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Capítulo 3: “Sem Fantasia”: construcción de género y performance

3.2. Análisis de Performance: versiones comparadas

3.2.2. Chico y María Bethânia

La segunda versión que revisaré fue grabada durante un show realizado por Chico

Buarque y María Bethania en Rio de Janeiro en 197574, el cual sería lanzado como álbum por

Phonogram el mismo año bajo el nombre Chico Buarque e Maria Bethânia Ao Vivo.

El registro vocal de María Bethânia obliga a cambiar la tonalidad de la canción de Mi

menor a Do menor, de este modo y a diferencia de Cristina, ella aborda el canto en su octava

más grave. La canción se inicia con una especie de fanfarria de los bronces, que desciende

sobre el acorde de dominante, creando inmediatamente expectación. La voz de María

Bethânia, entra segura y potente, variando el fraseo ligado de Cristina y destacando a su

interlocutor “muchacho vago”75, al separar ambas palabras exagerando su pronunciación y

enfatizando la palabra “vago”. El acompañamiento de la orquesta va cobrando

protagonismo con secciones responsoriales de los vientos. Una variación dinámica a partir

segunda estrofa genera un contraste que no está en la versión de Cristina: “te voy a envolver

el cabello / ven a perderte mis brazos por el amor de Dios”76. El volumen de la voz va en

crescendo y la nota más aguda de la melodía coincidente con la palabra “amor” será alargada por María Bethânia, reforzando el carácter de ruego. Las cuerdas acentúan el carácter

74https://www.youtube.com/watch?v=vSY8xSrymnM

75 “menino vadio”

103 dramático del texto, para desaparecer en el último verso, devolviendo la connotación privada

a la declaración: “ven, que te quiero todo mío”77, que a diferencia de la versión anterior, termina en tonalidad mayor dando paso a una modulación a La menor, para la entrada de la

voz masculina.

Al abordar la canción en La menor, Chico canta una cuarta más arriba que en la

versión original, lo que le permite sonar con fuerza y seguridad en el inicio. A diferencia de

la versión con Cristina, la primera estrofa y el comienzo de la segunda será cantada solo por

Chico, mientras la melodía femenina sigue presente, reemplazada por la flauta. Al final del

quinto verso se incorpora la voz femenina que será anticipada por la aparición de las cuerdas

y el crescendo de la orquesta.

Es en este momento en donde se percibe una mayor diferencia con la primera

versión. Los roles se han invertido, es María Bethânia quien se encuentra en un registro

cómodo sobre el que demuestra total dominio, mientras que Chico se esfuerza por llegar a

las notas más agudas, en coherencia con el texto de la canción que sugiere un obstáculo tras

otro para consumar el encuentro. El arreglo orquestal acentúa este carácter, para

desaparecer casi del todo en el último verso en donde se consuma el encuentro de las voces

al unísono. La canción termina con la repetición de los tres últimos versos de cada personaje,

el final marcado por los bronces y los aplausos el público.

Aunque no existe un registro audiovisual de esta canción, la carátula del disco Chico Buarque e Maria Bethânia Ao Vivo contiene tres fotografías del encuentro.

104

Foto 2

En ellas podemos ver a María Bethânia y Chico interactuado, cantando mirándose de frente,

apoyados de espaldas uno contra el otro y de frente enlazados con uno de sus brazos. En las

tres fotografías se aprecia la fuerte comunicación e interacción entre ellos. Chico no está

tocando la guitarra, sino dedicado exclusivamente al canto. Podemos deducir entonces, que

esa misma expresividad acompaña la interpretación vocal de los protagonistas. El arreglo

orquestal conforma desde el inicio el escenario en donde se recrea la acción. Los matices

dinámicos de la voz y de la orquesta intensifican y potencian el discurso de los personajes.

3.2.3. Chico y Caetano Veloso

La tercera versión pertenece a un especial sobre Chico Buarque que fuera exhibido por TV Bandeirantes en diciembre de 197878. En él, ambos artistas conversan sobre las

composiciones en femenino e interpretan algunas de ellas. De este modo Chico canta “Esse

105 cara” de Caetano que cantará a continuación “Tatuagem” de Chico, para luego interpretar a

dúo, “Sem Fantasia”, también de Buarque. En el video podemos observar a Chico y Caetano

Veloso en una habitación, una sala de estar familiar y acogedora.

Foto 3

Ambos se encuentran vestidos cómodos e informales, Chico sentado en una banca y Caetano

en el suelo. Se observan algunas plantas y una hamaca; el ladrido de un perro confirma ese

espacio familiar y privado. Este ambiente, la familiaridad entre ambos y las semejanzas de

sus composiciones en femenino configuran un espacio homosocial que permite una

conversación íntima y distendida.

