Tamara Liponetzky
I. Clasificación de las radios: problemas y límites
Esbozar una clasificación de las emisoras radiofónicas implica acor- dar sobre las características a considerar para distinguir unas radios de otras. Asimismo es preciso ubicar esta clasificación en un contexto socio- histórico que permita comprender los criterios utilizados y los descartados en la construcción de esas categorías.
En el caso de la radiodifusión, hasta mediados de la década del 60, las radios del mundo se ubicaban todas dentro de la misma categoría que podría llamarse, siguiendo a Ricardo Haye, “radio tradicional, generalista o convencional” (2003: 125). Desde el punto de vista de los contenidos, estas emisoras transmitían una programación general y dirigida a un es- pectro amplio de oyentes con intereses diversos.
Para intentar satisfacer la demanda de consumidores con gustos cada vez más definidos y en consonancia con el abandono de las teorías que veían a las audiencias como masas uniformes, se empieza a desarrollar otra manera de hacer radio que, desde la programación, intentaba acercarse un poco más a quienes escuchan.
En la década del 70 salen al aire las emisoras denominadas “radio- especializada” o “radio-fórmula”, cuya innovación principal era la trans- misión de contenidos más específicos destinados a una audiencia segmen- tada. “Esta fragmentación abandona el paradigma de la radio total y va en busca de los gustos de los oyentes” (Zepeda, 2000: 23).
Sin embargo, esta distinción entre las estaciones especializadas y generalistas no puede separarse del fenómeno de absorción y concentra- ción de medios producido globalmente, pues los grandes conglomerados multimediáticos disponen de un amplio número de emisoras, lo que les permite segmentar los públicos dentro de sus propios medios. Tampoco se pueden obviar los avances tecnológicos que permitieron y facilitaron el surgimiento de nuevas emisoras y el boom de las FM en la década del 80. Además de esta primera distinción que agrupa a las emisoras por su programación, podemos también clasificar a las mismas de acuerdo a sus objetivos. Así, podemos identificar emisoras comerciales, comunitarias, universitarias y públicas.
Las radios comerciales o de libre mercado tienen fines de lucro. Su objetivo primordial es la obtención de una ganancia que se hace efectiva a través de la venta de espacios publicitarios. Ofrecen a sus patrocinadores una audiencia amplia y segmentada a la cual hacen llegar los productos y los servicios de los anunciantes. La maximización de los beneficios lleva a una programación de bajo costo pero de alto impacto en el mayor número posible de consumidores potenciales.
Por otra parte, Zepeda identifica un grupo considerable de emiso- ras latinoamericanas que no persiguen el fin de lucro como objetivo últi- mo y “siguen apostando a la pluralidad programática combinando géneros informativos, musicales, educativos y de entretención” (2000: 23). Estas emisoras entran en la esfera de lo comercial pues muchas de ellas tienen publicidad y cobran por ella, pero no buscan generar ganancia para fines particulares sino colectivos. Dentro de esta tipología podemos ubicar a las emisoras universitarias, las populares y las comunitarias.
Las radios comunitarias, populares y regionales podrían ser encua- dradas bajo una lógica diferente de la del mercado, además, podemos de- tectar en ellas un claro posicionamiento político crítico de los medios co- merciales, privados, o públicos que dejan de lado las necesidades de los sectores más relegados de los ciudadanos. Abogan por el libre flujo comu-
nicacional y el derecho de las minorías a expresarse. Algunas de ellas no poseen estatuto legal y la lucha por el otorgamiento de licencias se consti- tuye en un modo de competir con las emisoras comerciales en igualdad de condiciones.
Debemos destacar en este sentido, la lucha de las radios comunita- rias nucleadas por FARCO, que en 2005 lograron derogar el artículo 45 de la Ley de Radiodifusión que prohibía el otorgamiento de licencias a entidades sin fines de lucro. En esa oportunidad, el fallo de la Corte Supre- ma de la Nación afirmó que el artículo 45 implica “una irrazonable limita- ción al derecho de expresarse libremente y de asociarse o no hacerlo”. Esta situación permitió otorgar reconocimiento legal a radios comunitarias, religiosas, de organizaciones no gubernamentales, que hasta ese momento eran consideradas ilegales o “truchas” como se denominó al fenómeno de estas emisoras que surgió en la década del 80.
Zepeda señala la necesidad de definir con claridad qué entendemos por radios comunitarias pues muchas veces instituciones como partidos políticos y entidades religiosas, entre otras, toman partido de esta nomen- clatura y la utilizan como espacio de adoctrinamiento. En este sentido destacamos la dificultad de las clasificaciones que tienden a igualar bajo un mismo nombre radios que, a veces, tienen más diferencias que característi- cas en común.
También en la misma clasificación ingresan las emisoras públicas que son aquellas que están financiadas por el Estado, es decir que su fuente principal de ingresos no surge de la publicidad, sino del presupuesto esta- tal en sus versiones nacional, provincial o municipal. Pueden comerciali- zar espacios publicitarios pero estos no aportan el porcentaje mayoritario del sostenimiento de la emisora.
Las radios públicas originariamente estaban orientadas a la difusión de la cultura, de las artes en general y a propender a la defensa de una “identidad nacional” en todo el territorio de la república. En la actualidad, muchas de ellas se han convertido en un espacio para la publicidad de los actos del gobierno de turno y no siempre garantizan la pluralidad de voces y opiniones.
Por último, también se distinguen por sus objetivos las emisoras universitarias, que se originaron para divulgar en la población los conoci- mientos generados en las casas de altos estudios. Esta función educativa está presente en la actualidad aunque también es ineludible el contexto de
mercado en el que estas emisoras deben insertarse. Además, deben cumplir la función de representar a las instituciones de las que forman parte, como así también dirigirse a la población universitaria aunque no exclusivamen- te.