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PARTE II: Intervenciones costo-efectivas de prevención primaria y secundaria de

7. Cobertura efectiva de intervenciones en Argentina

De la misma manera que no se cuenta con información sistemática y representativa a nivel poblacional de epidemiología de EC en Argentina, tampoco se dispone de datos sobre intervenciones de prevención primaria y secundaria más allá de algunas preguntas que fueron introducidas en la ENFR con relación a ciertas prácticas preventivas, controles y tratamientos. Con relación a tensión arterial, colesterol y glucosa en sangre, a todos los individuos encuestados se les pregunta si alguna vez se hicieron controles y cuándo fue el último. Adicionalmente, para quienes reportan tener hipertensión, hipercolesterolemia o altos niveles de glucosa en sangre, se les pregunta si hacen algún tipo de tratamiento y, en caso afirmativo, si se trata de un tratamiento en base a medicamentos, un tratamiento sin medicamentos (dieta, actividad física, reducción de peso) o ambos. En cuanto a prácticas preventivas, a todas las mujeres de más de 18 años se les pregunta si alguna vez se hicieron una mamografía o un Papanicolau, y cuándo fue la última vez. En esta sección se presentan estadísticas sobre estas prácticas preventivas y se analizan los resultados para el total nacional y desagregados por género, grupos de edad, región, tipo de cobertura en salud, nivel de ingresos y situación de pobreza.

7.1.Controles de tensión arterial, colesterol y glucosa en sangre

Las tablas 7.1 a 7.3 presentan información sobre la proporción de individuos que alguna vez se realizaron controles y de la asiduidad de esos controles con relación a la presión arterial, colesterol y glucosa en sangre, respectivamente.

Comparando las tablas se observa que un 88% de la población de más de 18 años en Argentina se ha controlado alguna vez la presión arterial, casi un 75% hizo alguna vez controles de glucosa en sangre y un 58% se midió alguna vez el colesterol. De los que alguna vez se controlaron la presión, un 78% lo hizo en el último año, mientras que para glucosa y colesterol los porcentajes son 62% y 69%, respectivamente.

En todos los casos se observa que la proporción de mujeres que se han hecho controles es mayor que la de los hombres, con diferencias que van de casi 8 puntos porcentuales para los controles de colesterol hasta 10 puntos porcentuales para controles de glucosa. Las mujeres no sólo son más proclives a realizarse controles sino también a efectuarlos más asiduamente.

Naturalmente, se observa una clara relación positiva entre la proporción de individuos que alguna vez se ha hecho controles y la frecuencia de los mismos con la edad. Del grupo de más de 65 años, un 90% se midió la presión arterial en el último año, y un 67% y 69% hicieron lo propio con el colesterol y la glucosa, respectivamente. Los porcentajes para el grupo de 50 a 64 años son 10 puntos porcentuales menores. La menor frecuencia de controles se observa para el grupo más joven. En el último año, sólo un 17% de los individuos de 18 a 24 años se midió el colesterol, un 28% se controló la glucosa y un 50% se hizo mediciones de la presión arterial.

Existe cierta variabilidad entre las regiones, más marcada cuando se trata de los controles de colesterol y glucosa en sangre, que en lo que respecta a la medición de la presión arterial. En todos los casos, las regiones con una menor proporción de población que alguna vez se realizó controles son NEA y NOA, mientras que GBA y Pampeana son las que exhiben las mayores tasas. El rango de variación en la proporción de población que se ha controlado alguna vez colesterol o glucosa ronda los 20 puntos porcentuales. Pese a estas grandes divergencias, cuando se considera la asiduidad de los controles entre quienes ya se han realizado alguno, las diferencias interregionales se atenúan significativamente.

