dades: Cavia aperea, distribuida en el sur de Brasil, norte argen- tino y sureste de Amé- rica del Sur; Cavia ts-
chudi en la sierra de
Perú, Bolivia y no- roeste de Argentina; y
Cavia porcellus de Guayana, Venezuela y Colombia. Además, existen otras tres es- pecies en Argentina, Uruguay, Brasil y Boli- via. Wing (1977:843) postula que las tres primeras especies son
independientes entre sí por ocupar territorios dife- rentes. Existe un ejemplar de Rosamachay (Ayacu- cho) del Formativo Tardío (200 a.C.) y por sus ras- gos craneales se trata de cuy domesticado tipo Ca-
via porcellus. También existen otros más antiguos
encontrados en la fase Puente de Ayacucho (9 000- 7 100 a.C.). Restos de similar antigüedad fueron re- cuperados en el abrigo rocoso de Tequendama (Co- lombia) (Correal Urrego y Van der Hammen 1977). No se han encontrado muestras significativas de cuy sobre los 4 000 m de altura y por otro lado, a medida que se consolida la vida sedentaria y surge
la civilización en los Andes, la frecuencia de este roedor es menor en el registro arqueológico.
Domesticación de camélidos
Llamas (Lama glama), alpacas (Lama pacos), vi- cuñas (Vicugna vicugna o Lama vicugna) y guanacos
(Lama guanicoe) pertenecen a la familia Camelidae.
Las dos últimas son silvestres mientras que las pri- meras son domésticas. La vicuña es el animal más pequeño y posee incisivos en continuo desarrollo. La llama es el más grande y sirve como bestia de carga. Su lana se utiliza para hacer mantas, pero no
C UL TURAS P REHISPÁNICAS Probablemente el perro acompañó a los primeros pobladores de América. En el Perú antiguo hay alrededor de cinco variedades: el perro chino o “tilingo” es una de ellas. El cuy pudo haber sido domesticado en la cuenca de Ayacucho. En la actualidad este roedor no sólo forma parte de la dieta de los pueblos andinos, sino también es utilizado en sesiones curativas y de adivinación.
tienen la finura de las confeccionadas en lana de al- paca o de vicuña. Alpacas y llamas proporcionan también carne, cuero, guano para prender fuego, y huesos como materia prima para diversos tipos de utensilios. Existen dos tipos de llama, una grande y otra pequeña. La grande es especialmente utilizada para transportar carga. Las alpacas se dividen en cambio tomando en cuenta las características de su lana, destacando la variedad suri con pelo largo y recto, y la huacaya, que posee pelo ondulado y cor- to. El cruce de llamas y alpacas da como resultado un tipo llamado huarizo, si el progenitor es llama, y
misti cuando el progenitor es alpaca. De la vicuña
macho con alpaca se produce el paco vicuña. La llama tiene orejas largas, y su hocico, cuello y cabeza son generalmente más grandes en compara- ción a las alpacas. La cola de la llama es semi-recta en tanto que la alpaca tiene la cola pegada al trase- ro. La alpaca es más tímida, pero ambas son grega- rias y polígamas, con una gestación de 11 meses. Consumen pastos y musgos y su distribución no es homogénea, pues sus hábitats no son necesaria- mente idénticos. Las llamas pueden encontrarse en altitudes sobre los 3 000 metros y las alpacas siem- pre están por encima de los 4 200 metros de eleva- ción (propiamente en la puna). No son animales que migren de sierra a costa, y tampoco son anima- les que provean leche, o que sirvan como cabalga- dura o para halar arado. En tiempos prehispánicos y actuales la llama se utiliza para llevar carga, pero en cantidades pequeñas. La alpaca no tiene la capa- cidad para llevar carga y fue criada primordialmen- te por su lana, que en la década de 1970 fue después de los minerales el recurso de exportación más im- portante procedente de la puna (Gade 1977).
¿Cuál es la antigüedad y distribución de los ca- mélidos sudamericanos? Pascual y Odreman (1974) observan que deben existir restos de
camélidos extinguidos en el Pleistoce- no Superior, sobre todo Lama oweni y
Lama angustimaxilla de Bolivia y Ar-
gentina, así como Eulamaops parallelus de Argentina. En el norte andino exis- ten datos de una especie de paleollama que vivió en el Pleistoceno, pero no hay restos concretos de llamas o vicu-
ñas para dicha era geológica en los países del norte andino, aun cuando éstos deben aparecer en las pu- nas. Sorprende que no existan restos de llama y vi- cuña en el Pleistoceno andino, a pesar de que se los encuentra en toda la era pleistocénica en el sur de América del Sur.
Llamas
Aparecen desde Huánuco (Perú) hasta el sur y actualmente no existen llamas silvestres. Su presen- cia en Ecuador puede ser una introducción tardía, acentuada sobre todo por los incas. Se han recupe- rado vestigios en el Pleistoceno boliviano y en las pampas de Argentina. Tal vez el género Auchenia en-
senadensis del Pleistoceno Medio de Argentina es el
mismo Lama glama. Otros géneros del Pleistoceno Tardío de Tarija (Bolivia), tales como Palaeolama
crequi Boule, Auchenia intermedia Gervais y Auche- nia castelnandi Gervais, podrían ser también Lama glama.
Guanacos
Restos fósiles de esta especie se descubrieron en el Pleistoceno de Argentina. Hoy está confinada a las alturas, desde el norte de Perú hasta el sur del continente. Sin embargo, parece que sólo se halla en las alturas de Cuzco e Ica y corresponde a la subes- pecie Lama guanicoe cacsilensis Lönnberg. Hace dé- cadas aún se le veía en las alturas de Huánuco.
Alpacas
Fueron identificadas como Auchenia lujanensis y sus fósiles fueron recuperados en el Pleistoceno Su- perior de Argentina, en la zona pampeana. Actual- mente se distribuye en el altiplano sur de Perú y en el oeste de Bolivia. No existen alpacas silvestres hoy en día. C UL TURAS P REHISPÁNICAS
Alpacas. Quizá el altiplano de Junín o el peruano-boliviano hayan sido zonas de domesticación de los camélidos, cuya carne y pelaje fueron siempre apreciados. Los camélidos han tenido especial significado ceremonial y se ofrecían en ritos propiciatorios de fertilidad, salud y abundancia.
Vicuñas
Sus restos más antiguos han sido documentados en depósitos del Pleistoceno Superior de Argentina y Bolivia. Hoy se distribuyen en el altiplano sur de Perú y oeste de Bolivia, noroeste argentino y la par- te chilena adyacente, Junín (Perú), La Rioja y San Juan (Argentina).
El hábitat de los camélidos en el pasado es un as- pecto que reclama estudios más acuciosos. Bonavia (1991:115-116) informa de restos encontrados en la costa y costa central norte con fechas de 4 000 a.C. y en la costa de Chile se documentaron camé- lidos con 9 000 a.C. Por eso existe la posibilidad de que estos animales sean originarios de zonas más bajas, explicándose su presencia actual circunscrita a las punas por el arrinconamiento que los cazado- res les impusieron hace miles de años. Esta hipóte- sis se refuerza con datos paleoambientales y geoló- gicos, pues durante el Pleistoceno Tardío la actual puna estuvo cubierta de nieve, ya que el manto gla- cial descendió hasta los 3 900 m de altura.