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Capítulo 1. Presencia y consolidación de Dios en algunas de las principales obras de George Berkeley

7. Comentarios y conclusiones de capítulo

Los comentarios y las conclusiones finales las haré en el orden en que fuero n apareciendo las obras en este capítulo, pues de esta manera, me parece, se mostrará mejor cómo la figura de Dios fue apareciendo cada vez más en los textos de Berkeley

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Es importante señalar que Berkeley es partidario del estudio filológico de los textos antiguos, puesto que la traducción literal es siempre problemática. Para ello aboga por conocer bien la lengua, los modismos, el contexto y las circunstancias en que fu escrito. Alcifrón. Works, III; VI, 7, pp. 229-233. 297

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y, a la vez, cómo se fue haciendo de un lugar cada vez más preponderante en los mismos.

En cuanto a los Comentarios Filosóficos hay en ellos unas cincuenta y dos entradas que retoman el tema de Dios, treinta y dos más de las que están señaladas con la palabra „G‟ (de God, Dios). Con esto, desde luego, no quiero decir que los PC sean un libro apologético de la divinidad, ni tampoco que ahonden ampliamente en el tema, empero, en los cuadernos queda clara la actitud de Berkeley por desarrollar una filosofía capaz de abordar todos los temas que le parecían importantes, entre ellos los postulados básicos de la fe cristiana y, por supuesto, la cuestión de Dios.

Conviene retomar el pertinente comentario de John Wild, de su apartado sobre los aún llamados Commonplace book, donde considera que el verdadero significado del “nuevo principio” (inmaterialista), formulado ya en los PC, es que el mundo, el yo y, desde luego, Dios, es decir, todas la cosas, no son fragmentos desunidos ni entidades separadas, sino que están íntimamente entrelazados en un todo, sin lo cual cualquiera de ellos sería impensable298.

Por último, no puedo dejar de mencionar la recomendación que hace Luce en s u introducción a los Comentarios, a saber, que no se lean si aún no se tienen conocimientos previos del autor, pues sin pistas sobre su filosofía será muy fácil que el lector se pierda por los caminos laberínticos de los primeros pensamientos berkeleyanos y no tome en cuenta muchos aspectos importantes de su filosofía, como es precisamente el de Dios. Queda lo dicho como sugerencia.

El segundo libro que abordé fue el Ensayopara una nueva teoría de la visión, el cual, como su nombre indica, no es un libro destinado a Dios, lo cual queda aún más claro si nos atenemos a que ni siquiera lo menciona explícitamente, aunque veladamente lo haga al hablar de un “Autor de la naturaleza”. Este Autor divino cumple una función importante dentro del Ensayo, en primer lugar, porque si Berkeley se esforzó por desarrollar una teoría sobre la visión, o al menos establecer ciertos principios para ello, es porque asumió que la vista y los objetos visibles dependían precisamente de la divinidad; en segundo lugar, porque la teoría de la

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visión, relacionada directamente con Dios, dio paso al importante argumento del lenguaje visual divino, que Berkeley anunció en el Ensayo pero desarrolló en el Alcifrón.

Por otro lado, el Ensayo es un libro complejo y su lectura puede resultar aún más difícil cuando no se está familiarizado con el ambiente científico-intelectual de la época en que fue escrito, como, por ejemplo, el no tener en cuenta que los científicos de aquél periodo consideraban que el conocimiento de los fenómenos visuales era perfectamente explicable por hipótesis geométrico-matemáticas. Es importante, por lo tanto, leer el Ensayo desde una perspectiva histórico-contextual, pues sólo así se puede reconocer todo su valor y profundidad; precisamente esto hará que las nuevas lecturas sobre el texto brinden interpretaciones cada vez más objetivas y cercanas (si esto es posible) a los postulados de Berkeley.

Pese a lo que se pudiera pensar, el análisis del papel y la función de Dios en el Ensayo tuvo como objetivo, entre otras cosas, ampliar los temas de investigación del libro ya que la gran mayoría de los comentaristas centra su atención -como es hasta cierto punto comprensible- en asuntos que parecen más importantes y representativos de la obra; empero, durante el recorrido del texto se pudo ver que la figura de la divinidad, aunque aparezca sólo ocasionalmente, es muy importante y merece ser estudiada con la misma seriedad y profundidad que los demás temas del Ensayo.

El Tratado sobre los principios del conocimiento humano expone todos los temas importantes que Berkeley desarrolló a lo largo de sus escritos, pero también en el contenido de la obra se puede observar una interesante analogía con el resto de las obras del filósofo de Kilkenny. En los Principios Dios está siempre presente, pero se va manifestando cada vez con mayor fuerza al grado de terminar siendo la cuestión principal del texto. Esto mismo ocurre con el conjunto de los escritos berkeleyanos, en los cuales pese a que Dios está siempre presente, su figura se fue consolidando poco a poco y con mayor fuerza. Desde esta perspectiva se puede afirmar que los múltiples temas abordados en el Tratado son, hasta cierto punto, un pretexto para llegar al tema de la divinidad, empero, lo interesante en Berkeley es la manera de abordarlos, pues el vasto conocimiento que tenía en ciencia y en filosofía le permitió no conformarse con

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escribir textos puramente dogmáticos en alabanza de Dios, sino que para ello se sirvió de argumentos rigurosos y bien elaborados, tanto filosófica como científicamente, que le permitieron desarrollar un libro de indudable valor filosófico.

