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CENTRO Y PERIFERIA EN EL MUNDO ANTIGUO h) comercio de emisario: B envía emisarios a A;

descubrir restos arqueológicos de los nómades Por ejemplo, la arqueología prehistórica ha sido

49 CENTRO Y PERIFERIA EN EL MUNDO ANTIGUO h) comercio de emisario: B envía emisarios a A;

i) enclave colonial: B establece enclave en A;

j) puerto de comercio: A y B envían emisarios a un puerto fuera de sus jurisdicciones.

Volviendo al caso del Negev de fines del Bronce Tardío, la explotación minera egipcia en Timna puede clasificarse dentro del acceso directo (modo a), ya que todas las evidencias indican que Egipto tenía acceso al cobre sin ningún tipo de intermediación local, al menos en el caso del acceso marítimo a través del Golfo de Aqaba.

A pesar de esto, la cuestión no es tan sencilla en lo concerniente a la distribución del cobre. ¿Estaban implicados en ésta comerciantes especializados independientes (modo g), tal como fue característico de épocas posteriores, como el comercio del incienso arábigo de fines de la Edad del Hierro? ¿O, más bien, el cobre viajaba a través de varias transacciones y territorios, como es característico del modo d de Renfrew? A primera vista, el primer modo de transporte es mucho más eficiente, en términos de tiempo y costo, que el comercio de intermediario. Sin embargo, un análisis más pormenorizado revela que es el comercio tipo down-the-line el que más se adecua a la evidencia de principios de la Edad del Hierro (Tebes 2007). Ciertamente, aunque el rol de comerciantes intermediarios pudieron haberlo cumplido tanto mercaderes profesionales individuales como grupos o familias enteras de la comunidad pastoral local, la evidencia cerámica apunta principalmente a la segunda posibilidad17.

Como hemos dicho, la mayoría de las vasijas madianitas encontradas en Timna era de uso doméstico y no cumplía funciones de transporte o almacenamiento. Aunque es muy probable que esta cerámica no haya sido, en sí misma, una cerámica comercial, sería un error concluir que por ello no sería transportada por los pueblos pastorales (como asume, por ejemplo, Herr 1999: 73), ya que su amplia distribución en áreas tan alejadas entre sí como el noroeste de Arabia, Palestina y el Sinaí no podría tener otra explicación que el comercio.

Varios ejemplos etnográficos modernos demuestran que los pueblos nómades sí poseen y transportan su propias cerámicas, que poseen características particulares. Las vasijas utilizadas por poblaciones nómades deben ser hondas y poseer aberturas estrechas, para facilitar su transporte. También, deben ser fuertes y poseer paredes gruesas, adecuadas para el transporte animal (Banning y Köhler-Rollefson 1992: 192-193). Generalmente, en los sitios habitados por nómades se encuentran dos tipos de cerámica: a) pequeñas vasijas portables (cuencos, jarras, etc.), consideradas de mucho valor, y que serían circuladas de un sitio a otro, por lo que no entrarían en grandes cantidades en el registro arqueológico; y b) grandes vasijas (marmitas, jarras de almacenamiento, etc.), que entrarían con frecuencia en el registro arqueológico, con alto grado de roturas (Cribb 1991: 76). Ciertamente, la mayoría de la cerámicas madianitas encontradas pertenece al segundo tipo, siendo de tipo doméstico, y casi el único tipo de vasijas que aparece en el registro arqueológico. El hecho de que la mayoría de esta cerámica sea doméstica es indicativo de que el transporte del cobre se llevaba a cabo durante, y posiblemente era un suplemento de, las migraciones periódicas anuales en busca de pasturas estacionales. Desde el momento en que la que migraba era parte o la totalidad de la comunidad, no es

17 En este sentido, Haiman, refiriéndose a un caso similar, menciona la posibilidad de que haya

habido un paso evolutivo desde el segundo caso hacia el primero, en el mismo momento en el que el comercio necesitara una mayor capacidad de transporte y rapidez (Haiman 1996: 22).

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de extrañar encontrar como elemento distintivo la cerámica de uso doméstico, relacionada con las actividades diarias de subsistencia18.