Naturalmente, se observa una fuerte relación entre la proporción de individuos que realiza controles, y la frecuencia de los mismos, con el ingreso y, consecuentemente, con la situación de pobreza. Por su parte, el tipo de cobertura en salud, además de estar fuertemente correlacionado con el nivel de ingreso, determina el acceso a los servicios de salud y, por lo tanto, también explica en gran medida la realización de controles y su asiduidad. Las diferencias por nivel de ingreso, situación de pobreza y tipo de cobertura, son mucho más marcadas en los controles de colesterol y glucosa que en la medición de presión, por la diferente complejidad y costos de las prácticas involucradas. La proporción de individuos pobres (ya sea que consideremos la definición de pobreza por ingresos o por NBI) que se realizó algún control de colesterol es aproximadamente 30 puntos porcentuales más baja que la proporción observada entre los individuos no pobres. Para los controles de glucosa la diferencia entre pobres y no pobres es de alrededor de 20 puntos porcentuales, mientras que para las mediciones de presión arterial ronda los 9 puntos porcentuales.

Los individuos con algún plan de salud privado u obra social son los que tienen una mejor cobertura en salud, tanto en términos de acceso a los servicios como en cuanto a la calidad de los mismos. Dentro de este grupo se observa la mayor proporción de controles y la mayor frecuencia. Comparando el grupo con plan de salud privado versus el grupo sin cobertura, la proporción de individuos que alguna vez se midió el colesterol difiere en cerca de 34 puntos porcentuales, 24 puntos para controles de glucosa y 13 puntos para medición de la presión arterial. Un 35% de la población representada en la ENFR no tiene ninguna cobertura en salud (representan poco más de 8 millones de individuos). De los individuos que alguna vez se han controlado la tensión arterial, un 32% no tienen cobertura. Las cifras correspondientes a los que se han hecho controles de colesterol y glucosa son 24% y 28%, respectivamente.81

7.2.Tratamiento y tipo de tratamiento para hipertensión arterial, colesterol

alto y altos niveles de glucosa o diabetes.

Las tablas 7.4 a 7.6 presentan información de individuos que reciben tratamiento sobre el total de los individuos que sufren hipertensión, hipercolesterolemia o hiperglucemia/diabetes, respectivamente. Del grupo que hace tratamiento, se indica la proporción que se trata con medicamentos, sin medicamentos (dieta, ejercicio, reducción de peso) o ambos.

De los individuos que expuestos a cualquiera de estos tres FR, alrededor de la mitad se realizan algún tratamiento. En el caso de la hipertensión arterial, un 85% se trata con medicamentos (un 30% complementa los medicamentos con otro tipo de cuidados como

dieta o ejercicio). En cuanto a los individuos con hipercolesterolemia que se encuentran bajo tratamiento, un 53% no está medicado y un 23% combina medicación con dieta o ejercicios. De los individuos bajo tratamiento por hiperglucemia o diabetes, un 73% toma alguna medicación, que en algunos casos (34%) combina con actividad física o control nutricional.

Estos resultados no varían en forma significativa entre géneros, excepto en el caso de la hiperglucemia o diabetes, donde mientras un 61% de los hombres que la padecen están bajo tratamiento, la cifra para las mujeres es de sólo un 47%. Como se mencionó en la sección 4 de la primera parte de este trabajo, el hecho de que el diagnóstico de diabetes en mujeres pueda corresponder a diabetes gestacional explica que algunas mujeres alguna vez diagnosticadas con hiperglucemia no se encuentren en tratamiento al momento de la encuesta. De hecho, si de las mujeres que dicen tener alta glucosa o diabetes se considera sólo a las que dicen que su diagnóstico no sucedió durante el embarazo (que representan alrededor de un 73% de las mujeres con diabetes), la proporción que recibe tratamiento es del 56%. Por su parte, sólo el 19% de las mujeres cuyo diagnóstico de diabetes fue en el embarazo está bajo tratamiento.82

A mayor edad también aumenta el porcentaje de individuos que teniendo alguno de los FR se encuentran bajo tratamiento. En el grupo de más de 65 años, recibe tratamiento casi un 80% de los individuos con hipertensión, un 62% de los que sufren hipercolesterolemia y un 70% de los que tienen diabetes o azúcar en sangre. El uso de medicamentos en el tratamiento también se hace relativamente más habitual a mayor edad.

