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Clasificación del proceso de envejecimiento y los cambios que se

Capítulo I: Marco Referencial Teórico

1.1. Antecedentes del estudio de la tercera edad

1.1.2 Clasificación del proceso de envejecimiento y los cambios que se

La clasificación del envejecimiento como proceso, es un ejercicio complejo, si se tiene en cuenta la amplia diversidad de formas de asumir esta etapa que manifiestan los sujetos concretos. Sin embargo es un ejercicio útil, no solo para encontrar regularidades que se puedan agrupar y diferenciar en tipologías, sino porque conduce a la caracterización del condicionamiento de cada una de ellas y puede convertirse en herramienta para aquellos que se dediquen, profesionalmente, a la atención de los adultos mayores.

En este tópico encontramos la clasificación que, acerca del envejecimiento realiza Rocío Fernández-Ballesteros (2002) señalando que existen:

 La vejez normal: que aclara es la más difícil de definir, pues se valora en base a un conjunto de parámetros abstractos que se manifiestan en la media de funcionamiento de la población de la tercera edad.

 La vejez patológica: que asume como la más fácil de definir, pues es aquella que transcurre asociada con algún tipo de enfermedad. En este sentido es preciso aclarar que si bien con la edad aumenta el riesgo de enfermar, la vejez no es

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sinónimo de enfermedad. El riesgo de enfermar en la vejez tiene que ver más con los estilos de vida que con la edad en sí.

 La vejez competente o exitosa: que se define como aquella que transcurre con una baja posibilidad de enfermar y de discapacidad asociada, un adecuado funcionamiento cognitivo, físico y funcional, poder asertivo, compromiso y participación social.

Asimismo, encontramos la clasificación que aborda Palacios (2002), conformada por dos tipologías básicas: el envejecimiento primario y secundario. El envejecimiento primario se refiere a los procesos de deterioro biológico genéticamente programado, que ocurren, incluso, en las personas con mejor salud y sin enfermedades importantes. Por su parte el envejecimiento secundario se refiere a procesos de deterioro que aumentan con la edad y que se relacionan con factores controlables, tales como la nutrición, el ejercicio físico, los hábitos de vida y las influencias ambientales.

Algunos autores proponen la existencia de un envejecimiento terciario, relacionado con la hipótesis del llamado “bajón terminal”, o sea, a medida que se acerca la muerte de una persona, se producen deterioros generalizados en su nivel de funcionamiento psicológico, tales deterioros resultan más acusados cuanto más cerca de la muerte se encuentra el anciano, disminuyendo la capacidad de adaptación, el deterioro de las habilidades cognitivas, y la desestabilización de la personalidad, haciéndose más vulnerable. (Domínguez, 2007)

Desde esta perspectiva envejecer no constituye un proceso simple o unitario, sino un haz de procesos, entrelazados entre sí, aunque no por fuerza sincrónica. Se produce en distintos niveles: biológico, psicológico y social, en los correspondientes subsistemas o estructuras del organismo y de la personalidad, desde el sistema inmunológico y biológico de supervivencia, hasta el sistema comportamental adaptativo ante las amenazas y las nuevas circunstancias. (Palacios, 2002)

Tomando como referente lo anterior creemos que cada forma de envejecer es distinta en cada persona, pues depende de los recursos que posee el sujeto, con los cuales autodirige y participa en su propio desarrollo y de la actitud que asumen ante la vejez. Dicha concepción está muy ligada a los cambios que trae aparejados la adultez mayor. Estos cambios no ocurren de manera lineal ya que, indudablemente, se

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interrelacionan entre sí por lo que resulta difícil delimitar en el sujeto cuando atraviesa por uno u otro, pero consideramos que sí guardan una estrecha relación con los tipos de envejecimiento. Podríamos entonces clasificar dichos cambios en:

 Cambios físicos: los cambios físicos son los que más afectan la visión peyorativa de la adultez pues a medida que se envejece el adulto va haciendo conscientes sus cambios, comienzan las arrugas, la piel pierde su brillo característico y aparecen manchas, hay pérdida del cabello, de la visión, se pierde fuerza, elasticidad, dominio sobre el cuerpo, la salud se quebranta, entre otros. (Ballesteros, 1992, citado en Núñez, 2009)