Esta versión propone un cambio significativo al reemplazar la voz femenina por la de

otro hombre. Chico Buarque toca la guitarra en el tono original, Mi menor, de este modo la

sección femenina será abordada por Caetano en la octava inferior. A diferencia de las

versiones anteriores, no existe una introducción instrumental: guitarra y voz parten al mismo

tiempo. La cámara enfoca a ambos intérpretes, pero avanza hacia un primer plano de

106 comunicación con su interlocutor. Caetano canta con menos fuerza que María Bethânia,

pero más expresividad que Cristina.

En la entrada de la sección masculina la cámara se centra en Buarque. Caetano repite

la sección femenina, matizando el volumen para destacar la voz de Chico. La cámara alterna

primeros planos de ambos intérpretes, en donde se observa la comunicación visual entre

ellos. Ambos enfatizan el final de la canción aumentando la intensidad de las voces, para

terminar al unísono. Tanto Chico como Caetano se muestran cómodos en sus respectivos

registros, pudiendo manejar sin dificultad la tesitura y diversos matices dinámicos, lo que no

ocurre en las versiones anteriores en donde uno de los intérpretes se encontrará más a gusto

que el otro. Sin embargo, mientras Chico se mantiene contenido por la ejecución de la

guitarra concentrando su expresividad en la mirada, Caetano sonríe y gesticula balanceando

su cuerpo y llevando el pulso con los pies a ratos. La idea del registro audiovisual lleva

implícita la participación de un equipo de personas, sin embargo, la canción ha logrado

mantener un carácter privado o íntimo, gracias al ambiente distendido, la guitarra sola y la

comunicación entre los intérpretes.

En las tres versiones descritas, Chico Buarque canta la sección masculina, mientras

sus acompañantes van variando. Un primer factor determinante es la tonalidad que va a

condicionar el desempeño vocal de los intérpretes. La primera y tercera versión conservan

el tono original de Mi menor, cómodo para la voz masculina, como podemos apreciar en

Chico y Caetano. Sin embargo, aunque provoca un contraste atractivo, para la voz femenina

resulta demasiado agudo. Es por esto que la versión junto a María Bethania, se inicia en Do

107 menor, presenta una mayor exigencia vocal al hombre, lo que indirectamente favorece la

coherencia entre texto y música. Sin embargo, no es el único dato que podemos extraer de

la dimensión sonora de la voz. En diversos estudios citados por María Teresa Soto Sanfiel

(2008), los juicios sobre la personalidad de los hablantes se relacionaban con la percepción

de atractivo de las voces que los auditores utilizaban para evaluar la personalidad del otro.

El estudio, específicamente, halló una relación entre el tono de la voz y el atractivo percibido.

Las voces con frecuencias fundamentales más bajas eran consideradas más atractivas. De

hecho, los receptores asociaban a los tonos bajos con rasgos más favorables de la

personalidad. De acuerdo a estos estudios, la voz de María Bethania no solo se presenta

como más “atractiva”, sino que además encarnaría mejor la figura de la mujer segura de sí

misma, fuerte y maternal a la vez. La voz aguda de Cristina no solo da una idea de fragilidad

o infantilismo, sino que se contrapone a la figura femenina que describe nuestro texto

primario.

Por otra parte, la melodía como representación de la persona, es en gran parte

mediada por el acompañamiento (Moore 2012 189). En la primera versión Buarque canta

solo, sin embargo, recibe refuerzos a partir de la segunda estrofa transformándose en un

canto polifónico masculino, que además de tener más fuerza que la voz femenina, pierde su

carácter individual de sujeto convirtiéndolo en un discurso colectivo e impersonal. En la

segunda versión con María Bethânia, el arreglo orquestal juega un papel fundamental en la

creación de un ambiente dramático y teatral. Cada intervención instrumental está pensada

108 transforman un relacionamiento privado en un acontecimiento público contribuyendo a la

idea de una representación.

A diferencia de ambas versiones, la tercera interpretación de Buarque junto a

Caetano Veloso, se hará únicamente con guitarra, destacando las voces y el contenido del

texto. Los roles de cada interprete –femenino y masculino-, definidos por las versiones

precedentes, se ven reforzados por la concepción binaria occidental que delimita los

atributos de cada género: femenino/masculino, irracionalidad/racionalidad. La ejecución de

la guitarra, comprendida como un atributo técnico/racional/ masculino, está a cargo de

Chico y sus exigencias técnicas actúan restringiendo otras áreas de expresividad corporal y

limitándola únicamente al contacto visual con su interlocutor. Caetano en cambio, que

asume el rol definido previamente como femenino, despliega mayor expresividad a través

de diversos gestos físicos y vocales. Sus sonrisas, miradas, énfasis vocales e incluso el

balanceo del cuerpo o la forma de arreglarse el pelo, dan cuenta de una mayor afectación

emocional coincidiendo con aquella caracterización de género binaria occidental que

determina lo irracional y corporal como femenino. La voz, en este caso actúa como una

extensión de la corporalidad.

