Les faits sont faits! (Bruno Latour)
2. DISCURSOS POPULARES EN LA COMUNIDAD VALENCIANA
2.3. Inmigración y drogas
2.3.3. Cocaína y pastillas
El grupo menos conflictivo es el grupo de la cocaína y las pastillas, es decir, anfetaminas y drogas de síntesis. Los grupos de personas que se relacionan con la cocaína (sobre todo ejecutivos) y con las pastillas (jóvenes, “pijos”) suelen aparecer como poco conflictivos. Como ya se ha ido diciendo, el uso de términos como “jóvenes” se refiere normalmente a los jóvenes españoles, dejando de lado el hecho de que se trata de categorías que, por lógica, puedan referirse también a personas inmigrantes. Es una imagen de personas bien situadas y de un consumo discreto. Si estas drogas se convierten en discurso es sobre todo por la espiral mediática que problematiza el tráfico de la cocaína tanto como el uso de pastillas por “nuestra” juventud. La mediatización de este aspecto se muestra en el hecho de que durante las entrevistas no se hizo referencia a experiencias propias con estas drogas o con personas que las usen. Para la convivencia en el barrio, estas drogas no suponen ningún problema social, porque no se percibe ni su tráfico, ni su consumo, ni sus consecuencias:
“Bueno, la gente por lo general se droga con el alcohol. Y supongo que, porque es de lo más a mano, lo más barato y lo más común, pues que se fumarán hachís, ¿no?. Y, fuera de eso yo no sé porque tampoco conozco yo el mundo de las drogas mucho, pero, ufff, no sé supongo, en, en, el dentro del barrio no creo que nadie quiera colocarse. O sea, a base de pastillas y escuchando música o algo así. Para eso uno se va fuera. Se va a discotecas, o a un bar o algo así. [...] Y luego lo de cocaína, pues yo no sé. Es una droga un poco más privada. Uno en su casa se puede meter una raya, supongo. Yo ya no sé lo que hacen. Pero visiblemente uno va al barrio y lo que ve es un barrio que hasta en las drogas va a tirar hacia la cerveza y el porro de hachís. [...]
vamos estoy seguro, que, que los latinoamericanos por más que quieran no se van a poder meter un gramo de coca una noche, es imposible. Entonces, hasta en eso, hasta en el escape este, el drogadicto, hasta en eso están limitados, ¿no?, y hasta eso puede hasta joder y todo, ¿no?. Ver como que realmente las drogas sofisticadas y caras y potentes siguen siendo, solamente del poder adquisitivo de unos pocos que tienen más dinero” (Lorenzo).
El entrevistado comienza con lo que él percibe como las drogas más comunes: alcohol y hachís, confirmando, de esta forma, lo dicho antes de que ni el tabaco ni los somníferos son considerados como drogas en este contexto. Se autoposiciona como fuera del "mundo de las drogas". No obstante habla de varias otras drogas. El consumo de "pastillas" esta situado en un ámbito de ocio ("discotecas", "bar") y fuera del barrio. Por lo tanto aunque los consumidores puedan ser del barrio no se produce ningún problema social para el barrio relacionado con el consumo de dichas sustancia. Algo parecido pasa con la cocaína. Está vista como "más privada". Aunque se consume dentro del barrio su consumo "en su casa" no produce visibilidad ni problemas sociales. La visibilidad en este caso queda limitada al hachís y al alcohol ("la cerveza"). En otras entrevistas también se menciona, en este contexto, la heroína pero lo que aquí es importante es subrayar que las pastillas y la cocaína no producen conflictos sociales. De hecho, con la mención de la cocaína como "más privada" se abre el campo semántico para la dicotomía de lo privado y lo público, lo cual explica por qué algunas drogas se convierten en problema social mientras otras no se perciben. El consumo privado, que no produce visibilidad, no es visto como problema para el barrio. Esta división de los dos espacios se marca de una variedad de palabras que denominan lo privado ("privada", "su casa") y que es un espacio donde es difícil penetrar y sobre el cual uno, sobre todo, puede especular ("tampoco conozco yo el mundo de las drogas mucho", "supongo" "yo ya no sé lo que hacen"). Por otro lado está "el barrio", marcado por la "visibilidad" y vinculado con el consumo de otras drogas distintas a las del espacio privado.