En conclusión, la cerámica madianita es indicativa de la actividad migratoria de los pueblos pastorales locales. En Timna, este tipo cerámico está indiscutiblemente asociado con la extracción y procesamiento del cobre, por lo que es posible postular que la distribución de aquél está asociada, de forma indirecta, con la distribución del cobre hacia Palestina. Este marco pastoral explica que, a pesar de la amplitud de su distribución geográfica, el número de vasijas madianitas encontrada en cada sitio (con excepción del Arabá meridional) sea bastante bajo. Como hemos visto, las sociedades nómades dejan muy pocos restos arqueológicos, lo que impide hacer un análisis cuantitativo de la cerámica madianita encontrada (salvo, tal vez, para el Arabá meridional y los sitios del noroeste de Arabia). Dicho esto, está claro, sin embargo, que la distribución de la cerámica madianita sigue un claro patrón: el número de vasijas de este tipo y la evidencia del trabajo del cobre disminuyen a medida que uno se aleja del Arabá meridional. Para este tipo de fenómenos, C. Renfrew acuñó, hace años, el término “Ley de Disminución Monótona”. En ausencia de un intercambio altamente organizado y direccional, la frecuencia de un bien disminuye con la mayor distancia (Renfrew 1977: 72-73). Indudablemente, este patrón distributivo no es accidental, dado que el sitio donde, aparentemente, se manufacturaron las vasijas madianitas es Qurayya -donde tampoco se halló evidencia del trabajo del cobre- y no el Arabá meridional.

Si, como hemos establecido, las vasijas madianitas representan las actividades de subsistencia de los pueblos pastorales, ¿porqué no hemos encontrado rastros de sus vasijas de transporte? Una posibilidad atrayente es que las vasijas para almacenamiento y transporte no hayan sido manufacturadas por los mismos grupos locales, sino importadas desde las sociedades sedentarias vecinas, siendo, por ello, indistinguibles arqueológicamente de las vasijas de los pueblos sedentarios. Esta posibilidad esta apoyada por el hecho de que, en Timna, las grandes vasijas para transporte y almacenamiento pertenecen a la cerámica de torno manufacturada en Egipto o localmente (Rothenberg y Glass 1983: 115).

En un sentido similar, en Jordania meridional, la cerámica diagnóstica del Hierro I consiste, principalmente, de cerámica madianita y de grandes vasijas conocidas como “jarras de borde de collar” (collared-rim jars) (Finkelstein 1992a; 1995b: 131). Según M. Artzy, este tipo de grandes vasijas está conectado con el transporte de bienes, y sus antecedentes provienen de las vasijas de transporte marítimo del Mediterráneo del Bronce Tardío (Artzy 1994). Sin embargo, la hipótesis de Artzy no ha sido bien recibida por la mayoría de los investigadores, dado que este tipo de vasijas es demasiado grande y pesado para el transporte a grandes distancias, por lo que su función principal habría consistido, principalmente, del almacenamiento de productos agrícolas (Esse 1992: 96; London 1989: 43-44).

Si, como hemos visto, Egipto recibía la mayor parte del abastecimiento del cobre del Arabá por mar, el comercio local por tierra sólo habría sido una fuente secundaria y suplementaria de cobre para Egipto, aunque no para Palestina. El hecho de que este comercio era sólo una parte subsidiaria del sistema de transporte egipcio habría impedido la formación de una clase de comerciantes especializados, como sí ocurrió en períodos posteriores, como el Hierro II o el período nabateo. De esta manera, el comercio habría

18 Otra posibilidad, mencionada por L. Singer-Avitz para el comercio del incienso arábigo de fines

del Hierro II, es que los comerciantes de caravanas recogieran pequeñas vasijas en las estaciones de ruta y las distribuyeran en todos los lugares que visitaran (Singer-Avitz 1999: 53). Pero esta hipótesis no toma en cuenta que, en nuestro caso, las vasijas madianitas se manufacturaban no en varios, sino en un solo sitio completamente alejado de las rutas del cobre: Qurayya.

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