 Cambios fisiológicos: se refieren a modificaciones en la estructura y función de

los sistemas de órganos del cuerpo humano en el proceso de maduración. Por ejemplo: el sistema urinario se vuelve más lento y menos eficaz en la eliminación de toxinas y otros productos de desecho; el sistema gastrointestinal es menos eficaz en la extracción de nutrientes; hay una disminución en la masa muscular y la fuerza del músculo que se conserva; el sistema respiratorio se puede abastecer de menos oxígeno y el sistema cardiovascular recibe un golpe doble: la fuerza del corazón disminuye, mientras que, simultáneamente un endurecimiento y encogimiento de las arterias hace que el bombeo de sangre en todo el cuerpo consuma más energía. (Stuart-Hamilton, 2002)

Así mismo estos autores plantean que si bien pueden distinguirse algunos cambios visibles como el cabello canoso, la piel arrugada y la espalda encorvada, uno puede pensar en las personas de 70 años que se parecen al estereotipo de persona mayor (cabello gris, piel arrugada, etc.), pero puede recordar también a los individuos “bien conservados” que carecen de estos

rasgos. (Stuart-Hamilton, 2002, p.21)

En cuanto a los cambios en los órganos sensoriales puede considerarse, en primer lugar a la visión, según Kalish (1996), la capacidad del ojo para ajustarse a la cantidad de cambios de luz disminuye con la edad y puede haber deterioros visuales severos que pueden llegar hasta la ceguera. En segundo lugar, están los problemas de audición, que llevan a la disminución gradual durante la vida adulta, de forma que a los 50 ya muchas personas tienen algún grado de deficiencia auditiva. (Stuart-Hamilton, 2002)

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 Cambios psicológicos: se aprecian cambios en las distintas esferas de la personalidad del anciano que la distinguen de otras etapas del desarrollo. Al estudiar el clásico patrón de envejecimiento se hace referencia a un declive del funcionamiento cognitivo. Aunque la variabilidad interindividual es notable, existen sujetos que no sufren ningún declive, mientras que otros muestran más amplios y extensos decrementos en su funcionamiento intelectual. Dentro de estos encontramos que la memoria inmediata es la que más se deteriora, en cambio la memoria a largo plazo, la cual se refiere al pasado más lejano del sujeto se conserva mucho mejor.

Siguiendo esta misma línea encontramos la hipótesis central de Cattell y Horn (1982) de que en el proceso de envejecimiento la inteligencia es cristalizada, pues está ligada al tipo de funcionamiento intelectual que se vincula con la acumulación de experiencias y el conocimiento conseguido por el sujeto durante toda su vida, puede experimentar un incremento o, por lo menos, se mantendría. Mientras que la inteligencia fluida tiende a declinar con el paso de los años, ya que la misma depende de la capacidad de evolucionar, de adquirir nuevos conocimientos y de adaptarse rápida y eficazmente a las situaciones nuevas. De este modo se explica que la memoria (por lo menos la de largo plazo) y el conocimiento experiencial se conviertan en los principales recursos cognitivos a los que apelan las personas, a medida que envejecen, para afrontar tareas que involucren sus capacidades intelectuales.

Consideramos que, en este último apartado, es necesario abordar también los cambios sociales que ocurren en la vejez, que están configurados, primariamente, en base a la división social del trabajo y la posibilidad de implicarse en la actividad socioeconómica que tienen o no los adultos mayores. También los contextos sociales de integración que para ellos están diseñados, los roles que construyen las sociedades para esta etapa de la vida y todo esto condicionado por la representación social que, de la adultez mayor se tenga en cada país.

Si bien estas clasificaciones nos permiten contar con información organizada respecto a características de la tercera edad, deben valorarse cuidadosamente, pues como cualquier clasificación implica el riesgo de no poder reflejar todos los tipos concretos de envejecimiento que en cada realidad específica, pueden darse.

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1.1.3 El abordaje de la Tercera Edad desde el Enfoque Histórico–