El timbre y expresividad de Caetano dulcifican el personaje femenino que aparece

distante en la interpretación de Cristina y severo en María Bethânia. Si la versión de Cristina

carece de matices y expresión gestual neutralizando el texto y la de María Bethânia derrocha

fuerza y seguridad encarnando mejor el personaje de amante/madre con control de la

situación, la versión de Caetano introduce una nueva figura, la del amante comprensivo y

109 instancia una relación amorosa homosexual, propiciado también por la ausencia de

autoreferencia de género gramatical del texto. De este modo el discurso adquiere otra

connotación. El amante llama a su enamorado y le pide hacerlo de una manera honesta:

“…ven, sin mentirte a ti mismo/ ven, pero sin disfraz…”79. El llamado es a asumir la relación homosexual, y posiblemente a reconocer una identidad homosexual, pues este amante

compresivo está dispuesto a recibirlo “frágil” y “torpe” para iniciarlo en el camino del amor. De este modo se justifica todo el sufrimiento que ha causado el encuentro para el

interlocutor interpretado por Chico Buarque, todas las pruebas y enfrentamientos que ha

debido superar y que ameritan la recompensa del amor y la consumación del encuentro.

Esta reinterpretación es posible a partir del reemplazo de la voz femenina por la de otro

hombre, sin embargo, la dimensión sonora de las voces iguales masculinas contiene en sí

misma un potencial homoerótico. A diferencia de las versiones anteriores en donde se

produce un contraste entre el timbre y registro vocal natural de las voces femenina y

masculina que suaviza las tensiones interválicas, en la interpretación de Chico y Caetano las

voces se entrelazan, confundiéndose una con otra y acentuando la disonancia en intervalos

de segunda:

110 La comunicación y proximidad entre ambos personajes se puede apreciar en la forma en que

comparten el ámbito melódico, intercambiando posiciones y sobretodo en el final, que

señala la consumación del encuentro con un unísono perfecto.

La dinámica relacional inusual que presenta el texto literario y musical de “Sem

Fantasia”, puede ser potenciado o desarticulado de acuerdo a parámetros performáticos.

Como podemos observar, el estudio de la performance resulta fundamental en cualquier

trabajo que instale el género como categoría de análisis, pues es en ella en donde ocurren

las negociaciones más importantes en torno a la construcción del mismo. El repertorio

buarqueano ofrece un extenso material en donde aparecen no solo figuras femeninas, sino

también varios dúos en donde es posible apreciar diversas dinámicas relacionales entre los

géneros. Una revisión que integre la performance es fundamental para observar de qué

modo se refuerzan diversas caracterizaciones de género, pero también de qué modo la

performance se transforma en un recurso para subvertir y poner en tensión los estereotipos

111 Conclusiones

Chico Buarque es considerado una de las figuras contemporáneas más importantes

de la cultura brasileña, quien ha desarrollado una carrera no solo como compositor, sino

también como escritor de renombrada fama internacional. Su música ha logrado penetrar

de manera transversal dentro de un público heterogéneo que abarca varias generaciones y

sectores socioculturales. Una de las principales razones de esta popularidad es el interés por

abordar diversas problemáticas comunes a la realidad sociocultural latinoamericana,

tematizando de este modo, a diversos personajes entre los que destacan aquellos

pertenecientes al segmento más vulnerable de la sociedad como los niños de la calle, los

obreros, malandros y también las mujeres. Esta tematización del sujeto marginado se ha transformado en un símbolo distintivo de su obra, a la que se le atribuye un compromiso

político y social. Efectivamente, Chico Buarque y su obra jugaron un rol importante en la

resistencia cultural durante la dictadura brasileña, para la cual la canción “Apesar de Você”

se trasformó en un verdadero himno.

