7. CONTEXTUALIZACIÓN
7.1 CLIMA 45
Se puede entender el clima como los fenómenos ambientales que actúan sobre los usuarios de un edificio y que influyen en su bienestar y percepción.
En general, los climas son muy variados y cambian según la época del año, incluso pueden variar en el día. Hay aspectos distintos dependiendo de si se trata de una región cálido‐seca, una cálido‐húmeda, una región fría o un clima templado. (Serra 1999)
Para delimitar los distintos tipos de clima se usa la clasificación de Köppen14. Según ella, dentro de climas templados tipo C; la denominación Csb —templado con verano seco y templado— es la que abarca la mayor parte del noroeste de la península [Fig. 16].
Figura 16. Clasificación climática de Köppen‐Geiger de la península ibérica. Fuente: (AEMET, 2000)
Precisamente en ese clima templado se sitúa Galicia entre latitudes con exceso y con déficit de energía. Este emplazamiento provoca diversos procesos atmosféricos y oceánicos.
14 Clasificación de Köppen: creada en 1990 por Wladimir Peter Köppen, meteorólogo y científico que estableció la clasificación del clima natural mundial a partir de valores medios de precipitación y temperatura, identificándolos con una sucesión de letras.
Además de la ubicación, es importante destacar lo que varía el relieve del terreno ya que hay un continuo contraste del mismo desde la costa hacia el interior.
La forma recortada de la costa y las barreras montañosas próximas a ella, provocan que el sistema de nubes procedente del océano se dirija hacia el interior a través de las rías y ascienda forzadamente al llegar a las cordilleras, provocando las precipitaciones. Otro factor a tener en cuenta son las masas de aire marítima que llegan a Galicia y que son forzadas a elevarse ante lo obstáculos montañosos, formando los vientos que soplan hacia el interior afectando a la temperatura y a la humedad de las zonas de costa, sobre todo en el sur, suavizando las temperaturas en verano. Las brisas marinas permiten que el aire fresco y húmedo se dirija hacia el interior donde contribuye a disminuir contraste térmico y a aumentar la nubosidad.
El clima gallego es de tipo oceánico [Fig. 17], con una temperatura media de 14 °C y máxima de 37 °C y con humedad relativa del 74%. Aun así, se diferencian tres áreas —además de las zonas de transición entre éstas—: el litoral caracterizada por lluvias todo el año y temperaturas suaves, el área de interior que cuenta con menos lluvias y más frío en invierno, y por último el sur y sudeste donde el clima oceánico mediterráneo otorga inviernos suaves y veranos secos. (Caamaño Suárez 2006)
Figura 17. Dominios climáticos de Galicia, recogidos de Pérez Alberti. Fuente: (Caamaño Suárez 2006)
Puesto que se busca un área de clima que contenga humedad, se va a hacer una primera selección de la zona de estudio como la compuesta por el litoral de clima oceánico húmedo e hiper‐húmedo.
Centrándonos en la parte de costa, que presenta diferentes orientaciones y características físicas, se puede hacer una clasificación atendiendo a las delimitaciones principalmente por la
existencia de cabos o puntas [Fig. 18]: la Mariña lucense, las Rías Altas, Golfo Ártabro, el Arco Bergantiñán, Costa da Morte, Rías Baixas y la Costa Sur.
Figura 18. Comarcas costeras. Fuente: (Xunta de Galicia 2010)
Por otro lado, la delimitación climática de Galicia se puede presentar desde un punto de vista de diseño pasivo, de forma que la población de estudio que se va a seleccionar para este trabajo tendrá unas características climáticas clave en la elección de los criterios constructivos. De acuerdo con la cualidad del clima que pueda influir más, surgen variables como la radiación solar, la continentalidad, la termicidad invernal, la estival, la inercia térmica y el viento.
Su cuantificación, facilitada en mapas en la Guía de arquitectura pasiva para viviendas en Galicia (2017), pueden relacionar las estrategias pasivas según la zona climática, por ejemplo: Orientación: el requisito básico de orientar la construcción es que, en la parte opaca de la envolvente, en especial los huecos, se pueda tener una menor superficie expuesta en períodos de exceso de sol y una mayor superficie en los períodos de menos sol. Lo ideal es vincular la fachada mejor orientada a espacios de uso habitual y no a aquellos usos ocasionales.
Por lo que el mapa de la radiación solar [Fig. 19] advierte de la ganancia en energía solar que se puede obtener.
Figura 19. Valor medio diario de radiación solar (kWh/m2). Fuente: (Hábaco y IGVS 2017)
Continentalidad: cuantifica la amplitud térmica estacional.
Por lo que la solución constructiva de la envolvente deberá tener la capacidad de adaptarse a cambios entre las estaciones. El mapa de continentalidad [Fig. 20] sirve para conocer la mayor diferencia térmica entre verano e invierno.
Figura 20. Valor medio anual de continentalidad (°C). Fuente: (Hábaco y IGVS 2017)
Compacidad: es la relación entre el volumen y la superficie de su envolvente. Este concepto se asocia a una menor pérdida energética.
La característica del clima en cuanto al índice de termicidad invernal [Fig. 21] indicando la intensidad de frío, indicará la mayor necesidad de compacidad y de aislamiento.
Figura 21. Valor medio de termicidad invernal (°C). Fuente: (Hábaco y IGVS 2017)
Ventilación: será necesaria la disipación del calor a través de una ventilación natural cuanto mayor sea la severidad del clima en verano, representado en el mapa de termicidad estival [Fig. 22].
Figura 22. Valor medio de termicidad estival (°C). Fuente: (Hábaco y IGVS 2017)
Inercia térmica: en zonas con amplitud térmica se considera fundamental que la envolvente tenga la suficiente capacidad de absorber la energía solar para realizar un control pasivo reduciendo la variabilidad térmica interior.
A través del mapa de diurnalidad [Fig. 23] se relaciona el tipo de construcción con la amplitud térmica diaria.
Figura 23. Valor medio de diurnalidad (°C). Fuente: (Hábaco y IGVS 2017)
Infiltración: las pérdidas de energía por infiltración se deben a diferencias de presiones entre interior y exterior. En zonas con gran elevada velocidad de viento, mostradas en [Fig. 24], es necesaria una hermeticidad de la envolvente para reducir los efectos de las masas de aire.
Figura 24. Valor medio anual de viento (m/s). Fuente: (Hábaco y IGVS 2017)
Así pues, teniendo en cuenta la relación entre variables y el entorno se valorarán ciertas características para ser objeto de estudio.