CLASIFICACIÓN DE LOS CLIMAS
CLASIFICACIÓN DE LOS CLIMAS
CLASIFICACIÓN DE LOS CLIMAS
CLASIFICACIÓN DE LOS CLIMAS
Clima de llanura. Altitud de menos de 600 m, se caracteriza por la conside-
rable oscilación de su temperatura, con mínimas invernales y máximas estiva- les; la humedad y el régimen de lluvias son también variables y su luminosidad considerable.
Encuentra indicación en estados de menor resistencia, convalecencias, cardiopatías, hipertensiones, afecciones respiratorias, etc.
Clima de altitud o de montaña. Se considera de interés terapéutico si está
comprendido entre 600 y 2 000 metros. Son sus características: la menor presión atmosférica, la disminución de la tensión parcial de oxígeno, la baja temperatura y la riqueza en radiación solar.
9 7 9 7 9 7 9 7 9 7 Los efectos de este clima sobre el organismo son: estimulante y tónico gene- ral, aumenta la frecuencia y amplitud de los movimientos respiratorios y esti- mula el ritmo cardíaco.
Sus indicaciones más destacadas son: convalecencias, estados de menor ca- pacidad defensiva orgánica, enfermedades crónicas respiratorias, distonías neurovegetativas y determinadas formas de tuberculosis pulmonar.
Clima marítimo. Se caracteriza por la relativa estabilidad de la presión at-
mosférica, temperatura, vientos, luminosidad, etc. También es importante es- tablecer diferencias entre el clima marítimo propiamente dicho y el clima costero.
En todos los casos, el clima marítimo se considera excitante, tanto más cuan- to más abierto.
El clima costero o de litoral es también de cierta constancia por la acción reguladora ejercida por el mar cercano. Hay que tener siempre en cuenta su elevado grado higrométrico, alta presión atmosférica, gran radiación solar, alta ionización y vientos alternantes.
En cuanto a las acciones de estos diversos climas sobre el organismo, suele predominar la estimulante o tonificante, tanto más cuanto más abierto y acti- vo sea el mar. Esta acción se manifiesta prácticamente sobre todas las fun- ciones orgánicas, pero es preciso tener en cuenta que, en zonas cálidas, el clima marino puede ejercer efectos sedantes.
Por sus efectos predominantemente estimulantes, el clima marítimo puede ser aconsejable para los pacientes con síndrome de fatiga física o psíquica, a los que muestran menor resistencia a las enfermedades, estados de convale- cencia prolongada, deficiencias metabólicas y, en general, siempre que inte- rese potenciar las defensas naturales.
Clima forestal. Realmente no es una entidad genuina, puesto que puede
darse en cualquier otro clima, si bien su presencia supone una mejor refrige- ración ambiental, menor insolación y mayor evaporación y transpiración, así como descenso en la temperatura del suelo y mayor humedad relativa. En general, las zonas boscosas dan mayor estabilidad térmica, protección contra los vientos y purificación de la atmósfera. Asimismo, elevan el conte- nido iónico, en particular de cargas eléctricas negativas, de donde proceden sus efectos esencialmente sedantes sobre el organismo y estimulantes del metabolismo, y de los cambios respiratorios y de la oxigenación tisular.
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Indicaciones
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La cura climática es factor coadyuvante importante en el tratamiento de múltiples procesos, puesto que las funciones respiratorias, cardiovasculares, hemopoyéticas, digestivas, metabólicas, etc. pueden verse influidas.-
Está comprobado que el clima de montaña es favorable en determinados procesos tuberculosos pleurales o pulmonares.-
El clima costero es beneficioso en tuberculosis con localizaciones ganglionares y osteoarticulares.-
Los climas secos y templados son favorables en afecciones reumáticas.-
Los climas de temperatura moderada y poco húmedos, de escasa altitud, son beneficiosos en afecciones hepatobiliares.-
Los climas de llanura o poca altitud, protegidos de los vientos y de temperatura y humedad medias, son favorables en distonías vegetativas o manifestaciones disreaccionales de tipo alérgico, dispepsias hiperesténicas y úlcera gástrica; los climas suaves de mediana altitud son aconsejables en procesos renales en los que el frío es mal tolerado.-
Los climas sedantes de llanura o lacunares son beneficiosos en individuos hiperexcitables y distónicos vegetativos.-
Los climas de montaña y marítimos, por su riqueza en radiación solar, dan excelentes resultados en diversas dermatosis, en particular en psoriasis, especialmente si se asocian con talasoterapia; los climas fuertes, excitantes, deben evitarse en trastornos metabólicos graves, pero pueden ser favorables en obesidades pletóricas no complicadas.-
Finalmente, es destacable la beneficiosa acción de los cambios climáticos en procesos alérgicos respiratorios, en los que pueden hacer desaparecer todas sus manifestaciones. Además, en estos procesos, el clima de montaña puede ser muy favorable y también el clima marítimo, en particular en niños adenoideos, en los que puede estimular sus mecanismos de defensa y liberarlos de los factores agresores de su ambiente habitual.Técnicas de aplicación de las curas climáticas. Como es lógico, lo prime-
ro que hay que determinar es cuál puede ser el clima más favorable para el enfermo que se va a tratar y, seguidamente, qué peculiaridades debe reunir dicha cura para que pueda ser realmente eficaz.
