En el mismo documento se reiteran las determinaciones que ha tomado el CCZG en la Asamblea interétnica con el
CIUDAD GLOBAL Y GEOGRAFÍAS DE INEQUIDAD
A partir de la conceptualización sobre la ciudad en el proceso de la globalización, Sassen (2006) establece cuatro categorías que representan las nuevas formas de globalización económica: 1) zonas de procesamiento de exportaciones, 2) centros bancarios internacionales, 3) distritos de alta tecnología y 4) ciudades globales.
Las zonas de procesamiento de exportaciones se sitúan por lo general en países con baja renta y laxa regulación laboral, estas se desarrollan rápidamente sobre todo a partir de la década de 1990 e incluyen clústeres de maquilas y distritos de ensamble de autos, que por lo general redistribuyen bienes terminados a los países de origen de las inversiones que las establecen. Los centros bancarios mundiales como Londres o Nueva York agrupan las principales entidades financieras con capacidad para impactar sensiblemente en las transformaciones globales, así como una serie de servicios especializados necesarios para su operación. Los distritos de alta tecnología concentran empresas de alta especialización enfocadas al desarrollo conceptual de tecnologías, como caso paradigmático está el de Silicon Valley, en California. Las ciudades globales, por su parte, son los centros desde donde se comanda la economía mundial, concentran presencias de empresas que operan en la escala global.
Los puertos son referidos como lugares estratégicos que muchas veces concentran servicios especializados, aunque no representan al prototipo de la imagen de la globalización como lo hacen los primeros cuatro. Sin embargo, se reconoce que el nuevo sistema urbano opera en un nivel transnacional, donde las ciudades son nodos, representando el “mapa organizacional” de la globalización Las ciudades pertenecientes a este sistema, emergen como ciudades estratégicas en una nueva geografía, cultural y políticamente transnacional. (Sassen, 2006)
Dentro de esta categoría de ciudades, se reconocen procesos de implementación de grandes proyectos de infraestructura: importantes capitales territoralizados cuya lógica responde a los intereses y proyectos de los grandes actores globales, y que desde lo local son promovidos y gestionados por las autoridades y representantes del Estado como una estrategia de competitividad y activación económica. Dentro de estas inversiones cobran relevancia estratégica aquellas que se realizan en
infraestructura para el transporte, ya que estas se convierten en medios para construir monopolios al desvanecer las barreras espaciales y abaratar costos. (Harvey, 2006)
La aparente levedad del arreglo económico global es en realidad posibilitada por una pesada red de infraestructuras y constructos geográficos bien localizados. La infraestructura del transporte, como los puertos y carreteras, es parte de este sistema, y sus inversiones suelen traducirse en altas inequidades espaciales. (Harvey, 2006)
Los mecanismos que posibilitan el salto entre diferentes escalas geográficas, también vinculan distintos aparatos y poderes económicos y políticos, transfiriendo desequilibrios y generando marginación. De esta manera, la producción de diferentes escalas por las sociedades es un aspecto vital para comprender las implicaciones del referido “desarrollo geográfico inequitativo”. En este entorno los proyectos estratégicos o megaproyectos son emprendimientos de transformación urbana e infraestructural que las ciudades impulsan para intentar posicionarse de manera ventajosa en el panorama mundial. (Carmona y otros, 2009) Además de ser los principales elementos que pivotan el proceso de transformación urbana, estas iniciativas impactan de distintas maneras en el entramado social y económico de la ciudad.
Algunos patrones observados en la construcción de geografías de inequidad son la competición entre diferentes usos de suelo, el acrecentamiento del poder los dueños de la tierra para obtener rentas elevadas, tendencia de los paisajes físicos a ser más “escleróticos” y menos flexibles. Las inversiones en infraestructura requieren una certidumbre de utilización en períodos largos de tiempo, así como el soporte del estado para su financiación o para asegurar su utilización preferente. Existe así una enorme posibilidad de devaluación del medio construido. (Harvey, 2006)
La necesidad de una mejor aproximación al tema de la justicia espacial, con una perspectiva que permita comprender cómo se combinan los procesos sociales y espaciales para producir geografías favorables o desfavorables, es puesta sobre la mesa por Soja (2010) como una premisa indispensable para lograr, desde distintos ámbitos teóricos, enfrentar los retos del nuevo siglo. Para avanzar en esta incorporación de la variable espacial, es también necesario adentrarse en la discusión
de los procesos de urbanización, desarrollo regional, así como en la interconexión y articulación de las distintas escalas geográficas, desde lo local hasta lo global, cobrando gran importancia el trabajo y las gestiones de grupos y alianzas que desde lo local enfrentan las presiones de las dinámicas globales sobre sus comunidades, en muchas latitudes aparece una nueva conciencia espacial que hace pensar en un futuro prometedor para estas formas de organización. (Soja, 2010)
Los puertos funcionan como enlaces entre diferentes regiones geográficas, integran lugares y tiempos en beneficio de un sistema mundial de comercio. Los puertos hegemónicos son sobre todo nodos de enlace inter-escalar, es decir, centros donde se conectan no sólo flujos de mercancías provenientes de diferentes regiones, sino también diferentes escalas y modos de comunicación. En esta complejidad es en donde se encuentran los diversos actores que participan en la dinámica portuaria, y es en el análisis del papel que desempeñan, que se vislumbra la posibilidad de explicar las implicaciones características de una ciudad estratégica dentro del sistema urbano trasnacional. La ciudad portuaria constituye un referente que puede estudiarse desde las dinámicas de sus actores urbanos al hacer frente a los procesos transformadores de la ciudad, buscando unos la mejora de las condiciones operativas de la infraestructura portuaria, y reclamando otros el elemental derecho a una todavía incipiente justicia espacial.
CONFLICTO ESPACIAL Y MEGAPROYECTOS