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4. Análisis del Mural de la liberación de Maximino Cerezo

4.3. Colores, imágenes, luz, movimiento y formas

4.3.1. Los colores

En las pinturas de Cerezo, los colores son una totalidad sinfónica, todos presentes, siempre vivos, nuevos y entre sí complementarios137. La evolución cromática de la paleta de Maximino fue totalmente inclinada a la asimilación de los difuminados de la naturaleza latinoamericana (Paraíso salvaje no dominado por el hombre), de vivos colores de las diversas culturas, antiguas y modernas, y de los tintes de las artesanías y vestidos típicos de las tradiciones populares locales.

Progresivamente Cerezo Barredo pasó de pocos colores, los colores de la tierra, alternados con los tonos grises a la explosión de los colores cálidos, puros, intensos, expresión de la alegría de vivir propia del pueblo latinoamericano. Maximino no sólo adaptó la selección de los tonos al sujeto representado, como se intuye en la opción que hace por el uso de colores cálidos de la tierra en la obra objeto del presente análisis. Sino que la intención de estos colores está dedicada al vínculo entre el hombre latinoamericano y la tierra, a su posesión y a la explotación de los campesinos. De esta idea, hace derivar su énfasis por estos tonos específicos y el mensaje intrínseco en sus obras. Los colores encendidos y

brillantes representan verdaderas celebraciones de esperanza e himnos gozosos de un pueblo que descubre de nuevo su identidad: obras destacadas por su color que recuerdan el inocente arte primitivo (naïve)138.

Se encuentran también todos los vivos matices de la sensualidad y la luz de Latinoamérica. En el mural en cuestión sobresale el color blanco y los matices de color tierra, que conjugados permiten captar la intencionalidad del artista, hacer el contraste entre luz- sombras, muerte-vida, esperanza-desesperanza. Sin este adecuado manejo del color no se podría captar el verdadero sentido de la obra.

Lo que Maximino desarrolló, ha sido un cromatismo que asume un roll de vital importancia, haciendo del color, copartidario de la creación de reacciones psicológicas, emotivas y espirituales. Al igual que Kandinsky, Maximino también está convencido que la fuerza del color es un instrumento que genera en el espectador efectos y reacciones a nivel físico y psicológico139, porque está cargado de significados y equivalencias simbólicas. Colores tales como el azul, el verde oscuro, los ocres y los blancos, por poner un ejemplo, evocan la figura de la Virgen María, la naturaleza, la esperanza en el futuro

138 Favre, S. Un viaggio latinoamericano, Maximino Cerezo Barredo.71. 139 Kandinsky, W. De lo espiritual en el arte. Bogotá: Labor. 1995. 55-59.

de la lucha del pueblo, o más en general, el redescubrimiento de la cultura y la identidad afroamericana140.

De esta manera, el elemento cromático cuidadosamente seleccionado, sirve para subrayar los hechos de crónica narrados y ampliar los efectos dramáticos, evocando el tema del martirio y de la muerte con el uso del rojo y el violeta. Sus obras en general son una explosión de color que es bastante llamativo, gracias también a la pincelada decidida, gruesa y corpulenta. Las formas y los colores terminan por dar un sentido de movimiento a las composiciones. Así el resultado es, una pintura vibrante, con uso audaz del color, con fuertes contrastes, que serán reflejo del sincretismo de la cultura local y de la pasión por la propia identidad141que se ve reflejado en la obra objeto de nuestro análisis.

4.3.2. En cuanto a la luz.

La distribución de la luz incide en el centro del cuadro, desde allí se distribuye por toda la composición. Dicha luz corresponde en el cuadro a la luz que brota de la figura del Resucitado, él es la luz, es el centro desde el cual se ilumina toda realidad además es una luz oblicua que proviene del cielo, pero que tiene su foco central en la figura del Cristo resucitado. La luz en el mural cumple con la función de confrontar el lado izquierdo de la composición, la muerte con la zona derecha del mural, la vida.

4.3.3. En cuanto al movimiento.

140 Martinez J.M. L’opera pittorica di Mino Cerezo, 80-81.

Predomina en el cuadro la sensación de movimiento hacia el lado superior derecho del mural, todo el movimiento se sitúa allí. El uso del color blanco, el efecto de la luz, la utilización de telas que flotan sobre el cuerpo y sobre el mural, la posición misma de las manos del resucitado, genera en el mural todo un movimiento hacia el cielo. Este movimiento está acompañado por las dos figuras de campesinos, que en el sector derecho en el plano tercero caminan y elevan su manos al cielo.

4.3.4. En cuanto a las formas.

Para hablarles a las personas comunes, el artista se apropió de aquellas formas tradicionales utilizadas en el folclor, recogiendo a manos llenas la enorme riqueza de las tradiciones populares, que aun siendo híbridas, transmiten sin embargo muchos elementos de su origen remoto. El artista apropió de este modo los motivos que el pueblo latinoamericano ya conocía, aquellos que hacen parte de su identidad cultural. Progresivamente enriqueció su vocabulario pictórico con las expresiones de la gente, los colores de los días de fiesta, de sus artesanías, con los símbolos, las figuras y las historias de las tradiciones populares y las realidades culturales que encontró a su paso por estas tierras.

De esta manera sus imágenes serán un ensamble de elementos prestados de fuentes diversas, muchas de ellas cargadas de una diversidad de identidades y ligadas en mayor o menor término al mundo de lo religioso, como a aspectos profanos de la vida cotidiana. El autor va desarrollando progresivamente un lenguaje que se va configurando cada vez más con la identidad latinoamericana y va también al mismo tiempo reelaborando su propia

experiencia pictórica y humana, configurando una serie de elementos originales en el estilo, en la paleta y en la misma iconografía.

Dicho desarrollo puede evidenciarse en las primeras pinturas que muestran el paso definitivo a un lenguaje de estilo formal latinoamericano, entre las cuales se encuentra la obra objeto del presente análisis realizada en Colombia y el mural “conquista de la tierra acaparada”, pintado en Brasil 1977. En la primera obra se ve un cambio con cierto titubeo, pero en la segunda se registran definitivamente todos los cambios estilísticos innovadores: los colores extraídos del folclor y de la naturaleza local, los rasgos de sus

protagonistas, lo más típico de la llamada “raza cósmica”142 dedicado a la población

latinoamericana, como verdadero crisol de razas, de pueblos y grupos sociales diversos143.