el agrícola, y en concreto el de labor, pero va aumentando considerablemente el peso de suelos de matorral, pastos y monte. Como siempre, la superficie de regadío es escasa, pero en términos relativos su presencia en el espacio de margen es muy elevada, una quinta parte del suelo de regadío se localiza aquí, frente a solo una décima parte del suelo agrícola en su conjunto. Este regadío corresponde a las vegas del Henares y a la vega media del Jarama, que como veíamos previamente están bastante afectadas por distintas ocupaciones urbanas directas e indirectas. Los usos de regadío mantienen una presencia constante en todos los ámbitos del transecto, a diferencia de otros cultivos y aprovechamientos que presentan más variaciones.
El ámbito periférico es el espacio en el que la superficie conjunta de suelos de matorral, pastos y monte duplica a la de cultivos de labor. Además ganan presencia los cultivos leñosos de secano (olivar y viñedo) prácticamente inexistentes en áreas de mayor densidad de urbanización. Podemos concluir que si bien el más de la mitad (el 60%) del suelo no ocupado madrileño es periurbano, en el caso de los suelos estrictamente agrícolas el porcentaje asciende al 70%. Lo mismo se puede afirmar para cada tipo de cultivo por separado: en torno al 70% del suelo de regadío, de labor de secano y de cultivos leñosos (olivar y viñedo) se encuentra en áreas periurbanas. Más altos aún son los porcentajes para los frutales, tanto regados como no, en torno al 80% del suelo que ocupan se localiza en el ámbito periurbano.
Finalmente en el espacio rural más de la mitad del suelo está ocupado por montes, que duplican la superficie del suelo agrícola, escasa en este ámbito, ya que sólo un tercio de los cultivos se encuentran en áreas rurales.
Comparando la distribución de cultivos con las clases de suelo, podemos constatar que parte del suelo de calidad media situado en las áreas con más densidad de urbanización se está ocupando con usos de menor exigencia, generalmente matorral.