Los latinoamericanos que, como se verá más adelante, están relacionados con el consumo de alcohol, no están relacionados con el consumo de pastillas o cocaína. Más bien lo contrario. No por su voluntad ("por más que quieran"), sino por su situación económica son presentados como privados de la posibilidad de usar "drogas sofisticadas y caras", lo cual se describe incluso como problemático ("eso puede hasta joder"). Se ven "limitados" en el "escape".
Lo que aquí puede aparecer como positivo, realmente ya es el presagio de una conflictividad social. Si se piensa en la división del espacio social entre privado y público y el consumo privado como no problemático entonces la imposibilidad de realizar un consumo privado es también la imposibilidad de tener un "escape" socialmente tolerable. Aunque existen muchas otras posibilidades de escape, el escape específico de las drogas queda limitado a drogas relacionadas con el ámbito público y por lo tanto con el conflicto social y la degradación.
Aunque se podría pensar en la posibilidad de adjudicar un consumo de cocaína más elevado a los inmigrantes de la región andina, principal región productora de esta droga, en ninguna de las entrevistas se relacionaron estas drogas o las pastillas directamente con la inmigración. Más bien lo contrario: la exclusión de los inmigrantes de estas imágenes prohíbe la identificación con el uso de una droga que se asocia con un cierto poder adquisitivo.
2.3.4. Cannabis
El segundo grupo de drogas que surge a menudo en los discursos es el del cannabis, que surge también como hachís, marihuana o porros. Pero este grupo de drogas no produce muchos discursos y tampoco lo hace el tema de colectivos y de estereotipos relacionados con él como puede ser la imagen típica del proveedor moro. Aunque, como se ha visto, su consumo esté relacionado con el espacio público, no se le percibe como problemático. Su consumo para muchos entrevistados ya es visto como algo normal y los consumidores no suelen ser descritos como conflictivos. La escasez de efectos negativos visibles del uso de esta droga sería otra explicación porque aunque se menciona a menudo el hachís, el cannabis, y los porros, no se produce un discurso más amplio sobre el tema. Otra razón de la poca importancia discursiva de esta droga también puede ser la imagen con contornos poco claros de sus usuarios, ya que el cliché de su consumidor se extiende a muchos grupos sociales, lo que hace difícil elaborar discursos claros y espontáneos.
Se quiere destacar aquí sólo una figura, la de la integración a través del cannabis, que llamó la atención durante el análisis. No obstante, probablemente se trate de una figura discursiva excepcional ya que no se encontró nada parecido y se expone aquí sobre todo como curiosidad:
“Entonces ese tipo de gente [algunos grupos de inmigrantes, B.H.] está viendo, entre comillas una cosa [el consumo de algunas drogas, B.H.] que para ellos es escandalosísima como algo muy normal, bastante más aceptado de lo que parece dentro de una sociedad y creo que tienen un montón de reparos y precauciones pero a la vez está, está consumiendo cada vez más. Sobretodo marihuana, costo, muchos, bueno, muchos árabes, todo el mundo lo sabe, como tienen facilidad para conseguirlo, a la vez, a la vez consumen, y, a la vez eso, aunque parezca ahora que me estoy poniendo un poco, eso les está haciendo a muchos integrarse con un cierto tipo de gente, que si no fueran proveedores de ese tipo de drogas, les escupirían por la calle” (Enrique).
Enrique, el entrevistado, que antes se presentaba como excepcional, ya que en la entrevista con él se muestra un discurso claramente alternativo, muestra aquí dos tipos de integración. Primero el puro contacto de los inmigrantes con un mundo social que, en principio, les puede parecer "escandalosísimo", hace que se tengan que abrir
a este nuevo mundo. Aquí se ve de nuevo la línea dentro de la entrevista con Enrique, que el choque entre diferentes "mundos" o culturas no está visto como problemático sino como algo que obliga al contacto, a la tolerancia y finalmente a la integración. El segundo tipo de integración es un contacto forzado por la necesidad o voluntad de comprar drogas y la posición de vendedores de "muchos árabes". Se trata de un contacto entre comprador y vendedor o de una complicidad entre ambos o de la unión de consumidores lo que hace que de ahí pueda surgir un primer paso para la integración. Aunque esta cita reproduce el estereotipo del vendedor árabe de marihuana, en este caso se presenta como posibilidad de unir dos grupos sociales que, si no fuera por eso, no tendrían contacto. Más bien tendrían una relación negativa ("les escupirían por la calle").