Las tasas de tratamiento varían en un rango de entre 10 y 15 puntos porcentuales entre regiones. Por lo general, son nuevamente las regiones GBA y Pampeana las que exhiben las mayores tasas de tratamiento, y NEA y NOA las menores.

Naturalmente, la proporción de individuos afectados por el FR que se encuentran en tratamiento es mayor entre aquellos que tienen cobertura en salud privada u obra social y a mayor nivel de ingreso.83 Ahora bien, el tipo de tratamiento (medicación u otro) no guarda una relación tan clara ni con el tipo de cobertura en salud ni con el ingreso, y consecuentemente tampoco con la situación de pobreza. Un resultado que llama la atención es que los tratamientos en base a medicamentos son más habituales entre los individuos con planes de emergencias médicas o que tienen algún seguro público. La diferencia con otras formas de cobertura en salud (como por ejemplo plan privado u obra social) es muy marcada, rondando los 20 puntos porcentuales para diabetes y colesterol.

7.3.Prácticas preventivas en mujeres: mamografía y Papanicolau

Las tablas 7.7 y 7.8 presentan información sobre la proporción de mujeres de más de 18 años que alguna vez se hicieron una mamografía o un Papanicolau (PAP) y cuándo fue la última vez.

82 No es posible identificar en la ENFR si las mujeres están o no embarazadas al momento de la encuesta. 83 Un 16% de los individuos que hacen tratamiento para el colesterol no tiene cobertura en salud. Los porcentajes correspondientes para tratamientos de hipertensión y diabetes son 21% y 27%,

Un 75% de las mujeres mayores de 18 años en Argentina se hicieron alguna vez un PAP, de las cuales un 70% se hizo el último hace menos de dos años. Las mamografías son menos comunes: sólo un 44% de las mujeres si hizo alguna, pero entre las que se hicieron una mamografía alguna vez la asiduidad es similar a la del PAP (un 69% hizo su última mamografía hace menos de 2 años).

La realización de ambas prácticas preventivas se acentúa con la edad hasta los 65 años, pero en el caso del PAP las mujeres comienzan a realizarlas desde más jóvenes, acorde con las recomendaciones médicas (iniciación de relaciones sexuales o a más tardar a los 21 años). Sólo 9% de las jóvenes de 18 a 24 años se han hecho alguna vez una mamografía pero el 40% ya se ha hecho al menos un PAP. Un 64% de las mujeres de 25 a 49 años y un 55% de las de 50 a 65 años se han realizado un PAP en los últimos 2 años (no mostrado en la tabla). En cuanto a las mamografías, se recomienda para las mujeres de 40 a 49 años realizarlas con una frecuencia bianual, pero sólo el 50% dice haberse hecho una mamografía en los dos últimos años. La recomendación para mujeres de 50 a 70 años es una mamografía anual, pero sólo el 32% de las mujeres en este grupo etario se hicieron su última mamografía hace menos de un año.

Las diferencias entre regiones, por niveles de ingreso, situación de pobreza y tipo de cobertura son cualitativamente similares a las que se hallaron para el caso de la realización de controles de presión arterial, colesterol y glucosa en sangre. En NEA y NOA las proporciones de mujeres que se realizan prácticas preventivas son las más bajas entre todas las regiones, mientras que las más altas se verifican en GBA. La brecha en la proporción de mujeres que se hizo alguna mamografía entre mujeres pobres y no pobres, y entre mujeres con cobertura privada y sin cobertura en salud ronda los 30 puntos porcentuales. Para el caso del PAP las diferencias son algo más chicas, y se ubican en el orden de los 15 puntos porcentuales. De todas las mujeres que alguna vez se hicieron un PAP un 32% no tienen cobertura en salud, mientras que un 22% de las mujeres que se hicieron al menos una mamografía no tiene cobertura.84

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