Una vez hecho el acercamiento pertinente a cómo se enfoca el tratamiento de las habilidades motrices en estas etapas educativas, se hace necesaria una taxonomía y clasificación que permita descender al plano de trabajo práctico en el aula. Esta propuesta se justifica en que la delimitación de lo que hay que trabajar está claramente definido y de forma prescriptiva detallado en el currículum. No obstante, a la hora de proceder a la elaboración de planteamientos y programaciones de trabajo basadas en esa propuesta curricular, la delimitación de las habilidades a trabajar sería básica.
Lo primero que hay que hacer es clarificar el término. Respecto a la definición, es necesario considerar la problemática existente en el plano terminológico que lleva a confundir o a asumir como “sinónimos” los términos habilidades y destrezas. Desde el campo del aprendizaje motor, tradicionalmente se les atribuyen significados diferenciados, aunque otros autores defienden la postura antagónica basada en su valoración como términos sinónimos.
Desde una postura tendente a diferenciar ambos conceptos, la habilidad sería entendida en términos de calidad del resultado o nivel del resultado independientemente del coste; mientras que la capacidad del sujeto para ser eficiente en una habilidad específica sería la destreza. En el caso de interpretarse como sinónimos, al definir habilidad motriz, los rasgos característicos más destacados entre otros serían la eficiencia, carácter organizado y el aprendizaje (Ureña Ortín, Ureña Villanueva, Velandrino y Alarcón, 2006). También puede entenderse habilidad cuando la producción de una tarea permite
resolver un problema motriz alcanzando las máximas expectativas de éxito y con un mínimo de tiempo y energía, (Riera 2005). Todo proceso hacia el logro de una habilidad motora comporta un aprendizaje, un control y una coordinación motora. Anecdóticamente, estos autores señalan que el Diccionario de la Real Academia Española de la lengua, para definir uno de los dos términos, recurre al otro. Así, al definir habilidad, en una de sus acepciones la define como: “Gracia y destreza en ejecutar algo que sirve de adorno a la persona, como bailar, montar a caballo”.
Asimismo, cuando procede a la definición de destreza, la entiende como: “Habilidad, arte, primor o propiedad con que se hace algo”. Actualmente, en su vigésimo segunda edición se siguen manteniendo ambas definiciones.
Al respecto se pueden encontrar multitud de planteamientos y formas de enfocar dicha clasificación, aunque todos ellos parten de una definición de estas habilidades motrices.
Batalla las entiende como aquellas familias de habilidades amplias, generales y comunes a muchos individuos, por lo tanto no propias de una determinada cultura y que sirven de fundamento para posteriores aprendizajes de habilidades más complejas, especializadas y propias de un entorno cultural determinado. Se establecerían por tanto como elementos fundamentales y constituyentes de la motricidad humana y a partir de ellas, se construirían con cada vez mayor grado de complejidad, estructuras motoras más ricas (Batalla, 2000). En esta línea y teniendo en cuenta que en edades tempranas uno de los objetivos prioritarios es construir una base motora del individuo, estas habilidades motoras llegan a constituir una especie de “alfabeto” o “vocabulario básico” en el que a partir de las mismas, los individuos logran construir respuestas motoras de complejidad creciente y adaptadas. Es decir constituyen una suerte de piezas básicas
fundamentales para el posterior aprendizaje de otras habilidades más especializadas y específicas de un determinado entorno cultural (Batalla, 2000; Ureña Ortín, Ureña Villanueva, Velandrino y Alarcón, 2006).
Un recorrido muy esclarecedor de las clasificaciones hechas de las habilidades motrices a lo largo del tiempo es el aportado por Fernández García, Gardoqui y Sánchez Bañuelos (2007). En el mismo, de forma resumida encontramos distintos enfoques y planteamientos hechos al respecto:
Godfrey y Kephart (1969) establecían dos categorías primordiales para clasificar los movimientos básicos:
1) Movimientos que implican fundamentalmente el manejo del propio cuerpo y,
2) Movimientos donde la acción fundamental se centra en el manejo de objetos.
La primera categoría hace referencia a aquellas tareas de desplazamientos del propio cuerpo, tales como la marcha o la carrera, o tareas vinculadas con el mantenimiento del equilibrio básico estático. En la segunda categoría, el manejo de objetos se refiere a todas aquellas tareas que impliquen la manipulación de objetos o cosas. A su vez se tiene presente en este último caso dos subtipos: aquellos movimientos con carácter propulsor y que implican aplicar aceleración a un objeto, ponerlo en movimiento y alejarlo del sujeto ejecutante, y por otro lado aquellos movimientos de absorción. Estos últimos serán los encargados de controlar y desacelerar un móvil para poder manejarlo.
Wickstrom (1970) indica una clasificación en la que se destacan: correr, saltar, lanzar y recepción de móviles, además del lanzamiento mediante el golpeo con la mano, el pie o con cualquier otro objeto o instrumental.
Burton (1977) diferencia dos categorías de movimientos básicos: aquellos que implican locomoción, como andar, correr y saltar; y aquellos movimientos que no implican locomoción y que se encuentran vinculados a tareas de carácter manipulativo tales como doblar, estirar, retorcer, girar, empujar, tirar, balancear y estirar.
Ruiz Pérez (1987), sintetiza los trabajos de Harrow y Sefeldt estableciendo la clasificación en: habilidades motrices básicas cuya característica primordial es la locomoción, habilidades motrices cuya característica es el manejo y dominio del cuerpo en el espacio, sin una locomoción constatable y por último habilidades motrices que se definen por la proyección, manipulación y recepción de móviles o objetos.
Tomando estas referencias, Fernández García, Gardoqui y Sánchez Bañuelos (2007) hacen una clasificación que considera las habilidades y destrezas básicas según produzcan: desplazamientos, saltos, giros, lanzamientos o recepciones.
Por otro lado, siempre haciendo referencia a la clasificación de las habilidades motrices podemos encontrar como Batalla clasifica las habilidades motrices en cuatro grandes familias: los desplazamientos, los saltos, los giros y el manejo y control de objetos (Batalla, 2000).
Si se tiene en cuenta un criterio evolutivo, según el tipo de motricidad que es preponderante en cada momento del desarrollo motor, Renzi (2009) las clasifica en tres categorías: habilidades motrices generales o motricidad básica; habilidades motrices combinadas o cadenas motrices, vinculadas con una motricidad de transición y por último, habilidades motrices específicas vinculadas a una motricidad específica. A su vez, las habilidades motrices generales las subdivide en tres tipos: las habilidades de locomoción y que permiten al sujeto el desplazamiento por el espacio; las habilidades de no locomoción, pudiendo ser de estabilización o posturales y por último las
habilidades manipulativas, que llevan implícitas el uso de las extremidades y la vinculación con el uso de objetos.