Con estos fines, lo más conveniente es recurrir a las denominadas “ estacio- nes climáticas”, que se asientan en lugares privilegiados, ya sean de llanura, de altitud o marítimos, disponen de instalaciones y servicios adecuados para la mejor atención de los enfermos y son realmente especializadas, lo que potencia extraordinariamente la eficacia de este proceder, siempre complejo.
9 9 9 99 9 9 99 9 Las estaciones climáticas son peculiares, puesto que a cada una de ellas le presta singularidad su elegido emplazamiento, su situación geográfica, la na- turaleza geológica del suelo, las características atmosféricas del lugar, las condiciones actínicas, etc., pero, además, personal especializado controla el régimen de comidas, las horas de ejercicio y reposo, las prácticas fisioterápicas convenientes, etc., adaptando la cura a cada paciente y sus peculiaridades. En este sentido, es conveniente recordar que todo cambio climático suscita una fase inicial de adaptación activa y provoca una puesta en marcha de los mecanismos de defensa naturales, seguida de una segunda fase de acostum- bramiento. Es fundamental atender cuidadosamente estas distintas fases para obtener las máximas ventajas y evitar posibles inconvenientes. Este proceder es básico para obtener los mejores resultados de una cura climática.
Cuba se caracteriza por ser una isla con clima cálido y temperaturas elevadas durante todo el año, con predominio de climas de llanura y marítimos, además de poseer bosques y algunas zonas montañosas que pueden ser utilizadas por sus características como estaciones climáticas, entre ellas está Topes de Collantes, ubicado en la provincia de Sancti Spíritus, la cual tiene un clima de montaña y forestal de gran utilidad, en cuanto al clima marítimo y costero existen muchas playas con condiciones para la talasoterapia como la playa de Varadero y un gran número de cayos con posibilidades para aplicar turismo de salud.
HELIOTERAPIA
HELIOTERAPIAHELIOTERAPIA
HELIOTERAPIAHELIOTERAPIA
La helioterapia se ocupa de la posible utilización de las radiaciones solares con fines terapéuticos. Por consiguiente, no es su objeto la mera y normal utilización y sometimiento a la acción solar, sino su aplicación reglada y con- trolada para alcanzar determinados fines terapéuticos. Este proceder es siem- pre complejo, puesto que, normalmente a la acción solar se unen circunstancias climáticas y ambientales, siempre actuantes. Este conjunto helio-climático- ambiental es el propio de la helioterapia y es difícilmente sustituible por me- dios artificiales, aunque estos puedan proporcionar radiaciones similares a las solares.
La radiación solar que alcanza el planeta Tierra es la suma de la luz solar directa, tamizada por su paso a través de la atmósfera, la radiación difusa celeste y la radiación reflejada en montañas, bosques, mares, etc. Por lo tan- to, la radiación solar que puede recibirse en un determinado lugar es de ca- racterísticas peculiares, si bien puede admitirse que, por término medio, la radiación recibida está compuesta de luz visible de 400 a 760 nm (lo que
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supone el 40 % de la radiación total), de luz infrarroja de más de 760 nm (aproximadamente el 59 % de la energía total) y de luz ultravioleta de 200 a 400 nm (aproximadamente el 1 % de la radiación total).
A la superficie terrestre solo llegan las radiaciones de más de 200 nm, puesto que las de longitud de onda inferior son absorbidas en las capas altas de la atmósfera y dispersadas por las moléculas gaseosas; los rayos infrarrojos son menos absorbidos que los ultravioletas y su riqueza aumenta con la altitud del lugar. También la radiación difusa varía de unos lugares a otros: es más eleva- da con los cielos nubosos, en la llanura y a orillas del mar, y disminuye a medida que es mayor la altitud del lugar.
Diferentes tipos de rayos solares
UVC 200-290 nm Destruyen tejidos
UVB 290-320 nm Sintetizan vit D
UVA 320-400 nm Bronceado
Luz sensible 400-760 nm Luz
IR cercano 760-1500 nm Temperatura
IR medios 1500-5600 nm Absorbidas por piel
IR lejanos 5600-1mm Absorbidas por piel
Se admite que, de la totalidad de la radiación solar recibida por la Tierra, el 36 % se difunde, el 44 % se transmite y el 20 % se absorbe. Hay que tener en cuenta que, del total de la radiación difundida y transmitida, solo el 40 % llega al suelo.
Por otra parte, la inclinación del eje terrestre, la excentricidad de la órbita y la esfericidad de la Tierra hacen que sea diferente la radiación recibida en sus distintos sectores y determinan la desigualdad entre días, meses, años, esta- ciones, etc.
Los distintos tipos de radiación solar influyen de manera diferente en los dis- tintos tejidos del organismo. Así, de la radiación infrarroja, la comprendida entre 760 y 1 500 nm penetra en los tejidos, pero es escasamente absorbida, en tanto que la de más de 1 500 nm es ampliamente absorbida por las células epidérmicas y dérmicas. Las radiaciones ultravioletas de menos de 400 nm son las más activas y determinan gran parte de las alteraciones biológicas producidas por la radiación solar. Concretamente, las comprendidas entre 400 y 320 nm facilitan la formación de melanina y la pigmentación cutánea, y las radiaciones entre 320 y 290 nm son responsables de las quemaduras sola- res y del paso de provitaminas a vitaminas D2 y D3.
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