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4. MARCO TEORICO

4.1. ANTECEDENTES

4.1.3. CIUDAD Y ESPACIO PUBLICO

Es un hecho evidente que el siglo XXI es el siglo de las ciudades. Según la ONU, en el 2050, 66% de la población mundial vivirá en ellas y el continente americano será el más urbanizado del globo. Tan solo 10% de su población no vivirá en las ciudades, situación que se presentará en Colombia que tendrá una población urbana cercana al 86%1, donde su capital Bogotá sigue teniendo la primacía con aproximadamente 8 millones de habitantes (17% del total nacional), y contribuyendo con más del 25% del PIB del país2.

1 Estado de la Población Mundial-ONU-UNFPA, 2011; Sistema de Ciudades-DNP, 2012; Álvaro Pachón-DANE, Estudios Postcensales, Proyecciones de Población, 2009 y2012, p. 10.

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En general y teniendo presente el proceso de urbanización, puede decirse que la ciudad es aquel lugar del espacio en que interactúa la población para realizar cotidianamente la convivencia y posibilitar su bienestar al gozar y disfrutar diferentes tipos de bienes3. Tal como se mencionó, la gran mayoría de la población habita en zonas urbanas lo que configura a la ciudad como la unidad socioespacial básica de soporte del sitio de encuentro, producción, innovación y habitación, siendo por su naturaleza un sistema u organismo vivo y dinámico -no en sentido biológico, pero si con sus propias regulaciones mecanismos de reproducción y transformación, e historia- y un bien meritorio de consumo colectivo publico por excelencia4.

Sin embargo, no basta con habitar la ciudad, producir en ella o disfrutarla, es necesario vivirla como un espacio colectivo, pues los derechos y deberes que adquieren los individuos respecto de los atributos urbanos -vivienda, servicios públicos domiciliarios, equipamiento urbano, transporte urbano, espacio público y suelo urbano- al decidir aglomerarse son comprendidos y respetados5. La vida colectiva se desenvuelve en el espacio público y aunque el modo de vivir privado se refugia en el interior de las viviendas, el modo de vivir público se expresa en la educación, trabajo, transporte y recreación, es decir, la mayor parte de la vida transcurre en espacios colectivos y bajo reglas que son de carácter público6.

Concebida así la ciudad resulta obvio que se presenten tensiones y conflictos en su propio ámbito socioespacial, es decir, en el espacio urbano, ya que es en este donde operan las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, las cuales se despliegan bajo ciertas y determinadas características de cercanía, vecindad, frecuencia de contactos e intercambios, y es en este, donde se determinan las dinámicas y transformaciones urbanas7.

Los atributos hacen posible la producción de ciudad a través de la construcción de espacio urbano, por lo que este es un producto, del cual ellos constituyen sus componentes más importantes. Por consiguiente, la construcción, destrucción, ampliación, contracción y restructuración del espacio urbano construido desempeña un rol central en la producción de ciudad. Los componentes fundamentales del espacio urbano construido (ble) conforman los mencionados atributos urbanos, que si bien hacen parte de un mismo conjunto, poseen una serie de características diferenciadoras necesarias de reconocer8.

3 Ministerio de Desarrollo Económico. Viceministerio de Vivienda. Ciudades y Ciudadanía. Bogotá, 1995.

4 Ibid, p. 27. 5 Ibid, p. 34.

6 Gómez B., H. Ciudades Grandes y Pequeñas Polis, Bogotá, 1994, p. 125. 7 Ministerio de Desarrollo Económico, op cit, p. 51.

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Entonces, en atención a lo anterior, desde el punto de vista de la propiedad, la vivienda y parte del equipamiento es individual, mientras que en los restantes atributos es colectiva. Desde el punto de vista de su funcionamiento, la vivienda, suelo, equipamiento y espacio público son lugares, y los servicios públicos domiciliarios y el transporte son redes que hacen posible la operación de flujos (agua, energía, desechos, bienes y servicios, información y personas). En cuanto a sus repercusiones sobre el desarrollo urbano, también poseen diferencias claves: el suelo y espacio público, tiene un impacto más integral, son atributos de soporte y socialización exhibiendo los resultados de acciones e inacciones de los gobiernos sobre la ciudad, y su inadecuada gestión genera efectos nocivos sobre los beneficios del desarrollo urbano y la calidad de vida de los pobladores9.

El reconocimiento del carácter público del espacio público sustenta la interacción compleja de las instituciones sociales de la ciudad. Este atributo urbano más que servir de soporte a la ciudad, se constituye en una instancia de socialización, ya que es el lugar de encuentro a partir del cual se hace la vida colectiva, interactúa e integra la diversidad10.

En el disfrute, goce, disputa y apropiación de un bien como el espacio público juegan papel importante tanto el Estado territorial -gobierno de la ciudad- como el mercado. Ni el Estado es el responsable de todos los males de la sociedad, ni el mercado puede subsanar las carencias e inequidades. La libre operación del mercado ha demostrado ser insuficiente para garantizar la libre competencia y ha llenado la economía de trabas y monopolios, generando sociedades desequilibradas11.

Estas dificultades son ciertas tanto en los mercados de bienes y servicios, como de otros tipos de bienes. Al respecto, cuando se trata de la gestión de la ciudad, podrían aceptarse las fuerzas del mercado como principio regulador siempre y cuando este opere en condiciones de competencia perfecta. Sin embargo, la teoría económica neoclásica reconoce la existencia de una serie de obstáculos que impiden operar a los mercados bajo condiciones de competencia perfecta, los cuales se conocen como fallas de mercado. Entre estas, las externalidades -cualquier evento que ocasiona beneficios o costos sobre terceras personas sin generar compensación alguna, en particular bajo la forma de precio- han ido ganando importancia teórica, metodológica y de política pública, pues permiten visibilizar ciertas situaciones.