2.3.5. Heroína
El grupo de drogas que junto con el alcohol es sobre el que más se habla es el de los opiáceos, muy concretamente la heroína. Es más, la heroína está vista muchas veces como sinónimo de "la droga" y la única droga relacionada en los discursos con la drogadicción. Es decir, cuando se habla del consumo de pastillas, cocaína, cannabis o alcohol, estas personas no están descritas como drogadictas. Con la heroína es justamente al revés, sus consumidores siempre están descritos como adictos a la droga. La heroína recibe su posición destacada dentro de los discursos por varios motivos: por la criminalidad relacionada con ella, tanto la ilegalidad del trafico como la criminalidad para la obtención por parte de los adictos, por la visibilidad de su consumo y de sus usuarios en la actualidad pero sobre todo en el pasado, por muchos más problemas sociales relacionados con la heroína como por ejemplo el SIDA, y también por la retroalimentación de este tema en los medios de comunicación, ya que se trata de un tema muy mediatizado (Martínez-Martínez, 2000), lo cual de nuevo hace referencia a la espiral discursiva.
La imagen del grupo social relacionado con la heroína es la del español y no tiene nada que ver con la inmigración, puesto que se trata de un fenómeno que tuvo su auge antes de la llegada de grandes grupos de inmigrantes a España. No obstante, vale la pena observar en qué forma se habla sobre la heroína y sus consumidores:
“Pues a algunos muy mal, muy mal, hemos, hemos visto morir gente en el barrio por culpa de la droga y el SIDA. Es terrible. Personas muy jóvenes que han muerto... sobredosis o por SIDA, es terrible. Es terrible. Es un drama, un drama familiar, lo tienes muy cerca de tu casa, sí.” (Inés)
“No, no, ahora mismo no. Además es que, consumir se consumirá igual, ahí la gente, la que consume consume y la que no no. Lo que pasa es que había un grupo de chicos, que es una pena, que han muerto ya todos. Porque, no me acuerdo ahora que era, si era caballo, o que, cayeron bastantes de allí del barrio, el último que murió fue XXX, una persona encantadora. Murió hará cinco o seis años y era toda una colla, una generación de chicos y de chicas que cayeron, oye, que era una pena verlos por la calle. Como iban, poco a poco iban degradándose, todos se juntaban en un parquecito y era una pena auténtica. Una pena auténtica, hasta que ya el último murió, XXX.
- Pero lo que tú cuentas que antes veías el consumo ahora ¿no se ve?
Ahora no se ve. Pero de todas formas esta gente era autodestructiva ellos solos, eh. No se les ocurría vender. Porque eran la misma gente del barrio y por lo menos allí en el barrio no se les ocurrió vender. Pero, los que vendían venían de fuera. De fuera y entonces por eso te decía que les decíamos o te vas o te vamos. Y era gente de fuera." (Fernanda)
En la primera cita, Inés utiliza el plural que señala hacia la comunidad en el barrio. Las víctimas son las personas que mueren y la interlocutora destaca que son "personas muy jóvenes". Pero también existe una empatía; los hechos están situados en el barrio y por el hecho de ser testigo la entrevistada se siente también afectada. Como actor culpable en este relato aparece "la droga" y "el SIDA". Inés repite tanto los culpables dos veces ("droga/sobredosis" y "SIDA") como el hecho que "es terrible" y "un drama". Aquí se muestra mediante la explicación que se trata de un drama familiar, la cercanía entre víctimas directas, familiares de las víctimas, la interlocutora que mediante el uso de "familia" muestra empatía y el barrio entero. Finalmente, se expresa de nuevo la cercanía en un doble sentido usando la expresión "cerca de tu casa": primero una cercanía física, concreta. Los drogadictos y los muertos se hallaban a pocos metros de su lugar de residencia. Y al mismo tiempo la "casa" es el hogar, la privacidad, el núcleo que necesita ser protegido y que se ve amenazado por parte de la droga que afecta a la familia. Destaca que en esta última frase mediante el uso de la segunda persona del singular incluye también al entrevistador como perteneciente al grupo empático.
La posición del sujeto aquí queda clara: como co-afectada de un problema, como solidaria con las familias y las víctimas de la droga, con empatía y como amenazada. En las clasificaciones se encuentra un dualismo: por un lado nosotros, "el barrio", las familias, "personas muy jóvenes", y por el otro "la droga" y "el SIDA". Esto abre la posibilidad a una estructura de fenómeno (Phenomenstruktur) donde existe una amenaza del propio grupo por parte de la droga. El núcleo de vida, la familia y la casa como valores están amenazados por causa de un peligro externo. Y todo ello se presenta dentro de una estructura narrativa con alto dramatismo.