Chico Buarque se ha esmerado por presentarse ante todo como un músico popular,

de modo que las figuras de alteridad compuestas por este colectivo marginado son

abordadas según la perspectiva leviniana de reconocimiento y responsabilidad ética hacia el

otro, para abrirse enseguida, hacia la conformación de una identidad colectiva capaz de

comprender y contener la enorme variedad de personajes que la conforman. De este modo,

al integrarse ideológicamente a este colectivo marginado, pone en valor la música y la cultura

112 Sin embargo, lejos de lo que parece a primera vista, la tematización del sujeto

marginado y la canción de contenido social no es un hecho inédito en la música brasileña. El

samba de los años 30, con figuras como Wilson Batista, Ismael Silva, Cartola y Noel Rosa,

tematizó sistemáticamente al sujeto desplazado, quién reconoce el samba como un valor de

su marginalidad. Las primeras representaciones femeninas disidentes y escritas en primera

persona en la música popular brasileña también datan de esa época. Buarque retoma la

vertiente musical y temática de los años 30, potenciando sus alcances gracias a su formación

intelectual que le permite popularizar su música no solo por sus contenidos temáticos, sino

también por el alto grado de sofisticación de su música y sus letras. Lo mismo ocurre con las

representaciones femeninas. Chico Buarque retoma los clásicos estereotipos de género,

complejizándolos y enriqueciendo la construcción de lo femenino con nuevas perspectivas

que revelan la multiplicidad de posibilidades de ser mujer.

Otros estudios de la obra buarqueana han situado la figura femenina dentro del

colectivo marginal, sin hacer distinción de las características que le han conferido ese estatus.

No todas las figuras femeninas son marginales, sino solo aquellas construcciones de

femineidad disidentes del estereotipo tradicional del género. Se observa en la obra de

Buarque una especial atención por diversificar la representación de la mujer, abordando

experiencias femeninas particulares y no genéricas como lo corrobora el uso de nombres

propios. Por otra parte, la percepción del público y la crítica especializada de la capacidad

de Chico Buarque de representar la experiencia femenina está justificada por esta diversidad

de personajes y representaciones femeninas abordadas, más que por una capacidad de

113 que van desde las más tradicionales como la mujer enamorada o la madre, hasta las más

disruptivas como la prostituta o la lesbiana, permiten reconocer la multiplicidad de

experiencias femeninas más allá del tradicional imaginario presente en la música popular.

Por otra parte, las figuras femeninas disidentes son tratadas por Buarque con empatía y sin

juicios de valor, lo que contribuye a desmitificar y valorizar a la mujer.

Sin embargo, aunque la tematización y diversificación de la figura de la mujer señala

una transformación en la perspectiva de género en música popular, los recursos musicales

utilizados por Chico Buarque en la construcción del género no son necesariamente

innovadores. Algunas prácticas musicales en la significación del genero parecen colarse sin

remedio en la música popular. El uso de la tonalidad, cadencias, el uso bajo cromáticos, la

extensión del registro vocal y los arreglos son algunos de los recursos utilizados por Buarque

en la caracterización del género. Sin embargo, si bien utiliza algunos de estos recursos para

reforzar estas construcciones de femineidad, también lo hace para enriquecer, diversificar y

romper los estereotipos.

La naturaleza inmaterial de la música parece desvanecerse aún más, cuando los

significados se desdoblan y multiplican de acuerdo a diversos textos de la canción popular.

Es por eso que la performance tiene el enorme poder de reforzar o subvertir diversas

representaciones de género poniendo en tensión las construcciones culturales, sociales e

históricas de las categorías biológicas asociadas al sexo. En el caso de “Sem Fantasia”,

podemos observar claramente como la performance puede reforzar o desestabilizar un

discurso textual y musical apelando siempre a la intertextualidad. Tan importante como la

114 su propia experiencia. Las diferentes performances de “Sem Fantasia” suman un nuevo texto

que la enriquece y la transforma, demostrando la naturaleza dinámica de la canción popular

de acuerdo a sus medios de producción y circulación. Por otra parte, permiten observar que

la construcción performática del género, que se significa dentro de un contexto y una

práctica social. La canción popular se transforma en un medio de agencia capaz de

cuestionar, resignificar y articular identidades.

Esta investigación propone desde la musicología popular, una aproximación a los

significados de género de la canción popular, aportando una nueva mirada y saldando una

deuda pendiente de estudios anteriores que abordan la figura de la mujer en las canciones

de Chico Buarque. Las dimensiones musical y performática abordadas en esta investigación

contribuyen a enriquecer las propuestas de Fontes y de Meneses, adoptando una

perspectiva más integral y crítica de los aportes y alcances de su obra.

Por otra parte, este estudio constituye un modelo musicológico posible de replicar

en el estudio de otras músicas populares. Si bien los estudios de música popular han

intentado prestar atención de manera integral a su objeto de estudio, han tendido en

interesarse en algunas áreas más que otras como la industria, la producción musical y las

audiencias. Desde este escenario, es necesario replantearse la importancia de explorar los

significados musicales con un análisis que considere las particularidades de la música

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