Un ejemplo, de ellas son los bienes públicos12 y los bienes club13, conceptos

particularmente útiles para comprender las características de la ciudad, el espacio

9 Ibid, p. 64. 10 Ibid, p. 65.

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urbano y el espacio público como bienes económicos. Desde el punto de vista de la economía neoclásica, en la dimensión económica la ciudad debe entenderse como la articulación compleja de bienes privados, públicos, club y meritorios -aquellos que la sociedad, ideología, moral o ética consideran que ningún individuo debe ser sustraído a la posibilidad de consumirlo-.

En consecuencia, los bienes privados, públicos y club, es posible diferenciarlos dependiendo que cumplan o no los principios de rivalidad (restringido) -un bien posee esta característica de rivalidad cuando el consumo que un individuo hace de un bien imposibilita a otros consumir esa misma unidad del bien considerado; un bien será no rival o indivisible, cuando una de sus unidades puede ser consumida por un individuo sin deteriorar las posibilidades de consumo del mismo bien por parte de otros individuos- y exclusividad -un bien posee esta característica de exclusividad cuando los beneficios derivados de su consumo pueden ser apropiados o retenidos a bajo costo por el proveedor o propietario-.

Aunque es arriesgado clasificar los atributos de la ciudad de acuerdo con este tipo de bienes pues las condiciones que determinan su naturaleza varían con el tiempo y pueden llegar a ser distintas territorialmente, y ciertos factores de índole social, tecnológica y política, explican los cambios experimentados en sus modos de provisión, puede ser útil ilustrar el caso del espacio público.

El espacio público urbano es producido como resultado de intervenciones públicas y privadas -estos agentes están obligados a revertir al Estado el espacio público producido-, por lo que se trataría de un bien público en tanto es de todos los pobladores, y de un bien público puro pues no cumpliría el principio de exclusividad ni rivalidad, ya que no tiene un precio de mercado especificado y no es rival. Si bien categorizarlo como bien público puro sería lógico en una situación extrema, es sabido, que espacial y temporalmente estos principios se dilatan, configurándose un bien público impuro, v.g., el de rivalidad ante la congestión y el de exclusividad ante el cobro que de él se hace legal o ilegalmente por agentes públicos y privados, dando lugar a que emerja una suerte de bien club –aquel que cumple el principio de exclusividad y no cumple el principio de rivalidad-.

En consecuencia, aunque el espacio público presenta las características típicas de los bienes públicos, se revela cierta imposibilidad económica y política para hacer operar el principio de exclusividad, pues el usuario individual tendrá acceso a éste independientemente de que pague o no -el cuasiprecio del espacio público serían los impuestos, entre ellos el predial, o en su defecto ciertas figuras de concesión realizadas desde lo público hacia organizaciones privadas para garantizar la sostenibilidad- pudiendo llegar a evadir o eludir su pago; y para garantizar a plenitud que no opere el principio de rivalidad.

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Así, se han puesto en marcha Acuerdos para la Sostenibilidad y Gestión Concertada del Espacio Público-ASGCEP, buscando materializar la estrategia de acercar las comunidades a la Administración Distrital, y lograr un mejoramiento integral de las áreas y el equipamiento público, desde una perspectiva tanto física como social. Esta estrategia involucra a las comunidades en la administración, mantenimiento y aprovechamiento económico de los espacios públicos, a través de contratos donde la comunidad asume el cuidado y sostenibilidad del espacio público.

El programa ASGCEP ha venido operando mediante contratos celebrados con organizaciones comunitarias interesadas en asumir la gestión de los espacios públicos de su localidad, las cuales toman directamente en sus manos la gestión cotidiana de los mismos mediante la firma de convenios con la Administración. Se basa en la constatación de que uno de los componentes de la calidad de vida que más necesita de una comunidad dispuesta a defenderlo, es precisamente el espacio público cuyas mismas características lo hacen particularmente vulnerable a acciones que tienden a deteriorarlo y aún a invasiones que tienden a privatizarlo para satisfacer intereses particulares en perjuicio del bienestar colectivo que justifica la existencia de tales espacios.

La experiencia de muchas ciudades, incluídas las colombianas, pone de presente que si la comunidad no asume la defensa de tales espacios, éstos tienden a deteriorarse rápidamente, perdiendo así su capacidad de generar beneficios sociales o, peor aún, a ser apropiados por individuos o grupos que los sustraen del patrimonio colectivo.

Es innegable que la concepción del espacio público como generador de cohesión social ha generado valiosos aportes al mejoramiento de la vida urbana, por lo que es preciso conferirle un lugar destacado dentro de los instrumentos para el desarrollo social de los habitantes de la ciudad. El espacio público se ha vuelto esencial en la vida cotidiana, en la prevalencia de lo público sobre lo privado, en el disfrute equitativo de las diferentes formas urbanas y en el fortalecimiento del quehacer social

Hoy el espacio público es algo más que una prolongación de los ejes de circulación, que un conjunto de áreas de estacionamiento vehicular, o de “pulmones” ecológicos para la ciudad; .es el espacio de la construcción del tejido social, el soporte físico habitable en función de diversos usos y el ámbito de concertación política de la administración pública y las actividades sociales, es un lugar de encuentro.

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5. PROCEDIMIENTO METODOLOGICO

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