Los Tres Diálogos entre Hylas y Filonús son, hasta cierto punto, una reiteración de lo que se aborda en los Principios, aunque su estilo dialógico hace que las transiciones del pensamiento berkeleyano no sean siempre coherentes y ordenas. Por un lado esto es meritorio, porque significa que Berkeley fue capaz de desarrollar un estilo literario pulcro, por realista, al apegarse a los términos de una conversación real; empero, por otro lado, el mismo estilo en forma de diálogo dificulta por momentos el delimitar con precisión y claridad los temas expuestos en el libro, algo que lejos de ser censurable obliga al lector a una mayor concentración.

En cuanto a la divinidad y a los temas teológicos éstos aparecen en múltiples ocasiones, dándose un notable incremento de su presencia respecto a los Principios o a las anteriores obras descritas en este capítulo. Algunos de dichos temas no los desarrollé deliberadamente, porque son cuestiones importantes que merecen un apartado específico, me refiero sobre todo al problema de la Creación bíblica y de algunos atributos divinos; no obstante, considero que basta con haberlos mencionado para dar una idea de la cada vez más importante influencia teológica en la obra de Berkeley, hecho que continuó con el paso de los años. Más allá del debate entre algunos comentaristas de si los Diálogos son o no la obra más importante de Berkeley (tema que no atañe a esta investigación), éstos denotan un claro crecimiento filosófico en el autor, pero también ponen de manifiesto, como ya mencioné, un aumento considerable de su interés teológico-religioso que, junto con la consolidación de sus principios inmaterialistas, hacen de este escrito de 1713 una obra de gran valor dentro del corpus berkeleyano y, más aún, dentro de la filosofía moderna.

El quinto libro que se abordó fue el Alcifrón, obra que representa la culminación de un trayecto iniciado entre 1707-1708 con los Comentarios Filosóficos, donde la figura de Dios mereció apenas algunas decenas de notas. Durante el largo proceso de aproximadamente veinticinco años, hasta 1732, Berkeley fue haciendo cada vez más explícito su interés por Dios y por la religión cristiana, siendo ya el Alcifrón una obra

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claramente apologética de la divinidad y la religión y que sirvió de antesala, por cierto, a su nombramiento de obispo de Cloyne en 1734.

En esta obra Dios está siempre presente, aunque explícitamente no se hable mucho de él, al menos no tanto como uno hubiese pensado antes de leer el libro. Hay temas respecto a Dios que Berkeley no discute, como es el de su existencia, sin embargo, tiene claro que muchas de las críticas podrían ser acalladas si fuese capaz de dar una prueba contundente sobre esta cuestión. Es por ello que decidió dedicarle casi un diálogo entero a este tema. Para fortuna nuestra, la prueba sobre la existencia de Dios está no sólo magistralmente escrita, sino que aporta nuevos elementos para poder valorar mejor el argumento del lenguaje visual divino, contenido en ciernes en el Ensayo, y poder afirmar sin duda que, en el ámbito de las pruebas sobre la existencia de Dios, el argumento de Berkeley constituye una importante aportación a la filosofía. El Alcifrón, pese a su condición de ser una apología de la religión, no se limita a una simple defensa de la divinidad ni del cristianismo, sino que es una obra muy extensa y con diversas temáticas, como pueden ser aspectos de carácter social y político, de filosofía del lenguaje o de crítica a la ciencia. En este apartado no pude detenerme en todas las cuestiones interesantes que saltan a la vista cuando uno tiene la oportunidad de leer el libro, debido sobre todo a la falta de tiempo y a la extensión que conllevaría, empero, es necesario destacar esto y dejar constancia de que el Alcifrón es una obra que merece ser estudiada profundamente, porque contiene interesantes aportaciones a la filosofía de Berkeley.

Quizá el género más apropiado para definir esta obra sea el de filosofía de la religión, sin pretender negar con ello que contiene muchas partes dogmáticas, poco filosóficas, y que en ella aparecen diálogos y actitudes propias de un hombre de fe; empero, al leer el libro de manera honesta, sin denostarlo por el tema que trata, se puede ver que detrás de él hay un hombre religioso que, guiado por su probidad intelectualmente, frecuentemente adopta una actitud racionalista en aras de indagar, explicar y aclarar muchas de las críticas que diversos autores lanzaban contra su religión.

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Finalmente, no puedo dejar de mencionar que el excepcional estilo literario que caracteriza al Alcifrón, y en general a toda la obra de Berkeley, lo coloca como uno de los grandes filósofos porque fue capaz no sólo de pensar agudamente, sino también de plasmar su pensamiento con claridad y sencillez, algo que sin duda muchos otros envidiarían. Incluso si uno se remite estrictamente a las obras aquí presentadas, se puede ver en ellas la evolución estilística que tuvo Berkeley y la claridad conceptual que fue mostrando con el paso de los años, algo que benefició al estudio sobre el papel y la función de Dios en su filosofía.

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