En la segunda cita Fernanda habla de "gente", "chicos", "del barrio" incluso que conoce a uno con nombre y lo describe como "una persona encantadora". De nuevo se muestra la cercanía de la entrevistada con los drogadictos y expresa
reiteradamente que es una "pena". Se trata del mismo discurso que antes, las víctimas son la gente del barrio incluso los drogadictos con los que se expresa una empatía. Aunque "iban degradándose" se refiere a una actividad propia de los drogadictos, es decir, no son del todo víctimas de la droga como en la primera cita, pero se puede entender también en este contexto que no hacen daño a los demás sino principalmente a sí mismos. Después de la intervención del entrevistador se repite la afirmación del hecho que no hacen daño al barrio sino sólo a sí mismos ("autodestructivo"), mientras sólo por un momento se contempla la posibilidad de que estas personas vendan droga fuera del barrio. Pero no se sigue más esta línea sino que se concentra en las personas que sí venden en el barrio. Con “gente de fuera”, término que Fernanda también repite varias veces, en este caso no se refiere a los inmigrantes que en los años 80 eran poco visibles sino a gente de fuera del barrio. La actitud que la interlocutora muestra frente a estos intrusos que venden droga es la de defender al propio barrio "echando" a los vendedores de droga ("les decíamos o te vas o te vamos").
“La situación durante muchos años es, pues que aquí sabías que había gente que consumía pero aquí no había... digamos una venta que alterara el orden público, sino que estaba más o menos la cosa integrada ... de hecho hay ya algún chaval que... pues eso, el típico yonki... llegó un momento en que cogió el SIDA y algunos pues que están tanteando el SIDA, para arriba y para abajo, que en su momento de jóvenes ... pero que no ha sido, digamos, ningún problema que estuviera a la luz del día sino que sabías que había gente, sabías ‘Uy, ahora se ha muerto no sé quién’, ‘Ahora no sé quién está en la cárcel’” (Tomás)
En esta cita, que no se analiza más a fondo ya que tiene la misma estructura que las dos anteriores, Tomás insiste en que la droga y el SIDA no eran problemas públicos, no alteraban "el orden público", estaba "integrada". Se sabía de la situación pero no era "ningún problema que estuviera a la luz del día". Destaca aquí las veces que el interlocutor insiste en el carácter inofensivo de los "yonki" relacionándolos al mismo tiempo con la cárcel y el SIDA.
Resumiendo, se puede decir que:
- Están incluidos mediante lazos como la familia y el barrio dentro del propio grupo de "nosotros.
- No hacen daño al barrio, es decir, al propio grupo de referencia de los interlocutores.
- La culpa la tiene la droga y el SIDA, junto con gente de fuera del barrio. Los usuarios de heroína del barrio son víctimas, la gente del barrio aparecen como co-afectados.
Como se ha visto, existe una relación un poco ambigua entre los drogadictos y el barrio. Por un lado no hacen daño directo al barrio, no venden y no están relacionados con actos criminales dentro del barrio. Pero por otro lado también trasmiten una degradación al barrio. Aunque fuera de su intención, son el mediador o quizá el síntoma de una amenaza y degradación del barrio. Es justamente este denominador de la degradación lo que hace que, aunque no exista ninguna relación directa entre la inmigración y la heroína en el imaginario social, se pueda describir el uno como equivalente funcional del otro:
“Aparecían yonkis muertos por ejemplo, por ajuste de cuentas, yo qué sé, tipo, con, un charco de sangre alrededor cerca de colegios, no, por ejemplo en el Miguel Hernández, es un cole relativamente nuevo, no sé si en el noventa o así se puso, no, que tendrá diez, doce, quince años todo lo más, no, no, pues al principio, cuando se inauguró ese colegio aparecían esas cosas, pero ya eran, era ya eso, recuerdo eso como de lo último así fuerte que, que pasó, no, de ver algo así tan, tan explícito en la calle, y eso se veía más antes, que es lo que te he dicho, que veías eso en la calle mucho, reflejado constantemente, ahora lo puedes ver, pero noo, no a las tres de la tarde en cualquier momento, en cualquier calle como antes, no, ahora es más escondido, tienes que ir a otras horas, tienes que ir por la noche, tienes que meterte en algún callejón específico y ves cosas, pero, pero digamos que esas imágenes se han limpiado un poco, y luego, de todos modos sigue siendo gris, un barrio deprimido, un barrio con mucha inmigración ahora...” (Lorenzo)